No hay vuelta atrás después del genocidio, pero la contraofensiva global de Israel está en marcha

Ramzy Baroud, Middle East Monitor, 19 agosto 2026

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Ramzy Baroud es periodista y director de The Palestine Chronicle. Es autor de seis libros, entre ellos Our Vision for Liberation, My Father was a Freedom Fighter y ‘The Last Earth, siendo el más reciente Before The Flood: A Gaza Family Memoir Across Three Generations of Colonial Invasion, Occupation and War in Palestine.  El Dr. Baroud es también investigador senior no residente en el Centro para el Islam y los Asuntos Globales (CIGA) de la Universidad Zaim de Estambul (IZU). Su sitio web es www.ramzybaroud.net .

La decisión de Colombia de reconocer la soberanía israelí sobre los Altos del Golán sirios ocupados marca un peligroso punto de inflexión.

Al convertirse en el segundo país del mundo —después de Estados Unidos— en respaldar la anexión ilegal de territorio sirio por parte de Israel, Bogotá ha señalado un cambio radical en la política exterior de Gustavo Petro bajo el mandato del nuevo presidente de extrema derecha, Abelardo de la Espriella.

Sin embargo, Colombia no es un caso aislado. Refleja una campaña más amplia y muy agresiva por parte de Israel para desmantelar y revertir sistemáticamente las posiciones a favor de Palestina y de los países árabes que tanto ha costado conseguir en todo el mundo. De hecho, el giro de Bogotá coincide con cambios drásticos en Caracas, donde el Gobierno interino de Venezuela ha tomado medidas para restablecer las relaciones consulares con Israel tras 17 años de congelación.

Lo mismo está ocurriendo en Europa. Un ejemplo destacado es Eslovenia, donde el Gobierno recién investido, liderado por Janez Janša, retiró la bandera palestina de los edificios gubernamentales y anunció su intención de congelar el reconocimiento de la Estado palestino previsto para 2024 y trasladar su embajada a Jerusalén.

Israel sabe que su denominado «problema de relaciones públicas» ya no se reduce a una mera imagen mancillada como consecuencia de una cobertura mediática negativa ocasional. El genocidio en Gaza, unido al discurso genocida y a las guerras de agresión en todo Oriente Medio, significa que Israel, en esta ocasión, no se recuperará fácilmente del daño que ha infligido a su reputación mundial.

Aunque algunos círculos, incluidos aquellos supuestamente críticos de Israel, insisten en que el problema es el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y su gobierno de extremistas, pero la verdad es mucho más desagradable para Israel. De hecho, Israel como país, como proyecto colonial y como ideología está siendo cada vez más cuestionado.

Incluso algunos miembros de los propios medios de comunicación dominantes de Israel han comenzado a reconocer la gravedad de la crisis. «Quizá sea hora de comprender que esto no es solo un fracaso de relaciones públicas, sino un fracaso moral», afirmó el año pasado la destacada presentadora de televisión israelí Yonit Levi. Por su parte, The Washington Post describió a Israel como «un país que se está convirtiendo en un paria mundial».

Pero los líderes israelíes, aunque se niegan a reconocer los cambios potencialmente irreversibles en la opinión pública mundial hacia su país y el sionismo en su conjunto, se consuelan con dos factores: en primer lugar, el apoyo continuado de EE. UU. —y, por extensión, de Occidente—; y, en segundo lugar, directamente relacionado con el primero, su capacidad para influir en las posiciones de los gobiernos respecto a Israel mediante medios políticos, diplomáticos y de otro tipo.

Para Israel, los pueblos no han importado nunca; solo importan los gobiernos.

Colombia ilustra precisamente por qué. Israel no necesitaba cambiar la opinión pública colombiana ni deshacer años de solidaridad con Palestina. Solo necesitaba un cambio de gobierno. La elección del descaradamente proisraelí De la Espriella proporcionó exactamente eso.

Las consecuencias políticas fueron casi inmediatas. De la Espriella tomó medidas para restablecer plenamente las relaciones con Israel y retirar el apoyo de Colombia al caso de genocidio de Sudáfrica ante la Corte Internacional de Justicia, reanudar las exportaciones de carbón y, lo que es más importante, reconocer la soberanía israelí sobre el Golán ocupado.

Este rápido cambio de rumbo también da mayor relevancia a las repetidas declaraciones del expresidente Petro sobre la injerencia de Estados Unidos e Israel en las elecciones que derrotaron al candidato de izquierdas Iván Cepeda. Aunque estas acusaciones siguen siendo objeto de controversia, el resultado en sí mismo es inequívoco: un cambio de gobierno bastó para empezar a desmantelar años de política colombiana respecto a Palestina e Israel.

Lo mismo ocurre con Venezuela. Muchos consideraron inicialmente que el secuestro por parte de EE. UU. del presidente propalestino Nicolás Maduro no ha sido más que otro episodio en la larga historia de intervención de Washington en América Latina. Pero la rapidez del posterior reajuste de Venezuela sugiere una transformación más amplia.

El indicio más claro es el creciente acercamiento de Caracas a Tel Aviv. Venezuela rompió relaciones diplomáticas con Israel bajo el mandato de Hugo Chávez en 2009 a raíz de una de las embestidas de Israel contra Gaza. Diecisiete años después, ambos gobiernos han acordado restablecer los servicios consulares, un paso significativo hacia la normalización y un poderoso símbolo del cambio en la orientación geopolítica de Venezuela.

La relación de Israel con gran parte del Sur Global ha sido históricamente tensa, marcada por su carácter colonial, su agresión militar y su estrecha alineación con las potencias occidentales.

Bajo el mandato de Netanyahu, sin embargo, Israel trabajó sistemáticamente para romper ese aislamiento, ampliando su influencia por África, Asia y América Latina a medida que el orden mundial dominado por EE. UU. comenzaba a debilitarse.

Gaza ha revertido drásticamente esos avances, no solo en el Sur Global, sino en todo el mundo. El reto ahora es hacer que ese cambio sea duradero —y que los recientes avances de Israel en Colombia, Venezuela, Eslovenia y otros lugares sean temporales—.

Pero los países árabes pueden —y deben— hacer más. Su rápida condena de la decisión de Colombia sobre el Golán, en virtud de la Resolución 497 del Consejo de Seguridad de la ONU, es necesaria, pero las declaraciones por sí solas no pueden contrarrestar la activa ofensiva diplomática de Israel.

Las posturas basadas en principios sobre Palestina y los territorios árabes ocupados deben reforzarse mediante alianzas económicas, diplomáticas y estratégicas. De lo contrario, los logros políticos conseguidos con tanto esfuerzo seguirán siendo frágiles y podrán revertirse fácilmente cada vez que cambien los gobiernos.

Nos encontramos en la cúspide de un momento histórico, una realidad cada vez más reconocida por los propios políticos, historiadores y medios de comunicación israelíes. Desperdiciar esta oportunidad de desenmascarar a Israel y hacerle rendir cuentas por sus crímenes en Palestina y en todo Oriente Medio sería imperdonable.

La lucha por la justicia en Palestina ya ha adquirido una dimensión global, y aquellos de entre nosotros que nos preocupamos profundamente por Gaza debemos comprender la importancia de esta transformación. Israel está luchando por revertir su creciente aislamiento y no cabe esperar que se rinda a corto plazo.

Por lo tanto, debemos acelerar nuestros esfuerzos, utilizando todos los medios disponibles que sean compatibles con el derecho internacional y las aspiraciones del pueblo palestino, para garantizar que la transformación histórica provocada por Gaza no pueda simplemente revertirse.

Israel debe comprender que no puede volver a la normalidad, que no puede eludir su responsabilidad y que no hay vuelta atrás después de un genocidio.

Foto de portada: El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, visita la cima del monte Hermón (Yabal al-Sheikh), en el lado sirio de la frontera, tras la caída del régimen baazista en Siria el 17 de diciembre de 2024. [Ma’yan Toaf / Oficina de Prensa del Gobierno de Israel – Agencia Anadolu]

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