Egipto está al borde del abismo

Yehia Hamed, Middle East Eye, 11 julio 2022

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Yehia Hamed es exministro de Inversiones de Egipto. Sirvió en el gobierno democráticamente elegido de Mohamed Morsi, derrocado en un golpe de Estado en 2013.

Desde que comenzó la invasión rusa de Ucrania el pasado mes de febrero se han publicado innumerables artículos sobre los efectos devastadores que esta guerra tendrá en los países importadores de trigo de la región de Oriente Medio y Norte de África, especialmente en Egipto.

Por otra parte, debido a la incompetencia del régimen del presidente Abdel Fattah el-Sisi y a la miopía de sus patrocinadores internacionales, el grave deterioro de la economía comenzó en realidad hace años.

La guerra de Ucrania no ha hecho más que desenmascararlo y arrojar luz sobre la cruda realidad: Egipto está a pocos meses de la bancarrota y la tasa de pobreza del 30% se convertirá pronto en un nivel de hambre insoportable.

Muchos en la oposición egipcia creen que por fin hemos llegado a un punto de inflexión en el que el régimen de Sisi se ha debilitado gravemente. Sin embargo, me siento totalmente deprimido, porque parece que ya es demasiado tarde para salvar a Egipto del caos y la inestabilidad.

¿Cuántas cartas se enviaron a la junta directiva del FMI para advertirles de la creciente deuda y del mal uso de los fondos en proyectos de vanidad y corrupción? ¿Cuántas veces recibieron los líderes europeos y estadounidenses informes alarmantes sobre el estado real de la economía y los riesgos asociados en términos de malestar social, terrorismo y migración ilegal?

Cada advertencia fue recibida con silencio o desprecio. Hace tres años advertí en Foreign Policy que la economía de Egipto no estaba precisamente en auge, sino que se estaba hundiendo. En los artículos que trataron de refutarme, se me acusó de estar cegado por mi odio al régimen. Así, a pesar de todas las advertencias y de los síntomas evidentes, el cáncer de la mala gestión del dinero público se dejó libre para crecer y hacer metástasis por todo el organismo nacional.

Ahora ha llegado a la fase terminal. Un país de 105 millones de habitantes que va a estrellarse.

Narración autocomplaciente

Este es el resultado de nueve años de gobierno incompetente de Sisi y sus compinches. A pesar de -o probablemente debido a- tener el control total del poder judicial, el presupuesto y el ejército, y a pesar de la represión generalizada y sistemática contra todas las voces disidentes, que ha llevado a la detención arbitraria de más de 60.000 presos políticos, Sisi -con la ayuda de sus patrocinadores internacionales- ha arruinado literalmente el país.

En el colmo de las ironías, a pesar de los alarmantes indicadores que señalan la inminente crisis que sacudirá a Egipto, el régimen ha mantenido una narrativa autocomplaciente sobre los supuestos logros de Egipto. Tras nueve años de represión, propaganda y autoritarismo, admitir incluso uno o dos errores que podrían necesitar alguna corrección está fuera de lugar.

Sin embargo, la situación económica de Egipto es desesperada. La relación entre la deuda y el PIB ha aumentado hasta el 93,8% este año y un alucinante 54% del presupuesto del Estado se lo están tragando los reembolsos de préstamos e intereses, lo que no deja mucho para financiar las necesidades esenciales del país.

El «dinero caliente» ha huido, a pesar de la decisión del Banco Central de Egipto de subir sus tipos de interés.

Sisi sabe que la situación es desesperada y, de hecho, ansía el dinero internacional que podría salvar su trono durante unos meses más. Últimamente ha multiplicado las maniobras de relaciones públicas hacia los posibles donantes. Algunos presos políticos han sido liberados aquí y allá en movimientos que son tan arbitrarios como lo fueron sus detenciones.

Más recientemente, Sisi anunció pomposamente el lanzamiento de un diálogo político. ¿Qué clase de diálogo podemos tener cuando al mismo tiempo el régimen condena a 15 años al excandidato presidencial de 2012 Abdel Moneim Aboul-Fotouh? Por último, en un intento de tranquilizar al FMI, el régimen ha anunciado la venta de activos militares y estatales.

¿De qué sirve si no hay ningún cambio fundamental en los hábitos de gasto del régimen, aparte de ganar más tiempo para que Sisi se aferre al poder?

El caos parece inevitable

Lamentablemente, la mayor pesadilla de Egipto está por llegar con las consecuencias del llenado de la presa del Gran Renacimiento Etíope. En 2015, el régimen cedió los derechos históricos de Egipto sobre el Nilo.

Esta decisión catastrófica amenaza el sustento de la vida sobre la que se ha construido una civilización de 7.000 años. La crisis económica de hoy afectará violentamente a millones de personas con pobreza, hambre e inestabilidad. Pero la crisis del agua de mañana pondrá en peligro la existencia misma de nuestro país.

No debemos engañarnos. La inestabilidad se acerca y el caos parece inevitable. La cuestión es cómo contener los daños antes de que Sisi arrastre al país con él. Este es un llamamiento a la acción dirigido a todas las partes, ya sea el régimen, los militares, los grupos de la oposición, los defensores de los derechos humanos, Occidente y, obviamente, los egipcios de a pie.

Egipto necesita urgentemente un plan de salvación que rompa radicalmente con las estrategias egoístas y destructivas seguidas por el régimen y sus patrocinadores internacionales durante la última década.

Occidente ha apostado por apoyar regímenes autocráticos para satisfacer sus intereses. Su anterior apoyo a Rusia es otro ejemplo del fallo fundamental de esta estrategia. Y la narrativa de la «lucha contra los islamistas» que promueven los partidarios de Sisi no se sostiene en absoluto cuando incluso el prominente activista egipcio laico Alaa Abd el-Fattah es condenado a una muerte lenta en prisión.

En todo este tiempo, el objetivo no fue nunca combatir el islamismo, sino combatir la democracia. Pero ahora espero que puedan ver que Sisi y sus compinches del Golfo les han fallado.

Salvar a Egipto

Ahora que el régimen está a punto de desmoronarse, es urgente que todas las fuerzas nacionales se unan en torno a un proyecto que es más grande que nosotros, más grande que nuestros puntos de vista políticos, y más grande incluso que nuestros pasados agravios entre nosotros: salvar a Egipto. Todos los presos políticos deben ser liberados. Los más pobres deben ser protegidos del hambre y la deuda debe ser reestructurada y posiblemente cancelada parcialmente.

Los militares deben retirarse de todos los ámbitos no relacionados con su trabajo: la justicia, la economía y la política.

La presa etíope requiere conversaciones de emergencia de alto nivel que reúnan a todas las fuerzas políticas. La venta de bienes públicos debe suspenderse hasta que se encuentre un consenso al respecto.

Pero, sobre todo, lo que pido de corazón es un auténtico proceso de reconciliación nacional que honre el sacrificio de decenas de miles de egipcios desde 2011.

Sea cual sea su edad, su género o su origen político, la tiranía ha tratado a todos los egipcios por igual, vulnerando sus derechos y rompiendo sus esperanzas.

Egipto se enfrenta a amenazas existenciales que requieren la unión sagrada de todas las fuerzas políticas. ¿A quién le importan nuestras rencillas del pasado ante lo que está en juego?

«Sin ellas, no habría sobrevivido», dijo Solafa Magdy sobre la inesperada amistad que forjó en la cárcel con dos mujeres que tenían opiniones políticas e ideológicas muy diferentes.

“Sin los demás no vamos a poder sobrevivir ni nosotros ni Egipto».

Foto de portada: Charles Platiau/AP

Voces del Mundo

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