La Siria que a Bashar al-Assad le gustaría que el mundo viera

Leila Al Shami, The New York Times, 31 agosto 2022

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Leila Al-Shami es escritora y activista y coautora, junto a Robin Yassin-Kassab, de «Burning Country: Syrians in Revolution and War«.

En un principio la imagen no tenía mucho sentido: tanques agrupados, banderas rojas ondeando y una fila de soldados con boinas rojas al estilo yemení. La escena se desarrollaba entre las sombras de edificios de apartamentos bombardeados que, confusamente, no se parecían mucho al Yemen.

La escena no era real, era una foto del plató de «Operación Hogar», una película producida por Jackie Chan e inspirada en una misión china de evacuación de chinos y extranjeros del Yemen en 2015. Los edificios de apartamentos eran reales, pero no estaban en el Yemen. El rodaje comenzó el mes pasado en Hajar al-Aswad, un suburbio del sur de Damasco que antes era el hogar de miles de personas.

En la foto, Hajar al-Aswad parece una vieja ruina de un antiguo conflicto, reutilizada como fondo para las heroicidades de las estrellas del cine chino. Pero cuando comenzó la revolución siria, en 2011, Hajar al-Aswad era un bastión de la oposición. Fue capturada por el Estado Islámico hacia 2015 y luego retomada en 2018 por las fuerzas leales al presidente Bashar al-Assad. Los bombardeos la arrasaron casi por completo. Ahora es el añorado barrio de los habitantes que se vieron obligados a abandonarlo.

Rodar una superproducción china en una zona destruida por Bashar al-Assad es un saqueo cinematográfico que, podemos suponer, beneficia ante todo al hombre que la bombardeó: ¿quién puede filmar en los suburbios de Damasco sin el permiso del régimen? Al-Assad quiere pintar un cuadro de una Siria posconflicto, e incluso espera que el mundo se lo crea. El problema es que no es la real.

Los rebeldes siguen manteniendo gran parte del noroeste de Siria, donde muchos de los desplazados internos viven en campamentos, y el régimen y Rusia bombardean la zona con regularidad. El régimen también sigue luchando contra la insurgencia en Dara’a, la ciudad del sur donde comenzó el levantamiento antigubernamental en 2011.

En el resto del país, la vida dista mucho de ser normal. La ONU estima que más de 300.000 civiles han sido asesinados en Siria desde 2011, alrededor del 1,5% de la población y es, muy probablemente, una subestimación. La política de tierra quemada del al-Assad ha expulsado a millones de personas de sus hogares; la mayoría son desplazados internos, pero muchos han huido al extranjero. Las infraestructuras y la economía del país están destruidas, y se calcula que el precio de los alimentos básicos ha subido un 800% desde 2011.

Esta es la Siria de 2022, pero se podría perdonar que se piense lo contrario. «Operación Hogar» no es más que la última iteración de la campaña del régimen para que el mundo vea el país de otra manera.

Por ejemplo, como escenario de la película de Ahmad Ghossein de 2019 «All This Victory», sobre la guerra de 2006 entre Hizbolá e Israel en Líbano. Algunas escenas de «All This Victory» se filmaron en Zabadani, una ciudad del suroeste de Siria que fue asediada y ocupada por Hizbolá, la milicia chií libanesa aliada de al-Assad. La oscura ironía de mostrar a Hizbolá resistiendo la agresión israelí en estos lugares parece haber pasado desapercibida para algunos; la película obtuvo tres premios, incluido el de mejor película, en la Semana de la Crítica de Venecia, una rama del Festival de Cine de Venecia.

Los otros intentos del régimen por mejorar su imagen han sido un poco más escasos: Se ha apoyado en los video-bloggers de viajes, o vloggers, y en los influencers para retratar una Siria segura y desinfectada y para hablar de la guerra en términos -en el mejor de los casos- ambiguos.

El Ejército sirio avanza en el barrio de Hajar al-Aswad en 2018 en su lucha contra el Estado Islámico. (Foto: Ammar Safarjalani/Xinhua, vía Getty Images)

Pensemos en el vlogger japonés que visitó Saidnaya, una ciudad al norte de Damasco, en 2019, y recorrió su famoso monasterio, pero no mencionó su famosa prisión, una instalación del régimen que Amnistía Internacional ha calificado de «matadero humano» y que sigue funcionando incluso ahora. En junio, un desertor anónimo y exenterrador dijo a los senadores estadounidenses que recibía los cuerpos de las víctimas de la tortura en Saidnaya dos veces por semana.

O la vloggera irlandesa que recorrió un mercado de alimentos en Alepo y probó el pan y los pasteles, y luego fue caminando por un inmenso barrio demolido para visitar una fábrica de jabón.

Las imágenes que llegan a las redes sociales sugieren que los influencers a los que se les permite entrar en el país son aquellos que repiten como loros lo que les dicen los guías asignados. Puede que sus vídeos lleguen a miles de personas, pero «Operación Hogar» es algo diferente. Es una prueba, tal vez, de que los intentos de al-Assad por mejorar su imagen en el extranjero están empezando a dar verdaderos frutos.

«Operación Hogar» está producida por SYX Pictures, una empresa china de los Emiratos Árabes Unidos. El embajador saliente de China en Siria, Feng Biao, fue fotografiado en el set de rodaje, cerca de una pancarta roja colgada de un tanque chino en la que se leía «amor y paz». China es uno de los pocos países que ha mantenido lazos diplomáticos con Siria, pero recientemente ha dado pasos para normalizar sus relaciones. Al-Assad visitó los Emiratos en marzo -su primera visita oficial a otro lugar que no sea Rusia e Irán desde 2011- y se reunió con su presidente, el jeque Mohammed bin Zayed Al Nahyan.

El consenso occidental sigue siendo, ostensiblemente que no se pueden reanudar las relaciones con al-Assad. Pero algunos organismos internacionales están dando la bienvenida a su gobierno, y cada acreditación parece más ridícula que la anterior. En junio del año pasado, la Organización Mundial de la Salud designó a Siria como miembro de su consejo ejecutivo, a pesar de que el régimen ha atacado repetidamente los centros de atención sanitaria; la UNESCO invitó recientemente a Siria a su Cumbre para la Transformación de la Educación, a pesar de que la propia ONU ha documentado casi 700 ataques contra centros educativos en Siria en la última década; y en junio, la Interpol invitó a representantes del régimen a una conferencia sobre los esfuerzos regionales para combatir el tráfico de drogas. Siria tiene una floreciente industria de drogas ilegales, dirigida por amigos y familiares del presidente.

Si la esperanza es que el reencuentro cultural o diplomático haga que el gobierno de al-Assad cambie su comportamiento, hasta ahora no ha habido pruebas de que eso sea así. Solo la presión podría hacerlo, pero por ahora Siria no está ni cerca de la lista de prioridades de Occidente.

En cambio, sí parece que se va a permitir que al-Assad siga intentando hacer creer al mundo que la guerra en Siria ha terminado y que su régimen es su gobierno legítimo. Si tiene éxito, el mensaje a los autoritarios de otros lugares no podría ser más claro: Puede que el mundo no perdone, pero si espera lo suficiente, el mundo olvidará.

Foto de portada: Grupo de actores en un plató de la película china «Operación Hogar», en Hajar al-Aswad, un suburbio sirio destruido por el régimen de al-Assad. (Foto: Louai Beshara/Agence France-Presse, via Getty Images)

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