Chris Hedges, The Chris Hedges Report, 28 mayo 2026
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Chris Hedges es un escritor y periodista independiente que trabajó durante casi dos décadas como corresponsal extranjero para The New York Times, la National Public Radio y otros medios en Latinoamérica, Oriente Medio y los Balcanes. Formó parte del equipo de reporteros de The New York Times que ganó un Premio Pulitzer por su cobertura del terrorismo global. Hedges es miembro del Nation Institute y autor de numerosos libros, entre ellos War is a Force That Gives Us Meaning.
(Esta entrevista está asimismo disponible en plataformas de podcast y Rumble)
Transcripción
Chris Hedges: Durante las guerras de Iraq y Afganistán, el ejército de Estados Unidos, en su afán por cumplir las cuotas de reclutamiento, hizo caso omiso de restricciones anteriores, entre ellas las condenas por delitos graves, la pertenencia a grupos neonazis, las dificultades de aprendizaje, los trastornos psiquiátricos, los problemas de salud mental o incluso los tatuajes racistas. Además, elevó la edad mínima de alistamiento de 35 a 42 años. La incorporación de extremistas de derechas al ejército ha envalentonado y empoderado, por no hablar de entrenado, a estos extremistas cuya ideología de supremacía blanca y guerra racial es abrazada por el actual secretario de Defensa, Pete Hegseth, quien tiene varios símbolos y palabras tatuados en su cuerpo que identifican a los extremistas de derecha. Hegseth también está, al mismo tiempo, expulsando a decenas de miles de mujeres, personas negras y transgénero del ejército.
Estos grupos extremistas cuentan con poderosos aliados en la Administración Trump. La Casa Blanca ha presentado una nueva estrategia antiterrorista que ahora se centrará en los narcoterroristas, los terroristas islámicos y lo que la Administración Trump denomina «extremistas violentos de izquierda». La extrema derecha brilla por su ausencia en esta lista, aunque un informe de 2024 del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales reveló que los extremistas de derechas habían matado a 112 personas en la última década, frente a las 13 personas asesinadas en ataques de izquierda y las 82 en ataques yihadistas.
Al mismo tiempo, la administración Trump ha puesto en el punto de mira a los grupos que vigilan a estos grupos extremistas de derechas, entre ellos el Southern Poverty Law Center, que investiga y documenta los delitos de odio. El Southern Poverty Law Center ha sido acusado de fraude federal por el fiscal general en funciones Todd Blanch, por supuestamente recaudar de forma indebida millones de dólares para pagar en secreto a líderes del Ku Klux Klan y otros grupos de odio a cambio de información privilegiada. El centro fue atacado por la administración Trump el año pasado tras el asesinato de Charlie Kirk por caracterizar al grupo de Kirk, Turning Point USA, en un informe titulado «2024: El año del odio y el extremismo», como un caso de estudio de la extrema derecha en 2024. Los vídeos e imágenes de la irrupción en el Capitolio el 6 de enero por parte de los partidarios de Trump, como los que muestran al veterano de la Fuerza Aérea Larry Brock Jr. dentro de la cámara del Senado, vestido con un chaleco táctico y un casco y empuñando esposas de plástico, así como las detenciones de varias docenas de militares o veteranos estadounidenses por su participación en la incursión, son una señal de que la alianza entre los extremistas de derechas y el ejército tiene consecuencias ominosas a nivel nacional.
Matt Kennard investiga la infiltración de la extrema derecha en el ejército y sus consecuencias en su libro «Irregular Army». Matt es periodista de investigación y cofundador de Declassified UK, un medio de comunicación que cubre temas de seguridad nacional británica. Trabajó como redactor en el Financial Times. También es autor de «The Racket», que documenta cómo Estados Unidos manipula la economía global en beneficio de su élite.
Matt, en el libro entrevistas a varios de estos veteranos neonazis de extrema derecha. Quiero empezar preguntándote por uno de los aspectos más fascinantes que encontré en esas entrevistas: su sensación de traición, su sensación de abandono.
Matt Kennard: Sí, pero muchos de los que fueron enviados a Iraq y Afganistán no creían en la guerra contra el terrorismo. Esa fue una de las conclusiones interesantes de todas esas entrevistas, porque al principio pensaba: bueno, se trata de una ideología marcial y es un país lleno de gente de piel morena, así que, si envías allí a racistas, querrán ir a matar gente. Por supuesto, muchos mataron a gente. Pero muchos de ellos dijeron que la razón por la que se alistaron y se fueron a Oriente Medio fue porque querían recibir entrenamiento a costa del contribuyente estadounidense y traer ese entrenamiento de vuelta a Estados Unidos para lo que ellos llaman RaHoWa, que es la Guerra Santa Racial, que es esa idea de que Estados Unidos caerá en una guerra civil con todas las razas enfrentadas entre sí, que terminará con un régimen supremacista blanco en Washington.
Ha habido muchos casos de veteranos que, de hecho, planearon y llevaron a cabo atentados en el país y que habían sido entrenados en Iraq y Afganistán. Fue una experiencia que me abrió mucho los ojos. También es interesante lo abiertos que eran sobre sus experiencias, porque lo normal sería pensar que querrían mantenerlo en secreto, pero lo que contaban era que no sólo eran bienvenidos, sino que los ascendían por su ideología, especialmente en el caso de Iraq.
Forrest Fogarty, uno de los neonazis a los que entrevisté —fui a Tampa, Florida, para entrevistarlo y, de hecho, acabé yendo al zoo con él y sus hijos—, pero él me contaba que su comandante le decía: «Me gusta que seas nazi». Y dijo que lo enviaba a las misiones más difíciles y que le gustaba el hecho de que le viera como un guerrero. Ahora bien, obviamente, eso es lo que él dice. No puedo afirmar que sea cierto, pero esa fue la experiencia que me transmitieron muchos de los veteranos neonazis con los que hablé: que eran bienvenidos y tratados de una manera que era como: «Bueno, chicos, me alegro de teneros aquí».
Así que es algo enormemente, enormemente preocupante para todos los estadounidenses, porque hay que recordar que ahora hay dos millones de veteranos de la guerra contra el terrorismo en Estados Unidos. Y eso incluye a miles de estos supremacistas blancos neonazis, a decenas de miles de miembros de bandas, que es otro grupo al que la Guerra contra el Terror le dio un nuevo sentido. Y no vuelven a casa para hacerse sacerdotes. Vuelven a casa para llevar a cabo sus convicciones ideológicas en forma de «guerra santa racial» o, en el caso de las bandas, para utilizar sus recursos y su entrenamiento para matar a miembros de otras bandas y así ayudar al régimen del narcotráfico. Y la cuestión es que todo esto está bullendo bajo la superficie. Así que no es habitual que salga a la luz. Por supuesto que sale a la luz en ciertos momentos, como en 1995 con Timothy McVeigh y el atentado de Oklahoma City. Ese fue un ataque muy, muy grave que cambió completamente, en muchos sentidos, a EE. UU. Él era uno de los veteranos de la primera guerra del Golfo.
Pero no se ha producido ningún ataque de esa magnitud por parte de uno de estos veteranos. Sin embargo, a un nivel menor, si se analizan las noticias locales de los periódicos estadounidenses, se observa que constantemente se producen actividades delictivas en las que están involucrados la comunidad de veteranos, neonazis, supremacistas blancos que prestaron servicio, miembros de bandas y delincuentes que ingresaron a través de lo que se denominó el Programa de Exención Moral, que permitía alistarse a delincuentes y personas culpables de delitos graves, que anteriormente no habrían podido hacerlo. Así que es un problema grave en Estados Unidos, pero si leyeras los medios de comunicación, no lo averiguarías.
El otro punto importante, y con esto termino, es que en cierto modo estamos al tanto de lo que ocurre en Estados Unidos porque los medios lo cubren a nivel local y por las fuerzas del orden. En Estados Unidos no puedes salir impune matando gente y planeando atentados terroristas. Pero ¿qué estaban haciendo en Iraq y Afganistán? No sabemos gran parte de lo que hacían porque casi todas las atrocidades cometidas en Iraq y Afganistán por el ejército estadounidense fueron negadas y encubiertas hasta que llegó un punto en el que el ejército ya no pudo seguir haciéndolo, y esa es su ética. Quiero decir, recuerdo que en el libro hacemos referencia a un artículo que escribiste con Laila Al-Arian sobre la conducta de las tropas estadounidenses y sobre lo despreocupados que eran a la hora de disparar a civiles y a cualquiera que se encontrara allí.
Y hubo un caso concreto que permite vincular esta política con las atrocidades que se cometieron. En 2006 tuvo lugar una infame masacre conocida como la Masacre de Mahmudiyah, en la que un grupo de soldados estadounidenses se dirigió a una casa al sur de Bagdad, separó a una niña de 14 años de su familia, mató al padre y a las hermanas, entró en la otra habitación, la violaron todos, la mataron y luego incendiaron toda la casa. Este fue un crimen que se encubrió. Los soldados dijeron que había sido obra de insurgentes, y que por eso habían incendiado la casa. Esa fue una mentira que el ejército estadounidense aceptó durante un tiempo, hasta que un soldado que tuvo una crisis de conciencia reveló lo que realmente había sucedido. ¿Y quién fue el líder de esa masacre? Un tipo llamado Steven D. Green, que había ingresado en el ejército estadounidense durante la guerra contra el terrorismo a través del Programa de Exención Moral. Tenía condenas por cosas que anteriormente no le habrían permitido alistarse.
Eso es sólo una muestra del impacto que esto tuvo en la población ocupada. Es un problema en dos frentes. Y, además, como mencionaste en tu introducción, gran parte de la investigación que estaba haciendo era sobre estos soldados que se alistaban con esvásticas, la cruz de las SS y otras cosas. Ahora nos encontramos con una situación en la que está institucionalizado. Has mencionado a Pete Hegseth. Se trata de un tipo que tiene una cruz de Jerusalén tatuada en el pecho, que es una imagen neocrusada. Tiene la palabra «kafir» tatuada en el brazo en árabe, lo cual es toda una declaración de que él ve al islam como una amenaza.
Chris Hedges: ¿Es «kafir» o «kafar»? «Kafar» es la palabra que significa «infiel». ¿Es «kafir» o «kafar»?
Matt Kennard: Bueno, quizá lo haya pronunciado mal. Sí, es «kafir». Es el término árabe para eso.
Chris Hedges: Es «infiel». Es la palabra árabe para infiel,
Matt Kennard: Por tanto, está diciendo con orgullo: «Soy un infiel». Y luego ves cómo habla del ataque a Irán en términos cruzados. Así que es como si hubiéramos cerrado el círculo: estas personas a las que intentábamos desenmascarar por lo que estaba ocurriendo durante la Guerra contra el Terror y que el ejército estadounidense intentaba silenciar se han institucionalizado. Y uno de los líderes es un soldado y veterano, porque, obviamente, Hegseth sirvió en Iraq y Afganistán. Curiosamente, también se ha informado de que en 2021 no se le permitió ni siquiera prestar servicio en la toma de posesión de Joe Biden porque uno de sus compañeros de armas señaló los tatuajes extremistas que tiene.
Así pues, cuando se habla del ejército más poderoso de la historia del mundo, que está dirigido por este extremista que, como has dicho, básicamente está anunciando que hay total impunidad para los neonazis y los supremacistas blancos, es enormemente preocupante para el mundo y la población estadounidense porque estas personas no sirven a la Constitución de los Estados Unidos. No están ahí por ninguna otra razón que no sea recibir entrenamiento para iniciar su propia guerra de vuelta en Estados Unidos. Y Hegseth dijo en su audiencia de confirmación: «No vamos a centrarnos ahora en las actividades extremistas porque se trata de una caza de brujas política por parte de los liberales», lo cual es una luz verde para decir: «Alístate. Ahora eres bienvenido en el ejército estadounidense». Además, obviamente, dijo: «No vamos a hacer caso a esas estúpidas reglas de combate», lo cual, de nuevo, es un mensaje dirigido a sus soldados para decirles: «Podéis cometer crímenes de guerra con impunidad».
Pero el objetivo del libro, creo, es mostrar cómo la guerra contra el terrorismo condujo a Trump. Los demócratas y los llamados republicanos «moderados» presentan a Trump como un caso totalmente atípico. Pero las condiciones para Trump se crearon todas durante la guerra contra el terrorismo. Así pues, el desmantelamiento total del ejército estadounidense y sus reglamentos es una parte de eso, lo que se denominó la «Presidencia Imperial», que fue instaurada por Dick Cheney cuando concentró tanto poder en el ejecutivo. Todas estas son cosas que ya estaban en marcha y de las que Trump se ha aprovechado. Fíjate en lo que está haciendo Trump ahora. Desde el Reino Unido, a veces miro a Estados Unidos y es fácil olvidar que el país tiene siquiera un poder legislativo, porque si nos fijamos en los ataques contra Venezuela o Irán, ni siquiera se habla de que deban someterse a votación. Apenas se oye hablar del poder legislativo y eso es también consecuencia de la guerra contra el terror, además de todos los poderes represivos que quedaron consagrados en la Ley Patriot y en muchas otras leyes. Así que es una historia de la que, en mi opinión, la gente no habla lo suficiente. Trump no está vinculado a la Guerra contra el Terror.
Por supuesto, también existe el precedente histórico del auge del fascismo tras una gran guerra. El fascismo surgió realmente a principios del siglo XX, tras la Primera Guerra Mundial, en Italia. Y Mussolini se aprovechó de una enorme reserva de soldados descontentos y desilusionados. Y gran parte de sus tropas de a pie procedían de esas filas. Italia ganó la Primera Guerra Mundial, pero no obtuvo ganancias territoriales, o al menos no las que sus soldados habían luchado por conseguir, las que sus sacrificios deberían haber generado. Y él se aprovechó enormemente de eso.
Lo mismo ocurrió más tarde con Hitler. Hitler, un veterano de la Primera Guerra Mundial, se valió —como es bien sabido ahora— de la acción punitiva del Tratado de Versalles, la humillación de Alemania y de todo ese contingente de soldados descontentos con la Primera Guerra Mundial para convertirlos realmente en los soldados de a pie del auge del nazismo. Y creo que hay un paralelismo con Trump, porque Trump está utilizando gran parte de la ideología y gran parte del personal de la Guerra contra el Terror, las tropas descontentas, quiero decir, si nos fijamos en su discurso de cuando fue elegido por primera vez y que sigue manteniendo, dice: «No vamos a dedicarnos a la construcción de naciones. No vamos a malgastar todo este dinero en guerras en el extranjero». Por supuesto, todo eso era una tontería y lo sabemos, pero utilizó ese discurso para llegar al poder.
Y, por supuesto, la guerra contra el terrorismo fue un desastre bipartidista y un delito bipartidista. Los demócratas fueron tan culpables como los republicanos. Llevaron a cabo todas las políticas de Bush y, además, las apoyaron cuando él estaba en la Casa Blanca. Eso crea las condiciones para que un demagogo, alguien de fuera, diga: «Bueno, mirad, Washington es corrupto y representa una farsa, y yo voy a llegar y lo voy a arreglar todo». «Drenar el pantano», como él dijo. Así que creo que realmente necesitamos entender el momento actual en Estados Unidos desde el punto de vista de la guerra contra el terrorismo y lo que le hizo a la sociedad estadounidense. Y una ventana muy, muy clara a eso es el ejército estadounidense, porque el ejército estadounidense es probablemente la institución más importante de Estados Unidos. La mitad del presupuesto del Congreso se destina a él. Según algunas estimaciones, 1,4 billones al año. Es alabado por todos los bandos políticos. Y si se produce este tipo de degradación de las fuerzas de combate, es imposible que eso no se filtre a la sociedad en general, y así ha sido, lo cual es extremadamente, extremadamente preocupante para los estadounidenses.
Chris Hedges: Háblanos de ese descontento. Has pasado mucho tiempo con esta gente, danos una especie de perfil psicológico de estos extremistas.
Matt Kennard: Por cierto, no va sólo de extremistas. Una parte importante de esta historia y de esta mezcla tóxica que se ha ido desarrollando durante la guerra contra el terrorismo se debe al trastorno de estrés postraumático, que padecen muchísimos soldados y veteranos estadounidenses. Creo que, según algunas estimaciones, ronda el 30%. En el Reino Unido, eran un 4-5%. Y no reciben tratamiento. Así que estos soldados se enfrentan a una extraña disonancia cognitiva, porque leen los medios de comunicación. Miran a sus políticos y estos siempre hablan de lo maravillosos que son defendiendo nuestra libertad. «Son lo mejor de Estados Unidos» y bla, bla, bla. Así que se les ensalza como héroes y, cuando vuelven, se les trata prácticamente como basura. No se les da el tratamiento que necesitan. Se les envía de nuevo al combate porque, cuando no podían reclutar suficientes tropas, no se limitaban a eliminar regulaciones, sino que también alargaban los periodos de servicio y acortaban el tiempo entre ellos, y eso no se puede hacer.
La razón por la que tienen ese sistema y las medidas que tomaron fue porque no se puede hacer eso sin destrozar la mente de los soldados. Muchísimos soldados quedaron destrozados por eso. Y luego les daban medicamentos recetados para intentar mantenerlos en un estado en el que pudieran seguir luchando. Así que hay un enorme descontento. Y los soldados dicen: «Bueno, si he hecho todo eso… Si me alaban como un héroe, ¿por qué me tratan como basura? ¿Por qué no tengo hogar? ¿Por qué no puedo recibir tratamiento para el TEPT?». Y, de nuevo, muchos de ellos se volcaron con Trump porque su retórica era atractiva. Él decía: «El consenso corrupto de Washington no ha cuidado de nuestras tropas, bla, bla, bla». Así que, una vez más, el hecho de que la administración Trump no haya hecho nada por ellos —de hecho, probablemente haya empeorado las cosas— se ha sumado a todo esto. Y creo que veremos cómo se desarrolla esto en Estados Unidos durante las próximas décadas, porque esto no es… He mencionado a Timothy McVeigh; obviamente, era un veterano de la primera guerra del Golfo, que duró cinco años. Pero estamos hablando de muchos, muchos más soldados con su tipo de ideología que prestaron servicio. Y, de hecho, el FBI ha frustrado un montón de atentados diferentes planeados por veteranos neonazis y militares en servicio activo. Y basta con que una de esas investigaciones o uno de esos complots no se descubra para que estemos hablando de decenas o cientos de estadounidenses muertos. Así que esto es algo que vamos a ver desarrollarse y de lo que no quieren hablar. Este encubrimiento masivo ha estado ocurriendo desde el principio.
Los medios de comunicación apenas lo cubrieron porque contradecía la narrativa de cuento de hadas de la guerra contra el terrorismo, ya que no se puede decir realmente que se está llevando la democracia y la libertad a algún lugar si se envía a neonazis a hacerlo. Pero la otra cuestión es que las propias instituciones intentaban encubrirlo. Por ello, los denunciantes fueron la única forma en que conseguimos información al respecto. Y entrevisté a un denunciante llamado Jeffrey Stoleson que se alistó y sirvió en Iraq. Estas fotos están en el libro. Tomó fotos de todos los grafitis de las bandas que había —Sir 13, Crips, Bloods— por todas las paredes de protección alrededor de Bagdad y otras ciudades de Iraq. El trato que recibió por parte del ejército estadounidense es, en realidad, revelador. Es como si lo hubieran perseguido de hecho, le hubieran arruinado la vida y, al final, se viera obligado a abandonar el ejército. Y eso se debe a que querían encubrirlo todo. No se utilizó su información porque no querían resolver el problema, porque no podían frenar el ritmo. Se trata de un encubrimiento a gran escala que, tarde o temprano, saldrá a la luz.
Y el otro punto es, de nuevo, hablar de por qué no llega a los medios dominantes. Nuestro discurso es básicamente un discurso bipartidista, ¿verdad? Así que, si este libro hubiera presentado esto como un fenómeno exclusivamente de la administración Bush y que no tenía nada que ver con Obama, entonces los medios alineados con los demócratas lo habrían respaldado, y les habría dado una buena herramienta ideológica para golpear a sus enemigos. Pero no fue así. Obama continuó con todas las mismas políticas. Siguió sin hacer cumplir las regulaciones y cosas por el estilo. Esto es algo de lo que todo Washington es responsable.
Chris Hedges: ¿Puedes describir cuál es la ideología de estos neonazis? Explícanos su visión de la guerra racial y lo que creen que está sucediendo en Estados Unidos.
Matt Kennard: Sí, el movimiento de la supremacía blanca tiene muchos grupos y elementos diferentes. Y antes de continuar, diré que esta fue una tendencia que también se produjo tras la guerra de Vietnam. Se observó un aumento masivo de la actividad paramilitar y de la actividad de la supremacía blanca tras la guerra de Vietnam por las razones que he esbozado anteriormente. Esas tropas desilusionadas regresaron de una guerra por la que habían hecho grandes sacrificios y recibieron un trato horrible. Perdieron la guerra. Así que hay muchos elementos diferentes, desde el Ku Klux Klan, que afirma preferir los métodos democráticos, hasta grupos neonazis, que quieren un régimen neonazi en Washington, pasando por posibles terroristas «lobos solitarios» que actúan por todo Estados Unidos. Y entrevisté a un par de individuos que se autodenominaban «lobos solitarios», supremacistas blancos, uno de los cuales está ahora en prisión porque estaba planeando un atentado. Y sí, básicamente se trata de intentar derrocar al gobierno. ¿Y cómo lo hacemos? Se llama «aceleracionismo». Cometes un atentado, creas una crisis y, en esa crisis, puedes dividir a la población blanca y decir: «Tenemos que derrocar a todo el Gobierno. No estamos protegidos. El Gobierno quiere matarnos». Existe una cultura muy paranoica según la cual el Gobierno central quiere matar a todo el mundo y mantenerlo oprimido.
Y eso es básicamente todo. Cuando hablaba con los neonazis…, quiero decir que eso es lo que son. Suscriben la ideología de Hitler, que es que los judíos dirigen el mundo. Suscriben algo llamado ZOG, (siglas en inglés de Gobierno de Ocupación Sionista), según el cual los judíos dirigen todo el gobierno. Sienten la misma animadversión hacia los negros. Así que, cuando estaba entrevistando a Forrest Fogarty, el veterano, en ese bar de Tampa, él estaba sentado frente a mí y nos tomábamos una cerveza, y no paraba de despotricar contra los judíos y los negros. Y la cosa se puso bastante tensa porque yo parecía su amigo y él no paraba de hablar de lo a menudo que se mete en peleas. Así que le dije: «Vale, bueno, mejor bajemos un poco el tono o bajemos el volumen». Pero a esos tipos no les da ninguna vergüenza.
Y es bastante interesante porque los fascistas más astutos ocultan las partes más extremas de su ideología o se presentan como algo más aceptables para la mayoría, mientras que estos tipos no lo hacen. Se ven a sí mismos como luchadores callejeros. Él era miembro de una banda llamada Hammerskin Nation, que según la ADL es el grupo skinhead más violento de Estados Unidos. Y, de nuevo, decía que tenía compañeros que servían en el ejército estadounidense. Y por eso digo que están vinculados al ejército estadounidense. Por tanto, si tienes una agenda aceleracionista en la que quieres derrocar al Gobierno de EE. UU., pero necesitas crear las condiciones para una guerra racial y lo haces mediante atentados terroristas, necesitas entrenamiento. Tienes que ser capaz de librar esa guerra que presagia la guerra mayor. Así que tiene todo el sentido del mundo que vean al ejército estadounidense como un buen lugar al que acudir. Y por eso existen o han existido regulaciones. Y por eso es tan criminal que el Gobierno de EE. UU. y la administración Bush y la siguiente y la posterior administración de Obama les facilitara mucho las cosas. Ya lo verás, como te digo. Así que esta gente quiere un… Es decir, hablamos del Holocausto y ellos piensan que fue algo bueno y que eso es lo que tenemos que hacer. Necesitamos campos de concentración en Estados Unidos. Ese tipo de cosas son lo más extremo que se puede llegar a decir, la verdad.
Chris Hedges: ¿Crees que esto describe la visión del mundo de Hegseth?
Matt Kennard: No lo sé, en privado podría ser. Quiero decir, públicamente, como he dicho, es una de esas personas que sabe presentar su ideología con más astucia. Creo que cree en el Fin de los Tiempos. Quiero decir, es un nacionalista cristiano, ¿no? Cree en toda esa idea del Armagedón del Fin de los Tiempos, de que habrá una conflagración de enormes proporciones en Oriente Medio y entonces los cristianos serán arrebatados al cielo con Jesucristo o Jesucristo bajará. Así que creo que eso es un motor, quizá el principal motor de su política. Y sólo hay que escucharlo para verlo claro.
Y, obviamente, eso está vinculado al racismo. Y, como dices, de hecho, según algunos analistas, ha purgado el Pentágono y no ha dicho explícitamente que esté purgando a personas negras, pero da la casualidad de que son principalmente personas negras las que han sido purgadas del Pentágono. Así que creo que, sí, él es partidario de esto y es, literalmente, uno de los soldados con los que hablaba en pleno apogeo de la guerra contra el terror, sobre lo que intentábamos dar la voz de alarma, y ahora tiene todo bajo su control. Así que da miedo, muchísimo miedo.
Es interesante. Quiero decir, obviamente tiene otros antecedentes también. Fue acusado de violación, ¿no? Y pagó a la denunciante para que callara. Hubo un reportaje en The New Yorker en el que se decía que, en un momento de su carrera, encabezó consignas del tipo «Muerte a todos los musulmanes». Así que las pruebas están ahí. Y no entiendo cómo los medios de comunicación estadounidenses, la cultura política y Washington no están más alarmados por esto, porque si tienes a alguien así en la cima, eso se extiende por toda la institución y es bastante difícil revertirlo después.
Y no sé si Trump está de acuerdo con todo esto. Obviamente, Hegseth es para él una jugada para la base, supongo, porque tiene esa base evangélica cristiana que probablemente piensa que Hegseth es genial. Pero lo otro sobre Hegseth es, de nuevo, que era otro más. Hizo todos esos discursos sobre «Vamos a dejar de construir naciones y vamos a dejar de ir al extranjero y librar guerras inútiles». Y luego, una vez en el poder, no ha dejado de alabar lo genial que es, diciendo: «Vamos a ir a todas partes. Tenemos un ejército dinámico que se ha quitado los guantes y vamos a destruir a cualquiera que se nos oponga». Y luego, por supuesto, se envió a las fuerzas especiales, la Fuerza Delta, a Venezuela para secuestrar al presidente. Así que es difícil saber si cree en algo o si simplemente se deja llevar por las diversas fuerzas dentro de la administración Trump. No lo sé, pero es un personaje extremadamente peligroso y si no es un neonazi está muy cerca de serlo.
Es que resulta difícil exagerar la gravedad de la situación porque, como digo, cuando tienes un ejército con este poder y este alcance global —ya sabes, los grupos de combate de portaaviones—, tienes 800 bases repartidas por todo el mundo, estás bombardeando todos esos lugares sin ningún tipo de supervisión del Congreso. ¿Cómo va a acabar esto? ¿Cómo va a acabar?
Lo único bueno para el mundo es que son tremendamente incompetentes. Por ejemplo, Hegseth es realmente bastante estúpido. No le confiaría ni que me hiciera un sándwich. Y, por lo tanto, no hacen muy bien lo que hacen. Así que enviaron a las fuerzas especiales a por Maduro, pero el Gobierno de Venezuela sigue en pie. Irán ha sido un desastre total, quizá el mayor desastre de política exterior en generaciones. No saben lo que hacen. Sólo saben destrozar cosas y no tienen ninguna estrategia. Eso es una ventaja.
Y creo que es una señal —y sé que has escrito mucho sobre esto—, pero es una señal de la aceleración del Imperio estadounidense porque ha terminado en esta fase decadente en la que no tiene estrategia. Es simplemente arrogante y sabe que tiene poder. Y este poder militar eclipsa a todos los demás y lo van a utilizar, pero no tienen una estrategia sobre cómo utilizarlo. No tienen una estrategia sobre cómo ganar.
Y, de hecho, ese es un problema que viene de lejos para el ejército estadounidense, quizá desde 1945. ¿Han ganado alguna guerra desde 1945? No estoy seguro. Y eso es un poco diferente a lo que ocurría con los británicos, que obviamente eran la superpotencia anterior. Fuimos despiadados en muchos, muchos lugares del mundo, pero nos convertimos en expertos en la lucha contra la insurgencia y en sofocar movimientos de liberación, y podíamos haber estabilizado sociedades. Y tuvimos siglos para perfeccionar esas habilidades. Pero los estadounidenses no parecen capaces de hacerlo. No pueden estabilizar, no pueden… Quiero decir, el otro problema para los estadounidenses, Hegseth y Trump, es que resulta bastante difícil saber siquiera cuál es el objetivo declarado de la guerra con Irán. Cambia cada semana. Una semana se trata de un cambio de régimen, luego del petróleo o de abrir el estrecho de Ormuz. No creo que mucha gente entienda siquiera qué era eso. Quizá ni la propia administración Trump lo entienda. Es enormemente preocupante.
Y, de nuevo, esta idea evangélica cristiana del Armagedón está muy vinculada a Israel, que este se aprovecha de ella porque, aunque el rapto significaría que los judíos morirían si no se convierten al cristianismo, utilizan esa base evangélica cristiana porque la gran conflagración les beneficia. Y están presentando a Irán como una guerra santa ante la administración Trump, y eso alimenta a toda esa gente. Quiero decir, recientemente se publicó en el New York Times que Netanyahu vino a Washington antes del ataque a Irán e hizo una presentación en PowerPoint ante altos cargos de la administración Trump y, básicamente, dijo: «Tenemos que hacer esto. Tenemos que hacer aquello». Y Trump respondió: «De acuerdo, lo apoyo». Así que creo que el vínculo entre los cristianos evangélicos y el sionismo, y los aspectos mesiánicos de ambos, son evidentes, y Hegseth es simplemente un sionista ferviente. Sí, es una pesadilla. Es alguien que realmente podría hacer estallar el mundo entero.
Chris Hedges: Y, sin embargo, se observa una escisión dentro del movimiento MAGA, gente como Tucker Carlson, Nick Fuentes, una especie de admirador declarado de Hitler. ¿Es esto el germen de un movimiento aún más extremista dentro del cuerpo político?
Matt Kennard: Creo que sí, y creo que está ocurriendo en todas partes. Aunque es una progresión natural. Si tienes un centro corrupto, podrido y en descomposición, como el que hay en Estados Unidos, que son los demócratas y los republicanos, la gente busca movimientos y partidos fuera de eso, ¿no? Y la izquierda parece no estar en ninguna parte, organizativamente hablando. Así que la derecha saca partido de ello. En el caso del Reino Unido, es Reform, y en el caso de Estados Unidos, es Trump.
Pero sus políticas no van a resolver ninguno de los problemas que dicen querer resolver. Todo gira en torno a los mexicanos o los musulmanes. En el caso de la reforma en el Reino Unido, se trata únicamente de detener las pequeñas embarcaciones que cruzan el Canal de la Mancha. Aunque hicieran todo eso, no cambiaría nada, porque hay que enfrentarse a los intereses arraigados en esos países, que son las grandes empresas y el uno por cien. Así que, cuando llegan al poder, nada mejora, aunque se les haya prometido que todo se resolvería con eso. Además, en el caso del Reino Unido, estaba el Brexit. Se montó todo un debate en torno a que, si conseguíamos recuperar el control de la UE, todo iría bien. Nada de eso ocurrió. Entonces, ¿a dónde va la gente que está sufriendo, que está desorientada, que no sabe, que realmente no entiende dónde está el poder porque se le alimenta con toda la propaganda de los medios de comunicación? Tienes que irte a posiciones más extremas porque entonces estás diciendo: «Bueno, no están haciéndolo como debería hacerse».
Y aquí tenemos a alguien llamado Tommy Robinson, que es más extremista que Nigel Farage. Y cuando Nigel Farage, que probablemente va a ser el próximo primer ministro, llegue al poder y las cosas no mejoren, aunque esté deteniendo por completo la inmigración, haciendo que los refugiados vivan en la calle… y aplicando todas esas políticas horribles. entonces se pasarán a alguien como Tommy Robinson. Y en el caso de Donald Trump, pasa lo mismo. Ha traicionado por completo a su base electoral.
Y gran parte de las críticas que le acusan de limitarse a cumplir las órdenes de Israel son ciertas. De modo que la verdadera derecha antisemita puede sacar partido del hecho de que gran parte de la política exterior de Donald Trump en Oriente Medio se lleva a cabo, al menos, a instancias de Netanyahu. Y eso es tremendamente preocupante. Ya mencioné el paralelismo: la cultura política que tenemos ahora es similar a la de la época de Mussolini y Hitler. No creo que sea exagerado comparar nuestra época actual con la década de 1930. Estamos al principio de todo esto y puede que no termine con campos de concentración y cámaras de gas, pero podría acabar en un fascismo más al estilo de Mussolini, que no es tan diferente de Trump. Quiero decir, todo eso de «Make America Great» es retórica de la Italia fascista. El desprecio retórico total por la libertad de prensa, por la Constitución, por el Congreso, todo se está desviando en una sola dirección.
Y, como digo, se va a volver más extremo. No quiero parecer un teórico de la conspiración, pero obviamente el incendio del Reichstag ocurrió en 1933, ¿verdad? Esto fue en la Alemania nazi, y Hitler lo utilizó para aprobar las leyes habilitadoras, que le permitieron básicamente desmantelar la democracia. Da la sensación de que, si se produjera un atentado grave en Estados Unidos, el fervor que hubo —y lo vimos un poco con Charlie Kirk y la retórica de Stephen Miller y de quienes decían: «Vamos a destruir a la ‘gente de la oscuridad’», como él los llamaba— podría… Creo que todo está listo para que él desmantele por completo la democracia estadounidense. Y luego está también la cuestión de qué pasará al final de su mandato. ¿Se irá? La última vez apenas se fue. La última vez no se fue por voluntad propia. No lo sé. Creo que hay tantas normas, tantas suposiciones en las que creíamos sobre Estados Unidos, las garantías, la Constitución, el equilibrio de poderes y los controles y contrapesos, que todo está en el aire y, de hecho, se ha demostrado que es sólo aire. Los Padres Fundadores no contaban con alguien como Trump. Y como dices, y mencionaste en la pregunta, podríamos tener a alguien peor o incluso más extremo que Trump. Y me refiero a ese tipo de persona neonazi extrema.
Chris Hedges: Voy a preguntarte sobre el ICE, la creación del ICE. A menudo reclutan a estos veteranos marginados, así como a grupos de extrema derecha como los Proud Boys. ¿Cómo encajan ellos en la ecuación?
Matt Kennard: Sí, como has mencionado, tienen a menudo un porcentaje enorme de veteranos. Y es la misma cultura. Al ICE se le ha concedido impunidad de la misma manera. Los hemos visto asesinar a gente y salirse con la suya. Y, de nuevo, viene de arriba. Gente como Stephen Miller dijo: «No vamos a hacer nada con respecto a estas personas», por lo que están enviando un mensaje a estas instituciones y a la gente que las integra: podéis actuar con impunidad y podéis matar a gente, a estadounidenses, con total impunidad. Así que se trata de una dinámica similar. Esta idea ha prevalecido durante mucho tiempo en la política exterior estadounidense, desde los tiempos de Corea y Vietnam. Está ese libro de Nick Turse titulado «Kill Everything That Moves» (Mata todo lo que se mueva). Y si lees ese libro, entiendes que la masacre de My Lai era algo habitual. Ocurría cada semana, quizá no todos los días, pero cada semana había masacres de esa magnitud.
Pero ese tipo de impunidad no ha vuelto la actuación policial contra la población estadounidense a gran escala. Obviamente, hubo gente asesinada en Kent State y otros lugares, pero ha sido algo esporádico. Mientras que ahora parece que se están creando fuerzas que tienen la misma ideología marcial y la misma impunidad para actuar contra los estadounidenses, lo cual es, de nuevo, otra gran señal de alarma sobre el fascismo, porque si nos fijamos en Hitler, la Alemania nazi y Mussolini, la Italia de Mussolini, sabemos del Holocausto y los ataques contra los judíos, pero lo que no entendemos, lo que no recordamos tan bien, es cómo ambas ideologías se basaban en la destrucción de la izquierda. Y ese fue su objetivo principal. La violencia de Mussolini y la de sus seguidores se dirigía contra los periódicos de izquierda y los sindicatos. Simplemente entraban, golpeaban a la gente y cerraban los periódicos. Y creo que estamos ante una fuerza policial politizada que considera a la izquierda como su enemigo.
Y ya se vio eso incluso con la defensa de las personas asesinadas por el ICE. La derecha decía: «Bueno, son escoria, una especie de marginados, unos sentimentalones». Básicamente, los marginaban hasta el punto de hacer aceptable que se pueda matar a estadounidenses por su ideología política, siempre y cuando sean de izquierdas, claro. Hay de nuevo paralelismos, aunque sí, es un fascismo incipiente. También, de nuevo, está vinculado a Israel, por los ataques a la libertad de expresión. Si miras lo que ha pasado, estaba ese vídeo de esa titular de la tarjeta verde, creo que era una estudiante turca, o quizá tenía un visado de estudiante, pero a la que unos agentes encubiertos del ICE maltrataron en la calle por escribir un artículo en un periódico estudiantil, que luego leí, y que en sí mismo era bastante moderado. Y pensé que esto era una enorme señal de alarma que me hizo mirar dos veces y pensar que algo que realmente había sucedido luego se normaliza. Y eso, una vez más, se hizo a instancias de Israel o de las diferentes organizaciones que trabajan para Israel en Estados Unidos. Tienen listados de personas.
Si se puede desmantelar tan fácilmente lo que suponemos que son nuestras libertades, entonces no va a ser más difícil dar un paso más y decir: «Bueno, no nos importa que maten a gente. O no nos importa que no haya nuevas elecciones o que no las reconozcamos como tales». Creo que estamos en una pendiente resbaladiza y que ahora se han normalizado cosas que hace mucho tiempo ni siquiera hubiéramos creído que pudieran hacerlo. Creo que forma parte de una administración en su conjunto fascista; aunque no toda su base lo sea, sí lo son las altas esferas, gente como Stephen Miller, que ven esto como su oportunidad para destruir a la izquierda. No sé.
Y luego tenemos a los demócratas, que se supone que son de izquierdas o representan a la izquierda, pero no están por ningún lado. Forman parte de la misma masa congelada de Washington que representa al establishment. Da mucho, mucho miedo. Y, sólo por mencionarlo, también está pasando en el Reino Unido. Así que Reform, el partido de extrema derecha al estilo Trump situado a la derecha del Partido Conservador, ahora lidera todas las encuestas. Acaban de ganar las elecciones hace dos días, las elecciones locales, por goleada. Nigel Farage es el favorito para ser el próximo primer ministro. Y uno de sus candidatos a la alcaldía en el Reino Unido estuvo literalmente pidiendo que me arrestaran por mis reportajes sobre Gaza durante meses y, al final, la noticia llegó a algunos medios alternativos y dejó de decirlo. Pero si llegan al poder, gente como él va a estar en el Gobierno.
¿Qué pasa con gente como yo? ¿Qué pasa con otros periodistas a los que ya están deteniendo y registrando bajo un gobierno laborista? Se trata, por tanto, de una tendencia y un fenómeno global cuyo epicentro está en Washington, y Trump es la estrella polar, al igual que Netanyahu, pero sobre todo Trump. Sí, desde Bolsonaro hasta Reform aquí y Milei. Es algo muy, muy aterrador. Pero, como digo, creo que es importante entender que, si queremos intentar combatirlo y elaborar estrategias, tenemos que comprender la base, y comprender la base es imposible, especialmente en Estados Unidos, sin entender la guerra contra el terrorismo y lo que le hizo a millones de estadounidenses que sirvieron en ella, adónde van a parar ahora esas personas, cuáles son sus preocupaciones y cuáles son las fuerzas políticas que se están aprovechando de esos sentimientos.
Chris Hedges: Genial. Gracias, Matt. Quiero dar las gracias a Diego y Max, que han producido el programa. Pueden encontrarme en chrisedges.substack.com.