De cómo los antisemitas polacos ayudaron a colonizar Palestina

Joseph Massad, Middle East Eye, 28 abril 2023

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Joseph Massad es profesor de política árabe moderna e historia intelectual en la Universidad de Columbia, Nueva York. Es autor de numerosos libros y artículos académicos y periodísticos. Entre sus libros destacan Colonial Effects: The Making of National Identity in Jordan; Desiring Arabs; The Persistence of the Palestinian Question: Essays on Zionism and the Palestinians, y más recientemente Islam in Liberalism. Sus libros y artículos se han traducido a una docena de idiomas.

Al conmemorar el 80º aniversario del Levantamiento del Gueto de Varsovia la semana pasada, el presidente polaco Andrzej Duda declaró: «Nunca debemos olvidar el valor de los judíos de Polonia del Gueto de Varsovia y de los polacos que lucharon al otro lado del mismo». Y añadió: «Los que lucharon en el levantamiento son nuestros héroes conjuntos… porque combatieron en nombre de una Polonia libre».

El presidente de Israel, Isaac Herzog, cuestionó los relatos oficiales polacos de los años de la Segunda Guerra Mundial. Al aludir a la complicidad de los católicos polacos antisemitas en el asesinato de judíos polacos, y a lo que los críticos israelíes llaman la «glorificación» de «polacos que estaban implicados hasta el cuello en el asesinato de judíos», Herzog declaró que «las diferencias de opinión entre Israel y Polonia respecto a la conmemoración del Holocausto» continúan: «Fue el mal total -los nazis y sus cómplices- y el bien total -en forma de víctimas y rebeldes de todos los pueblos».

Este continuo desacuerdo, sin embargo, deja de lado el destacado papel que desempeñó Polonia en el despojo del pueblo palestino y la creación de Israel. Tampoco se hace referencia a la larga cooperación entre el régimen antisemita polaco posterior a 1935 y las diversas secciones del movimiento sionista, una relación que también llevó a Polonia a votar a favor del Plan de Partición de Palestina de la ONU de 1947.

Cuando obtuvo la independencia en 1918, la población polaca estaba compuesta en un tercio por minorías étnicas y religiosas. Según criterios lingüísticos, en el censo de 1931 el 68,9% de la población era polaca (incluidos los judíos de habla polaca), el 13,9% ucraniana (unos cinco millones de personas), el 8,7% judía de habla yiddish (unos tres millones de personas), el 3,1% bielorrusa y el 2,3% alemana. Algunos de estos grupos eran mayoritarios en sus regiones.

Las potencias occidentales, preocupadas por el nacionalismo católico polaco,  impusieron cláusulas en la constitución polaca para proteger a los judíos y otras minorías. También obligaron a Polonia a firmar un Tratado de Minorías en 1919, supervisado por la Sociedad de Naciones. No todo el mundo apoyaba la independencia polaca. El economista John Maynard Keynes, por ejemplo, calificó a la Polonia independiente de «imposibilidad económica cuya única industria es la difamación de judíos».

El antisemitismo polaco

Durante los años siguientes, Polonia fue gobernada por partidos de derechas que eran virulentamente nacionalistas y hostiles a las minorías, incluidos los judíos polacos. En medio de una grave situación económica, el mariscal nacionalista Jozef Pilsudski derrocó el régimen en 1926. Sin embargo, Pilsudski se alió con los mismos líderes derechistas a los que sustituyó. Una cosa le diferenciaba: su aversión al antisemitismo.

El gran partido socialista judío polaco antisionista, «el Bund«, insistía en que los judíos eran ciudadanos de Polonia y que «eran europeos y no un pueblo de Oriente Próximo, que sus vínculos eran con los países en los que vivían y no con la tierra en la que algunos de sus antepasados habían vivido alguna vez». A medida que la resistencia de los nativos palestinos al colonialismo sionista se intensificaba a finales de la década de 1920, el Bund culpaba a los sionistas «que se habían inmiscuido en una tierra para arrebatársela a sus habitantes».

En enero de 1934, Pilsudski firmó un pacto de no agresión con la Alemania nazi, lo que enfureció a la URSS. Exasperado por las numerosas quejas presentadas ante la Sociedad de Naciones por el trato que Polonia daba a sus minorías, y envalentonado por la distensión con la Alemania nazi, el antisemita ministro de Asuntos Exteriores de Pilsudski, Jozef Beck, anunció en una reunión de la Sociedad en septiembre de 1934 que Polonia había derogado unilateralmente el Tratado sobre las Minorías. Pilsudski murió en mayo de 1935.

El nuevo régimen de derechas comenzó a atacar a todas las fuerzas socialistas del país, incluido el Bund. Abandonó la repulsa de Pilsudski al antisemitismo, fomentando los movimientos antisemitas (coincidiendo con la promulgación por los nazis de las Leyes de Nuremberg).

Como la política nazi hasta 1938 se centró en incitar o coaccionar a los judíos alemanes a emigrar, los polacos no tardaron en adoptar una política similar. En aquella época, la población judía del país ascendía a más de 3,5 millones de personas, con menos de medio millón de judíos asimilados, aproximadamente el 11% de la población polaca. Representaban entre el 30% y el 40% de la población de Varsovia y constituían minorías importantes en la mayoría de las demás ciudades.

La crisis económica afectó más a las ciudades que al campo, y empobreció a una mayor proporción de judíos, que, con la intensificación de la discriminación institucionalizada, soportaron una mayor carga impositiva. Las agresiones físicas a judíos por parte de bandas antisemitas aumentaron en 1936.

Política de emigración

En alianza con los sionistas, el gobierno polaco pidió la emigración de los judíos de Polonia a Palestina como solución al «problema judío», al igual que los grupos extremistas antisemitas polacos Nara y los Demócratas Nacionales (Endeks).

En respuesta, un dirigente del Bund declaró que David Ben Gurion, el dirigente judío polaco del Movimiento Sionista Obrero Mundial, Vladimir Jabotinsky, el dirigente judío ucraniano de los Sionistas Revisionistas, e Isaac Grunbaum, el dirigente judío polaco de los Sionistas Generales liberales «estaban de acuerdo con los enemigos de los judíos».

Jabotinsky inició contactos con el régimen posterior a Pilsudski, deseoso de deportar a los judíos y de presionar a Gran Bretaña para que abriera totalmente Palestina a la colonización judía europea. Los revisionistas intentaron en 1936 que la Sociedad de Naciones convocara una conferencia sobre la colonización judía de Palestina, que sería patrocinada por Polonia.

En enero de 1938, los polacos propusieron la conferencia y el objetivo de «ayudar a los judíos a emigrar de aquellos países donde, debido a su gran número, eran una pesada carga para la economía nacional, y ayudar a los judíos a crear un Estado judío, ya fuera en Palestina o en algún otro territorio».

Los sionistas revisionistas aplaudieron la propuesta polaca, mientras que a la Organización Sionista (ZO, por sus siglas en inglés), más tarde Organización Sionista Mundial, le preocupaba que enmarcar el problema como de superpoblación pudiera llevar a la conferencia a recomendar el reasentamiento de judíos en cualquier región escasamente poblada del mundo, no sólo en Palestina.

Esto coincidió con la revuelta anticolonial palestina de 1936-1939, que provocó un importante descenso de la inmigración judía. El hecho de que varias organizaciones judías de la época estuvieran explorando el asentamiento colonial judío europeo en Perú, Madagascar, Angola y la región australiana de Kimberley, alarmó enormemente a la ZO.

Chaim Weizmann, el líder de la ZO con sede en Londres, se reunió con el polaco Beck en septiembre de 1937 y éste le aseguró el apoyo polaco al sionismo. Antes de esta reunión, Beck declaró en junio de 1937 que Palestina no era necesariamente el destino principal para los judíos debido a su incapacidad para absorberlos a todos.

Sin embargo, en una reunión de la Sociedad de Naciones en septiembre de 1937, insistió en que Palestina debía tener «una capacidad máxima de absorción» de colonos judíos (a Polonia le preocupaba que la Comisión Peel británica de 1937, que recomendaba la partición y la creación de un Estado judío, no asignara un territorio suficientemente grande en Palestina para todos los judíos de Polonia).

En mayo de 1938, los revisionistas informaron de que habían convencido a los polacos de que Palestina debía ser el único destino de los judíos emigrantes. El antisemita Gobierno del Campo Polaco de Unidad Nacional, que instigaba los ataques contra los judíos, se mostró rápidamente de acuerdo y declaró que, dado que los «judíos polacos eran un obstáculo para las aspiraciones nacionales polacas», apoyaban un Estado judío en Palestina y que ésta «debía ser reconocida como la principal dirección de la emigración judía».

Una «colonia polaca”

Jabotinsky envió al sionista judío irlandés Robert Briscoe a hacer una propuesta a Beck: «Pídale a Gran Bretaña que le entregue el Mandato de Palestina y lo convierta de hecho en una colonia polaca. Entonces usted podría trasladar a Palestina a todos sus judíos polacos no deseados. Esto supondría un gran alivio a su país, y usted tendría una colonia rica y en crecimiento para ayudar a su economía.»

Beck respondió que los judíos polacos no abandonarían el país voluntariamente y que, si lo hacían de repente, la economía polaca se arruinaría. Briscoe no se dejó disuadir. Mientras tanto, el ejército polaco aceptó entrenar a los revisionistas sionistas antibritánicos para el plan de 1937 de estos últimos para la invasión de Palestina, prevista para 1940. Sin embargo, la alianza de los sionistas polacos con los antisemitas polacos los desacreditó por completo entre los judíos polacos.

No obstante, en 1937, Polonia empezó a instar a la Sociedad de Naciones a que dividiera Palestina y concediera la máxima cantidad de territorio a los colonos judíos. De hecho, el Ministerio de Asuntos Exteriores polaco «estaba ocupado calculando el número de judíos que se podrían meter con calzador en la zona judía» de una Palestina dividida. Polonia incluso «anunció su disposición a asumir el Mandato de Palestina», siguiendo las propuestas de Jabotinsky. A principios de 1938, el representante polaco pidió que el asentamiento judío se ampliara para incluir Cisjordania.

A raíz de la Noche de los Cristales, el representante polaco de la Liga, Titus Komarnicki, declaró que su gobierno iba a seguir los pasos de Alemania y se vería «obligado a tomar medidas legales» para provocar la emigración judía. El gobierno polaco se puso en contacto con dos destacados judíos polacos sionistas para establecer el «Comité para Asuntos de Colonización Judía» con el fin de presionar a Gran Bretaña para que permitiera a los judíos polacos establecerse en Palestina.

Sin embargo, la mayoría de los judíos polacos apoyaron al Bund en las elecciones celebradas entre 1936 y 1939, convirtiéndolo en el mayor partido judío elegido en las principales ciudades, incluida Varsovia. En 1939, el Bund derrotó a los sionistas y obtuvo el 70% de los votos en los distritos judíos. En Varsovia, obtuvieron 17 de los 20 escaños. Los sionistas obtuvieron un escaño. 

No obstante, unos meses antes de la invasión nazi, Menachem Begin había negociado con el capitán Runge, jefe de la Policía de Seguridad de Varsovia, la creación de unidades separadas del ejército judío al mando de oficiales católicos. Begin y sus compañeros revisionistas esperaban que este adiestramiento y la experiencia bélica que adquirirían les resultaran valiosos cuando invadieran Palestina más tarde para derrocar a los británicos. El plan fracasó debido a la vehemente oposición del Bund a la segregación.

En julio de 1941, los soviéticos y el gobierno polaco en el exilio habían acordado permitir que el millón de refugiados polacos dentro de la URSS (400.000 de ellos judíos) reclutaran un ejército polaco subordinado al Ejército Rojo. Se creó un centro de reclutamiento dirigido por el general polaco Wladyslaw Anders. Los judíos constituían entre el 40 y el 60 por ciento de todos los voluntarios, lo que alarmó a los oficiales polacos antisemitas, incluido el general Anders.

En octubre de 1941, se revivió la propuesta de Begin anterior a la guerra de crear unidades judías separadas y se estableció una «Legión Judía» dirigida por el coronel polaco Jan Galadyk. Cuando el ejército polaco evacuó la Unión Soviética a Irán en agosto de 1942, incluía a 6.000 judíos polacos, soldados y civiles. Begin estaba entre ellos.

El ejército polaco, ahora incorporado al Octavo Ejército británico, se dirigió a Bagdad y luego a Jerusalén, antes de regresar a Europa. Durante su estancia en la Palestina ocupada por los británicos en 1943, entre 3000 y 4000 soldados judíos desertaron del ejército polaco y se unieron a los colonos sionistas.

En junio de 1943, cuando el ejército polaco aún estaba en Palestina, la prensa sionista de colonos sacó a la luz una orden secreta emitida por el general Anders en noviembre de 1941 para aplacar a sus oficiales antisemitas sobre el número de judíos en el ejército. La orden declaraba: «Trataremos el problema judío de acuerdo con el tamaño y la independencia de nuestra patria», lo que se entendió como un plan para expulsar a los judíos de Polonia tras la liberación.

Colaboración sionista

Cuando un representante de los judíos polacos le confrontó con la orden, Anders afirmó que era una falsificación. Informó a los colonos sionistas de que había decidido no someter a consejo de guerra a los desertores judíos como gesto de buena voluntad.

La ZO entendió el trato y colaboró con los polacos para encubrir este asunto antisemita. El líder sionista que estuvo de acuerdo con el encubrimiento fue el polaco Grunbaum, que entretanto se había convertido en miembro del Ejecutivo de la Agencia Judía que dirigía los asuntos de los colonos. En cuanto al coronel Galadyk, se embarcó en el entrenamiento de los terroristas revisionistas del Irgún en Palestina en 1943.

Después de que los soviéticos liberaran los campos de concentración al final de la Segunda Guerra Mundial, los supervivientes judíos de la ciudad polaca de Kielce se aventuraron a volver a casa. En julio de 1946, fueron atacados por soldados, policías y civiles polacos nacionalistas que asesinaron a 42 supervivientes del Holocausto e hirieron a 40 más. Sólo la intervención del Ejército Rojo detuvo la matanza. Entre noviembre de 1944 y finales de 1945, 351 judíos polacos fueron asesinados por católicos polacos antisemitas. Después de Kielce, la mayoría de los judíos polacos que habían regresado a sus hogares tras la guerra huyeron del país.

En lugar de asegurar a los judíos polacos supervivientes que volvieran a casa y que el nuevo gobierno polaco, a diferencia de los nacionalistas de derechas, garantizaría su seguridad, el representante polaco del gobierno polaco prosoviético posterior a 1947, Oskar Lange, habló de la necesidad de apoyar la búsqueda sionista de un Estado judío que impidiera a los judíos volver a Polonia.

«Nos interesa el destino del pueblo judío, del que tres millones y medio vivían en nuestro país y eran ciudadanos de nuestra república», declaró Lange, hijo de colonos alemanes protestantes en Polonia. Al señalar que «una parte importante de los judíos de todo el mundo proceden de Polonia», Lange añadió: «Hemos seguido con orgullo la gran labor constructiva de la comunidad judía en Palestina, pues sabemos que una parte importante de esta comunidad está formada por judíos que procedían de Polonia y fueron ciudadanos de la República Polaca».

Polonia fue uno de los primeros Estados en reconocer a Israel. Su papel en la colonización de Palestina y en el apoyo a los sionistas fue, como el de Gran Bretaña y Alemania, significativo. Al igual que los sionistas de los años 30 y 40 no se inmutaron al aliarse con dirigentes polacos antisemitas, Israel y sus funcionarios de hoy siguen haciéndolo, aunque con algunas quejas suaves redactadas de forma diplomática.

En cuanto a los palestinos, la historia antisemita de Polonia de atacar a sus propios ciudadanos judíos y su papel colonial de atacar al pueblo palestino deben ser expuestos como partes del mismo crimen.

Foto de portada: El presidente polaco Andrzej Duda, el presidente alemán Frank-Walter Steinmeier y el presidente israelí Isaac Herzog conmemoran el 80 aniversario del Levantamiento del Gueto de Varsovia en Varsovia, Polonia, el 19 de abril de 2023 (Reuters).

Voces del Mundo

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