15 historias erradas sobre Ucrania

PAUL STREET, CounterPunch, 28 febrero 2022

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Paul Street es un escritor, periodista, comentarista político, historiador y editor que vive entre Iowa y Chicago. Es autor, hasta la fecha, de siete libros, entre ellos Barack Obama and the Future of American Politics (Paradigm, 2008), They Rule: The 1% v. Democracy (Paradigm, 2014) y su último libro The Hollow Resistance: Obama, Trump, and Politics of Appeasement. Colabora habitualmente con Truthdig, Telesur English, Counterpunch, Black Agenda ReportZ magazine.

Cuando se profundiza seriamente en la neblina de la guerra, la estupidez se presenta de muchas formas que se refuerzan de forma mutua. Examinemos y superemos algunas ideas estúpidas sobre la invasión rusa de Ucrania. Pero primero, proclamemos algunos principios básicos. La crisis de Ucrania es un buen foco para practicar el arte de detestar dos cosas al mismo tiempo. Del mismo modo que uno puede odiar al mismo tiempo al Partido Demócrata neoliberal-capitalista y (imaginemos) al Partido Republicano neofascista-capitalista, uno puede aborrecer simultáneamente al supremamente peligroso imperialismo occidental liderado por Estados Unidos y al menos poderoso, pero no obstante criminal, imperialista y supremamente peligroso régimen de Vladimir Putin. Aunque son muy desiguales (excepto quizás en su capacidad para sumir al planeta en un invierno nuclear), ambos bandos son capitalistas, racistas, sexistas, imperialistas, plutocráticos, antidemocráticos, fascigénicos, exterminadores nucleares y (por último, pero no por ello menos importante) capitalistas fósiles/ecoexterminadores.

¿A quién hay que oponerse? A todos los anteriores, a todos ellos. Pueblos de Occidente, luchad contra vuestros propios gobiernos y órdenes sociales capitalistas-imperialistas. Pueblo de Rusia, resistid frente a vuestro propio gobierno y orden social capitalista-imperialista. Pueblos del mundo: luchad contra el capitalismo-imperialismo, que está llevando a la civilización humana a la ruina literal a través de la guerra, la pobreza y el ecocidio. ¿Cuándo y dónde hemos pedido toda esta locura y depravación deshumanizadora? No perdamos de vista al verdadero enemigo: las clases dominantes y su caótico, parasitario y exterminador sistema capitalista mundial, a cuya oscura sombra vivimos.

Como escribieron en 1848 un par de jóvenes e inteligentes filósofos-activistas alemanes: “El pueblo trabajador no tiene país… Los comunistas apoyan en todas partes todo movimiento revolucionario contra el orden social y político existente”.

Utilizando esto como punto de partida elemental, examinemos quince narrativas perversas que circulan por los medios de comunicación, Internet y las culturas políticas entrelazados en relación con la crisis que se desarrolla en Ucrania.

Propaganda imperialista occidental: Siete mensajes basura

Comenzaré con seis estúpidas líneas narrativas que provienen del lado estadounidense y occidental/OTAN de la ecuación:

1. “La invasión de Putin no fue provocada por el Occidente liderado por Estados Unidos”. En un sentido inmediato, esto es cierto: Occidente no hizo nada particularmente especial o distinto en los pocos días o semanas anteriores a la invasión de Putin. Pero el marco temporal relevante es mucho mayor. Imagínense a Rusia colocando misiles ofensivos de última generación en América Central mientras continúa con sus prolongados esfuerzos para alistar a México en un bloque militar antiestadounidense. Imagínense que Rusia coloca bases militares y emplazamientos de misiles a lo largo de la frontera sur de Canadá y una presencia naval portadora de misiles cerca de las costas de Estados Unidos en el Océano Pacífico o el Atlántico. ¿Cuánto tiempo aguantaría el Tío Sam antes de invadir México y/o Canadá e iniciar un enfrentamiento naval? La pregunta se responde sola.

Es evidente que Estados Unidos y sus aliados imperialistas de la OTAN han estado azuzando al oso nacionalista ruso a lo largo de la era posterior a la Guerra Fría, subiendo la apuesta de su marcha hacia el este de forma que se garantice que se produzca una reacción furiosa y violenta por parte de una nación cuyos amos tienen ricos recuerdos históricos de Napoleón, el Kaiser y Hitler enviando ejércitos gigantescos y homicidas en masa a través de Europa del Este para causar estragos en su patria.

El Occidente dirigido por Estados Unidos ha incumplido una promesa tras otra en relación con las preocupaciones de seguridad regional de Rusia en Europa del Este desde el final de la Guerra Fría. Estados Unidos ha rodeado política y militarmente a Rusia desde el desmantelamiento de la Unión Soviética en 1991. En violación de una promesa poco sincera hecha al último líder soviético Mijail Gorbachov, EE.UU. ha atraído a numerosos países de Europa del Este (Polonia, Hungría, la República Checa, Bulgaria, Estonia, Letonia, Lituania, Rumania, Eslovaquia, Eslovenia, Albania, Croacia, Montenegro y Macedonia del Norte) a la letal alianza de la OTAN. Ha instalado tropas y armas nucleares cerca de las fronteras de Rusia. Hace ocho años, Estados Unidos respaldó y permitió la destitución de un gobierno ucraniano amigo de Rusia. Desarrolló vínculos económicos y militares con el recién instalado gobierno ucraniano, que declaró que deseaba ingresar en la OTAN.

Como señala el Partido Comunista Revolucionario (PCR): “Estados Unidos se ha movido rápida y drásticamente para estacionar misiles de última generación y alta potencia cerca de Rusia en Rumania y Polonia. Y, a más largo plazo, se está moviendo para integrar a Ucrania -que comparte una frontera terrestre y marítima de 2.500 kilómetros con Rusia- en el bloque militar de la OTAN liderado por Estados Unidos…”

EE.UU. y la OTAN se han pasado la época posterior a la Guerra Fría pinchando al oso pardo nacionalista ruso dotado de armas nucleares que han creado. Un feo enfrentamiento con la bestia a la que han alimentado y aterrorizado durante años es menos que históricamente sorprendente.

2. “Estados Unidos tiene patas morales en las que apoyarse cuando se trata de denunciar la agresión imperial, incluyendo invasiones ilegales, tomas y absorciones de tierras de otros pueblos”. De acuerdo, esta afirmación nunca se hace explícitamente con esas palabras, pero mi frase capta la esencia de una suposición básica que subyace en las declaraciones del gobierno y los medios de comunicación estadounidenses contra el horror de la guerra de Putin contra Ucrania. La suposición es absurda, como lo demuestra cualquier estudio honesto de la política exterior imperialista y nacionalista blanca de EE.UU., desde la limpieza étnica genocida de las Primeras Naciones Indígenas de América del Norte a través de la toma del suroeste de EE.UU. y California de México (en nombre del supuesto “Destino Manifiesto” ordenado por Dios), la ocupación masiva y asesina de EE.UU. de las Filipinas, el intento de invasión estadounidense de la Cuba socialista (que llevó al gobierno revolucionario de Castro a solicitar la protección de los misiles nucleares soviéticos), la crucifixión estadounidense del sudeste asiático (que mató a entre 3 y 5 millones de personas entre 1962 y 1975), la larga e injusta guerra estadounidense contra Afganistán (2001-2021), y la monumentalmente criminal y asesina invasión, ocupación, tortura y casi destrucción de Iraq. Cuando Estados Unidos se enteró de que la Unión Soviética estaba instalando misiles en Cuba para ayudar a disuadir futuras invasiones estadounidenses de la isla, por cierto, la administración de John Kennedy llevó al mundo a un paso de la aniquilación nuclear para forzar su retirada.

Últimamente ha sido sombriamente divertido escuchar al embajador de Estados Unidos en la ONU proclamar que Putin quiere “devolver al mundo a una época en la que los imperios gobernaban el mundo” y entonar que “un país no puede simplemente redibujar las fronteras de otro país por la fuerza o hacer que el pueblo de otro país viva bajo un gobierno que no ha elegido”. La historia del mundo nunca ha visto nada en la escala del imperio global estadounidense, que ha derrocado a docenas de gobiernos desde 1945. El imperio estadounidense representa el 40% del gasto militar mundial y mantiene más de 800 bases militares en más de 100 países. Que Washington denuncie las ambiciones imperiales es como si John Wayne Gacy denunciara los asesinatos en serie.

Estados Unidos se enfrenta a los matones”, dijo Joe Biden al mundo hace cuatro días. “Defendemos la libertad. Eso es lo que representamos”. ¡Qué broma! Estas son las irónicas palabras que salen de la boca de un hombre que, como senador, ayudó a liderar la monumentalmente criminal invasión de Iraq en 2003. Al mismo tiempo, el amado Imperio Americano de Biden está intimidando a numerosas naciones y personas en todo el mundo (cubanos, venezolanos, iraníes, para empezar). No está haciendo nada para defender a los palestinos y a los yemeníes, entre otras víctimas no blancas y oficialmente indignas que están siendo torturadas y bombardeadas por Estados terroristas financiados y equipados por Estados Unidos como Israel y Arabia Saudí.

3. “El viejo agente del KGB, Putin, quiere restaurar la Unión Soviética”. No es así. Vladimir Putin es un déspota militantemente anticomunista en la cima de una oligarquía capitalista autoritaria. Está animado por un antiguo nacionalismo e imperialismo ruso presoviético que culpa al odiado líder bolchevique Lenin por haber creado, ante todo, la supuesta nación artificial de Ucrania. (En realidad, Lenin reconoció la realidad histórica de la nación ucraniana y la autodeterminación como parte de su estrategia revolucionaria para deshacer el Imperio ruso). Putin afirma que su invasión es parte de la “descomunización”, una limpieza del legado marxista-leninista soviético.

4. “Hay que imponer sanciones a todos los rusos como castigo por el crimen de invadir Ucrania”. Eso es un castigo colectivo moralmente problemático por un crimen que los rusos de a pie no cometieron. Rusia es una cleptocracia autoritaria dirigida por Putin en alianza con, y en nombre de, una pequeña camarilla de oligarcas asquerosamente ricos. No se celebró ningún plebiscito en el que el pueblo ruso expresara su apoyo a la invasión de Ucrania, al igual que no ha habido plebiscitos en los que el pueblo ucraniano pidiera la invasión, o el pueblo estadounidense respaldara la expansión hacia el este de la OTAN hasta la puerta de Rusia. Y, de hecho, parece haber un considerable sentimiento popular antiinvasión/antiguerra dentro de Rusia, que ha dado lugar a protestas y detenciones en numerosas ciudades rusas. (El llamamiento a las sanciones evoca las fantasías de la gente decente sobre las “buenas sanciones” que solo se dirigen al Kremlin y a los amigos oligarcas de Putin, ignorando el verdadero objetivo: crear tal penuria que la gente exija un cambio. Dañar a la gente de a pie es una característica, no un error. No funcionó con Saddam; de hecho, lo fortaleció al darle una excusa externa para los fracasos de su régimen).

5. “Si criticas a la OTAN, eres o un robot ruso o un partidario de Trump”. Esto es una tontería. Los verdaderos “izquierdistas radicales” son internacionalistas que critican simultáneamente tanto el imperialismo de la OTAN como el régimen gansteril petrocapitalista y cleptocrático de Moscú. El mencionado PCR, por ejemplo, dice que “tanto EE.UU. como Rusia son potencias imperialistas opresoras, y ambas mienten todo el tiempo sobre lo que están haciendo y por qué… En un acto atroz que gotea de hipocresía”, elabora el PCR, “Vladimir Putin anunció que estaba enviando a su ejército para ‘desmilitarizar y desnazificar’ Ucrania. Esto no es más que una grotesca patraña imperialista para justificar una medida para proteger los intereses capitalistas-imperialistas de Rusia”. Imagínense: ¡odiar dos cosas al mismo tiempo! Code Pink también lleva a cabo el truco de mascar chicle y caminar al mismo tiempo: denuncia tanto la invasión rusa como la presencia de la OTAN en Europa del Este.

6. “Estados Unidos debería enviar más fuerzas militares a los Estados de la OTAN en las fronteras de Rusia y Ucrania para disuadir de nuevas agresiones rusas en Europa”. No. Putin no da señales de querer incendiar el mundo chocando contra el espacio de la OTAN. Reforzar la presencia militar directa de Estados Unidos en la frontera de Rusia y Ucrania añade más leña a la paranoia de Putin. Aumenta la escalofriante posibilidad de un enfrentamiento militar directo entre las dos principales potencias nucleares del mundo, que juntas poseen la capacidad de hacer estallar el planeta muchas veces.

7. “Estados Unidos y la OTAN deberían imponer una zona de exclusión aérea sobre Ucrania”. El retraído representante de los Estados Unidos y aparente lunático belicista Adam Kinzinger (republicano por Illinois) salió en televisión la semana pasada para pedir esto. Esta idea descabellada es compartida por otros defensores occidentales de Ucrania. Es una idea insensata y temeraria. ¿Qué podría salir mal después de que un F-35 de la OTAN y de Estados Unidos derribara un avión de combate ruso sobre Odessa? Con Putin recordando no tan sutilmente a Occidente que posee un gigantesco arsenal nuclear, y con EE.UU. encabezado por una mediocridad temblorosa que lucha con la cizaña de la baja aprobación mientras la hegemonía global de su nación es desafiada, ¡no es momento de provocar batallas aéreas entre las dos principales potencias nucleares del mundo! Kinzinger necesita un chequeo de cuello para arriba. Cualquier funcionario electo que pida una zona de exclusión aérea sobre Ucrania debería ser obligado a abjurar de ese llamamiento o a dimitir por defender una política que podría llevar al fin de la civilización humana.

Putin y sus muñecos cabezones de la “izquierda”

Ahora pasemos a cinco afirmaciones tontas y falsas que emanan del lado ruso y de los fanáticos de Putin, entre los que se encuentra un número no pequeño de estadounidenses identificados con la “izquierda” y en su mayoría hombres blancos que escriben para y/o publican en medios de comunicación que canalizan descaradamente los temas de conversación rusos para consumo de Estados Unidos y Occidente.

8. “Fue una histeria belicista occidental y un cautiverio descarado de la propaganda de la CIA advertir de una invasión rusa a gran escala de Ucrania”. Leí innumerables comentarios casi exactamente como este una y otra vez en las cuentas de las redes sociales de numerosos autodenominados izquierdistas y supuestos antiimperialistas en los días y semanas previos a la invasión de Putin. ¿Qué hay que decir ahora a esta afirmación, salvo utilizar el conocido acrónimo de la comunicación telefónica y online? ¿LOL (abreviatura en inglés de “laugh out loud” -reír a carcajadas-)?

9. “Putin no tenía otra opción que invadir Ucrania”. Esto es absurdo. No hubo ningún movimiento repentino o inmediato para unirse a la OTAN (o cualquier otra acción precipitante inmediata) por parte de Ucrania cerca y antes de la invasión. Hay muchas otras formas en las que Putin podría haber respondido a la continua presencia imperialista (sí) y (sí) provocativa de la OTAN en Europa del Este. Podría haber redoblado la presión diplomática, haber amenazado con retener el gas y el petróleo de Europa o aumentar el precio del petróleo ruso, haber lanzado una nueva e inteligente campaña de relaciones públicas contra la expansión de la OTAN, haberse detenido y vuelto a poner en marcha después de reconocer a las dos repúblicas “independientes” del este de Ucrania y mucho más. ¿Qué tal si se hubiera clamado y esperado a que el Partido Amerikaner fascista del fanático de Putin, Trump, recuperara todo el poder nacional de los Estados Unidos en 2024-25? La noción de que no tenía otra opción que lanzar una invasión criminal a gran escala causando terror y muerte en Ucrania (incluyendo las bajas de las tropas rusas) es patética a una escala que casi desafía todo lo imaginable. Sí, es una situación compleja en la que muchas fuerzas y actores clave han puesto los explosivos, pero Putin no necesitaba pulsar el detonador. Como dijo recientemente el antiimperialista y colaborador de CounterPunch que habla ruso Eric Draitser en uno de sus muy informativos podcasts sobre la crisis de Ucrania:

“La izquierda no tiene casi ni idea de cuáles son los verdaderos problemas aquí. Sí, por supuesto, la expansión de la OTAN es terrible. Nadie en la izquierda apoyaría la continua expansión de la OTAN, que es una potencia beligerante y una amenaza. Pero la idea de que Putin se vio obligado a hacer este movimiento es una ridícula apología del Kremlin. Esto no es exactamente el tipo de cosas que cualquier voz honesta de la izquierda debería apoyar. Esto es algo que debe ser condenado. Esto es imperialismo. Y tenemos que ser muy, muy, muy claros al respecto. Si te llamas a ti mismo antiimperialista y estás animando a los rusos, eres un mentiroso, un falso, un hipócrita y una basura repugnante. Hay gente que va a morir por esta decisión que tomó Putin, esta elección absolutamente unilateral que adoptó Putin. Él no tenía que hacer esto”.

10. “Ucrania es un Estado nazi, fascista y genocida y Rusia está comprometida en una gran lucha antifascista y antigenocida al atacarla”. Esta es la propaganda infantil del Kremlin que muchos “izquierdistas” online parecen perfectamente felices de escupir en defensa de la invasión de Putin. Sí, hay una inquietante presencia fascista y neonazi de extrema derecha en algunas posiciones ucranianas influyentes. Pero no, Ucrania no es un estado fascista neonazi. Es un esfuerzo diverso, complejo y (sí) significativamente corrupto de democracia burguesa nacionalista cívica (no etnonacionalista) con un presidente judío que tiene antepasados que perecieron en el Holocausto nazi. Rusia y la política rusa contienen importantes elementos y características fascistas, al igual que Estados Unidos, Europa Occidental y Brasil. Un fascista torpe, pero real, que recibió consejos críticos de fascistas como Stephen Miller, Steve Bannon y Michael Flynn, ocupó la Casa Blanca de Estados Unidos entre 2017 y 2021, pero eso no convirtió a Estados Unidos en una nación fascista durante esos años. Ese presidente fascista, Donald Trump, tenía y conserva un gran respeto e incluso envidia por Putin, cuya política autoritaria y nacionalista blanca marca numerosas casillas en la lista de reproducción política fascista, y cuya invasión de Ucrania parece algo sacado del libro de jugadas de la política exterior de Hitler. Ucrania no está cometiendo un genocidio en el este de Ucrania. La población de habla rusa en el este de Ucrania ha recibido un trato terrible y sangriento, pero llamar a esto “genocidio” es absurdamente exagerado y estira el significado de la palabra más allá de su reconocimiento. Como escribe el “Camarada Barbarroja” en People’s Voice: “Sugiero que Putin ponga en orden su propia casa antes de empezar en cualquier otro sitio. Hay una gran cantidad de portadores de esvásticas caminando libres y orgullosos en Rusia. ¿Proteger a los rusos étnicos del genocidio? Los ultranacionalistas antirrusos ejercen un poder aterrador en las calles de Ucrania, pero son una minoría y no están en condiciones de llevar a cabo un genocidio”.

11. “Ucrania no es un país real”. Tonterías: Ucrania es un país real, con una base étnica y territorial distinta, aunque diversa, formada durante y después de la Revolución Rusa de 1917 y consolidada tras el colapso de los imperios austrohúngaro y ruso. Desde el colapso de la Unión Soviética en 1991 es un Estado totalmente independiente y no federado. La importante resistencia que las fuerzas armadas y la población civil ucraniana están oponiendo a la invasión rusa es muy sugerente de una identidad nacional muy real.

12. “Ucrania es solo una marioneta de Estados Unidos”. Aunque Ucrania recibe una importante ayuda económica y militar de Estados Unidos, eso es una gran exageración. Ucrania es una nación independiente de tamaño considerable situada entre bloques de poder imperiales que intenta perseguir sus propios intereses de forma estratégica. Su posición intermedia le otorga influencia y su larga historia de lucha y opresión imperial (tanto de Rusia como de Alemania) le ha enseñado mucho en la batalla para sobrevivir en el mundo de las naciones e imperios en competencia.

FOX, sus amigos y otras especies

Luego está la mierda malévola e imbécil, ecocida, que sale de las mentes y bocas de Trump, los trumpistas y FOX News.

13. “Putin es un genio estratégico. Su invasión es brillante”. Republicanofascistas nacionalistas blancos admiradores de Putin, como Donald Trump y el ex secretario de Estado de Trump, Mike Pompeo, han expresado sentimientos en esa línea. Los elogios parecen estar fuera de lugar. En el momento de escribir este artículo, parece claramente posible que Putin haya calculado mal. Su acción parece tener el potencial de convertirse en un fiasco estratégico y político para él, un atolladero repleto de miles de bajas de conscriptos rusos, una población rusa enojada, oligarcas rusos furiosos y comandantes militares avergonzados. Es posible que Putin haya subestimado al menos tres cosas clave: La capacidad y la voluntad de resistencia de Ucrania, la capacidad de Occidente de mantenerse unido en la oposición y la voluntad de los rusos de clase media de resistir una guerra criminal contra compañeros eslavos con los que Rusia tiene muchos vínculos culturales y familiares. La invasión es impopular entre los rusos y miles de personas se están arriesgando a acabar arrestadas al protestar en las calles y plazas públicas. El poderoso socio de Rusia, China, ha instado a Putin a negociar con Ucrania. Putin ni siquiera puede conseguir que la nación centroasiática de Kazajistán, a cuyas élites rescató recientemente con una intervención militar, se una a su guerra. Las cabezas parlantes occidentales no se dejan llevar por la pura fantasía al discutir la posibilidad de que Putin pierda legitimidad con sus compañeros oligarcas y comandantes militares. Los oligarcas se enfrentan a importantes pérdidas por las sanciones occidentales contra las élites rusas, los bancos (incluido el banco central ruso), los oleoductos y demás. Los militares se enfrentan a una posible humillación de la que algunos generales de alto rango probablemente culpen a Putin.

14. “Esto no habría ocurrido si Trump fuera presidente”. El risible lameculos de Trump y repulsivo estafador Glenn “chaquetero” Greenwald (por favor, vean esto para un alivio cómico) ha ido a su medio de comunicación favorito Patria News (FOX) para hacer esta afirmación. Es más que un poco extraño: no solo la presidencia de Trump fue notoriamente cercana e incluso externamente complaciente con Putin, sino que la primera destitución del tirano teñido de mandarina fue el resultado de que lo atraparan tratando de hacer que la asistencia militar de Estados Unidos a Ucrania dependiera de que Zelensky de alguna manera desenterrara la suciedad política de Joe Biden. El escenario más probable bajo un segundo mandato de Trump habría sido una Casa Blanca aliada de Rusia proporcionando cobertura e incluso asistencia para los movimientos rusos en Ucrania.

Tal vez Putin no se habría sentido obligado a entrar en absoluto en Ucrania porque se habría sentido seguro contra la expansión de la OTAN por la presencia de su compañero crítico de la OTAN, Trump, en la Casa Blanca. De acuerdo, ¿entonces queremos que un pandemista neofascista ecocida nacionalista blanco -un hombre descrito con precisión por Noam Chomsky, antiguo amigo del “chaquetero”, como “el criminal más peligroso de la historia de la humanidad”-  siga en el puesto más poderoso y peligroso del mundo, la presidencia de Estados Unidos? ¿De verdad?

15. “Biden y Europa no están siendo lo suficientemente duros a la hora de responder a la invasión de Ucrania por parte de Putin porque Occidente depende demasiado del petróleo ruso. Occidente depende excesivamente del petróleo ruso porque los ecologistas de izquierda le han lavado el cerebro para que crea en el engaño del cambio climático. La invasión rusa demuestra que hay que aplastar a los demócratas de izquierda radical y desenterrar y quemar más combustibles fósiles”. Este es el argumento ecocida que esgrimen los militantes fósiles-capitalistas negadores del clima y abrasadores del planeta en FOX News. Más allá de la cuestión de la dureza de Occidente con Rusia (las sanciones no son nada y las armas que se envían a Ucrania tampoco), retrata absurdamente a Biden y a sus compañeros demócratas petroimperialistas como ecologistas de izquierdas, al tiempo que utiliza la invasión de Putin como una racionalización para acelerar el proceso, ya en marcha, de convertir todo el planeta en una cámara de gases de efecto invernadero.

Lo que me recuerda otra frase de aquellos jóvenes alemanes de 1848:

“La historia de toda la sociedad existente hasta ahora es la historia de la lucha de clases. El hombre libre y el esclavo, el patricio y el plebeyo, el señor y el siervo de la gleba, el maestro del gremio y el oficial, en una palabra, el opresor y el oprimido, se  han enfrentado en un perpetuo antagonismo, librando una lucha incesante, a veces encubierta y a veces franca, lucha que se saldó en cada caso con una transformación revolucionaria de toda la sociedad o bien con el hundimiento conjunto de las clases enfrentadas”.


Voces del Mundo

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