La administración Biden busca una nueva versión del falso plan de paz de Trump para Oriente Medio

Ken Klippenstein y Ryan Grim, The Intercept, 27 mayor 2022

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Ken Klippenstein es un reportero de investigación afincado en Washington D.C. que centra sus trabajos en las cuestiones de seguridad nacional. Antes de incorporarse a The Intercept, fue corresponsal de The Nation en D.C.

Ryan Grim es el jefe de la oficina de Washington de The Intercept. Anteriormente lo fue del HuffPost, donde dirigió un equipo que fue dos veces finalista del Premio Pulitzer, y lo ganó una vez. Editó y contribuyó a la redacción de un innovador proyecto de investigación sobre el tratamiento de la heroína que no solo cambió las leyes federales y estatales, sino que modificó la cultura de la industria de la recuperación. El reportaje, realizado por Jason Cherkis, fue finalista del Pulitzer y ganó el premio Polk. Ha sido reportero de Politico y del Washington City Paper y colaborador de la MSNBC. Es asimismo colaborador de Young Turks Network y autor del libro «We’ve Got People: From Jesse Jackson to Alexandria Ocasio-Cortez, the End of Big Money and the Rise of a Movement

Durante décadas, todas las administraciones estadounidenses han eludido la consecución de un acuerdo de paz en Oriente Medio -especialmente uno que fuera equitativo con los palestinos-, y cada década parece alejarlo más de la realidad.

La solución de la administración Trump, encabezada por el asesor principal y yerno de Donald Trump, Jared Kushner, fue dejar fuera a los palestinos y organizar un acuerdo entre Israel y sus vecinos árabes en torno a la cooperación financiera, militar y de tecnología de vigilancia. Los Acuerdos de Abraham se firmaron el 15 de septiembre de 2020.

La descripción que hizo Kushner del plan fue contundente. «Una de las razones por las que el conflicto árabe-israelí ha persistido durante tanto tiempo ha sido a causa del mito de que solo podría resolverse después de que Israel y los palestinos resolvieran sus diferencias», escribió Kushner el año pasado. «Eso nunca fue cierto. Los Acuerdos de Abraham expusieron el conflicto nada más que como una disputa inmobiliaria entre israelíes y palestinos que no tenía por qué frenar las relaciones de Israel con el mundo árabe en general”.

Esa cooperación ha continuado, ya que el príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman (MBS) ha dado al fondo de inversión de Kushner unos 2.000 millones de dólares y luz verde a la financiación de proyectos israelíes con él. Ahora, el gobierno de Biden se está moviendo rápidamente para cimentar y ampliar el acuerdo de Kushner, otro clavo en el ataúd de la promesa de campaña de Joe Biden de convertir a MBS en un «paria» debido a su papel en el asesinato del periodista Yamal Khashoggi.

A principios de esta semana, Axios informaba de que Estados Unidos estaba mediando en las negociaciones entre saudíes, israelíes y egipcios para la normalización de las relaciones, tras una reunión secreta del director de la CIA, William Burns, con MBS en abril. El acuerdo dependería de la transferencia de dos islas egipcias a la soberanía saudí, una medida controvertida que en el pasado provocó grandes protestas de los egipcios. Y, presionado por el aumento de los precios del gas, Biden tiene al parecer previsto reunirse con MBS a finales de este año.

En otro indicio del cambio de los tiempos, el Consejo de Seguridad Nacional (CSN) convocó la semana pasada una reunión del Comité de Diputados en la que participaron altos funcionarios de la administración para debatir la política estadounidense hacia Oriente Medio, según una oficina de inteligencia estadounidense y una fuente cercana a la administración que requirió el anonimato por hablar de asuntos sensibles. (El CSN no respondió a una solicitud de comentarios.) Después de esa reunión, una fuente cercana a la administración expresó su frustración por la ausencia del enfoque en los derechos humanos dentro de esa discusión política.

Aunque los defensores del acuerdo de la administración Trump describieron el marco posterior a los Acuerdos de Abraham como un acuerdo de paz, los expertos advierten que solo hace la paz entre los gobernantes autoritarios, no con el pueblo árabe en general, para quien la normalización de las relaciones entre Arabia Saudí e Israel sin derechos significativos para los palestinos sigue siendo intensamente impopular. Sarah Leah Whitson, directora ejecutiva de Democracy in the Arab World Now, dijo a The Intercept: «¿Normalización? ¿A qué se parece eso? ¿Un gobierno de apartheid firmando un acuerdo con tiranos no elegidos en la región? ¿Qué clase de normalidad es esa?».

En una región dominada por autócratas no elegidos, la voluntad de los habitantes de a pie es a menudo ignorada. «La evaluación permanente es que la población saudí no apoya, pero no tiene voz», dijo el funcionario de inteligencia estadounidense.

La reunión es una de las diversas señales recientes de los discretos planes de la administración Biden para normalizar las relaciones con los autoritarios de Oriente Medio en un gran acuerdo regional que amplíe los Acuerdos de Abraham de Trump. La semana pasada, el viceministro de Defensa saudí, Jalid bin Salman -hermano del príncipe heredero-, y el ministro de Defensa israelí, Benny Gantz, estuvieron en Washington, lo que provocó especulaciones de que ambos se habían reunido. Durante una rueda de prensa el jueves, el secretario de prensa del Pentágono, John Kirby, dijo que «si se han reunido porque ambos están en D.C. al mismo tiempo, creo que habría que hablar con cualquiera de ellos».

Dada la impopularidad de este tipo de planes de normalización, una forma de atraer a los líderes regionales es con promesas de garantías de seguridad de Estados Unidos, es decir, acuerdos por los que Estados Unidos está obligado a proporcionar una respuesta militar a los ataques contra los socios regionales enemigos, como cuando los hutíes dispararon misiles balísticos contra los Emiratos Árabes Unidos a principios de este año. Pero los expertos advierten que tales acuerdos inflamarán las tensiones regionales y harán más probable la guerra, en particular con Irán.

«La pregunta fundamental es qué gana Estados Unidos», dijo Trita Parsi, vicepresidenta ejecutiva del Quincy Institute for Responsible Statecraft, en una entrevista. Si las garantías de seguridad se hacen realidad, «aumentaría significativamente el riesgo de que Estados Unidos se vea arrastrado a la guerra. También aumenta la imprudencia de los socios de Estados Unidos en Oriente Medio. Se les desincentiva para que busquen soluciones diplomáticas razonables y se les incentiva para que sigan políticas imprudentes con la impresión de que, a fin de cuentas, Estados Unidos arreglará todo por ellos».

«La base de esta supuesta paz es su enemistad común con Irán. Como tal, para que la paz dure, la enemistad con Irán debe persistir. El acuerdo reduce las tensiones entre Arabia Saudí e Israel mientras cimenta la enemistad con Irán. Eso no es un acuerdo de paz».

Foto de portada: El presidente Donald Trump y los líderes de Israel, Bahréin y los Emiratos Árabes Unidos participan en la ceremonia de firma de los Acuerdos de Abraham el 15 de septiembre de 2020 en Washington, D.C. (Alex Wong/Getty Images).

Voces del Mundo

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