Cuenta atrás para la muerte de los océanos

Robert Hunziker, CounterPunch.org, 18 septiembre 2026

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Robert Hunziker (máster en Historia Económica por la Universidad DePaul) es un escritor independiente y periodista medioambiental cuyos artículos se han traducido a varios idiomas y han aparecido en más de 50 periódicos, revistas y sitios de todo el mundo, como Z magazine, European Project on Ocean Acidification, Ecosocialism Canada, Climate Himalaya, Counterpunch, Dissident Voice, Comite Valmy y UK Progressive. Se le ha entrevistado sobre el cambio climático en Pacifica Radio, KPFK, FM90.7, Indymedia On Air y World View Show/UK. Email: rlhunziker@gmail.com.

Los océanos ya no son los mismos que hace años. Han cambiado mucho. Por ejemplo, las «zonas muertas hipóxicas oceánicas» —es decir, zonas con bajos niveles de oxígeno o sin oxígeno— han aumentado en más de un 300%, pasando de los 150 lugares registrados en el año 2000 a más de 500 en 2026.

«La ciencia lo deja claro: el cambio climático está transformando los océanos». («Blue Whales Are Going Silent. Scientists Warn It’s a Cry for Help – Las ballenas azules se están quedando en silencio. Los científicos advierten de que ese silencio es un grito de auxilio», 25 de agosto de 2025, Earth.org)

Según el Instituto Scripps de Oceanografía, los océanos han absorbido el 90% del exceso de calor de la Tierra desde 1970, salvando a la humanidad de sí misma. Si no fuera por los océanos, esa cantidad de calor cocería viva a la población. Scripps hace referencia a un estudio inquietante: «La energía térmica absorbida por los 2.000 metros (6.500 pies) superiores del océano entre 1955 y 2010 habría calentado la atmósfera terrestre en +36°C (64,8 °F), en lugar de los actuales +1,5°C por encima de los niveles preindustriales». ¡Eso es letal!

«Los biólogos marinos que siguen las tendencias actuales observan un paralelismo aterrador con el pasado de la Tierra. Los estudios que analizan el evento de extinción masiva del Pérmico-Triásico (que acabó con el 96% de las especies marinas hace 252 millones de años) confirmaron que el principal factor fue la intolerancia metabólica al calentamiento y a las aguas empobrecidas en oxígeno —las mismas condiciones que el cambio climático provocado por el ser humano está imponiendo a los océanos actuales». (Scientists Finally Solved the Mystery of Earth’s Greatest Mass Extinction – Los científicos han resuelto por fin el misterio de la mayor extinción masiva de la Tierra, ScienceDaily, 12 de julio de 2026)

Las ballenas azules piden ayuda

Entonces, ¿qué hay de las ballenas azules que «piden ayuda», tal y como menciona Earth.org? De hecho, hay proyectos en marcha para ayudarlas. Aparte de los chiflados de la derecha que niegan el cambio climático, como el Gobierno federal de EE. UU., el mundo —especialmente China— está tan ocupado como las abejas instalando energías renovables en estado de pánico para luchar contra un sistema climático que está contraatacando a quienes lo han provocado. En consecuencia, las emisiones de CO₂ se han moderado, pero siguen aumentando, y cada fracción calienta más el planeta.

Las personas bien informadas que no temen alzar la voz creen que queda poco tiempo, quizá demasiado poco, para hacer algo constructivo, suponiendo que no sea ya demasiado tarde. Hay algunos científicos que creen que ya es demasiado tarde. Pero, vamos, nadie quiere creer que es demasiado tarde ni admitirlo. Aun así, algunos sí lo hacen. La única forma segura de salvarnos es eliminar el CO₂ que ya está ahí. Pero la tecnología para lograrlo es débil o inadecuada.

Mientras tanto, en consonancia con el período Pérmico-Triásico: «Las olas de calor marinas son cada vez más frecuentes, más duraderas y más intensas. Su duración media se ha triplicado desde la década de 1940, y algunos episodios han provocado picos de temperatura en el océano de hasta 5°C, según un estudio de abril (Nota del editor: esa es la temperatura a la que la vida marina no puede sobrevivir, lo que ha provocado la muerte de 30. 000 peces frente a las costas de Australia) Estos fenómenos extremos se propagan por toda la red trófica, desde el plancton hasta los depredadores… Si las ballenas, capaces de recorrer miles de kilómetros, siguen sin encontrar alimento, es señal de una perturbación a gran escala», ibíd.

En cuanto a las temperaturas del agua en alta mar durante el incidente de la mortandad de peces en Australia de 2025, ABC.net.au/news: «Las temperaturas de la superficie del mar se sitúan entre 4 y 5 grados centígrados por encima de la media a largo plazo en la biorregión de la costa norte y entre 2 y 3°C más en la biorregión de Gascoyne».

Asfixia

Por cada aumento de 1°C en la temperatura del agua, esta retiene un 2% menos de oxígeno disuelto. Un pico de 5°C resulta devastador porque el metabolismo de los animales marinos de sangre fría se acelera al aumentar las temperaturas, lo que significa que se necesita más oxígeno para sobrevivir precisamente en el momento en que hay menos disponible. Esto da lugar a zonas muertas hipóxicas. Según la ONU, «las zonas hipóxicas (o muertas), donde los niveles de oxígeno son tan bajos que la mayor parte de la vida marina no puede sobrevivir, abarcan ahora 4,5 millones de km²», un tamaño equivalente al de todo el sudeste asiático.

Las ballenas grises se mueren de hambre

«Se ha producido un ‘declive total y un colapso de la reproducción’», afirma Steven Swartz, codirector y científico principal del Gray Whale Research in Mexico Program (Programa de Investigación de la Ballena Gris en México). Los cadáveres de ballenas que ahora llegan a la costa oeste ofrecen pistas sobre el motivo: muchos de ellos estaban demacrados, hasta tal punto que un científico los describió como “una bolsa de huesos”. (Gray Whales are Washing up Dead on the West Coast. The Reason is Alarming – Las ballenas grises están apareciendo muertas en la costa oeste. La razón es alarmante, Scientific American, 9 de septiembre de 2026)

Este año se han encontrado 187 ballenas grises muertas en la costa oeste, desde México hasta Alaska. Hasta hace muy poco, la ballena gris era un ejemplo de recuperación, ya que la población se había recuperado tras estar al borde de la extinción. En 2016, el número de ballenas ascendía a 27.000, pero en 2025 esa cifra se había desplomado hasta los 13.000 ejemplares. Estos gigantes pueden alcanzar los 15 metros de longitud y los 41.000 kilos de peso, lo que equivale a media docena de elefantes.

La población de ballenas grises está sujeta a aumentos y disminuciones siguiendo un patrón rítmico a lo largo de décadas: en ocasiones se acerca a los 30.000 ejemplares, para posteriormente caer hasta los 13.000 y volver a subir hasta los 18.000; sin embargo, según los científicos marinos, la tendencia es a la baja de forma preocupante. Tras años de estudiar los cadáveres, cada vez está más claro que el cambio climático, al alterar el entorno, es el villano que está detrás de todo esto.

Al parecer, el errático cambio climático ha tomado el control sobre las especies del planeta, decidiendo si viven o mueren.

Por ejemplo, la dieta de la ballena gris depende del hielo marino del Ártico y de las algas que crecen bajo él. A medida que las algas mueren y caen al fondo marino, los crustáceos se alimentan de ellas y crecen, lo que en última instancia proporciona comida abundante a las ballenas grises. Pero el cambio climático ha derretido el hielo marino del Ártico mucho antes de lo habitual en la temporada y a un ritmo más rápido que nunca, lo que ha alterado la cadena alimentaria de las ballenas grises.

Un estudio publicado en el ICES Journal of Marine Science en noviembre de 2025, titulado «What Gray Whales are Telling us About Ecosystem Change in the Pacific Arctic (Lo que las ballenas grises nos dicen sobre el cambio del ecosistema en el Ártico-Pacífico)», de J. D. Stewart y otros, examinó décadas de muertes de ballenas grises y la biomasa de los crustáceos árticos, y descubrió que la salud tanto de las ballenas grises como de los crustáceos fluctúa en perfecta sincronía.

Sin posibilidad de recuperación

La situación se ha deteriorado; es totalmente diferente a la de años anteriores, con sus altibajos, según Joshua Stewart, coautor del estudio mencionado anteriormente y profesor adjunto del Marine Mammal Institute de la Universidad Estatal de Oregón: «No estamos viendo indicios de que la población se esté recuperando rápidamente como ocurría antes», afirma Stewart. En esencia, el ecosistema ya no puede sustentar a tantas ballenas grises como antes. Como resultado, las ballenas se están muriendo de hambre», ibíd.

Además, y lo que es peor aún, los nuevos nacimientos se ven gravemente afectados. Se estima que en 2025 nacieron 85 crías, frente a las 1.600 de 2014. «El reto en este caso es que la palanca que tenemos que accionar es frenar o revertir el cambio climático», afirma Stewart. «Es algo que sabemos que tenemos que hacer, pero que seguimos sin hacer», ibíd.

Crisis en la base de la red trófica (de importancia singular)

«En el gélido abrazo de la Antártida se está desarrollando una tragedia invisible, y solo un puñado de voces se atreven a reconocer su escalofriante realidad. En el centro de este desastre inminente se encuentra una criatura diminuta pero vital: el krill antártico. Estos crustáceos parecidos a las gambas no son solo un festín para ballenas, focas, pingüinos y aves marinas; son el eje central de toda la red trófica antártica, la esencia misma de la vida que nutre a los animales más grandes de nuestro planeta. Sin embargo, se ciernen nubes oscuras sobre el océano Austral a medida que los arrastreros industriales se adentran con voraz codicia, dejando el mar desnudo. «Están capturando krill por cientos de miles de toneladas cada año, transformando a estos seres fundamentales en pienso para el salmón de piscifactoría y en suplementos para el consumo humano». (Operation «Krill Wars», Fundación Capitán Paul Watson)

(Véase, además: Defensor del krill detenido en Moscú)

KRON4 News, San Francisco, 10 de septiembre de 2026: «La costa de California está sufriendo dos graves emergencias relacionadas con la fauna silvestre al mismo tiempo: los leones marinos mueren a causa de las toxinas producidas por la proliferación de algas y las aves marinas se mueren de hambre por la falta de peces, según los rescatadores de fauna marina».

Santa CruzNative Animal Rescue (NAR): Estamos presenciando «una alarmante afluencia de araos débiles y demacrados que llegan a la costa», ibíd. Los araos son aves marinas pelágicas que habitan en mar abierto. Son buceadores excepcionales. El hecho de que se encuentren aves agotadas y debilitadas en la costa significa que sus presas se han vuelto menos accesibles. Se están muriendo de hambre.

World Weather Attribution.org: «Las temperaturas de la superficie del mar (SST, por sus siglas en inglés) extremadamente altas y las olas de calor marinas tienen consecuencias desastrosas para los ecosistemas marinos, lo que provoca episodios de mortalidad masiva de especies que forman hábitats, como los corales, las esponjas y las macroalgas. La pérdida de estas especies fundamentales afecta a la estructura y el funcionamiento de todo el ecosistema. Los episodios de mortalidad masiva causados por el calor extremo pueden, por lo tanto, provocar episodios de mortalidad masiva más abajo en la cadena alimentaria, afectando a invertebrados, peces, aves marinas y mamíferos marinos». Esto es lo que parece que está sucediendo.

Según Los Angeles Times del 3 de octubre de 2025: Los mamíferos marinos están muriendo en cifras récord a lo largo de la costa de California.

Según la Australian Marine Conservation Society: «La mortandad masiva de peces a lo largo de la costa de Pilbara, en Australia Occidental, provocada por una ola de calor marina, demuestra lo reales y devastadores que pueden ser los efectos del cambio climático; más de 30.000 peces han aparecido muertos en la playa de Gnoorea… Es obvio que poner en marcha aún más proyectos de petróleo y gas es el colmo de la irresponsabilidad cuando estamos siendo testigos de mortandades masivas de peces, corales blanqueados e impactos en cadena en las comunidades costeras».

En el sudeste asiático, un estudio detallado publicado a mediados de 2026 reveló una tendencia al alza a largo plazo en las muertes de ballenas y delfines en aguas tailandesas, especialmente en la parte superior del golfo de Tailandia. La investigación relacionó estas muertes con cambios ambientales extremos.

Piscifactoría húngara afectada por el calor

El verano pasado murieron varios cientos de toneladas de peces en uno de los mayores complejos de piscicultura de Hungría. El propietario informó a Euronews de que, debido a la reciente ola de calor extremo en Europa, las aguas poco profundas se calentaron rápidamente, lo que provocó la muerte de entre 300 y 350 toneladas de peces.

Ola de calor destruye una piscifactoría coreana

Según Tech Times, con fecha del 10 de agosto de 2026: «Una ola de calor marina en Pohang, Corea del Sur, ha provocado la muerte de 810.000 peces de criadero en 27 instalaciones acuícolas —el triple de la cifra comunicada en informaciones anteriores— y las medidas que el Gobierno coreano ha puesto en marcha para frenar la hemorragia no pueden hacer lo único que realmente salvaría a los peces restantes: bajar la temperatura del agua».

Sin embargo, la civilización ha venido confiando en las explotaciones acuícolas para complementar, si no sustituir, la enorme pérdida de vida marina en los océanos, «ya que un estudio de 2026 publicado en Nature Ecology & Evolution revela que las poblaciones de peces pueden reducirse hasta un 19,8% en un solo año debido al calentamiento crónico, mientras que las aguas del mundo se están quedando rápidamente sin oxígeno» (Scripps Institution of  de Oceanography).

La venganza

Según Forbes («la herramienta capitalista»), con fecha del 9 de julio de 2026, «Why A Record-Hot Ocean Is Supercharging The El Niño Effect – ¿Por qué un océano con temperaturas récord está potenciando el efecto El Niño?»: «El mar ha estado pagando nuestras deudas en silencio. Ahora está exigiendo su pago. Durante décadas, el océano absorbió el calor que no podíamos ver y no pidió nada a cambio. Eso nunca fue un regalo. Fue un aplazamiento».

«El calor récord registrado en el mar este verano está agotando ese margen de tiempo. Se está manifestando en forma de un fenómeno de El Niño cada vez más intenso, de lluvias otoñales más torrenciales y sequías más graves, de arrecifes blanqueados, de desplazamientos de peces y de un récord de calor que es más probable que supere el año que viene el de este mismo año. No podemos enfriar el océano mirando hacia otro lado. Y no podemos pedirle que soporte más de lo que ya soporta… El océano nos ha dado un respiro. Lo que hagamos ahora decidirá si ese tiempo se ha desperdiciado», ibíd.

¿Qué hacer?

¿Abordará la Conferencia de las Partes (COP31) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, en la que participarán 193 países y entre 30.000 y 40.000 asistentes del 9 al 20 de noviembre de 2026 en Antalya, Turquía, de manera efectiva el problema insoluble de las emisiones de CO₂ generadas por el ser humano, eliminando el carácter voluntario de las contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC, por sus siglas en inglés) para reducir las emisiones de CO₂ mediante la adopción de mecanismos de cumplimiento con fuerza, o permitirá que el fracaso continúe?

La pregunta de «¿cuándo será ya demasiado tarde se cierne acechándonos como una sombra oscura.

Foto de portada de Ant Rozetsky.

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