Los Emiratos Árabes Unidos, al igual que EE. UU. e Israel, están normalizando un estado de guerra permanente en Oriente Medio

David Hearst, Middle East Eye, 7 septiembre 2026

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


David Hearst es cofundador y redactor jefe de Middle East Eye, así como comentarista y conferenciante sobre la región y analista en temas de Arabia Saudí. Fue redactor jefe de asuntos exteriores en The Guardian y corresponsal en Rusia, Europa y Belfast. Con anterioridad, fue corresponsal en temas de educación para The Scotsman.

El presidente ruso, Vladímir Putin, tardó diez meses completos tras su invasión de Ucrania en calificar de «guerra» lo que su país estaba llevando a cabo.

Incluso entonces, solo él podía utilizar esa palabra. Cualquier otra persona podía enfrentarse a hasta quince años de prisión por «difundir información falsa».

Seis meses después de su segundo ataque contra Irán, el presidente de EE. UU., Donald Trump, sigue viviendo en las nubes respecto a la guerra de la que no puede salir, ni tampoco pueden hacerlo 50.000 soldados, 19 buques de guerra y dos portaaviones.

Sea lo que sea en lo que estén involucradas estas fuerzas, no es una guerra.

«No es nada del otro jueves», afirmó Trump la semana pasada. En el pasado, ha utilizado expresiones como «una pequeña escaramuza», un «pequeño desvío» y una «pequeña excursión, un par de semanas, unas pocas semanas de excursión».

La agotada tripulación del USS Abraham Lincoln, el portaaviones que fondeó frente a las costas de Tailandia la semana pasada tras 286 días en el mar, no estaba en absoluto de acuerdo.

Durante su estancia en tierra, en Pattaya, algunos hablaron con Priya Sridhar, corresponsal de MS Now en el Pentágono.

«Muchos de ellos me dijeron que este había sido, de hecho, el peor despliegue que habían vivido jamás», afirmó Sridhar. «Lo único que querían era volver directamente a casa. Me dijeron que temen que, debido a esta guerra, estos despliegues tan largos sin escalas en ningún puerto se conviertan en la norma».

En todo caso, la imagen de este barco regresando a duras penas a casa, escoltado hasta San Diego, se ha convertido en el símbolo de la futilidad de una guerra que Trump parece incapaz de detener.

Deja a un Irán más seguro de su capacidad para contraatacar y decidido a frustrar a EE. UU., según los últimos informes de los servicios de inteligencia estadounidenses.

Fuentes oficiales, citadas por el New York Times, afirmaron que Irán ha salido de esta situación con una comprensión mucho mayor de sus fortalezas militares y más seguro de sus capacidades.

Una guerra inútil

Mientras Trump restaba importancia a la presión que la guerra está ejerciendo sobre el Pentágono, el portavoz del ejército iraní, el general de brigada Mohammad Akrami Nia, afirmó que Irán pasaría pronto de una postura defensiva y reactiva a una ofensiva y proactiva.

En unas declaraciones difundidas por la cadena iraní IRIB, Nia añadió que Irán llevaría a cabo «operaciones preventivas» allí donde percibiera una amenaza: «Nuestra doctrina militar ha dado un giro hacia la defensa preventiva y las operaciones de disuasión».

Estados Unidos e Israel no son los únicos actores que intentan normalizar un estado de guerra permanente.

Lejos de que las derrotas militares en serie de la alianza occidental sirvan de advertencia al resto del mundo, estas intervenciones ofrecen un modelo que los pequeños Estados que surgen a su estela están copiando con entusiasmo.

El otro líder que se considera a sí mismo en estado de guerra permanente es Mohammed bin Zayed (conocido popularmente como MBZ), presidente de los Emiratos Árabes Unidos.

Abu Dabi aún no cuenta con portaaviones. Depende del dinero, de los mercenarios y de flotas de aviones para suministrar armas en silencio y vigilar su imperio marítimo, que ahora se adentra profundamente en África. Es un maestro en las artes oscuras de la subversión y la intervención. Pero sus tentáculos son tan largos y sus ambiciones tan letales como las de Israel.

Opera sin una gran presencia militar convencional. «Este enfoque se basa principalmente en tres mecanismos: el apoyo logístico aéreo, el suministro de equipamiento militar a grupos aliados y el uso de actores no estatales como extensiones de su política exterior», escribió un analista.

El puerto de Bossaso, en Puntlandia (Somalia), está oficialmente arrendado para uso comercial por DP World, una empresa de los EAU, cuando, en realidad, el puerto sirve como punto de partida militar para envíos a Libia y Sudán que avivan el conflicto en esos países.

El actor del caos

La negación es clave. Permite a Abu Dabi seguir siendo un aliado incondicional de Occidente mientras lleva a cabo operaciones que van directamente en contra de sus intereses. Oficialmente, Abu Dabi se presenta como la máxima expresión de la identidad árabe.

Te dice que es una tierra de riquezas incalculables, capaz de hacer realidad lo imposible, con el edificio más alto del mundo y su nombre presente en los mejores clubes de fútbol —o en sus estadios— de todo el mundo: el Manchester City, el Arsenal y una docena más en Estados Unidos, España, Francia y Turquía.

Incluso cuenta con un cargo ministerial denominado «Ministro para la Tolerancia».

El prólogo de un documento de 68 páginas publicado hace siete años, cuando MBZ proclamó 2019 como su año de la tolerancia, proclama a los Emiratos Árabes Unidos como «un puente de comunicación entre los pueblos del mundo y sus diversas culturas, en un entorno de apertura y respeto que rechaza el extremismo y promueve la convivencia».

Sin duda es un puente: de traficantes de armas, blanqueadores de dinero, contrabandistas de oro, infractores de sanciones, mercenarios y espías. Pero todo eso ocurre entre bastidores.

Nadie puede acusar de pereza a bin Zayed, educado en colegios privados escoceses.

Desde que la Primavera Árabe derrocó a dos dictadores en Túnez y Egipto, MBZ ha organizado y financiado un golpe de Estado militar en Egipto, así como guerras civiles en Libia, Yemen y Sudán.

Presentó a Mohammed bin Salman (MBS), por entonces un príncipe saudí desconocido, al primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y, posteriormente, al clan Trump. Esto allanó el camino para que MBS se convirtiera en príncipe heredero y gobernante de facto.

Bin Zayed ha informado a innumerables líderes occidentales sobre los supuestos peligros del islam político en general y de los Hermanos Musulmanes en particular.

El eje Emiratos Árabes Unidos-Israel se está alineando abiertamente con la extrema derecha europea, utilizando la islamofobia como moneda política de cambio.

El mes pasado, en lo que pareció una campaña coordinada para avivar el odio antimusulmán en Gran Bretaña, Netanyahu hizo unas declaraciones absurdas al referirse al Reino Unido como la «República Islámica de Gran Bretaña».

A esto le siguió una serie de declaraciones de personas influyentes emiratíes ante periodistas y think tanks británicos sobre la supuesta amenaza de los Hermanos Musulmanes y en las que advertían de «un complot islámico» para hacerse con el control de Gran Bretaña y Occidente. A ello se sumaron las escalofriantes revelaciones sobre una operación de vigilancia emiratí dirigida contra Anas Altikriti.

Los secuaces de Bin Zayed han cortejado activamente a figuras de la extrema derecha como Nigel Farage, líder del Partido Reformista del Reino Unido, a quien, evidentemente, imaginan como un futuro primer ministro.

El pasado mes de enero, en la azotea del Ritz Carlton de Dubái, en una fiesta privada organizada por el canal de la derecha GB News —un encuentro al que asistió el sultán Ahmed Al Jaber, ministro de Industria y Tecnología Avanzada de los Emiratos Árabes Unidos—, Farage quedó completamente cautivado, como tantos otros antes que él, por el espejismo de la riqueza y el poder.

Dijo: «Mirad a vuestro alrededor, a la palmera. Quiero que Clacton tenga este aspecto». Tras otro verano de olas de calor sin precedentes, Clacton podría parecer pronto un desierto. Farage elogió a los Emiratos Árabes Unidos por prohibir a los Hermanos Musulmanes y afirmó que un gobierno de Reform haría lo mismo, según algunas fuentes.

«Tenemos mucho que aprender de vosotros, queridos señores», dijo Farage, dirigiéndose a los funcionarios emiratíes presentes. «Reconocemos que sois nuestros amigos. El Londres del brexit, el Londres de «Reform», os recordará».

Pero el interés por los EAU va más allá del Londres del brexit.

Los EAU son el mayor socio comercial del Reino Unido en Oriente Medio, con un comercio bilateral que ascendió a 21.600 millones de libras (29.000 millones de dólares) en 2022. Más de 5.000 empresas británicas operan allí.

Su estatus es aún más privilegiado con respecto a EE. UU. En julio de este año, el Departamento de Comercio de EE. UU. elevó el estatus de los EAU en el marco del Reglamento de Administración de Exportaciones, flexibilizando los controles para incluir equipamiento militar, satélites comerciales y naves espaciales.

EAU: facilitadores de crímenes de guerra

Los EAU se han aliado ahora con Israel mientras se está produciendo un genocidio en Gaza y en la Cisjordania ocupada.

En un momento en que el Gobierno del primer ministro británico Andy Burnham está a punto de anunciar sanciones sobre los productos procedentes de los asentamientos ilegales y está estudiando nuevas restricciones a la ayuda militar, la empresa militar israelí Elbit Systems ha anunciado un contrato de 2.300 millones de dólares con los EAU, el mayor de la historia de Israel.

Todo esto ha servido de tapadera para la verdadera esfera de expansión de los EAU, que se encuentra en África. Porque es bajo la mesa donde se cierran los verdaderos negocios.

La guerra civil en Sudán se ha cobrado la vida de 59.000 personas y ha desplazado a otros 14 millones.

En la actualidad existen numerosas pruebas, procedentes de los propios informes de MEE y de muchas otras fuentes, de los crímenes de guerra que las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR) han cometido en Darfur, El Fasher y otros lugares.

La fiscal adjunta de la Corte Penal Internacional, Nazhat Shameem Khan, informa de «avances significativos» en su investigación. Los Emiratos Árabes Unidos han armado y financiado estos crímenes de guerra a través de rutas de suministro en Chad y Libia, y han traído mercenarios de Colombia. Sus empresas han desviado a Dubái el oro robado de las arcas de Sudán.

Una mujer sudanesa con su hijo en el campamento de desplazados de al-Rahmaniyah, cerca de la ciudad de El-Obeid, en la región meridional de Kordofán, el 25 de junio de 2026 (AFP)

«No se trata de un fallo puntual en la diligencia debida. Es una política deliberada, sostenida y bien documentada de los Emiratos Árabes Unidos para armar a una fuerza acusada de forma creíble de genocidio», escribió el director de incidencia política de Dawn.

«Cada transferencia de armas que se siga realizando a los Emiratos Árabes Unidos conlleva el riesgo de complicidad en crímenes atroces. La comunidad internacional dispone de las pruebas. Lo que falta es la voluntad de actuar».

La situación es similar en Libia, donde un flujo constante de vuelos de carga militar desde Abu Dabi o la base aérea de Al-Dhafra se dirige a Bengasi o Tobruk, operados por empresas pantalla. Esto permite al mariscal Jalifa Haftar, gobernante militar de facto del este de Libia y comandante de las Fuerzas Armadas Árabes Libias, mantener sus operaciones a pesar del embargo de la ONU.

Poder blando frente a poder duro

A largo plazo, estas complejas operaciones fracasan. Túnez se encuentra al borde del colapso financiero, Egipto está más débil que nunca y Haftar y su hijo están explorando ahora vínculos con Turquía, cuya intervención militar impidió que las fuerzas de Haftar tomaran Trípoli.

Las operaciones de los EAU en Yemen han provocado una ruptura decisiva y duradera con Arabia Saudí, que por fin se ha visto impulsada a hacer frente a las operaciones encubiertas de Abu Dabi en Yemen, Sudán y el Cuerno de África.

Una alianza militar entre Turquía, Arabia Saudí y Pakistán tiene más posibilidades de atraer a los países neutrales en esta contienda que la formada por la India, Israel y los Emiratos Árabes Unidos.

La reacción de Bin Zayed ante este revés ha sido plantarse. Pero ahora se ha granjeado tantos enemigos que dudo que sea una decisión acertada.

Hay muchos emiratíes a su alrededor que son conscientes de los peligros de lo que está haciendo. Lo que es bueno para Abu Dabi no tiene por qué serlo para Dubái.

Aunque Abu Dabi ha declarado un embargo comercial contra Irán, los bancos iraníes son una lucrativa fuente de ingresos para Dubái.

Por encima de todo, MBZ debería leer historia. Abu Dabi se ha labrado la imagen de la «pequeña Esparta», una ciudad-estado capaz de dar un golpe muy por encima de su peso real. Esparta y sus aliados ganaron, efectivamente, la última de las cuatro contiendas con Atenas que hoy se conocen como la guerra del Peloponeso, e instalaron oligarquías en toda Grecia, tal y como Abu Dabi intenta hacer ahora en el norte de África.

Pero ¿quién viaja hoy en día a Esparta y quién la recuerda? Fue a la perdedora, Atenas, fue a quien el Imperio romano rindió homenaje, la ciudad que propició la edad de oro de la Grecia clásica en el arte, el teatro, la filosofía, la arquitectura y la democracia.

El poder blando siempre prevalecerá sobre el poder duro, especialmente en el mundo actual, donde la legitimidad es clave. Es la razón por la que Estados Unidos y sus aliados han perdido todas las guerras desde Kosovo. Y es la razón por la que Abu Dabi está apostando por el caballo equivocado.

Foto de portada: El presidente de los Emiratos Árabes Unidos, el jeque Mohammed bin Zayed Al Nahyan, en el aeropuerto de Abu Dabi el 12 de agosto de 2026. (AFP)

Voces del Mundo

Deja un comentario