La victoria de Petro en Colombia, una oportunidad para revertir la desigualdad

Omar Ocampo, CounterPunch, 29 junio 2022

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Omar es investigador del Program on Inequality and the Common Good. Se licenció en Ciencias Políticas por la Universidad de Massachusetts Boston y tiene un máster en Relaciones Internacionales por la Universidad Americana de El Cairo. Su tesis se centró en la política del petróleo internacional y la intervención “humanitaria” en Libia.

El 19 de junio, la población colombiana eligió a Gustavo Petro y a Francia Márquez como el primer presidente de izquierdas y la primera vicepresidenta negra del país. Para muchos, su histórica victoria simboliza el potencial fin de una contradicción estructural que ha afligido a la democracia colombiana durante los últimos cien años: la paradójica coexistencia de una democracia representativa estable y altos niveles de represión y violencia política, particularmente hacia los movimientos y partidos que trabajan para construir una sociedad más progresista e igualitaria.

No hace falta mirar muy lejos en el pasado para encontrar pruebas de ataques colectivos a conocidos detractores políticos. Por ejemplo, más de 4.000 activistas, dirigentes y candidatos presidenciales del primer partido abiertamente de izquierdas y de oposición, la Unión Patriótica, fueron sistemáticamente asesinados tras lograr un cierto éxito electoral inicial a nivel local y regional a mediados de los años ochenta. Los simpatizantes también fueron objeto de ataques. Los civiles fueron desplazados por la fuerza o asesinados por grupos armados ilegales con el objetivo explícito de reorganizar violentamente los distritos y municipios para negar a la Unión Patriótica una base de apoyo local o regional. Las élites políticas tradicionales y sus adinerados patrocinadores dejaron claro que los proyectos políticos alternativos basados en la justicia social no debían ser tolerados ni siquiera en una democracia competitiva.

Y aunque la amenaza de la violencia política no ha cesado, el analista y actual senador colombiano Ariel Ávila señaló recientemente que la lucha por crear un espacio político para los excluidos y marginados ha dado lugar al ascenso de Petro y Márquez. Como activista medioambiental afrocolombiano, Márquez y sus conexiones con los movimientos sociales de base aumentaron la participación de los votantes afrocolombianos e indígenas en la región del Pacífico del país, asegurando una fuerte base de apoyo para un programa político igualitario que garantizó su victoria.

El hecho de que un antiguo activista y la hija de campesinos estén ahora al frente de uno de los países más influyentes de América Latina es especialmente notable si se tiene en cuenta la creciente desigualdad del país. Un informe publicado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en 2018 reveló que la movilidad social de las familias de bajos ingresos en Colombia es extremadamente baja. De hecho, es casi inexistente. El 10% más pobre tarda la friolera de once generaciones en acercarse siquiera a los ingresos medios del país. Si definimos la duración de una generación como 25 años, se necesitan 275 años para que una familia de bajos ingresos entre en la clase media.

Para poner esto en perspectiva, Colombia declaró su independencia de España en 1810, hace 212 años.

Las estadísticas oficiales actuales del gobierno son igualmente sombrías. A pesar de un cierto crecimiento económico en los últimos tres trimestres de 2021, la tasa de pobreza, que actualmente es del 39,3%, es más alta hoy que hace ocho años. Además, el país tiene la moneda más devaluada de América Latina. El índice de Gini oficial es de 54,2, lo que convierte a Colombia en uno de los países más desiguales del mundo. El Programa Mundial de Alimentos de la ONU, por su parte, clasificó recientemente a Colombia como un «foco de hambre», ya que la inseguridad alimentaria afecta actualmente a 7,3 millones de colombianos y a 1,1 millones de migrantes venezolanos.

No debe sorprender entonces que la política del cambio haya triunfado sobre la política de la continuidad. Lo que se necesita ahora es un programa que amplíe las oportunidades económicas, aumente el acceso a los servicios estatales y sociales, promueva la movilidad social y mejore las condiciones materiales de las comunidades más vulnerables y de la clase trabajadora para que puedan vivir una vida digna.

La plataforma nacional de Petro y Márquez hace hincapié en la necesidad de transitar desde el actual statu quo de desigualdad endémica hacia una sociedad que sea garante de los derechos humanos y la justicia social. La redistribución de la riqueza y el poder está en la agenda, pero como señaló Petro en su discurso de victoria, es necesario crear riqueza para que ésta se redistribuya equitativamente.

El compromiso de cerrar todas las brechas de desigualdad -económica, de género, racial y LGBTQ- se institucionalizará con la creación del Ministerio de Igualdad. Petro y Márquez imaginan una institución que asegure la equidad salarial y empodere a los hogares encabezados por mujeres, garantizando un ingreso básico por encima del umbral de la pobreza. También proponen establecer un Sistema Nacional de Cuidados que reconozca, renumere y redistribuya el trabajo de los cuidados.

Dado que la paridad de género es fundamental para lograr un cambio transformador, el gobierno de Petro-Márquez también se propone garantizar que las mujeres sean la mitad de los cargos políticos en todos los niveles y todas las ramas del gobierno para democratizar la toma de decisiones.

En una entrevista con Noticias Caracol, la vicepresidenta electa Márquez destacó cómo la clase política tradicional y nacional había olvidado o ignorado a propósito las regiones periféricas del país. «Mi tarea es garantizar los derechos de los territorios excluidos y marginados, garantizar los derechos de la población afrodescendiente, raizal, palenquera e indígena». El gobierno del cambio se compromete a combatir el racismo estructural, a proteger sus derechos económicos y territoriales y a preservar sus lenguas nativas.

La plataforma Petro-Márquez también promete implementar formas progresivas de tributación. Proponen aumentar los impuestos de las 4.000 personas más ricas del país, precisamente dirigidos a los activos improductivos como las tierras fértiles sin cultivar. Según la base de datos de Wealth-X, actualmente hay 4.740 individuos con un patrimonio neto de al menos 5 millones de dólares. La riqueza combinada de esta clase en 2021 era de 104.300 millones de dólares.

El triunfo de Gustavo Petro y Francia Márquez proporciona a Colombia una oportunidad única e importante para iniciar el proceso de revertir las desigualdades arraigadas y multifacéticas del país. Su plataforma es ambiciosa, y sin duda se enfrentará a la oposición en el Congreso, pero esto solo sirve para poner de relieve la necesidad de organizarse y continuar el trabajo, porque el statu quo no abandonará sus privilegios y ganancias ilícitas por voluntad propia.

Foto portada: El exrebelde y actual senador Gustavo Petro, a la izquierda, su esposa Verónica Alcocer, en el centro, y la vicepresidenta electa Francia Márquez, a la derecha, celebran frente a cientos de seguidores tras su triunfo en la segunda vuelta presidencial en Bogotá, Colombia, el domingo 19 de junio de 2022. (Fernando Vergara/Associated Press)

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