Ruwaida Amer, +972.com Magazine, 9 junio 2026
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Ruwaida Amer es una periodista palestina independiente de Jan Yunis.
A principios de mayo, Mohammed Suleiman se dispuso a visitar a sus padres, como hace todos los meses. Este hombre de 42 años vive en el campo de refugiados de Nuseirat, en el centro de Gaza, mientras que sus padres residen al sur, en Jan Yunis. Eligió la ruta más rápida: conducir por la calle Salah Al-Din, la principal arteria de tráfico norte-sur de Gaza. Pero ese día, su viaje se vería interrumpido, casi de forma fatal.
«Estaba cerca de Bani Suheila, en la calle Salah Al-Din, cuando de repente me alcanzó en la mano una bala disparada por el ejército israelí», contó a +972 Magazine.
Mohammed fue trasladado al Complejo Médico Nasser, donde recibió tratamiento por su herida, que afortunadamente fue leve. «Esta vez he sobrevivido, pero no sé qué nos pasará a mí o a cualquier otra persona la próxima vez», dijo. «No basta con que seamos blanco de ataques repetidos con bombardeos; ahora disparan también a los transeúntes».
El llamado «alto el fuego» acordado el pasado octubre entre Israel y Hamás dio lugar a un fenómeno que no ha dejado de atormentar a los residentes de Gaza: la «línea amarilla». Se suponía que debía delimitar los límites de la ocupación israelí del territorio de Gaza, antes de una retirada gradual a medida que avanzara el alto el fuego. Pero en lugar de retirarse, las fuerzas israelíes siguen avanzando.
Al principio, Israel mantuvo el control directo de alrededor del 53% del territorio de Gaza, cuyos residentes había desplazado por la fuerza al otro lado de la Franja. En los últimos seis meses, periodo en el que el ejército israelí ha matado a cerca de 1.000 palestinos en Gaza, los soldados han seguido avanzando hacia el oeste, apoderándose de más del 60% del territorio. Hace dos semanas, el primer ministro Benjamin Netanyahu reveló que había ordenado al ejército que aumentara esa cifra al 70%, un proceso que se está llevando a cabo en total coordinación con la Casa Blanca.
En los últimos días, los residentes palestinos han sido testigos de una intensificación de la actividad militar israelí en las zonas adyacentes a la ubicación actual de la Línea Amarilla, lo que ha avivado aún más los temores sobre su destino. Y en ningún lugar se percibe esto con mayor intensidad que a lo largo de la calle Salah Al-Din.

Secciones confusas de la Línea Amarilla impuesta por Israel
Khalil Al-Sayed, un conductor de unos cincuenta años, depende de la carretera para ganarse la vida. «Soy conductor desde los 18 años, y es el único trabajo que sé hacer», explicó.
Aunque Salah Al-Din era en general accesible para conductores como Al-Sayed durante los primeros meses del alto el fuego, eso ha empezado a cambiar. «Desde hace unos dos meses, sentimos una creciente sensación de peligro en la carretera debido a los bloques amarillos que cada vez están más cerca», dijo, refiriéndose al mecanismo del ejército israelí para demarcar la Línea Amarilla. «Los conductores nos comunicamos entre nosotros cada mañana para preguntar por el estado de la carretera: ¿está despejada? ¿Ha habido disparos? ¿Hay tanques presentes?
«Salimos a trabajar sin saber qué nos va a pasar», continuó. «Los disparos indiscriminados son aterradores. Muchas veces, los tanques salen de la zona de Zeitun, al norte, y nos obligan a desviarnos hacia el mar para escapar de ellos. Es una situación verdaderamente trágica, y no sabemos qué nos depara el futuro».
«Nada ha cambiado desde el alto el fuego»
En Jan Yunis, la «Línea Amarilla» se acerca cada vez más al centro de la ciudad. Mientras que las zonas orientales de la ciudad han estado ocupadas por el ejército israelí desde antes del «alto el fuego» y han quedado en gran parte destruidas, el centro ha experimentado en los últimos meses un resurgimiento de la actividad comercial. Esto también parece ahora estar amenazado.
En los últimos días, los palestinos del barrio de Al-Bayuk, ligeramente al este del centro de la ciudad, han informado de la aparición de nuevos bloques de hormigón amarillos colocados por el ejército israelí. En respuesta, los residentes han comenzado a huir hacia el oeste para escapar de la invasión militar.

Instalación por parte del ejército israelí de bloques de hormigón que marcan la Línea Amarilla, delimitando la zona de la Franja de Gaza que ocupa sobre el terreno, octubre de 2025. (Portavoz de las FDI/CC0 1.0 Universal)
Mohammed Al-Bayuk (que comparte apellido con el barrio) busca ahora un lugar donde vivir con su familia en la zona de Al-Mawasi, a lo largo de la costa de Gaza. Este padre de tres hijos había regresado a Al-Bayuk tras el «alto el fuego» y se encontró con que su casa había sido destruida, por lo que montó una tienda de campaña sobre los escombros para poder permanecer en su tierra. Ahora, sin embargo, se está preparando para huir una vez más.
«Estoy en estado de shock por culpa de estos bloques amarillos», declaró a +972. «Están convirtiendo mi vida de nuevo en un infierno. Tengo una pequeña familia a mi cargo —incluidos mi madre, mi hermano y mis hermanas, de quienes me ocupo desde que mi padre falleció un año antes de la guerra—. No sé cómo voy a poder quedarme en la zona con este peligro tan cerca. Estoy intentando encontrar un lugar para nosotros en Al-Mawasi, pero está abarrotado de personas desplazadas».
A principios de este mes, el ejército israelí bombardeó su barrio, algo que, según Al-Bayuk, tenía como objetivo aterrorizar a los residentes para que huyeran. «Fue espantoso», relató. «Lo más impactante es que nos están desplazando durante un alto el fuego. No sé qué están haciendo los mediadores ante esta importante expansión de la Línea Amarilla».
Salem Awad, un hombre de 45 años y padre de seis hijos de Rafah que actualmente vive en una tienda de campaña en Al-Mawasi, describió el desplazamiento diario de la Línea Amarilla por parte del ejército israelí como algo parecido a una partida de ajedrez. «No he podido entrar en Rafah desde hace casi tres años, y siento que me estoy muriendo por ello», declaró a +972. «Monté la tienda lo más cerca posible para respirar un poco de mi ciudad, sólo para descubrir la semana pasada que los bloques amarillos estaban cada vez más cerca de nosotros. Ahora estamos justo al lado de ellos, lo que significa que estamos en una zona de peligro».
«No puedo quedarme donde estoy e ignorar esos bloques porque el ejército israelí es traicionero y puede atacarnos en cualquier momento, alegando que representamos una amenaza para sus fuerzas», continuó Awad. «Hice que mis hijos y mi familia se fueran a la tienda de su abuelo hasta que encontrara un lugar donde montar mi propia tienda y marcharme de aquí.
«Vivimos bajo una injusticia inmensa», continuó. «No ha cambiado nada en absoluto desde el alto el fuego. Oímos constantemente el ruido de las explosiones, que son aterradoras. Oímos cómo se mueven los tanques y vemos las luces al este de Rafah y en sus alrededores. Estamos aquí esperando cualquier solución».
Foto de portada: Palestino desplazado junto a las tiendas de campaña en la ciudad de Gaza, 1 de junio de 2026. (Ali Hassan/Flash90)