¿Qué puede esperarse del viaje de Biden a Oriente Medio?

Stasa Salacanin, The New Arab, 12 julio 2022

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Stasa Salacanin es un periodista independiente que ha escrito ampliamente sobre asuntos de Oriente Medio: Relaciones comerciales y políticas, Siria, Yemen, terrorismo y defensa.

Mientras la opinión pública mundial sigue de cerca cómo la visita del presidente estadounidense Joe Biden a Oriente Medio dará forma y definirá las políticas de su administración en la región, su posición política interna de cara a las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos está debilitándose.

Tras reunirse con funcionarios israelíes y palestinos, el presidente estadounidense viajará esta semana a la ciudad saudí de Yeda, donde asistirá a la cumbre del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG).

Aunque su ambiciosa agenda incluye bajar los precios del petróleo, que están por las nubes, e impulsar los lazos de normalización con Israel, también tendrá que contar con un proceso de paz palestino-israelí roto y una reunión muy incómoda con un príncipe heredero saudí al que en su día prometió convertir en «paria».

Sin cambios en el horizonte para los palestinos

Aunque el viaje de Biden incluirá una visita a la Cisjordania ocupada, no ha habido ningún indicio de que vaya a abordar específicamente las reivindicaciones palestinas.

Por el contrario, uno de los principales objetivos de su viaje a Oriente Medio es «profundizar en la integración de Israel en la región».

Pero esta etapa del viaje se produce tras meses de crecientes injusticias israelíes contra los palestinos, incluido el asesinato de la veterana periodista de Al-Jazeera Shirin Abu Akleh, que es ciudadana estadounidense.

El Departamento de Estado de EE. UU. declaró a principios de julio que su investigación no podía determinar de forma concluyente el origen de la bala que mató a la periodista y que los disparos que la mataron fueron «involuntarios».

El seguimiento de la Oficina de Derechos Humanos de la ONU, junto con las investigaciones independientes de The Associated Press y otros medios de comunicación, concluyeron que la periodista fue asesinada por las fuerzas israelíes.

El grupo israelí de derechos humanos B’Tselem calificó la investigación estadounidense de «encubrimiento israelí respaldado por Estados Unidos», mientras que la familia de Abu Akleh declaró que sus conclusiones no provocaban sino «incredulidad».

Israel había afirmado inicialmente que hombres armados palestinos mataron a Abu Akleh, antes de dar marcha atrás y negarse a realizar una investigación militar.

Por otra parte, la administración de Biden tendrá que lidiar tarde o temprano con otro asunto diplomático.

El 10 de julio, el Centro Legal para los Derechos de las Minorías Árabes en Israel (Adalah), reveló pruebas de que un plan conjunto estadounidense-israelí para la construcción de la nueva embajada de Estados Unidos en Jerusalén se encuentra en una propiedad privada palestina.

Según la organización, «el terreno en el que se construirá el complejo diplomático de Estados Unidos está registrado a nombre del Estado de Israel, pero fue confiscado ilegalmente a los refugiados palestinos y a los desplazados internos palestinos mediante la Ley de Propiedad de los Ausentes de Israel de 1950».

El viaje de Biden se produce en medio de meses de crecientes injusticias israelíes contra los palestinos. [Getty]

Los descendientes de los propietarios originales de las tierras, entre los que se encuentran ciudadanos estadounidenses, han exigido al gobierno de Biden que cancele el plan.

Rashid Khalidi, profesor Edward Said de estudios árabes en la Universidad de Columbia, es uno de ellos.

«El hecho de que el gobierno de EE.UU. participe ahora activamente con el gobierno israelí en este proyecto significa que está infringiendo los derechos de propiedad de los legítimos dueños de estas propiedades, incluidos muchos ciudadanos estadounidenses», dijo.

Para la mayoría de los analistas, esto no es sino una prueba más de que es poco probable que Biden utilice la considerable influencia que tiene Estados Unidos para disuadir a Israel de poner fin a su ocupación o de ampliar los asentamientos ilegales.

«Este es un patrón que se remonta a 55 años atrás sin prácticamente ninguna excepción, y no hay ninguna razón para creer que Biden se desviará del comportamiento de sus predecesores, ya sean demócratas o republicanos», dijo a The New Arab George Bisharat, profesor de Derecho en el Hastings College of the Law de San Francisco.

Otros, como el profesor Russell Lucas, catedrático asociado de Relaciones Internacionales en la Universidad Estatal de Michigan, afirman que Biden abordará estas cuestiones, incluido el anuncio en mayo de 4.427 nuevas viviendas para colonos, pero que lo hará en privado y como tema secundario de su visita.

Como es lógico, los palestinos esperan la visita de Biden con pocas expectativas. Sus peticiones de reabrir el consulado estadounidense en Jerusalén Este, cerrado por el expresidente Donald Trump, o de levantar la clasificación de terrorista de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) siguen sin ser atendidas.

Pero la Autoridad Palestina (AP) tiene muy poca influencia en Estados Unidos y bajos índices de aprobación en su país.

«Profundamente impopular, considerada de hecho por muchos palestinos como el subcontratista de seguridad de la ocupación israelí de Cisjordania, la AP depende de la financiación exterior y del apoyo diplomático, por lo que se reduce a pedir concesiones lastimosamente menores como la reapertura del consulado estadounidense en Jerusalén Este», dijo Bisharat.

Aunque Estados Unidos puede ofrecer gestos simbólicos a la AP, «es igualmente o más probable que no ofrezca nada en absoluto», añadió.

Por su parte, Ranjit Singh, profesor asociado del Departamento de Ciencias Políticas y Asuntos Internacionales de la Universidad de Mary Washington, con sede en Virginia, señala que incluso si Biden reabriera el consulado de Estados Unidos, ello no contribuiría a resolver preocupaciones palestinas más amplias.

«En todo caso, podría así consolidar los Acuerdos de Abraham poniendo una bonita hoja de parra en el daño real que se ha hecho a la causa palestina», dijo.

En su opinión, las protestas masivas o la confrontación armada son, lamentablemente, la única baza que tienen los palestinos en los territorios ocupados.

Como resultado de esta dinámica de poder congelada y asimétrica, es probable que la violencia sobre Gaza de mayo de 2021 y los disturbios dentro de Israel entre ciudadanos judíos y palestinos se repitan en los próximos meses.

«Esto se debe al hecho simple de que muchos palestinos están al límite, con la incesante violencia que les aplica Israel, ya sea por sus tropas o por colonos armados que actúan de acuerdo con el Estado israelí», dijo Bisharat.

Incómoda reunión en Yeda

Mohammed bin Salman [Getty]

Pero, aunque Biden intente ignorar a los palestinos, le espera otro duro encuentro en Yeda, donde se reunirá con su anfitrión saudí el príncipe heredero Mohammed bin Salman (MBS).

Aunque Biden trató de salvar la cara al decir que la decisión de ir a Yeda era circunstancial, afirmando que la reunión «es en Arabia Saudí, pero no se trata de Arabia Saudí», es evidente que se vio obligado a modificar su enfoque inicial hacia Riad.

Cambiar su tono hacia MBS es especialmente importante si quiere continuar con el legado de los Acuerdos de Abraham y convencer a los saudíes de que aumenten el suministro de petróleo.

«Esta humillante marcha atrás es necesaria por la desesperada situación política interna de Biden, en gran parte relacionada con la furia de los consumidores por los precios de la energía, que se han disparado, y que espera que Arabia Saudí y otros productores de petróleo y gas del Golfo le ayuden a reducir», dijo Rashid Khalidi a The New Arab.

Aunque se espera que Biden intente acercar a Riad e Israel, lo que de nuevo ayudaría a su audiencia interna, aún no está claro hasta dónde llegará esto.

Estados Unidos no tiene ya influencia sobre sus socios de Oriente Medio 

Sin embargo, a pesar del objetivo de elevar a Israel, Arabia Saudí y los Estados del Golfo como socios clave de EE.UU., Biden no tiene la determinación ni la influencia para presionarlos en cuestiones clave como la ocupación de Palestina, la guerra en Yemen o la producción de petróleo.

De hecho, Biden, que se enorgullece de su perspicacia en política exterior, viaja a la región con una mano extraordinariamente débil, según Singh. En su opinión, casi todo lo que dirá y hará será pensando en su escenario político interno.

«El hecho es que los números de las encuestas de Biden están en la cuneta, la inflación y los precios de la gasolina son altos -algo que obsesiona a los estadounidenses- y su partido se enfrenta a una potencial catástrofe en otoño con las elecciones al Congreso», dijo Singh a The New Arab.

Anders Persson, profesor titular y experto en el papel de la Unión Europea en el conflicto israelo-palestino de la Universidad de Linnaeus (Suecia), afirma que no recuerda una época en la que los tres líderes de Estados Unidos, Israel y Palestina fueran tan débiles e impopulares.

En consecuencia, «hay muy pocas expectativas sobre lo que pueda aportar el viaje de Biden, al menos en lo que respecta al proceso de paz entre Israel y Palestina, mientras que es posible que veamos algún progreso con Arabia Saudí, en el contexto del petróleo y sus relaciones con el gobernante saudí».

Voces del Mundo

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