De las cámaras de gas ocultas a la horca israelí

Jamal Kanj, CounterPunch.org, 27 agosto 2026

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Jamal Kanj (jamalkanj.com) es autor de Children of Catastrophe: Journey from a Palestinian Refugee Camp to America (Hijos de la catástrofe: viaje desde un campo de refugiados palestino a Estados Unidos) y otros libros. Escribe con frecuencia sobre temas relacionados con Palestina y el mundo árabe para diversas publicaciones nacionales e internacionales.

No se trata de una metáfora. Fue lo que el ministro de Seguridad Nacional israelí, Itamar Ben Gvir, anunció ante las cámaras el 19 de agosto. Con un gesto de la mano, anunció a sus seguidores de Instagram la horca que Israel tiene previsto utilizar para ejecutar a prisioneros palestinos. Como un asesino en serie, con una sonrisa diabólica en el rostro, se regodeaba al describir su «damnatio ad bestias» del siglo XXI.

La cultura israelí no necesitaba de un escenario climatizado para deleitarse con el sufrimiento palestino. Durante años, lo hicieron en el «cine de Sderot». Los residentes de los asentamientos exclusivos judíos a lo largo de la frontera con Gaza han llevado sillas de jardín y refrigerios y se han apiñado en las cimas de las colinas para observar el bombardeo de Gaza del mismo modo que los estadounidenses miran los fuegos artificiales del 4 de julio. Observaban las bombas con asombro y emoción, vitoreando las enormes explosiones que iluminaban el cielo nocturno de Gaza y aplaudiendo cada columna de humo que se elevaba de los barrios humeantes con una crueldad sin límites.

Esto no solo ha venido sucediendo desde el 7 de octubre de 2023, sino que se remonta a 2014, cuando el asesinato y la destrucción se grababan en video y se normalizaban como una forma de entretenimiento público. El cine al aire libre, para el que antes se necesitaba una silla plegable en una colina, cuenta ahora con una sala cerrada, que ofrece al público israelí asientos más cómodos para disfrutar al máximo. Diseñada por un ministro que celebró su 50 cumpleaños con un pastel decorado con una soga y un mensaje: «Felicitaciones, ministro Ben Gvir, a veces los sueños se hacen realidad».

Esto es la Schadenfreude sionista: una cultura que necesita una sala de observación para una ejecución porque lleva años siendo adoctrinada para ver la muerte de los palestinos como un entretenemiento. Desde las fiestas de observación en la cima de las colinas hasta los cruceros por el mar y la sala de la horca, es el mismo impulso, algunos escenificados al aire libre, otros a puerta cerrada.

La ley de ejecución aprobada por la Knéset en marzo pasado establece la pena de muerte como sentencia obligatoria para los combatientes por la libertad que resisten ante los colonizadores ilegales. Esa misma ley no se aplica a las turbas judías que han asesinado a doce civiles palestinos solo desde principios de este año, y a nueve ciudadanos estadounidenses desde 2022. Rara vez, por no decir nunca, se procesa a los asesinos judíos ​​por sus crímenes contra palestinos o palestino-estadounidenses.

La Asociación por los Derechos Civiles en Israel presentó un recurso ante el Tribunal Supremo argumentando que la Knéset no tenía autoridad para legislar sobre personas que no son sus ciudadanos. Los ministros de Asuntos Exteriores de Alemania, Francia, Italia y el Reino Unido advirtieron sobre el «carácter discriminatorio de facto» del proyecto de ley. Ocho gobiernos de países de mayoría musulmana lo calificaron como parte de un sistema que «afianza el apartheid».

La horca no se construye de forma aislada. Israel mantiene detenidos a aproximadamente 9.200 palestinos; casi el 40%, incluyendo 191 menores, son detenidos administrativos, recluidos sin cargos ni juicio. Médicos secuestrados de los quirófanos de los hospitales, estudiantes y educadores de sus universidades o legisladores electos de sus hogares. Tras una detención militar de seis meses prorrogable, un palestino puede desaparecer indefinidamente en el sistema penitenciario israelí. Rehenes civiles retenidos por Israel como moneda de cambio. Una ley que se aplica exclusivamente a los no judíos en Cisjordania y Gaza. Mientras tanto, las turbas judías que aterrorizan las aldeas de Cisjordania están exentas de la misma ley militar.

Desde octubre de 2023, al menos 98 rehenes palestinos, poco más del 1% de todos los retenidos en las cárceles israelíes, han muerto o han sido asesinados, la mayoría con signos de tortura; los detenidos liberados describen descargas eléctricas, ataques de perros y agresiones sexuales durante los interrogatorios. Un experto de la ONU calificó la tortura israelí como doctrina de Estado. De hecho, la tortura en la prisión de Abu Ghraib en Iraq era una réplica exacta de las cámaras de tortura israelíes. Un sistema que encarcela sin cargos o utiliza ejecuciones extrajudiciales para asesinar activistas no necesita muchas modificaciones para empezar a ahorcarlos.

Cuatro relatores especiales de la ONU, incluido el experto en ejecuciones extrajudiciales, declararon en abril que la ley de ejecuciones «constituye un régimen discriminatorio» y viola manifiestamente las obligaciones de Israel en virtud del derecho internacional. La Corte Internacional de Justicia dictaminó en 2024 que las políticas de Israel en los territorios palestinos ocupados infringen la prohibición de la segregación racial y el apartheid. En un artículo publicado en Opinio Juris, un profesor de derecho penal expuso que la nueva ley israelí podría ajustarse a la definición de apartheid, crimen de lesa humanidad, establecida en el Estatuto de Roma, al instaurar un régimen institucionalizado de dominación de un grupo racial sobre otro. Señaló que el precedente es claro en la Sudáfrica del apartheid, donde se instituyó la pena de muerte obligatoria contra la mayoría negra.

Si unimos todas las piezas, el panorama no deja lugar a dudas. Una cultura estatal con un registro documentado de celebración de fiestas en las que civiles se reúnen para vitorear los bombardeos contra la población civil y que ahora cuenta con un escenario diseñado para los espectadores. Un sistema penitenciario que mantiene a miles de personas encarceladas sin cargos y que ya es responsable de docenas de muertes documentadas bajo custodia, pretende ahora codificar esa impunidad en la ley. Un sistema judicial que juzga a una persona (no judía) bajo la ley militar y a la otra bajo la ley civil (judía) ha generado un apartheid judicial.

Hace ochenta años, las cámaras de gas se ocultaron porque incluso sus diseñadores nazis comprendieron, en cierto modo, que el mundo no toleraría presenciarlas. El ministro de Seguridad Nacional de Israel está construyendo una cámara de exterminio «con vistas», de la que se jacta en Instagram, justo al lado de una comunidad que vive en las laderas de una colina y que lleva décadas organizando reuniones para ver en directo y celebrar crímenes de guerra, ensayando todo este tiempo para la próxima damnatio ad bestias, una Schadenfreude sionista del siglo XXI.

Foto de portada: El ministro de Seguridad Nacional de Israel, Itamar Ben-Gvir, mostrando las instalaciones que tendrán «cabinas de observación» para ahorcar a palestinos condenados a muerte. (Telegram)

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