Las venas, reabiertas, de América Latina: esta vez, el algoritmo

Jean Wyllys, CounterPunch.org, 17 septiembre 2026

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Jean Wyllys es un conferenciante, periodista y político brasileño.

Eduardo Galeano escribió en 1971: «La división del trabajo entre las naciones consiste en que unas se especializan en ganar y otras en perder. Nuestra parte del mundo, conocida hoy como América Latina, fue precoz: se ha especializado en perder desde aquellos tiempos remotos en que los europeos del Renacimiento se aventuraron al otro lado del océano e hincaron los dientes en las gargantas de las civilizaciones indígenas». Cincuenta y cinco años después, el botín del imperio ha adoptado formas menos tangibles y aún más peligrosas, porque la batalla económica se libra por el control de la mente —interfaces neuronales distorsionadoras, condicionamiento del comportamiento de votantes y consumidores y modelado cognitivo— o, en otras palabras, se trata de información: los datos de América Latina, su atención, sus pagos y su infraestructura digital. Aquí es donde los intereses de las grandes empresas tecnológicas coinciden con la política exterior de Donald Trump.

El 18 de agosto de 2026, cuando se disponía a embarcar en un vuelo con destino a Buenos Aires, Fernando Cerimedo fue detenido en el aeropuerto de Viru Viru, en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia), en relación con un atentado contra la abogada y analista política boliviana Nadia Beller. Aunque recibió tres disparos de unos hombres que se hacían pasar por repartidores, ella consiguió sobrevivir. Cerimedo niega cualquier implicación, pero los tribunales ordenaron su prisión preventiva durante 180 días. El 8 de septiembre fue trasladado a La Paz y a Chonchocoro, la única prisión de máxima seguridad de Bolivia, para ser interrogado en el marco de una investigación sobre un supuesto enriquecimiento ilícito.

Lo que me interesa aquí no es tanto la cuestión de la culpabilidad o la inocencia en una investigación judicial en curso, sino analizar quién es este hombre, qué representa y el poder que ejerce.

Cerimedo, consultor político y estratega digital argentino, saltó a la fama entre la derecha y la extrema derecha latinoamericanas, colaborando con la organización de Bolsonaro, con el presidente argentino Javier Milei, como asesor del presidente boliviano Rodrigo Paz y, según se dice, como «el hombre de MAGA en Latinoamérica». También es fundador del periódico digital La Derecha Diario, una plataforma muy influyente de la extrema derecha en Argentina y en Latinoamérica en general. Y no es un mero portavoz propagandístico. Está especializado en campañas de desprestigio, segmentación de audiencias, el lado oscuro de las redes sociales y, según él mismo afirma, redes de trolls.

El 4 de noviembre de 2022, apenas unos días después de la derrota electoral de Jair Bolsonaro frente a Lula, Cerimedo realizó una retransmisión en directo en La Derecha Diario en la que presentó «Brasil fue robado», un «informe» basado en material elaborado previamente por asesores de Bolsonaro y oficiales del ejército, que afirmaba falsamente demostrar un comportamiento estadísticamente anómalo en ciertos modelos de máquinas de voto electrónico y, por lo tanto, arrojaba sospechas sobre los resultados electorales. Posteriormente, Cerimedo fue imputado por la policía federal en el marco de sus investigaciones sobre el intento de golpe de Estado de Bolsonaro y la difusión de información falsa sobre el sistema electoral, pero la fiscalía se negó a presentar cargos contra él.

Este episodio es solo la punta del iceberg de la internacionalización de las técnicas digitales por parte de la nueva extrema derecha en América Latina, que cuenta con sus propios operadores, plataformas, influencers, discurso, trolls y modelos que circulan principalmente entre Argentina, Brasil, Bolivia y Chile. Este mes, septiembre de 2026, la Cámara de Diputados de Chile aprobó la creación de una comisión de investigación sobre las actividades de Cerimedo y las posibles operaciones con bots y manipulación digital que afectan a la política chilena.

Este sistema de distorsión de la política puede resumirse en la producción de narrativas falsas o engañosas, su amplificación artificial y coordinada, y su transformación en realidad política. Es lo que denomino «falsolatría», el culto en el que la mentira no solo se exalta como contenido, sino que se constituye como toda una economía política de la mendacidad en la que la falsedad se produce, se segmenta, se amplifica y se monetiza.

James Williams describe muy bien este sistema en Clics contra la humanidad (Gatopardo Ensayo, 2021). Williams, un antiguo estratega de Google que posteriormente estudió la ética de la tecnología persuasiva en la Universidad de Oxford, muestra cómo, en la era de la sobrecarga de información, la atención se ha convertido en un recurso escaso, lo que también supone un problema político debido a la cuestión de quién logra captarla y controlarla.

La desinformación es más que un problema epistemológico o democrático, ya que forma parte integrante de una economía de la atención altamente concentrada en la que captar y comercializar la atención de miles de millones de personas constituye hoy en día una enorme fuente de acumulación privada, tal y como demuestra la empresa de las «Big Tech» Meta (director ejecutivo, Mark Zuckerberg). En 2025, los ingresos de Meta ascendieron a 200.970 millones de dólares, con un beneficio neto de 60.460 millones de dólares. Nada menos que 196.180 millones de dólares, es decir, el 97,6% de sus ingresos, procedían de la publicidad.

Las falsedades no tienen por qué monetizarse directamente. Son económicamente útiles para una plataforma si el contenido falso, la indignación, el conflicto y la polarización captan y logran mayores niveles de atención, ya que el tiempo de permanencia y la interacción alimentan entonces la economía publicitaria. Esto no significa que las plataformas produzcan y coordinen todas las mentiras, sino más bien que su modelo económico se beneficia de propagarlas para captar la atención a través de redes masivas.

Se trata, además, de una economía extremadamente concentrada. La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo estima que la cuota combinada de las ventas del sector correspondiente a las cinco mayores multinacionales digitales aumentó del 21% en 2017 al 48% en 2025. El Informe Mundial sobre la Desigualdad de 2026 calcula que el 10% más rico recibe el 53% de los ingresos mundiales y posee el 75% de la riqueza, mientras que el 50% más pobre recibe el 8% de los ingresos y posee apenas el 2% de la riqueza. Los datos, las infraestructuras, la propiedad intelectual, el capital y el poder de mercado se concentran cada vez más en manos de los mismos, y escasos, actores, lo que significa que también acumulan el poder de gestionar los flujos de información.

Este es el contexto en el que debe analizarse la política exterior y comercial de Trump hacia América Latina, ya que va mucho más allá de la ideología y la diplomacia. En su afán por hacerse con el control del valor de la economía digital —sus datos, pagos, publicidad, inteligencia artificial, infraestructuras y mercados—, también busca manipular a enormes poblaciones mediante un «menticidio» generalizado, un negocio sumamente lucrativo.

Pix, el sistema brasileño de pagos electrónicos instantáneos creado y gestionado por el Banco Central de Brasil, es un buen ejemplo de ello. En 2026, tras una investigación comercial de la administración Trump, se decidió que las políticas brasileñas relativas a los servicios de pago electrónico, entre ellas Pix, constituían posibles barreras al comercio estadounidense y a la competitividad de sus empresas. El debate no versaba específicamente sobre Pix, pero puso de manifiesto una lógica más amplia: Washington quería asegurarse de que la cuota de mercado de las empresas estadounidenses no se viera obstaculizada por ninguna infraestructura digital nacional.

Latinoamérica es a la vez un mercado de consumo, una fuente de datos, una zona de expansión para la infraestructura digital y un campo de batalla geopolítico en la rivalidad de EE. UU. con China, ya que estos dos países dominan la creación y la captura de valor en la economía digital, en un ámbito en el que la posición de Latinoamérica es tremendamente vulnerable.

Galeano escribió sobre el saqueo del oro, plata, petróleo, hierro, cobre, carne, fruta y café. Ahora hay que añadir datos, atención, pagos e información. Las venas siguen abiertas. Pero los flujos han cambiado y ahora se dirigen a las mentes.

Quizá uno de los aspectos más inquietantes de nuestra época sea que la misma infraestructura privada que se ha apoderado y ha concentrado un poder económico tan enorme también se ha apoderado y ha concentrado el poder para regular la circulación de la información. Es su información la que se está difundiendo, y eso da que pensar cuando (hace tan solo diez años) un estudio de 2016 de la Universidad de Bond revelaba que alrededor del 21% de los directores generales de empresas presentan rasgos psicopáticos clínicamente significativos, lo que coincide con la prevalencia de la psicopatía observada en la población reclusa. El poder económico, el poder tecnológico y el poder de la información se fusionan en un círculo cada vez más reducido, «las personificaciones de las categorías económicas, los portadores de determinadas relaciones e intereses de clase», como dijo Marx en El capital, volumen I. Y más del 50% de los multimillonarios de Silicon Valley, estos portadores de los nuevos intereses de clase, cuentan con un «seguro contra el apocalipsis», lo que demuestra que son conscientes de lo letales que son sus intereses. Cerimedo no es más que un actor de este sistema y ya es bastante malo de por sí. Pero el problema que ha ayudado a sacar a la luz va mucho más allá de su persona.

Foto de portada de Nathaniel St. Clair.

Voces del Mundo

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