Robert Hunziker, CounterPunch.org, 11 octubre 2026
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Robert Hunziker (máster en Historia Económica por la Universidad DePaul) es un escritor independiente y periodista medioambiental cuyos artículos se han traducido a varios idiomas y han aparecido en más de 50 periódicos, revistas y sitios de todo el mundo, como Z magazine, European Project on Ocean Acidification, Ecosocialism Canada, Climate Himalaya, Counterpunch, Dissident Voice, Comite Valmy y UK Progressive. Se le ha entrevistado sobre el cambio climático en Pacifica Radio, KPFK, FM90.7, Indymedia On Air y World View Show/UK. Email: rlhunziker@gmail.com.
«La desaparición del Thwaites es inevitable» (Inside Antarctica’s Doomsday Glacier –En el interior del fin del mundo de la Antártida, PBS, 19 de agosto de 2026).
A bordo del rompehielos surcoreano Araon: «Esto es Thwaites, un glaciar situado en los confines de la Tierra, al borde del colapso: el glaciar más trascendental del planeta. Ningún barco ha llegado nunca tan lejos. Para los científicos a bordo, muchos de los cuales ya habían intentado sin éxito llegar a este lugar anteriormente, la expectación es tan palpable como la belleza», ibíd.
El calentamiento global no conoce fronteras, ni siquiera en los lugares más remotos donde las botas de los científicos pisan el ecosistema más frío del planeta. Es allí donde el calentamiento global provocado por el ser humano socava el glaciar Thwaites, también conocido como el «glaciar del fin del mundo». Con el tiempo, se derrumbará. Los científicos están tratando de descubrir cómo y cuándo, y qué hacer, si es que hay algo que se pueda hacer.
El apodo de «glaciar del fin del mundo» es pegadizo; se queda grabado en la mente. Pero ¿es tan peligroso como parece? Un reciente viaje documentado a bordo del rompehielos surcoreano «Araon», operado por el Instituto Coreano de Investigación Polar —cuya investigación polar cuenta con financiación completa hasta 2031—, responde a preguntas provocadoras y ofrece a los interesados una visión de cerca del monstruo que descansa sobre un lecho marino profundo de la plataforma continental del mar de Amundsen, en la Antártida Occidental. No hay nada que se pueda comparar con el Thwaites. Es singularmente diferente.
«Se trata de un glaciar que se está desmoronando ante nuestros propios ojos… cuando los glaciares se desplazan a cierta velocidad, parece que simplemente se desgarran, y eso hace que toda la física del fenómeno resulte abrumadora y compleja». (David Holland, catedrático de Matemáticas y Ciencias de la Atmósfera y los Océanos en el Instituto Courant de Ciencias Matemáticas de la Universidad de Nueva York e investigador principal del proyecto MELT, a bordo del Araon)
Un hecho de gran interés y relevancia: en octubre de 2025, la Fundación Nacional para la Ciencia de EE. UU. (NSF, por sus siglas en inglés) rescindió el contrato de arrendamiento del rompehielos Nathaniel B. Palmer tras 33 años de servicio. Se trataba del único rompehielos de investigación de Estados Unidos, que permitía a los científicos polares estadounidenses acceder al glaciar Thwaites, de 120 kilómetros de ancho, para estudiarlo. La solicitud presupuestaria de la Administración para el ejercicio fiscal 2027 propone un recorte del 54% a la Fundación Nacional para la Ciencia, además de un recorte del 70% para la investigación antártica, con el fin de evitar asustar de muerte a los ciudadanos estadounidenses al poner de manifiesto el peligro del cambio climático a través de los informes obligatorios que se exigen cuando el dinero de los contribuyentes financia proyectos de investigación, así como para unir fuerzas dentro de un círculo cerrado de fanáticos de la derecha que niegan el cambio climático, también conocidos como «la camarilla que odia la ciencia». El conocimiento resulta demasiado difícil de asimilar.
Misión a Thwaites
Tras un viaje de dos semanas y más de 5.000 kilómetros desde Lyttelton (Nueva Zelanda), el Araon llega a un lugar ideal en el glaciar Thwaites para que los helicópteros puedan acceder a la línea de fondeo, donde la parte sumergida del glaciar entra en contacto con la tierra. El objetivo es perforar un agujero en el hielo y bajar instrumentos al mar de Amundsen que permanecerán allí durante un año. «Los datos podrían ayudar a los científicos a comprender por qué ningún otro glaciar de este tamaño en la Tierra se está derritiendo más rápido y, tal vez, permitirles predecir cuándo podría colapsar», ibíd.
La misión científica requiere 40 viajes en helicóptero desde el Araon hasta un lugar designado en Thwaites para instalar el equipo necesario para realizar una «perforación en caliente» en el enorme glaciar. El hielo tiene un espesor de 914 metros en el lugar donde el equipo de perforación se instala para introducir una broca de agua hirviendo en el hielo con el fin de lograr dos cosas: (1) bajar instrumentos para obtener una «instantánea» de las condiciones subyacentes, incluyendo la temperatura, la salinidad y las corrientes; (2) el objetivo principal: bajar sensores similares de forma permanente para que transmitan datos durante un año sobre qué está provocando que el glaciar se derrita tan rápidamente.
La misión requiere derretir 20 toneladas de nieve para obtener agua caliente con la que la perforadora pueda atravesar eficazmente el hielo, lo que supone 23 horas de duro trabajo paleando hielo antes de que comience la perforación. A continuación, se introducen instrumentos en el pozo de perforación para medir la temperatura, la profundidad, la corriente de agua y el oxígeno disuelto, y una segunda vez para medir de forma permanente la parte inferior del glaciar Thwaites, donde este entra en contacto con el suelo.
¡Ups! Se produce un desastre inesperado cuando los delicados instrumentos que se han bajado al pozo de perforación se congelan por completo a 700 metros por debajo de la superficie, pero aún a varios cientos de pies de distancia de la zona objetivo. Las condiciones extremadamente duras e impenetrables de la Antártida sabotean el objetivo principal de la misión. Son años de duro trabajo que reciben un «duro golpe» justo donde más duele.
Además, es demasiado tarde para seguir trabajando; se ha acabado el tiempo, ya que las temperaturas bajan rápidamente tras el final del verano en la Antártida. El sol se pone por última vez y se instala la oscuridad de 24 horas: la noche antártica. El Araon no quería quedarse atrapado por el hielo. Tuvieron que dejar los instrumentos congelados a 700 metros bajo la superficie, congelados para siempre.
Sin embargo, lo que se descubrió es tan importante como preocupante. La temperatura del agua en el fondo del pozo de perforación era casi 6,5º más cálida que el punto de congelación del hielo glaciar en agua de mar, una prueba irrefutable de que Thwaites se está derritiendo rápidamente desde abajo.
Según las conversaciones mantenidas con David Holland, científico climático de la Universidad de Nueva York, que cuenta con más de una docena de viajes a la Antártida a sus espaldas, no existen muchos datos sólidos sobre Thwaites, pero lo que se sabe es que hay algo misterioso en el comportamiento de este infame glaciar que requiere una investigación más exhaustiva. Está ocurriendo demasiado rápido.
Mediante la instalación permanente de instrumentos, los científicos esperaban observar cómo cambian las condiciones submarinas con el paso del tiempo. Por desgracia, el intento fracasó. Las misiones anteriores a Thwaites para llevar a cabo esta tarea en 2022 y 2024 se encontraron con que el hielo marino era tan grueso que los rompehielos no pudieron llegar hasta el glaciar. Al menos el buque coreano Araon sí lo consiguió. Aun así, se llevaron a cabo numerosas mediciones y experimentos a lo largo del viaje, a pesar de que no se logró el objetivo principal.
¿Por qué Thwaites?
Won Sang Lee, el científico jefe a bordo del Araon, explica por qué Corea del Sur considera tan importante la investigación polar: «Mi país es una península, rodeada por el océano por todos lados, por lo que somos muy vulnerables a los cambios en el nivel del mar». Reunió a 40 investigadores científicos de primer nivel para la misión.
Thwaites es el único lugar donde el agua cálida del océano colinda con el borde de la plataforma continental, fluyendo hacia la línea de anclaje. Durante miles de años, la propia plataforma continental protegió a Thwaites de quedar al descubierto, actuando como una presa submarina natural. Pero el cambio climático ha alterado los patrones de viento alrededor del continente antártico, de modo que una mayor cantidad de agua fría y dulce cercana a la superficie fluye hacia el mar, creando una vía para que el agua cálida de las profundidades se desborde o se cuele por encima de la plataforma continental que antes la había retenido durante miles de años. ¡Eureka! La desestabilización de Thwaites tras decenas de miles de años de relativa estabilidad.
91 metros (de espesor) perdidos al año
Thwaites es diferente, según el Dr. Holland: «Está desapareciendo a un ritmo asombroso. Pierde unos 91 metros de espesor cada año. En cambio, el deshielo habitual en la Antártida es inferior a 0,30 metros en la base».
No hay ningún otro glaciar que se acerque a la singularidad de Thwaites, que tiene el tamaño de Florida y que, por sí solo, contiene suficiente hielo como para elevar el nivel del mar entre 0,76 y 0,91 metros. Y lo que es aún más significativo, es una «piedra angular» de la capa de hielo de la Antártida Occidental, ya que frena la posibilidad de que toda la capa de hielo de la Antártida Occidental se derrumbe en cascada, lo que añadiría 3 metros a la subida del nivel del mar en todo el mundo. ¿Ocurrirá esto?
Si realmente se sumaran 3 metros, partiendo de estimaciones muy agresivas, tardaría varias décadas en producirse, hasta bien entrado el año 2100 y más allá. Sin embargo, hay científicos polares antárticos que afirman, en congresos de ciencia polar, que serán 3,96 metros en este siglo, lo que hace que el periodo 2030-2040 parezca delicado, aunque muy lejos de las previsiones de la ciencia mayoritaria. La mayoría de los científicos climáticos se burlarán de eso, quizá se rían entre dientes o incluso a carcajadas. Aun así, el hecho preocupante es que nadie sabe realmente en qué medida ni cuándo el nivel del mar se convertirá en un grave problema. ¡Pero va a suceder!
¿Una «cortina marina»?
Un valle fluvial submarino de 96,5 kilómetros de ancho canaliza el agua cálida hacia Thwaites, donde se derrite. Los científicos han propuesto una barrera submarina o «cortina marina» para impedir que la corriente cálida llegue a ese valle fluvial de 96,5 kilómetros de ancho, con la esperanza de detener o retrasar la desaparición de Thwaites.
La idea de la cortina marina tiene sus antecedentes: «Si echamos la vista atrás, durante la Primera Guerra Mundial, Gran Bretaña construyó redes antisubmarinas —cortinas, si se quiere— alrededor de la mayor parte de su costa, que se extendían a lo largo de miles de kilómetros… Fue una inversión enorme para la época, pero se trataba de una amenaza existencial, así que había que hacerlo». (Scientists Weigh Giant Sea Curtain to Shield ‘Doomsday Glacier’ From Melting – Los científicos barajan una cortina marina gigante para proteger al «glaciar del fin del mundo» del deshielo, Mongabay, 24 de septiembre de 2025)
Sin embargo, el glaciólogo Mike Bentley, de la Universidad de Durham (Reino Unido), escribió una evaluación crítica sobre la conservación del hielo polar: «Proteger las regiones polares de la geoingeniería peligrosa: una evaluación crítica de los conceptos propuestos y las perspectivas de futuro», que incluye un análisis del concepto de la cortina marina. Por desgracia, «ninguna de ellas (las cinco propuestas) superó una serie de criterios objetivos sobre viabilidad, retos logísticos, costes de ampliación y cuestiones de gobernanza». La cortina marina tampoco se libró de las críticas. En su lugar, el Dr. Bentley sugiere destinar los más de 10.000 millones de dólares que se necesitarían para una cortina marina a medidas de descarbonización o de adaptación.
Problema crítico de la «corriente submarina»
Aún con la esperanza de obtener resultados positivos tras el decepcionante fallo técnico sufrido durante la misión principal y tras desplazarse ochenta millas desde el glaciar Thwaites, a 914,4 metros por encima del valle submarino que lleva agua cálida hasta la línea de fondeo, los científicos instalan un par de amarres robóticos con sensores que suben y bajan continuamente por cables de 457 metros fijados al fondo marino, registrando la temperatura, la salinidad y la velocidad de la corriente durante el próximo año o los dos siguientes. Si la corriente marina es demasiado rápida, la idea de la cortina marina será imposible. Las dos boyas almacenan todos los datos a bordo; no hay datos en tiempo real. Estas boyas robóticas se recuperarán en un plazo de dos años para descubrir qué está ocurriendo y si es posible siquiera plantearse una cortina marina.
La comunidad científica sigue mostrándose extremadamente escéptica respecto al éxito de la «cortina marina» para el glaciar Thwaites. Aun así, las circunstancias desesperadas requieren ideas desesperadas. ¡Una «cortina marina» para impedir que 96,5 kilómetros de agua marina cálida socaven el glaciar Thwaites es lo más desesperado que se puede imaginar!
Foto de portada de Dominik Van Opdenbosch.