La pesadilla iraní de Trump

Chris Hedges, The Chris Hedges Report, 14 mayo 2026

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Chris Hedges es un escritor y periodista independiente que trabajó durante casi dos décadas como corresponsal extranjero para The New York Times, la National Public Radio y otros medios en Latinoamérica, Oriente Medio y los Balcanes. Formó parte del equipo de reporteros de The New York Times que ganó un Premio Pulitzer por su cobertura del terrorismo global. Hedges es miembro del Nation Institute y autor de numerosos libros, entre ellos War is a Force That Gives Us Meaning.

El nuevo atolladero de Estados Unidos en Oriente Medio es como sus otros antiguos atolladeros en la misma región. Se basa, al igual que las guerras de Afganistán e Iraq, en una grave interpretación errónea de nuestros adversarios, en un fracaso catastrófico a la hora de comprender los límites del poder imperial y en la ausencia de una estrategia clara. Aumenta los beneficios de la industria bélica, malgasta miles de millones de fondos públicos, nos aliena de nuestros aliados y erosiona el poder y el prestigio mundial de Estados Unidos.

Los imperios moribundos, gobernados por corruptos e incompetentes, están cegados por el militarismo y la arrogancia. Son incapaces de interpretar el mundo que les rodea. Se adentran a ciegas en callejones sin salida autodestructivos —como hicimos en Iraq, Afganistán y, antes, en Vietnam— donde el aventurerismo militar acelera las heridas autoinfligidas.

La guerra contra Irán es un capítulo más de nuestro precipitado y, en última instancia, fatal declive.

La propuesta de alto el fuego temporal de 10 puntos de Teherán —negociada por mediadores pakistaníes y presentada a EE. UU. 40 días después de que comenzara la guerra contra Irán— equivale a condiciones de rendición. Exige el fin de los ataques estadounidenses e israelíes, incluidos los del Líbano. Pide la retirada de las bases e instalaciones militares estadounidenses de la región. Consolida el control de Irán sobre el estrecho de Ormuz. Se niega a abandonar el enriquecimiento de uranio. Exige el fin de las sanciones y la derogación de las resoluciones contra Irán del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y del Organismo Internacional de Energía Atómica. También exige la liberación de los activos congelados —estimados en 100.000 millones de dólares— y reparaciones por los daños causados por los ataques israelíes y estadounidenses.

Esta es una humillación demasiado amarga como para que Estados Unidos e Israel la acepten.

A las pocas horas de la propuesta iraní, Israel —decidido a sabotear cualquier acuerdo— lanzó un devastador ataque aéreo contra el Líbano. El ataque, que se prolongó durante 10 minutos, incluyó el bombardeo del centro de Beirut. En él participaron 50 aviones de combate y se lanzaron 108 ataques aéreos que dejaron caer alrededor de 160 bombas, matando a 350 personas e hiriendo a otras 1.000. La masacre relámpago, y sin que mediara provocación alguna, conocida como el «Miércoles Negro», es un potente recordatorio de que Israel no tiene intención alguna de permitir que esta guerra termine. Con Estados Unidos sin estar dispuesto a admitir la derrota y la sed de sangre de Israel, nos espera un camino muy difícil.

Irán presentó una propuesta actualizada la semana pasada, que Trump calificó de «totalmente inaceptable».

Pero Irán, con su control absoluto sobre el estrecho de Ormuz, puede permitirse esperar. Cuanto más tiempo mantenga su bloqueo al tráfico marítimo —aproximadamente el 20% del petróleo y el gas natural licuado del mundo pasa por el estrecho de Ormuz—, mayor será el daño económico global que inflija.

No hay ningún resultado positivo para EE. UU.

La obstinación de la administración Trump y la determinación de Israel de reanudar los ataques contra Irán garantizan que la economía mundial se precipite hacia una depresión global.

El Banco Mundial prevé un aumento para este año del 31% en el coste de los fertilizantes nitrogenados que se producen en el Golfo y transitan por el estrecho de Ormuz si la guerra continúa. Esto garantiza un enorme aumento en los precios de los alimentos.

La escasez está ya paralizando la fabricación y la producción a nivel mundial. Las frágiles e interdependientes cadenas de suministro globales se están colapsando.

Este ecosistema económico, como ha demostrado Irán, es fácil de destruir. Será muy difícil recomponerlo.

Irán sufrió golpes devastadores en su infraestructura civil, en su economía —incluidas zonas residenciales, escuelas, centros de salud, comisarías, iglesias y sinagogas, así como en instalaciones energéticas, plantas de desalinización, siderúrgicas y farmacéuticas— y en sus activos militares, entre ellos partes de su Armada, su Fuerza Aérea y sus capacidades de lanzamiento de misiles. Sufrió «ataques de decapitación» contra sus principales líderes políticos y militares al inicio de la guerra, que incluyeron los asesinatos del líder supremo de la Revolución Islámica, el ayatolá Alí Jamenei, el secretario del Consejo de Defensa de Irán, Alí Shamkhani, y el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Irán, Abdolrahim Mousavi, entre otros.

Sin embargo, ninguno de los objetivos de Estados Unidos e Israel se ha logrado.

La nueva dirección iraní —centrada en el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI)— es más desafiante e intransigente que la anterior.

Irán mantiene el control sobre el estrecho de Ormuz. Cobra hasta 2 millones de dólares por cada petrolero que lo atraviesa. Estos aranceles —que Irán introdujo como parte de su demanda de reparaciones de guerra— deben pagarse en moneda china, lo que forma parte de un intento de Irán, China y Rusia por romper la hegemonía del dólar estadounidense. Irán también conserva importantes arsenales de misiles y drones, así como uranio enriquecido, y ha advertido de que aumentará su pureza al 90% si vuelve a ser atacado.

Irán es el claro ganador de la «Operación Furia Épica». Trump es el claro perdedor. El dilema es que la tendencia de Trump a inventarse su propia realidad hace que sea poco probable que reconozca su error y negocie una salida al desastre que él mismo ha provocado.

Trump, sin la aprobación del Congreso, ya ha malgastado al menos 29.000 millones de dólares en la guerra, según el Pentágono, aunque el análisis de Stephen Semler, de Popular Information, sitúa la cifra más cerca de los 72.000 millones de dólares.

El coste humano ya es elevado. Los ataques estadounidenses e israelíes han matado a más de 3.300 civiles iraníes, entre ellos al menos 221 niños. Más de tres millones de iraníes han sido desplazados, junto con más de un millón de libaneses a causa del bombardeo continuo de Israel y la limpieza étnica del sur del Líbano. Al mismo tiempo, hay más de dos millones de palestinos desplazados por el genocidio en Gaza y otros 1.100 asesinados y 40.000 desplazados en la Cisjordania ocupada.

La escasez de combustible y las interrupciones en el suministro están paralizando a países de Asia, con Tailandia enfrentándose a compras motivadas por el pánico y al racionamiento en algunas gasolineras. Vietnam y Corea del Sur se apresuran a asegurar suministros alternativos de crudo y combustible. Japón, que depende del golfo Pérsico para aproximadamente el 95% de sus importaciones de crudo, ha tenido que recurrir dos veces a sus reservas estratégicas desde que comenzó la guerra en febrero.

El aumento del precio del gas licuado de petróleo ha provocado que los precios del combustible para cocinar hayan subido alrededor de un 7% para el uso doméstico en la India, pero se hayan disparado en torno a un 76% en el sector comercial. Esto ha dado lugar a recortes en la producción y a la pérdida de puestos de trabajo en el sector textil y de la confección en la India, así como en Bangladés y Camboya.

Hay escasez de helio, aluminio y nafta, productos que también transitan por el estrecho de Ormuz. Esta escasez ha provocado descensos en la producción incluso entre los fabricantes de microchips, las empresas de construcción y el sector de los envases de plástico. Las acerías de la India y los fabricantes de automóviles de Japón han recortado la producción. Decenas de miles de trabajadores en todo el mundo ya han perdido sus puestos de trabajo.

Las aerolíneas asiáticas, junto con muchas del continente europeo —incluidas las de Alemania, Turquía y Grecia— están cargando combustible adicional en sus aeropuertos, recortando vuelos y aumentando los recargos debido a la duplicación del precio del combustible para aviones. Los Emiratos Árabes Unidos —uno de los Estados más ricos del mundo, con fondos soberanos que suman más de 2 billones de dólares— han solicitado a EE. UU. un «salvavidas financiero en tiempos de guerra» a raíz de los daños causados por misiles en los yacimientos de gas y la interrupción del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz, según el Wall Street Journal.

Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, millones de personas, especialmente en Asia y África, corren el riesgo de caer en la pobreza extrema a causa de la guerra.

Estados Unidos, que es un exportador neto de petróleo y gas natural, se ha visto relativamente aislado de la crisis mundial, aunque los precios de la gasolina han subido alrededor de un 40%, hasta superar los 4,50 dólares por galón. El precio medio del gasóleo en Estados Unidos ha aumentado casi un 50%, superando los 5,60 dólares por galón. Pero es sólo cuestión de tiempo que el colapso de la economía mundial arrase a Estados Unidos.

La administración Trump nos está empujando hacia una depresión mundial con toda la inestabilidad social y política que conlleva una crisis financiera catastrófica.

Trump está desesperado. Lanzando amenazas plagadas de palabrotas contra Irán en las redes sociales, escribe: «Abrid el puto estrecho [de Ormuz], bastardos locos». También publica imágenes generadas por inteligencia artificial que muestran al ejército estadounidense aniquilando al ejército iraní. Ha amenazado con bombardear a los iraníes «hasta devolverlos a la Edad de Piedra, donde pertenecen», y tacha a sus críticos de traidores:

«Cuando noticias falsas dicen que al enemigo iraní le va bien, militarmente, contra nosotros, es prácticamente una TRAICIÓN, ya que es una afirmación tan falsa, e incluso absurda». Declaró en Truth Social: «¡Están ayudando y colaborando con el enemigo!».

Esta diatriba fue seguida de una imagen de un mapa en el que se superponía la bandera de EE. UU. sobre Venezuela. El pie de foto decía: «51.º estado».

Antes de partir hacia China, Trump afirmó: «Tenemos a Irán totalmente bajo control… O llegamos a un acuerdo o los aniquilaremos. De una forma u otra, ganaremos».

Esas diatribas son patéticas y desquiciadas. Pero también son inquietantes.

Estados Unidos está aumentando el número de tropas en la región. Ha desplegado el Grupo Anfibio de Trípoli junto con la 31ª Unidad Expedicionaria de Marines —compuesta por unos 3.500 marineros y marines—, además de aviones de transporte y de combate, así como medios de asalto y tácticos. Ha desplegado el Grupo Anfibio Boxer junto con unos 2.500 marines de la 11.ª Unidad Expedicionaria de Marines, equipados con cazas furtivos F-35B Lightning II, MV-22B Osprey, rotores basculantes y helicópteros de ataque. Estados Unidos también ha enviado alrededor de 2.000 paracaidistas al golfo Pérsico y, según se informa, está considerando reforzar estas fuerzas con 10.000 soldados más.

La reanudación de los bombardeos, junto con un asalto terrestre, aunque fuera limitado, garantizaría una guerra larga y costosa. Cumplirá el objetivo de Israel —que busca bombardear a Irán hasta convertirlo en un Estado fallido—, pero supondrá otro golpe mortal para el imperio estadounidense.

Un asalto terrestre a la isla de Kharg —situada a 16 millas de la costa iraní y que sirve como principal terminal de almacenamiento y exportación de petróleo del país, donde se procesa alrededor del 90% de las exportaciones petroleras del país— provocaría una onda expansiva en la economía mundial. Y si las tropas estadounidenses intentan apoderarse de territorio iraní, Irán desplegará su arsenal de misiles de crucero antibuque, misiles balísticos, drones submarinos y minas, lo que convertiría cualquier ocupación en una misión letal.

Estamos en serios apuros.

La gestión del conflicto supera con creces las capacidades de los bufones de la administración Trump. Prefieren la miseria y la carnicería a nivel mundial antes que la derrota. Para cuando se enfrenten a lo inevitable, habrán dejado a su paso montones de cadáveres.

La tragedia no es que el imperio esté muriendo. La tragedia es que el imperio se esté llevando por delante a tantos inocentes.

Imagen de portada: ¡Porque nosotros lo valemos! (por Mr. Fish).

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