M. Reza Behnam, CounterPunch.org, 11 agosto 2026
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

El Dr. Behnam es un politólogo especializado en política comparada, que centra su atención principalmente en temas relativos a Asia Occidental. Su obra «Cultural Foundations of Iranian Politics», que fue publicada por University of Utah Press y que sigue estando disponible, fue reconocida por la revista Choice como Libro Académico Destacado de 1987-1988.
La prolongada matanza que asola Gaza se erige como una de las catástrofes morales más significativas de la era moderna. Con decenas de miles de palestinos asesinados -entre los que predominan, de forma desproporcionada, mujeres, niños y bebés—, el desplome de todo un enclave en una hambruna provocada, el colapso sanitario y la aniquilación total se ha desarrollado en tiempo real.
Esto no está ocurriendo en la oscuridad. Está ocurriendo a plena luz del día; financiado, protegido diplomáticamente y ante la mirada del mundo. Analizar el vergonzoso silencio de la opinión pública estadounidense y las motivaciones del Estado sionista tras casi tres años de este horror supone confrontar una profunda erosión del colectivo humano.
Para los ciudadanos de Estados Unidos, este genocidio ha puesto de manifiesto una cruda realidad: se ha dado prioridad a la comodidad y el bienestar personales por encima de la conciencia.
Las bombas que arrasan bloques de apartamentos, campamentos de tiendas de campaña y la totalidad de Gaza llevan el sello «Made in USA» y se financian con miles de millones de dólares sustraídos a los contribuyentes estadounidenses. El desvío de fondos públicos hacia la matanza en Gaza, mientras se deterioran pilares fundamentales como la sanidad, la vivienda y la educación, convierte nuestro silencio en una forma de complicidad. Nos hemos convertido en los financieros de un cementerio.
Para millones de personas, el genocidio no es más que un suceso que se pasa por alto entre las notificaciones de las redes sociales. El silencio de la mayoría estadounidense revela insensibilidad moral: la peligrosa creencia de que los océanos pueden garantizar un refugio frente a las consecuencias de la política exterior imperialista y asesina de nuestro Gobierno.
Muchos de quienes afirman oponerse a la violencia se refugian en una apatía paralizante, convenciéndose de que la maquinaria institucional es demasiado grande y compleja para controlarla. Sin embargo, la historia no lo registrará como impotencia; lo recordará como aquiescencia. Ante el exterminio a escala industrial de una población, el silencio no es neutral; es una disposición que permite que la maquinaria siga funcionando.
La guerra genocida contra Gaza también ha puesto al descubierto la podredumbre ética interna y la normalización de la violencia en la sociedad israelí. El hecho de que este nivel de devastación se haya mantenido durante tanto tiempo con un amplio respaldo interno pone de manifiesto una profunda crisis social. Décadas de militarismo, ocupación y apartheid sancionado por el Estado han fomentado un entorno en el que la población israelí celebra, justifica o ignora con total indiferencia las muertes de civiles.
La embestida militar que comenzó tras la fuga de prisioneros palestinos del 7 de octubre de 2023 se transformó hace tiempo en una campaña sostenida de deshumanización y erradicación social. El ataque sistemático contra periodistas, poetas, profesionales de la salud, maestros y panaderos demuestra que el objetivo no era la represalia, sino que el verdadero objetivo ha sido aniquilar generaciones de familias palestinas, hacer imposible la recuperación y convertir la tierra en un lugar inhabitable.
Protegido por los vetos de las Naciones Unidas y el apoyo incondicional de Estados Unidos, el régimen israelí ha operado bajo la peligrosa premisa de que es totalmente inmune al derecho internacional y a las sanciones. Esta impunidad absoluta no ha hecho más segura a la sociedad israelí; por el contrario, ha puesto de manifiesto que un Estado sin brújula moral, que infringe todas las normas, acabará fracasando.
La ilusión de un orden jurídico internacional basado en normas se ha hecho añicos tras tres años de genocidio desenfrenado. El silencio del testigo estadounidense y la brutalidad del perpetrador israelí son inseparables: uno motivado por una cómoda indiferencia y el otro por una violencia supremacista.
Cuando por fin se asiente el polvo sobre los escombros de Gaza, el juicio y la acusación no recaerán solo sobre quienes apretaron el gatillo y lanzaron las bombas, sino también sobre quienes lo sabían y guardaron silencio.
Foto de portada: WAFA (Q2915969) – CC BY-SA 3.0