Nick Turse, The Intercept, 11 junio 2026
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Nick Turse es un destacado reportero de The Intercept y es miembro del Type Media Center. Entre sus libros, cabe destacar: “Next Time They’ll Come to Count the Dead: War and Survival in South Sudan” y, con anterioridad, “Tomorrow’s Battlefield: U.S. Proxy Wars and Secret Ops in Africa” y “Kill Anything That Moves: The Real American War in Vietnam”. Ha escrito para el New York Times, Los Angeles Times, San Francisco Chronicle, The Nation y Village Voice, entre otras publicaciones. Ha recibido el premio Ridenhour de periodismo de investigación, el premio James Aronson de periodismo sobre justicia social y una beca Guggenheim.
Nada más comenzar su guerra con Irán, el presidente Donald Trump declaró la victoria. «Hemos ganado», anunció Trump el 11 de marzo, once días después de lanzar el ataque conjunto con Israel. «En la primera hora ya había terminado». Pero más de 2.200 horas después, el conflicto sigue, evidentemente, en pleno apogeo.
Esta semana, las fuerzas estadounidenses bombardearon Irán tras el derribo de un helicóptero Apache estadounidense cerca del estrecho de Ormuz. Irán respondió con ataques contra objetivos en todo Oriente Medio y amenazas de «convertir toda la región en un infierno». Trump declaró a Trey Yingst, de Fox News, el miércoles por la noche que EE. UU. lanzó 49 misiles Tomahawk contra objetivos dentro de Irán, además de los bombardeos con aviones de combate. Yingst informó de que Trump también dijo: «Mañana por la noche les daremos una paliza» si Irán no firmaba un acuerdo de paz. Trump siguió con esto el jueves al declarar que EE. UU. «golpearía a Irán… MUY DURO ESTA NOCHE».
La pujante guerra eterna contradice meses de garantías por parte de Trump de que un acuerdo de paz con Irán era inminente.
Un análisis de The Intercept sobre las afirmaciones de Trump acerca de la guerra con Irán, los objetivos declarados y los supuestos logros revela que EE. UU. se ha quedado corto o ha fracasado estrepitosamente en todos los aspectos. Los registros públicos muestran una administración que ha reducido constantemente sus objetivos y rebajado sus supuestos éxitos, sin acercarse en absoluto a nada que se parezca a la victoria que Trump ha pregonado.
Una promesa de paz mundial
El primer día del conflicto, Trump expuso con total claridad sus objetivos más ambiciosos. Afirmando que Irán ya estaba «muy destruido e, incluso, arrasado», Trump dijo que su guerra traería la paz a la región y, de alguna manera, al mundo entero. «Los bombardeos intensos y precisos… continuarán, sin interrupción… durante el tiempo que sea necesario para lograr nuestro objetivo de PAZ EN TODO ORIENTE MEDIO Y, DE HECHO, ¡EN TODO EL MUNDO!», escribió Trump en Truth Social el 28 de febrero.
La campaña de bombardeos fue, en efecto, «intensa». Los «precisos» ataques incluyeron un bombardeo contra una escuela de primaria que mató entre 150 y 175 civiles, la mayoría de ellos niños. Y miles de civiles más murieron en otros ataques. Casi 149.000 infraestructuras civiles, entre ellas viviendas, hospitales y escuelas, han resultado dañadas en la guerra entre Estados Unidos e Israel, según un informe de abril de la Sociedad de la Media Luna Roja Iraní. Se estima que 400.000 personas se han visto afectadas por los daños en casas y apartamentos. Pero Irán no quedó «muy destruido», y mucho menos «arrasado».
La paz en Oriente Medio, ni que decir tiene, nunca llegó a producirse. Los ataques de Estados Unidos e Israel, de hecho, desencadenaron una guerra regional que se extendió hasta incluir a más de una docena de países, entre ellos Baréin, Iraq, Jordania, Kuwait, Líbano, Omán, Catar, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos. Más allá de esto, la incapacidad del autoproclamado «presidente de la paz», jefe de la recién creada Junta de la Paz mundial y ganador del primer Premio de la Paz de la FIFA podría considerarse el mayor fracaso de Trump.
Apenas dos días después de exponer sus objetivos principales, Trump comenzó a mostrarse indeciso públicamente y a reducir drásticamente las aspiraciones de Estados Unidos. «Nuestros objetivos son claros. En primer lugar, vamos a destruir la capacidad misilística de Irán», afirmó durante una ceremonia celebrada en la Casa Blanca el 2 de marzo. «En segundo lugar, vamos a aniquilar su armada. … En tercer lugar, vamos a garantizar que el principal patrocinador del terrorismo del mundo nunca pueda obtener un arma nuclear. … Y, por último, vamos a garantizar que el régimen iraní no pueda seguir armando, financiando y dirigiendo ejércitos terroristas fuera de sus fronteras».
Meses después, estos objetivos siguen sin cumplirse.
Eliminación de misiles
Aunque Estados Unidos afirma haber atacado más de 13.000 objetivos en Irán, evaluaciones filtradas de los servicios de inteligencia estadounidenses encontraron pruebas de que Irán restableció el estado operativo de 30 de las 33 bases de misiles a lo largo del estrecho de Ormuz, y conservó el 70% de su arsenal de misiles anterior a la guerra y el 70% de sus lanzadores móviles. Surgieron informes de que, en abril y mayo, Irán comenzó a trabajar en la reparación de su base de misiles de Yazd. En solo un día de la semana pasada, Kuwait afirma que fue blanco de una lluvia iraní de «13 misiles balísticos hostiles». El domingo, Irán lanzó misiles balísticos contra Israel. Y el jueves, Irán atacó a varios países de la región, entre ellos Jordania, que afirmó haber derribado 20 misiles iraníes.
Durante una entrevista interrumpida con NBC News que se emitió el domingo, incluso Trump admitió que había fracasado. «Les quedan algunos misiles», dijo. «Diría que, en términos porcentuales, quizá el 21 o el 22% de sus misiles. Son muchos misiles».
Aniquilar la Armada
Aunque EE. UU. hundió muchos barcos iraníes, la Armada iraní no ha sido aniquilada. De hecho, el Mando Central de EE. UU., que supervisa los esfuerzos bélicos, se ha referido repetidamente a las acciones de la Armada de Irán y de la Armada del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica en los meses transcurridos desde que Trump expuso sus objetivos, lo que demuestra que ambas siguen existiendo, contradiciendo los frecuentes alardes de Trump en sentido contrario.
Justo la semana pasada, el secretario de Estado Marco Rubio dijo al Comité de Relaciones Exteriores del Senado que «no existe una Armada iraní», y acto seguido admitió que sí la había, refiriéndose a las «Boston Whalers con ametralladoras» de Irán.
Poner fin al programa nuclear
Irán también sigue manteniendo sus reservas de uranio enriquecido. Y no hay pruebas de que las instalaciones nucleares que no fueron atacadas durante la guerra de Trump contra Irán de 2025, como Pickaxe Mountain, sufrieran daños. De hecho, la semana pasada, Rubio confirmó que el «programa nuclear» de Irán sigue existiendo. Y durante su reciente entrevista en la NBC, Trump reconoció que Irán aún poseía sus reservas de uranio altamente enriquecido y que «pueden conseguirlo, supongo, con años de trabajo».
La semana pasada, Rubio llegó incluso a sugerir que se podría permitir a Irán continuar con el enriquecimiento en una fecha posterior, señalando que tendría que aceptar «medidas severas y a largo plazo y/o cancelar el enriquecimiento».
Suspensión de la financiación a las milicias
La Administración Trump tampoco ha logrado garantizar «que el régimen iraní no pueda seguir armando, financiando y dirigiendo ejércitos terroristas fuera de sus fronteras». Pocos días después de que Trump declarara este objetivo de guerra, los republicanos de la Cámara de Representantes presentaron un proyecto de ley en el que se afirmaba que «Irán sigue siendo el mayor Estado patrocinador del terrorismo del mundo y proporciona un apoyo financiero y militar sustancial a grupos como Hizbolá, Hamás y los hutíes». En los meses transcurridos desde entonces, incluso la administración Trump afirma que los objetivos del presidente no se han alcanzado.
A mediados de abril, el Departamento de Estado declaró que Irán sigue «canalizando la riqueza del pueblo iraní hacia Hizbolá y otros terroristas en Oriente Medio». Ese mismo mes, el Departamento del Tesoro tomó medidas contra una «constelación de milicias terroristas respaldadas por Irán», concretamente contra «siete comandantes de milicias iraquíes responsables de planificar, dirigir y ejecutar ataques contra personal, instalaciones e intereses estadounidenses en Iraq», incluidos líderes de Kata’ib Hizbolá, Kata’ib Sayyid Al-Shuhada, Harakat Al-Nujaba y Asa’ib Ahl Al-Haqq. En mayo, el Departamento del Tesoro volvió a apuntar contra «Irán y sus milicias proxy en Iraq», sancionando a «líderes de las milicias terroristas alineadas con Irán Kata’ib Sayyid Al-Shuhada y Asa’ib Ahl Al-Haq» y haciendo referencia a «otras milicias terroristas alineadas con Irán en Iraq».
Rendición incondicional
A esta serie de fracasos se han sumado otros objetivos bélicos no alcanzados. El 6 de marzo, Trump estableció las condiciones para un acuerdo con Irán. «¡No habrá acuerdo con Irán salvo una RENDICIÓN INCONDICIONAL!», escribió en Truth Social. En los meses transcurridos desde entonces, esa postura de línea dura se ha desvanecido.
«Tenemos ante nosotros una perspectiva —que podría materializarse hoy mismo—», dijo Rubio la semana pasada sobre un posible acuerdo de paz, en una explicación poco convincente ante los legisladores. «Tenemos la esperanza de que pueda darse una situación en la que se reabran los estrechos, entremos en un periodo de negociaciones sobre temas muy específicos —negociaciones delimitadas con la esperanza de alcanzar un resultado que nos resulte aceptable y que ellos también puedan asumir—».
Reapertura del estrecho
El «estrecho» en cuestión se ha convertido en otro punto de fricción y en una catástrofe. Tras no lograr ninguno de sus objetivos bélicos iniciales, Trump añadió otro que no era más que un retorno al statu quo anterior a la guerra en el estrecho de Ormuz: abrir la vía navegable al tráfico después de que Irán impusiera un bloqueo en tiempos de guerra.
Antes de la guerra, el número medio de buques que cruzaban el estrecho —una arteria vital para el petróleo, los fertilizantes, el helio, los materiales esenciales para los microchips y muchos otros productos del mundo— era de más de 120 al día. Nunca ha vuelto a acercarse a ese nivel.
«Le di a Irán diez días para LLEGAR A UN ACUERDO o ABRIR EL ESTRECHO DE ORMUZ. Se acaba el tiempo», declaró Trump el 4 de abril. Cuando Estados Unidos e Irán acordaron un alto el fuego el 7 de abril, Trump escribió en las redes sociales que «suspendería los bombardeos y los ataques contra Irán» con la condición de que Teherán aceptara la «APERTURA TOTAL, INMEDIATA y SEGURA del estrecho de Ormuz».
Al día siguiente, la Casa Blanca declaró: «Irán ha aceptado ahora un alto el fuego y la reapertura del estrecho de Ormuz mientras la Administración Trump negocia un acuerdo de paz más amplio, lo que demuestra una vez más el triunfo de la política de ‘Paz a través de la fuerza’». Pero ese mismo día, Irán cerró el estrecho, tras los continuos ataques israelíes contra objetivos de Hizbolá en el Líbano.
En respuesta al bloqueo de Irán, Estados Unidos impuso su propio bloqueo del estrecho el 13 de abril, prohibiendo a los buques comerciales entrar o salir de los puertos iraníes. Luego, el 15 de abril, Trump publicó: «Voy a abrir de forma permanente el estrecho de Ormuz». Dos días después, Trump afirmó: «Irán ha aceptado no volver a cerrar nunca más el estrecho de Ormuz». El 19 de abril, Trump dijo que Irán había lanzado ataques en el estrecho y señaló que Irán había anunciado un bloqueo. El 23 de abril, Trump ordenó a la Armada que atacara a los barcos iraníes que colocaban minas en el estrecho. El 6 de mayo, Trump insinuó que la guerra podría estar «llegando a su fin, y que el bloqueo altamente eficaz permitirá que el estrecho de Ormuz esté ABIERTO A TODOS, incluido Irán». Un día después, Trump afirmó que buques de guerra estadounidenses habían sido blanco de fuego iraní en el estrecho. La situación seguía prolongándose cuando Trump escribió, el 29 de mayo: «El estrecho de Ormuz debe abrirse de inmediato, sin peajes, para el tráfico marítimo sin restricciones, en ambas direcciones». El lunes, un helicóptero de combate Apache del Ejército de los Estados Unidos que patrullaba el estrecho fue derribado por Irán.
El estrecho de Ormuz sigue prácticamente cerrado, salvo por un escaso goteo de tráfico. «El mes pasado, ordené a nuestras magníficas Fuerzas Armadas de EE. UU. que llevaran a cabo una misión secreta para escoltar a petroleros y otros buques comerciales a través del estrecho de Ormuz», publicó Trump el miércoles. «Más de 200 buques comerciales han atravesado el estrecho de forma segura». (Normalmente, unos 3.000 buques lo atraviesan cada mes). El jueves, Irán anunció que, una vez más, cerraba el estrecho a los petroleros y buques comerciales.
Los analistas del sector petrolero afirman que las reservas mundiales de petróleo se están agotando y que, si la guerra no termina a corto plazo, los precios del petróleo podrían dispararse hasta los 150 dólares el barril. «El petróleo bajará», dijo Trump en la NBC, pero reconoció que la guerra había hecho subir los precios. «Vamos a tener la gasolina más cara. Vamos a tener los fertilizantes un poco más caros», admitió, antes de mostrarse evasivo cuando se le preguntó si los precios de la gasolina habían alcanzado su máximo. «Bueno, depende. Quiero decir, depende de cómo evolucione la guerra. Podría ser», titubeó. «Si firmamos un acuerdo, bajará ahora. De lo contrario, bajará cuando hayamos terminado».
Los precios del petróleo subieron hasta unos 95 dólares el barril el jueves, mientras EE. UU. e Irán seguían lanzando ataques. Trump dijo el miércoles que el precio del petróleo habría estado en 250 dólares el barril si el Gobierno de EE. UU. no hubiera estado desviando «millones de barriles» de petróleo iraní a lo largo de la guerra. El jueves, Trump publicó que EE. UU. también confiscaría pronto «puntos de infraestructura petrolera» de Irán, y asumir el control total de sus mercados del petróleo y el gas». A pesar del robo desenfrenado de petróleo y de las amenazas de que se produzcan más, la inflación en EE. UU. se aceleró por tercer mes consecutivo en mayo, impulsada por los precios de la energía, que subieron un 3,9% a lo largo del mes.
Un acuerdo de paz
El «acuerdo» en cuestión es otro objetivo fallido más. El 23 de marzo, Trump habló a los periodistas sobre supuestas conversaciones de paz y citó «puntos importantes de acuerdo, diría yo —casi todos los puntos de acuerdo—». Irán negó que se hubieran producido negociaciones. Dos días después, Trump afirmó que Irán quería «llegar a un acuerdo a toda costa». El 26 de marzo, dijo que Irán estaba «suplicando llegar a un acuerdo». El 15 de abril, dijo que la guerra estaba «a punto de terminar». El 17 de abril, Trump afirmó que Irán había «aceptado todo» y que «llegaremos a un acuerdo en uno o dos días».
«Se ha negociado en gran medida un acuerdo, sujeto a su formalización», anunció Trump el 23 de mayo. El 2 de junio, Trump escribió: «Como le dije a Irán: “Es hora, de una forma u otra, de que lleguéis a un acuerdo”». Luego, a finales de la semana pasada, Trump declaró a la NBC: «Estamos muy cerca de alcanzar un acuerdo». Pero el lunes, Trump afirmó que aún no se ha «alcanzado» un «acuerdo definitivo».
Lo que tal «acuerdo» acabará poniendo de manifiesto es otro cambio de postura fallido por parte del presidente. Trump pasó de afirmar, a principios de marzo, que EE. UU. había ganado la guerra con Irán, a intentar convencer a los estadounidenses de que, para empezar, ni siquiera había entrado en guerra. «No lo llamamos guerra», dijo antes de que acabara ese mes. «Lo llamamos operación militar». A principios de mayo, Trump ya se refería a ello como una «miniguerra» o «un pequeño desvío».
Sólo se necesitan dos semanas
La fecha límite para el fin definitivo de esta «miniguerra» puede ser lo más revelador de los objetivos fallidos y los logros de Trump. Es bien sabido que las mentiras y la pereza de Trump se resumen en una simple frase: dos semanas. «Tendremos algo en dos semanas», dijo Trump en enero sobre un acuerdo con Europa para ampliar el control de EE. UU. sobre Groenlandia, por poner un ejemplo.
Trump lleva mucho tiempo utilizando esta táctica dilatoria de las dos semanas cuando se enfrenta a preguntas incómodas sobre cualquier tema, desde el presidente ruso Vladimir Putin y la guerra contra el ISIS hasta el comercio internacional y la pandemia de la COVID-19. Dos semanas significa en realidad «más adelante». Excepto cuando significa «nunca».
El alto el fuego con Irán, anunciado el 7 de abril, se suponía inicialmente que duraría «dos semanas» mientras los dos países firmaban un acuerdo para poner fin a la guerra, según Trump. Afirmó en ese momento que ya estaban «muy avanzados en un acuerdo definitivo sobre la paz a largo plazo con Irán y la paz en Oriente Medio».
El lunes por la noche, Trump celebró un mitin telemático para el senador de Carolina del Sur Lindsey Graham, en el que abordó su fallida guerra con Irán. «Ahora estamos negociando, y ellos quieren llegar a un acuerdo muy bueno. Están dispuestos a darnos todo», afirmó Trump, señalando: «Ocurrirá muy pronto». El presidente añadió entonces, en su favorito y falso marco temporal: «Creo que estamos ganando esa batalla, pero la vais a ganar realmente en las próximas dos semanas, cuando la declaremos».
Foto de portada: Donald Trump habla en el Despacho Oval de la Casa Blanca, el 10 de junio de 2026, en Washington. (Julia Demaree Nikhinson/AP)