Abocada al cierre la red de casas seguras en Afganistán tras agotarse la financiación

Ryan Grim, The Intercept, 23 junio 2022

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Ryan Grim es el jefe de la oficina de Washington de The Intercept. Anteriormente fue jefe de la oficina de Washington del HuffPost, donde dirigió un equipo que fue dos veces finalista del Premio Pulitzer, ganándolo en una ocasión. Editó y contribuyó a la redacción de un innovador proyecto de investigación sobre el tratamiento de la heroína que no sólo cambió las leyes federales y estatales, sino que modificó la cultura de la industria de la recuperación. El reportaje, realizado por Jason Cherkis, fue finalista del Pulitzer y ganó el premio Polk.

Ryan creció en la zona rural de Maryland. Ha sido reportero de Politico y del Washington City Paper y ha sido colaborador de la MSNBC. Es colaborador de Young Turks Network y autor del libro «We’ve Got People: From Jesse Jackson to Alexandria Ocasio-Cortez, the End of Big Money and the Rise of a Movement”.

El Afghan Liberty Project, que ofrecía viviendas seguras a cientos de afganos que corrían el riesgo de sufrir represalias por parte de los talibanes por trabajar con el gobierno respaldado por Estados Unidos, ha informado a sus residentes de la fecha límite, según un hombre afgano que, junto con su familia, se enfrenta ahora a un futuro incierto. Antiguo soldado del ejército afgano cuyo trabajo consistía en desactivar artefactos explosivos, pidió que le llamaran «Abdul» para proteger a su familia. El cierre fue confirmado por el director fundador de la organización, Ryan Mauro.

«La recaudación de fondos se agotó», dijo Mauro en un mensaje directo. «Hubo mucho interés al principio, pero luego decayó y se acabó del todo cuando Afganistán dejó de ser noticia. Avisamos con un mínimo de 3 meses de antelación (normalmente más) de nuestra situación financiera a todos los afganos a los que ayudamos para que tuvieran tiempo de prepararse”.

El Afghan Liberty Project se organizó principalmente para ayudar a los afganos cristianos, de los que había más de 10.000 hace un año, y a los afganos judíos, de los que había muy pocos, aunque también ha trabajado para ayudar a los musulmanes que están en peligro por su trabajo con las ONG o el gobierno respaldado por la OTAN. Abdul, musulmán y padre de cuatro hijos, de 3 a 9 años, dijo que su familia fue aceptada en las casas seguras sin pasar ninguna prueba de religión. Para mantener las casas seguras, dijo, necesitan unos 8.000 dólares al mes.

Cuatro niños de una familia que se enfrenta a un desalojo inminente de un piso franco comen una comida proporcionada por el Afghan Liberty Project en Kabul, Afganistán, en 2021.
(Foto: Cortesía del Afghan Liberty Project)

La noticia llega en medio de informes que indican que hasta el 90% de los afganos que solicitan la entrada en Estados Unidos por motivos humanitarios son rechazados por las autoridades estadounidenses.

Esa falta de preocupación por parte del gobierno, los medios de comunicación y el pueblo estadounidense refleja un prejuicio muy arraigado contra los afganos, incluso los que sirvieron junto a las tropas o los civiles estadounidenses.

«Hay, definitivamente, un sentimiento por ahí de que Afganistán está tan atrasado y ‘perdido’ que ya no vale la pena intentarlo», dijo Mauro. «Una de las primeras preguntas que recibo a veces es: ‘No estás ayudando a traerlos a Estados Unidos, ¿verdad?'».

Mauro dijo que vale la pena prestar más atención a la situación de los que están en riesgo, pero también producirá una reacción. «Una mayor atención ayudaría a la causa», dijo, «especialmente si la atención se dirigiera a que casi todos los civiles pueden salvar una vida con una pequeña donación, pero no vendrá sin las ruidosas quejas de la gente que ve a los afganos como cavernícolas simpatizantes del terrorismo a los que les gusta matarse entre sí».

La profundidad de la ambivalencia de Estados Unidos respecto a la miseria que hemos producido en Afganistán ha quedado claramente encapsulada por la descarada confiscación por parte de la administración Biden de las reservas de divisas del banco central afgano. Estados Unidos ayudó a construir el banco y se ofreció a guardar las reservas -un total de 7.000 millones de dólares- en una cuenta del Banco de la Reserva Federal de Nueva York. Las reservas se utilizaron como las de cualquier banco central: para estabilizar la moneda, luchar contra la inflación y equilibrar los pagos de importación y exportación. Cuando Kabul cayó en manos de los talibanes, las autoridades estadounidenses robaron los fondos, lo que provocó una parálisis total de la economía afgana. Los bancos retuvieron el dinero en efectivo en las cuentas, los cheques de pago no se pudieron cobrar, las importaciones se detuvieron y la inflación se descontroló. Finalmente, el gobierno de Biden declaró que utilizaría la mitad de los fondos robados para pagar una sentencia ganada por un pequeño puñado de familiares de las víctimas de los atentados del 11-S, mientras seguía reteniendo la mitad restante. Estados Unidos también ha presionado a la Unión Europea para que congele los 2.000 millones de dólares de reservas que ha estado guardando y se ha apoyado en el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional para que detengan proyectos y bloqueen la financiación.

En su lugar, Estados Unidos ha enviado una pequeña cantidad de ayuda humanitaria a Afganistán, gran parte de la cual es consumida por la inflación causada por la incautación de los fondos del banco central por parte de Estados Unidos. El resultado ha sido una asombrosa crisis migratoria, con más de un millón de personas que huyen a Irán para evitar el hambre, se desplazan internamente o mueren. La mortalidad infantil y la desnutrición se han disparado. Hasta el 95 por ciento de los afganos no tiene suficiente comida, según Naciones Unidas.

Niños afganos con desnutrición con sus madres en espera de tratamiento en Kabul, Afganistán, el 16 de enero de 2022.
(Foto: Sayed Khodaiberdi Sadat/Anadolu Agency vía Getty Images)

Abdul calculó que había unas 400 personas refugiadas en las casas de seguridad del proyecto. Mauro dijo que los desalojos han reducido el número a unos 150, y que unos 75 de ellos pueden aguantar un mes más dado el estado actual de las finanzas. Si llega más dinero, dijo, podrá prolongar sus estancias.

Adbul dijo que él y su familia pudieron sobrevivir al invierno con la ayuda de mantas, un calentador de queroseno y paquetes de atención enviados por el Afghan Liberty Project. Hace unos cuatro meses, por razones de seguridad, su familia cambió de casa segura, y ahora permanecen en una sola habitación tanto de día como de noche. Los niños no pueden salir a la escuela o a jugar durante el día.

«Para mí es como una prisión», dijo Abdul, y añadió que su esposa está inmersa en una gran depresión y ansiedad. La prisión es preferible a la alternativa, añadió. «Quieren torturarme y matarme, y luego dirán a los medios de comunicación: ‘Hemos matado a una persona del ISIS'», dijo.

No es una preocupación vana. Abdul sirvió en un batallón del ejército afgano a las órdenes del capitán Ihsanuddin Zadran. El trabajo de Abdul, junto con el de Zadran, era la eliminación de explosivos, y compartió certificados de formación y fotos de él y de Zadran trabajando con unidades de eliminación robótica. Abdul guiaba al robot hasta el artefacto explosivo improvisado y estudiaba la bomba a través de su cámara, para luego acercarse a ella con un traje antibombas y desarmarla. «Eliminamos muchos IED», dijo. «Daba mucho miedo».

Zadran fue sacado de su casa durante una redada talibán en octubre. Su cuerpo, con signos de tortura, fue arrojado allí tres días después, según las publicaciones en las redes sociales revisadas por The Intercept. «Mi corazón todavía se rompe por él», dijo Abdul.

Mientras tanto, un terremoto en Afganistán mató esta semana a más de 1.000 personas; tres de ellas, dijo Abdul, eran primos suyos.

Abdul sigue manteniendo la esperanza de que se produzca una oleada de apoyo de última hora, mientras intenta encontrar formas de salir del país. Mauro dijo que los que están en las casas de seguridad han estado haciendo preparativos en la medida en que pueden. «Algunos han huido a otros países o han encontrado familiares y amigos con los que quedarse. Algunos están volviendo a sus anteriores residencias, donde tienen miedo porque se sabe en el vecindario local que ayudaron a combatir a los talibanes. Sin embargo, la mayoría se enfrenta a la falta de hogar, al hambre y a la posibilidad de ser detenidos, torturados o asesinados a manos de los talibanes y sus partidarios», dijo. «Es sin duda una de las experiencias más dolorosas y desalentadoras de mi vida”.

Foto de portada: Combatientes talibanes en Kabul, Afganistán, el 18 de junio de 2022. (Ahmad Sahel Arman/AFP vía Getty Images)

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s