Saif Abu Keshek: Detención israelí, huelga de hambre y asalto a la flotilla de Gaza que desató la indignación mundial

Alice Chapman, The New Arab, 14 mayo 2026

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Alice Chapman es una periodista independiente del Reino Unido que trabaja sobre el terreno en historias humanas. Su objetivo es tender puentes entre la política y la humanidad, informando sobre las voces de quienes se ven más afectados por los conflictos políticos. Alice también fue una de las activistas de la flotilla detenidas por las fuerzas israelíes tras su secuestro en aguas internacionales y su posterior detención ilegal.

«Me esposaron violentamente y me obligaron a tumbarme boca abajo», comienza Saif Abu Keshek, relatando los abusos que sufrió a manos de las fuerzas israelíes tras ser secuestrado de una flotilla con destino a Gaza en aguas internacionales.

Abu Keshek, ciudadano español de origen palestino, formaba parte de decenas de activistas que participaban en la Flotilla Global Sumud (FGS), una misión humanitaria compuesta por 22 embarcaciones y unos 180 activistas que buscaban romper el bloqueo israelí sobre Gaza y entregar ayuda a la población civil del enclave en medio del genocidio que se está produciendo.

El 30 de abril, la flotilla fue interceptada por la armada israelí en aguas internacionales frente a la costa de Grecia.

Abu Keshek y el activista brasileño Thiago Ávila fueron detenidos y llevados a Israel para ser interrogados, mientras el resto de los activistas eran trasladados a la isla griega de Creta y posteriormente liberados.

España, Brasil y las Naciones Unidas exigieron la pronta liberación de los activistas tras la indignación generalizada que provocó su detención.

«Desde su secuestro en aguas internacionales hasta su detención ilegal en total aislamiento y los malos tratos a los que fueron sometidos, las acciones de las autoridades israelíes constituyeron un ataque punitivo contra una misión puramente civil», declaró Adalah, la organización de derechos humanos que representó a los activistas, tras su liberación.

«El uso de la detención y el interrogatorio contra activistas y defensores de los derechos humanos es un intento inaceptable de reprimir la solidaridad mundial con los palestinos de Gaza».

Saif Abu Keshek ondea una bandera palestina tras ser liberado por las autoridades israelíes el 10 de mayo [Getty].

Tanto Abu Keshek como Ávilla fueron liberados y deportados el domingo.

Una multitud de simpatizantes, coreando ¡Viva la flotilla! y ondeando banderas palestinas, lo recibieron en el aeropuerto de El Prat de Barcelona el domingo.

Pero la libertad llegó tras casi dos semanas de lo que Abu Keshek describe como trato violento, aislamiento e intimidación psicológica.

Tortura y resistencia

El activista palestino de la flotilla no tenía intención de navegar hacia Gaza, pero aun así fue secuestrado y mantenido en régimen de aislamiento durante 12 días por las fuerzas israelíes.

«Estuve en aislamiento hasta que me trasladaron a otro barco. Creo que era un submarino. Era enorme, y tuve que subir por unas escaleras de cuerda hasta llegar a la zona superior, donde me tomaron fotos», cuenta Abu Keshek a The New Arab, al recordar la tortura física y emocional, su huelga de hambre silenciosa y su resistencia para seguir luchando por la liberación, incluso en las condiciones más adversas.

Tras pedir que le quitaran las esposas debido a una lesión, la situación se volvió más tensa y Abu Keshek fue esposado cuatro veces.

«Dos esposas en las piernas y dos en los brazos, y me vendaron los ojos», relata.

Le dijeron que estaba allí por «apoyar a los enemigos en tiempos de guerra y tener contacto con agentes extranjeros», explicando que no había sido acusado formalmente, pero que esas eran «las acusaciones de la investigación».

Saif Abu Keshek comparece ante el tribunal en Beersheba, Israel, el 6 de mayo de 2026 [Getty].

Abu Keshek describió múltiples traslados hacia y desde el tribunal, sin la presencia suficiente de un abogado.

«Para mí, este proceso fue como una tortura debido a esas esposas tan apretadas», dijo.

Desde el momento en que Abu Keshek llegó al primer buque de la armada, inició una huelga de hambre junto con otros 61 activistas a bordo.

Tras una semana de aislamiento, intensificó la huelga, dejando de comer, beber agua y hablar.

«La experiencia desde el primer momento iba de dominación. ¿Quién tiene poder sobre ti? Y esto es algo que me repitieron constantemente durante mi detención… recordándome quién tenía poder sobre cuánto tiempo iba a permanecer allí», declaró Abu Keshek a The New Arab.

El activista explicó que, al sentir que el poder de las fuerzas israelíes se hacía más fuerte, vio que era su oportunidad para intensificar pacíficamente cada paso de la huelga.

Primero, dejó de comer; después dejó de hablar; finalmente, dejó de beber agua.

«La huelga de hambre, seca y silenciosa, fue una de las pocas cosas que pude hacer para mantener cierto nivel de control, determinación y resistencia», añadió.

La «campaña de propaganda» de Israel

Como palestino y figura destacada de la Flotilla Global Sumud, Abu Keshek afirmó ser plenamente consciente de que podía convertirse en objetivo de las autoridades israelíes.

Inicialmente, no tenía intención de navegar hasta Gaza, sino que planeaba dejar la flotilla en Turquía antes de que el riesgo de ser interceptado aumentara significativamente.

Según Abu Keshek, las autoridades israelíes ya habían lanzado el año pasado una campaña de propaganda que él describió como «muy intensa» contra el movimiento, intentando vincularlo a él y a la Flotilla Global Sumud con el terrorismo.

Afirmó que las acusaciones de su afiliación a Hamás se convirtieron en una de las principales justificaciones para prolongar su detención.

Abu Keshek rechazó categóricamente estas afirmaciones, calificándolas de «totalmente falsas», y añadió que su propia liberación desmentía las acusaciones.

«El hecho de que esté aquí, vivo y fuera de prisión, es prueba viviente de ello», declaró. «Porque sabemos cómo funciona Israel».

Añadió: «Si alguna de estas acusaciones fuera cierta, no habría vuelto a ver la luz del día. Me interrogaban constantemente sobre la última vez que visité a mi familia en Palestina, aunque fue hace tres o cuatro años».

La implicación de su familia en su detención se extendió mucho más allá de la celda.

Manifestantes en Barcelona, ​​España, se congregaron frente a la sede de la Comisión Europea para protestar contra la detención de Saif Abu Keshek y Thiago Avila por las autoridades israelíes [Getty].

Durante un discurso en una asamblea del FGS en Marmaris, declaró que, mientras estaba en prisión, un dron sobrevolaba la casa de su familia en España, donde reside actualmente.

Abu Keshek declaró a The New Arab que, en lugar de interrogarlo durante su detención, las fuerzas israelíes se centraron mucho más en imponerle sus ideas.

 «Realmente creen en la propaganda que están difundiendo. Es su interpretación de la situación, su percepción de diferentes realidades… para ellos, su visión es la correcta. No hay ocupación… Palestina no existe», explicó Abu Keshek.

«Y es muy difícil, porque uno quiere responder, pero al mismo tiempo quiere mantener la calma y no caer en una discusión que puedan usar en tu contra. No es agradable que te llamen terrorista, que te definan como tal si estás movilizando a la sociedad civil, y esos son tus valores», continuó.

«Crecí en un campo de refugiados en Nablus y vi cómo se llevaban a mi padre de nuestra casa. De niño, me dispararon en la cara mientras lanzaba piedras a las fuerzas israelíes, y todavía tengo la cicatriz en la barbilla. Toda esa experiencia me motivó a luchar por esta causa mayor», comparte con The New Arab.

«Luego tuve tres hijos y quise una vida diferente para ellos. Pero tengo que luchar por su vida. Nadie se la va a dar. Así que cuando tienes que lidiar con todo eso, y luego te sientas en una silla durante horas, escuchando que eres un criminal por querer una vida mejor, eso te golpea, te golpea muy fuerte», reveló Abu Keshek.

El activista comparte que el trato psicológico y físico que recibió en prisión israelí no sólo fue una forma de tortura mental, sino también un intento de debilitar a todo el movimiento.

«Su estrategia era: tomamos a estas dos personas, las quebrantamos, criminalizamos los movimientos y creamos caos», afirmó.

Nápoles también se manifestó para pedir la liberación de Thiago Avila y Saif Abu Keshek [Getty].

El movimiento continúa

Mientras la flotilla se prepara para zarpar de Turquía en la última etapa de su viaje a Gaza en los próximos días, Abu Keshek afirma que continuará su labor en tierra.

Sugiere que la navegación es complementaria a la causa, pero la movilización en tierra es igual de importante.

«Navegar es una de las vías. Como movimiento, utilizamos múltiples estrategias para movilizar huelgas, colaborar con sindicatos civiles y organizarnos políticamente. Así, aprovechamos cada rincón del mundo para ejercer presión política», declaró.

«La única razón por la que estoy aquí hoy es porque estas herramientas funcionan».

Ante la atención mediática que recibe el movimiento durante la próxima etapa de la travesía, Abu Keshek subraya la importancia de mantener el enfoque en Palestina. En referencia a la violencia infligida por las fuerzas israelíes, afirma: «Es fundamental que no nos apropiemos de las experiencias que viven los palestinos… debemos aprovechar cada oportunidad para hablar de lo que sucede en Palestina».

Al seguir dando protagonismo a las voces palestinas en la narrativa de la flotilla, «podemos transformar la violencia y la agresión de los gobiernos sionistas en una de nuestras fortalezas».

Esto no va sólo de Palestina, sino de una lucha que se extiende por todo el mundo, añadió, expresando: «Debemos tener presente que el trabajo de solidaridad que realizamos no es algo pasajero. Es un acto permanente que significa que estamos aquí hoy no sólo para navegar, sino para seguir trabajando juntos el tiempo que sea necesario, no sólo por Palestina, sino por la liberación de toda la humanidad».

Voces del Mundo

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