Elecciones, Hamás y el alto el fuego: ¿Por qué esta no va a ser la última guerra de Israel contra Gaza?

Jaled al-Hroub, Middle East Eye, 8 agosto 2022

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Jaled al-Hroub es profesor de Estudios de Oriente Medio en la Universidad del Noroeste en Qatar y autor de dos libros sobre Hamás.

La última agresión de Israel contra la Franja de Gaza ha causado la muerte de 45 civiles palestinos, entre ellos 16 niños, un corte total de electricidad y la destrucción de decenas de viviendas y edificios.

El ataque formaba parte de la práctica rutinaria de Israel de «segar la hierba», término que se refiere a la reducción de las capacidades militares de las facciones de la resistencia palestina.

Traduciendo esto en una operación militar, Israel comenzó la agresión el 5 de agosto con el asesinato de Taysir al-Yabari, uno de los líderes del movimiento de la Yihad Islámica Palestina (YIP), y luego declaró que sus objetivos eran destruir las bases y capacidades militares pertenecientes al movimiento.

Más allá de estas afirmaciones estándar se encuentra el oportunismo político y las consideraciones electorales internas de Israel. Militar y estratégicamente, esta ronda de agresiones forma parte de un intento israelí de dividir el frente unido de las facciones de la resistencia palestina.

La guerra, de forma irónica pero también típica, se llevó a cabo sin ninguna objeción o crítica internacional seria, camuflada inteligentemente por los llamados esfuerzos de mediación dirigidos por Egipto para lograr un alto el fuego.

Maniobras electorales

El repetido escenario de utilizar a Gaza y a su población asediada como cartas en la mesa política y electoral israelí es simplemente escandaloso en sí mismo y en la forma en que el mundo sigue tolerándolo.

Si un gobierno israelí tambaleante o un primer ministro temen las próximas elecciones, la opción más corta para reforzar su posición ante los votantes es atacar Gaza.

El pretexto es una afirmación ya hecha de proteger la seguridad de los israelíes y golpear a las «organizaciones terroristas».

No importa cuánta sangre palestina se derrame, cuántos inocentes mueran y resulten heridos y la magnitud de la destrucción infligida, el espectáculo continúa. En esta última agresión, el mundo dio la espalda a Gaza, centrándose en cambio en la guerra entre Rusia y Ucrania.

El sistema antimisiles Cúpula de Hierro fue muy eficaz, y quizás esta operación a pequeña escala limitada a la YIP fue en parte un ejercicio de entrenamiento sobre la tecnología actualizada añadida a los sistemas de la cúpula. El nombre del ataque, «Operación Romper el Amanecer», reflejaba una cosa que el actual gobierno de coalición Bennet-Lapid esperaba asegurar: un nuevo «amanecer» en el poder. Por lo demás, no hubo ruptura de ningún amanecer a una mayor escala de cosas.

Dentro de una estrategia más amplia, los generales israelíes han intentado, desde la Operación Cinturón Negro sobre Gaza en noviembre de 2019, dividir el frente de resistencia palestino. Los israelíes apuntaron solo a la YIP, poniendo a Hamás, el gobernante de facto de Gaza, en una posición incómoda.

La posición de Hamás

Visto desde su perspectiva, Hamás quiere evitar a los palestinos de Gaza lo que podría percibir como una confrontación innecesaria. Israel esperaba que Hamás presionara a la YIP para que no respondiera a los ataques israelíes y que aquella no escuchara e insistiera en el compromiso, y que esto creara división de objetivos y posibles enfrentamientos.

Sin embargo, lo que ocurrió sobre el terreno no coincidió con las expectativas israelíes.

Hamás dio luz verde a la YIP para que se comprometiera, y parece haber proporcionado ayuda y logística, al tiempo que permanecía «oficialmente» desvinculada. Los grupos de la resistencia en la Franja de Gaza coordinan su trabajo a través de lo que se conoce como Sala Común de Operaciones.

Los dirigentes de Hamás y de la YIP han mantenido una declaración de línea común según la cual la Sala está dirigiendo la resistencia en esta ronda de combates, al igual que lo hizo en las anteriores.

Ambos grupos han manifestado ser plenamente conscientes del objetivo israelí de abrir una brecha entre ellos y han prometido frustrarlo. Muchos observadores en Gaza creen que el nivel de coordinación militar se ha profundizado durante esta ronda de combates. El líder de la YIP, Ziyad Nakhla, elogió mucho a Hamás en una conferencia de prensa tras declarar el alto el fuego a finales del 7 de agosto diciendo que representaba «la columna vertebral de la resistencia en la Franja de Gaza».

A fin de enviar un mensaje audaz contra la estrategia israelí de división y control, la YIP bautizó su ataque defensivo como «Operación Unidad de Frentes». Con ello se pretendía subrayar la conexión entre la resistencia en Gaza y las otras formas de resistencia en ciudades como Yenín y Nablus, en Cisjordania, donde la YIP ha estado activamente en el liderazgo durante el último año.

El esfuerzo por unir a las facciones de la resistencia en toda Palestina alcanzó su punto álgido durante la operación «Espada de Jerusalén» del año pasado, cuando Hamás y la YIP unieron sus filas en la defensa de Jerusalén. El espíritu de resistencia en toda la Palestina histórica ha prevalecido a lo largo de este año, incluso entre los palestinos dentro de la Línea Verde. Este sentimiento colectivo tiene a Israel muy preocupado.

Esta última guerra forma parte del esfuerzo por romper las conexiones nacionales de la resistencia, tanto desde el punto de vista operativo como a los ojos de los palestinos.

La mediación de Egipto

El otro aspecto común de los ataques israelíes a Gaza está relacionado con los esfuerzos de mediación de Egipto.

Muchos palestinos expresaron su enfado por lo que percibían como un mecanismo de engaño, no de mediación. Porque mientras Egipto daba la impresión de que estaba trabajando para evitar la escalada, Israel planeaba y llevaba a cabo su asesinato del líder de la YIP.

Antes del asesinato, Israel detuvo a Bassam al-Saadi, otro dirigente de la YIP del campo de refugiados de Yenín. La YIP amenazó con disparar contra las ciudades israelíes adyacentes a la Franja de Gaza si Saadi no era liberado.

La mediación egipcia fue manipulada y utilizada por Israel, según los críticos palestinos, para evitar que la YIP tomara la iniciativa y para que Israel ganara el tiempo que necesitaba para organizar su ataque.

Como no hubo ninguna crítica oficial de El Cairo en respuesta al engaño israelí, se plantearon muchas dudas sobre si Egipto fue o no informado por Israel sobre su previsto ataque.

Egipto parece un pacificador crucial durante y después de cada guerra israelí contra la Franja de Gaza. Pero a la luz de los escasos beneficios que los palestinos obtienen de la diplomacia egipcia, las verdaderas intenciones de El Cairo parecen estar en otra parte.

Egipto se niega a suministrar electricidad a la Franja de Gaza, dejándola a merced de Israel. El combustible que Gaza necesita viene de Israel a un precio elevado, cuando Israel quiere y en cantidades calibradas, que se ajustan a las políticas israelíes de presión y exacción.

Asfixia silenciosa

Los anteriores acuerdos de alto el fuego negociados por Egipto fueron violados por Israel, y los acuerdos sobre la liberación de prisioneros, en los que Egipto era supuestamente el garante, también fueron rotos por Israel sin que Egipto respondiera.

Al carecer de influencia regional y de un papel, el gobierno de Abdel Fattah el-Sisi se aferra a su supuesta mediación como única forma visible de participar en la diplomacia regional, impidiendo que otros países como Jordania, Turquía o Qatar intervengan de forma quizá más eficaz.

Al Egipto de Sisi le importa menos la suerte de los dos millones de palestinos, y mucho menos su resistencia, y más proyectarse, y principalmente ante Estados Unidos, como un actor regional con importancia.

El fin de este brutal asalto contra la Franja de Gaza ha sido muy bienvenido, sobre todo porque la gente de a pie sufre sin cesar. Lamentablemente, ésta no será la última guerra contra Gaza y los palestinos. Segar la hierba es una gran estrategia israelí que se aplica a los palestinos en todas partes.

En Gaza, sin embargo, sucumbir a la ecuación israelí de «calma por calma» implica la continuación de la ocupación, la miseria, la pobreza y las condiciones inhumanas para su pueblo, ¡con calma!

Significa volver a la asfixia silenciosa de dos millones de personas, a las que solo se les ofrecen dos opciones: morir gritando en la guerra o morir en silencio bajo el asedio.

Fotos de portada: Los rostros de los 16 niños que Israel ha asesinado, entre un total de 45 víctimas palestinas, en su última agresión del 5-7 de agosto.

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