Las disculpas de Bélgica no bastan: El Congo se merece disculpas y reparaciones por los crímenes de guerra belgas

Mehdi Alavi, Fair Observer, 13 agosto 2022

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


El Dr. Mehdi Alavi es el fundador y presidente de Peace Worldwide Organization, una organización no religiosa, no partidista y benéfica de Estados Unidos que promueve la libertad y la paz para todos. Recientemente ha publicado su Informe sobre Civismo 2022, que puede descargarse aquí.

El 8 de junio de 2022, el rey Philippe de Bélgica expresó su arrepentimiento por la explotación, la violencia y el racismo durante la colonización del Estado Libre del Congo, ahora conocido como República Democrática del Congo (RDC). Esto se ha producido tras años de negaciones y excusas por parte de las autoridades belgas.

La RDC, un territorio 76 veces más grande que Bélgica, es el segundo país más grande de África después de Argelia y el undécimo del mundo. En la actualidad está desgarrado por los conflictos entre grupos armados que reclutan niños como soldados. Para empeorar las cosas, las fuerzas de seguridad de la RDC actúan con impunidad. Siguen acosando, amenazando, atacando, deteniendo y asesinando a defensores de los derechos humanos, periodistas y miembros de la oposición política. Los civiles son asesinados y secuestrados arbitrariamente. Las mujeres y las niñas son sistemáticamente violadas y sometidas a otras formas de violencia. La violencia comunal y la limpieza étnica son generalizadas. La mayoría de las minorías, incluidos los hutus, tutsis, hema, lendu, lunda, luba, mbororo y batwa, viven bajo una amenaza continua. El país sigue siendo el punto de origen y destino del tráfico de niños y mujeres para la prostitución. El país necesita desesperadamente ayuda humanitaria.

Los problemas de la RDC no son del todo culpa del pueblo congoleño. Sus raíces se remontan al rey belga Leopoldo II y a los sucesivos gobiernos belgas.

El rey belga se arrepiente demasiado tarde

Antes de su reciente confesión, Philippe negó las atrocidades belgas y excusó a Leopoldo II y a Bélgica durante años. A pesar de la presión de la población de su propio país y de la comunidad internacional, inspirada por el movimiento Black Lives Matter   (BLM), Felipe dudó en tomar alguna medida que no fuera ofrecer excusas durante los últimos dos años.

El 27 de mayo de 2021, el presidente francés Emmanuel Macron habló en el monumento conmemorativo del genocidio en Kigali, la capital de Ruanda, donde están enterradas muchas víctimas.

Pidió a los ruandeses que perdonaran a Francia por su papel en el genocidio de 1994. El 28 de mayo de 2021, Alemania se disculpó por su genocidio contra las tribus herero y nema en Namibia y ofreció poner en marcha «proyectos de más de mil millones de euros» como compensación. Ni siquiera esas disculpas sirvieron para que Philippe admitiera las atrocidades belgas en el Congo.

Más de un año después, las crecientes presiones belgas e internacionales obligaron finalmente a Philippe a enfrentarse a la realidad. Cuando finalmente habló, el rey belga se limitó a expresar su arrepentimiento. Philippe no llegó a disculparse formalmente por las atrocidades belgas durante el periodo colonial. «Este régimen [belga] fue un régimen de relaciones desiguales, injustificable en sí mismo, marcado por el paternalismo, la discriminación y el racismo», dijo ante una sesión conjunta del parlamento en la capital del DNC, Kinshasa: «Quiero reafirmar mi más profundo pesar por esas heridas del pasado».

La herencia tóxica del pasado

Leopoldo II fue un tirano que llevó a cabo un pogromo brutal que provocó la muerte de millones de personas. Sus políticas también condujeron a la destrucción de los medios de vida y las culturas de la población del Congo. Leopoldo II llegó al poder en 1865 y estaba decidido a construir un imperio. Autorizado por la Conferencia de Berlín de 1885, formó el Estado Libre del Congo, separado de Bélgica pero de propiedad privada y controlado por él mismo. Leopoldo II sabía que la evangelización era la forma más eficaz de dominar a la gente. Consideraba que, si los congoleños se convertían al cristianismo, se volverían más serviles. Esto permitiría a Leopoldo II saquear los valiosos recursos del Congo. Así que este despiadado rey belga trajo misioneros para convertir al pueblo congoleño al cristianismo. Dictó y aplicó decretos inhumanos que no solo causaban miseria y muerte, sino que también empujaban a los congoleños a convertirse y practicar el cristianismo.

Para extraer marfil, caucho y minerales, los hombres de Leopoldo recurrían con saña a la flagelación, las heridas, la esclavitud, la decapitación y el corte de partes del cuerpo, incluido el pene. Recurrían habitualmente a la violencia sexual contra los congoleños. Trataban a los congoleños como animales, exhibiéndolos en sus zoológicos en Bélgica. Se calcula que sus atrocidades causaron la muerte de unos 10 millones de personas, el 50% de la población congoleña. Esto provocó el escándalo y la indignación internacional, obligando al gobierno belga a hacerse cargo de la colonia.

En 1908, bajo una inmensa presión internacional, el gobierno belga se hizo cargo de la finca privada de Leopoldo II y la convirtió en colonia belga, bautizándola como Congo Belga. Tras 23 años de gobierno de Leopoldo II, el gobierno belga gobernó el Congo Belga durante otros 52 años. La colonia no obtuvo su independencia hasta 1960.

Bajo el gobierno belga, las acciones genocidas se redujeron en número y gravedad, pero la persecución y los trabajos forzados continuaron. Sin embargo, el racismo iniciado por Leopoldo II continuó. Los africanos fueron excluidos de la educación, el empleo y otras oportunidades. Los niños mestizos eran secuestrados y enviados a orfanatos en Bélgica.

Después de la Primera Guerra Mundial, las empresas europeas y estadounidenses se instalaron en el país y utilizaron a los congoleños como mano de obra contratada para producir algodón, café, cacao, aceite de palma, caucho, cobre, oro, diamantes, cobalto, estaño, zinc, uranio y otras materias primas. Utilizaron los trabajos forzados para desarrollar carreteras, ferrocarriles, estaciones de servicio y otras instalaciones públicas en el Congo Belga. Durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos estuvo muy involucrado en la extracción de uranio en el Congo. Cuando comenzó la descolonización de la posguerra, Bélgica insistió en que los congoleños no eran lo suficientemente maduros para dirigir su propio país. Así que Bélgica se mantuvo firme en conservar su colonia belga, olvidando que los propios belgas habían querido liberarse de la Alemania nazi.

Bajo la anexión belga, la educación congoleña socavó el pensamiento crítico y desgarró el tejido social. Solo a unos pocos se les permitió recibir educación básica por parte de los misioneros cristianos pagados por el gobierno, cuyo objetivo principal era avanzar en la colonización y la conversión al cristianismo. No fue sino en 1954 cuando se admitió a un congoleño por primera vez en una universidad belga para estudiar una asignatura que no fuera la religión cristiana. A día de hoy, la RDC está lastrada por su tóxica herencia colonial.

La independencia perece, la explotación continúa

A partir de 1919 los congoleños comenzaron a luchar por su independencia. Sus revueltas fueron reprimidas regularmente por las autoridades belgas. En 1958 los congoleños formaron su primer partido político. En 1959 estallaron disturbios con turbas que exigían la independencia. Un año después, Bélgica capituló y concedió la independencia a su enorme colonia. El 30 de junio de 1960, el líder nacionalista Patrice Lumumba se convirtió en primer ministro y Joseph Kasavubu en presidente. Pusieron al coronel Joseph Mobutu al frente de la defensa. Con el apoyo de este coronel, Kasavubu no tardó en destituir a Lumumba. En enero de 1961, Estados Unidos y Bélgica apoyaron un golpe militar. Mobutu asesinó a Lumumba. Mobutu pasó a ocupar la presidencia de Kasavubu en 1965. Respaldado por Estados Unidos, dirigió la RDC como un brutal dictador durante 32 años, malversando fondos del gobierno a una escala gigantesca.

En 1997, con el apoyo de Ruanda y Uganda, Laurent Kabila asumió la presidencia y gobernó durante cuatro años, causando más de tres millones de muertos. En 2001 fue asesinado y su hijo Joseph Kabila asumió la presidencia y gobernó hasta finales de 2018, cuando el líder de la oposición Felix Tshisekedi ganó supuestamente unas elecciones que no cumplieron las expectativas internacionales y fueron impugnadas por la Iglesia católica dominante en el país. Se ha mantenido en el poder como presidente hasta la actualidad.

En la década de 1880 Estados Unidos se estaba convirtiendo en una potencia mundial. Leopoldo II recurrió a los servicios de un estadounidense para que inspeccionara el Congo. También buscó el reconocimiento estadounidense de su dominio personal sobre el Congo. Algunos estadounidenses temían el poder de los negros americanos que exigían igualdad y libertad. Vieron la petición de Leopoldo II como una oportunidad para limpiar a Estados Unidos de su población negra enviándola al Congo. A cambio del favor, Leopoldo aseguró a EE.UU. que sus ciudadanos podrían comprar tierras en el Congo y que las importaciones estadounidenses estarían exentas de todos los derechos de aduana. Leopoldo recibió el reconocimiento de su gobierno en el Congo por parte de EE.UU., lo que le allanó el camino para obtener el reconocimiento de las potencias europeas. El acuerdo de Leopoldo II con el Tío Sam también abrió la puerta a Estados Unidos para saquear las riquezas del Congo.

Estados Unidos emuló los atroces abusos de Leopoldo II con todo lujo de detalles, incluida la exhibición de congoleños en zoológicos en numerosas ciudades del país. Ya en 1906, los neoyorquinos se apresuraban a ver un congoleño en la Casa de los Monos del zoológico del Bronx. Esto provocó protestas de los negros estadounidenses y se convirtió en un escándalo nacional.

Basta con decir que Estados Unidos lleva explotando el Congo desde los tiempos de Leopoldo II. En concreto, Estados Unidos lleva extrayendo uranio de la mina de Shinkolobwe desde la década de 1930. Esta pequeña mina, situada en la provincia meridional de Katanga, proporcionó la mayor parte del uranio utilizado en las bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki. En la actualidad, las empresas mineras estadounidenses, respaldadas por el ejército de su país, siguen sacando cobalto, cobre, zinc y otros minerales de la RDC, dando al país una miseria a cambio.

El papel de Bélgica en el genocidio de Ruanda

Tras la Primera Guerra Mundial, la Sociedad de Naciones transfirió Ruanda y Burundi de Alemania a Bélgica. Siguiendo el ejemplo del Congo, Bélgica volvió a recurrir a la evangelización cristiana y nombró agentes blancos para dominar y controlar las nuevas colonias. También implantó un sistema de castas, decretando la superioridad de la minoría tutsi, un pueblo ganadero, sobre la mayoría hutu, un pueblo agrícola, y sobre los nativos twa, un pueblo pigmeo.  

En Ruanda, el rey hutu fue destituido por negarse a convertirse al cristianismo. Entonces, la religión se impuso por la fuerza a las masas. La imana, la religión monoteísta local, fue eliminada. Durante siglos, había sido la fuerza cultural que unía a la comunidad. Para dominar Ruanda, Bélgica ofreció a los tutsis el acceso a la educación y los designó como superiores a los demás. Los tutsis se convirtieron en agentes subordinados de la administración colonial belga.

Bélgica autorizó a los tutsis a imponer trabajos forzados y castigos a otras comunidades. Las políticas belgas impuestas por los tutsis provocaron varias hambrunas. Más tarde, las autoridades coloniales belgas tomaron la medida administrativa de emitir tarjetas de identificación para cada etnia. Esa política de segregación racial, junto con la eliminación de su rey, enfureció a la mayoría de los hutus. Para los hutus, los tutsis pasaron a ser conocidos como «invasores». A finales de la década de 1950, el movimiento hutu comenzó a organizarse para oponerse a los tutsis y expulsar a Bélgica. Los hutus también empezaron a ganarse por fin la simpatía de los belgas.

Cuando Ruanda obtuvo la independencia en 1962, una campaña hutu de incineración de chozas tutsis hizo que muchos tutsis huyeran al exilio. El presidente hutu Juvénal Habyarimana, conocido por su retórica antitutsi, mantenía una buena relación con el rey belga Balduino. El 6 de abril de 1994, un avión en el que viajaban Habyarimana, el presidente burundés Cyprien Ntarvamira y otros altos cargos fue derribado, muriendo todos los que iban a bordo. Culpando al rebelde Frente Patriótico Ruandés (FPR), los extremistas hutus comenzaron la matanza de tutsis y sus simpatizantes hutus. El 7 de abril de 1994, las fuerzas ruandesas mataron a 10 oficiales belgas y amenazaron a Bélgica con no intervenir en el genocidio en curso contra los tutsis. Bélgica abandonó obedientemente a Ruanda en manos de los asesinos hutus. En abril de 2000, Guy Verhofstadt, el primer ministro belga, fue a Ruanda y dijo: «En nombre de mi país y de mi pueblo, les pido perdón».

Las fuerzas francesas también estuvieron presentes en Ruanda durante el genocidio. Observaron las masacres, pero no hicieron nada. El gobierno francés lo negó insistentemente hasta hace poco. Después de 27 años de negación, Francia fue finalmente obligada por su propia comisión gubernamental a admitir oficialmente su complicidad en el genocidio de Ruanda de 1994. Como ya se ha dicho, Macron pidió perdón a los ruandeses en mayo de este año. Dijo: «Solo aquellos que pasaron por esa noche pueden tal vez perdonar y, al hacerlo, dar el regalo del perdón».

Al igual que en Ruanda, Bélgica dividió al pueblo burundés en tutsis y hutus, lo que provocó conflictos étnicos y una guerra civil que causó la muerte de 300.000 personas. En 2009 Bélgica se disculpó oficialmente por sus atrocidades.

Las potencias imperiales deben compensar a sus víctimas

En 2022 ha llegado la hora de las reparaciones. Hasta ahora, la ONU se ha mostrado impotente ante el genocidio, la limpieza étnica, los crímenes de guerra y los crímenes contra la humanidad. El pueblo oprimido del Congo sigue esperando justicia y reparaciones por las atrocidades belgas que aún le persiguen. Por una buena razón, Human Rights Watch observó que «Bélgica no puede deshacer su pasado colonial, pero no es demasiado tarde para reparar sus secuelas contemporáneas para construir un futuro basado en la justicia y la igualdad».

Afortunadamente, muchos belgas reconocen hoy que las disculpas deben ir acompañadas de reparaciones. Patrick Dewael, presidente del parlamento federal belga, dijo: «Al margen de cualquier disculpa o excusa… quien comete un error, dice nuestro código legal, debe compensar el daño». En 2001 el Parlamento belga consideró que la nación era moralmente responsable del asesinato de Lumumba y pidió disculpas por su papel. Sin embargo, Bélgica aún no ha hecho ninguna reparación.

La comisión «El pasado colonial de Bélgica«, creada en 2020, sigue trabajando en cuestiones relacionadas con la historia anterior a la independencia de las tres antiguas colonias del país: Congo Belga, Burundi y Ruanda. Para abordar los crímenes del pasado, Bélgica debe tomar estas medidas:

  1. Reconocer todos los abusos del pasado que incluyen el genocidio y los crímenes contra los derechos humanos.
  2. Llevar ante la justicia a todos los individuos, vivos y muertos, que perpetraron esos atroces abusos.
  3. Reparar a las tres antiguas colonias en función del daño causado al pueblo congoleño por el gobierno personal de Leopoldo II, así como por la explotación colonial belga. Las reparaciones deben cumplir los siguientes criterios:

a. tener una correlación directa con todos los beneficios económicos que Bélgica obtuvo del Congo, y

b. garantizar que las reparaciones no vayan a parar a las arcas del gobierno corrupto de la RDC, sino que se destinen a mejorar la educación y las infraestructuras, llevándolas a los estándares belgas en un plazo de 10 años.

Como hemos visto anteriormente, Estados Unidos fue cómplice de Bélgica en la colonización del pueblo congoleño. Por lo tanto, EE.UU. debe tomar las siguientes medidas

  1. Reconocer su colaboración con las autoridades belgas en el Congo en lo que respecta a los abusos de los derechos humanos, incluyendo la violencia, el genocidio y la explotación económica.
  2. Formar un comité que lleve ante la justicia a los funcionarios estadounidenses, vivos o muertos, que instigaron las atrocidades belgas en el Congo.
  3. Reparar los daños causados al pueblo congoleño. Las reparaciones deben cumplir los siguientes criterios:

a. incluir un comité bipartidista que evalúe todos los beneficios económicos obtenidos por Estados Unidos del Congo, desde 1885 hasta hoy, y

b. garantizar que las reparaciones no vayan a parar a las arcas del gobierno corrupto de la RDC, sino que se destinen a mejorar la educación y las infraestructuras, llevándolas a los estándares belgas en un plazo de 10 años.

  • c. emular a Bélgica y pedir disculpas por el asesinato del líder nacionalista Lumumba.

Ninguna de estas acciones puede destruir el daño y el dolor del pasado, pero harán de nuestro mundo un lugar más amable, más gentil y más justo.

Foto de portada: Estatua de Leopoldo II en Bruselas con la pintada «Descolonización» (Shutterstock)

Voces del Mundo

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