Alaa Serhal, The Intercept, 14 junio 2026
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Alaa Serhal es un periodista independiente con más de una década de experiencia cubriendo acontecimientos y guerras en el Líbano.
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La campaña de Israel para arrasar vastas zonas del sur del Líbano podría destruir no sólo los hogares de las personas, sino también su capacidad para demostrar que son propietarios de esos inmuebles, según afirman los habitantes locales y funcionarios del Gobierno libanés, lo que podría dejar a hasta un cuarto de millón de libaneses sin poder demostrar que poseen propiedades o viviendas.
Las imágenes aéreas de Bint Jbeil, sede del municipio del mismo nombre, muestran lo que los residentes describen como marcas de quemaduras en los lugares donde se guardaban los registros oficiales: expedientes del registro civil, escrituras de propiedad, la infraestructura documental que da existencia legal a una ciudad.
Con la desaparición de la notaría, los edificios de la administración civil arrasados y la destrucción generalizada de viviendas que contenían importantes documentos personales, los residentes de las 36 aldeas del distrito de Bint Jbeil temen que la guerra total de Israel haya supuesto la destrucción de todos sus registros, lo que podría separarlos para siempre de los hogares que dejaron atrás cuando huyeron bajo las órdenes de evacuación de Israel.
Eso podría convertir la reconstrucción tras la guerra en una pesadilla. Bint Jbeil es el distrito más al suroeste del Líbano y el escenario de una campaña israelí para evacuar a poblaciones enteras antes de arrasar sus pueblos.
Algunos libaneses llegan incluso a considerarlo una táctica intencionada, parte del plan de Israel para despoblar el sur del Líbano y establecer una zona de amortiguación al sur del río Litani, con la que los dirigentes israelíes esperan poner el norte de Israel fuera del alcance de los cohetes de Hizbolá.
Un mujtar, o funcionario local, confirmó a The Intercept que los registros del registro civil sólo se habían digitalizado hasta 2020, lo que ofrece una tranquilidad limitada. Sin embargo, sigue habiendo mucho por esclarecer. Están los registros de los últimos seis años, junto con innumerables otros que no se registraron oficialmente debido a las burocracias notoriamente caóticas del Líbano y a la laxitud en la aplicación de las normas de registro, que a veces se incumplen para evitar el pago de impuestos.
En el centro de la crisis se encuentra el Grand Serail de Bint Jbeil, el antiguo edificio administrativo que alberga las escrituras de propiedad de miles de familias de más de 20 pueblos del distrito. Desde que las fuerzas israelíes se instalaron allí, las autoridades libanesas no han podido acceder a él, a pesar de los esfuerzos realizados a través del Comité Internacional de la Cruz Roja con solicitudes al llamado Comité del Mecanismo que administra el acuerdo de alto el fuego entre Israel y el Líbano.
«El Ministerio del Interior aún no ha podido obtener los archivos del registro civil del distrito de Bint Jbeil, porque el CICR (Comité Internacional de la Cruz Roja) no ha recibido la autorización del Comité del Mecanismo, del que forma parte Israel, para entrar en la zona, a pesar de haber presentado una solicitud para hacerlo, con el fin de recuperar los registros y transferirlos al Ministerio del Interior en Beirut, declaró a The Intercept un portavoz del Ministerio.
En unas declaraciones a un periodista de The Intercept en Nueva York, un portavoz de las Fuerzas de Defensa de Israel se negó a comentar la solicitud del CICR y afirmó que el grupo libanés Hizbolá instala instalaciones militares en zonas civiles.
«Las directrices de las FDI permiten la ejecución de operaciones de limpieza de estructuras utilizadas con fines militares, o cuando existe una necesidad operativa esencial que justifique la demolición total o parcial de una estructura, de conformidad con el derecho internacional», se indicaba en el comunicado.
La destrucción de infraestructura civil en la guerra sólo está permitida por las leyes de los conflictos armados en condiciones muy específicas, entre ellas que exista un propósito militar y que la destrucción sea incidental a dicho propósito militar.
Israel ha arrasado pueblos fronterizos enteros en el Líbano. Los expertos han señalado que estas acciones podrían constituir crímenes de guerra. El ministro de Defensa de Israel había declarado anteriormente: «Se destruirán todas las casas de los pueblos cercanos a la frontera libanesa».
El Grand Serail
El ministro de Finanzas libanés, Yassine Jaber, ha estado vigilando el Grand Serail por satélite.
«Las paredes siguen en pie en su mayor parte», declaró a The Intercept, «pero los satélites no tienen llaves para abrir las puertas. No sabemos qué ha ocurrido dentro. ¿Se han destruido los registros? ¿Se han confiscado? La verdad sigue estando tras las líneas del frente».
Durante cuatro semanas, Jaber dirigió lo que equivalía a una sala de operaciones de crisis: llamadas al mando del ejército libanés, coordinación con la inteligencia militar, repetidos intentos de contactar con el Comité del Mecanismo —el organismo multilateral, que incluye a Israel, que supervisa el acuerdo de alto el fuego de mediados de abril con Hizbolá— y peticiones a la FINUL, la fuerza de las Naciones Unidas en el Líbano.
Su objetivo era establecer un corredor para un único viaje a Bint Jbeil con el fin de recuperar los registros.
«Lo intentamos todo», dijo Jaber. «Pero Bint Jbeil es hoy una zona prohibida».
Ni siquiera el Comité Internacional de la Cruz Roja ha podido acceder a los registros.
«El CICR apoyó al Ministerio del Interior en la evacuación de algunos registros civiles en el sur del Líbano al comienzo de la escalada», dijo Sally Aoun, portavoz del CICR en el Líbano. «No fue posible apoyar la evacuación en Bint Jbeil debido a las hostilidades en curso».
Jaber ha tenido cierto éxito en otras zonas donde la recuperación de registros resultó ser un reto. Cuando los combates llegaron a Marjayun, en el sur del Líbano, un equipo de funcionarios públicos entró bajo el bombardeo para recuperar los registros civiles. Lo mismo ocurrió en el distrito de Hasbaya.
Los registros de la ciudad sureña de Tiro se conservan ahora más al norte, en Sidón. El Ministerio también logró trasladar a Beirut los expedientes de Meiss El Jabal, Tibnine, Jbaa, Jouaya y Nabatieh. El Ministerio del Interior de Beirut ha asignado un día a la semana a cada uno de los registros de distrito para tramitar las solicitudes de documentación civil presentadas por los desplazados del sur.
Bint Jbeil sigue siendo la pieza que falta.

Un vehículo militar israelí pasa junto a casas destruidas en el sur del Líbano, a lo largo de la frontera entre Israel y el Líbano, visto desde el norte de Israel el 30 de mayo de 2026. Foto: Gil Cohen-Magen/dpa Picture-Alliance vía AP Images
Una trampa legal
El Líbano cuenta con una copia de seguridad digital parcial. El Ministerio de Finanzas conserva registros electrónicos de la mayoría de las propiedades registradas en el sur, una red de seguridad para las escrituras que se inscribieron formalmente. Sin embargo, miles de transacciones nunca se registraron.
Tomemos el caso de Ali Jreizat, conocido por el honorífico Abu Hasan, que fue desplazado de su hogar en la aldea de Aitarun, en el distrito de Bint Jbeil. Cuando la aldea se enfrentó al bombardeo israelí, Abu Hasan se marchó, pero dejó atrás, en un cajón en un rincón, una bolsa de cuero gastada que contenía la escritura de venta del terreno en el que había vivido durante cinco años.
Abu Hasan ha aceptado la destrucción de su casa, pero su preocupación mucho más profunda es que nunca podrá demostrar que fue propietario de la propiedad.
«La casa que construí piedra a piedra no es ahora más que polvo», dijo. «Y el papel que dice que era mía se lo ha llevado Dios».
Incluso cinco años después de mudarse, su escritura de compraventa nunca llegó al registro de la propiedad. Como muchos en el Líbano, Abu Hasan no sentía ninguna prisa especial por cumplir los plazos burocráticos, ya que las legendarias ineficiencias del Estado libanés no animaban precisamente a hacerlo. Ahora, ha sabido por vecinos que aún viven en la zona que incluso la notaría fue destruida, lo que reduce las esperanzas de que exista una copia de su escritura de compraventa en algún lugar.
Dada la escasa aplicación de las normas de registro —ya sea por una actitud indiferente hacia el papeleo burocrático o por otra razón, como el deseo de eludir impuestos—, el problema de las viviendas no registradas podría dejar a las personas sin forma alguna de demostrar que alguna vez compraron una propiedad.
«Esto creará un grave problema legal a la hora de demostrar la propiedad», dijo Jaber. «¿Quién es el propietario de qué? ¿Quién protege los derechos del comprador si el contrato en papel ha desaparecido?»
Cuando Jaber asumió el cargo en febrero de 2025, dijo, se encontró con un sistema de registro inadecuado para nuestra era moderna y digital. Ahora supervisa una reforma completa para digitalizar los documentos, un proyecto que estima que tardará seis meses en completarse.
«Una caja fuerte digital», dijo, «a la que ningún proyectil pueda llegar y ningún incendio pueda borrar».
Borrar el mapa
El daño a los registros catastrales de Bint Jbeil puede ser más profundo que el de cualquier documento individual.
Una de las principales preocupaciones es el destino de la división de catastros de Bint Jbeil. Esta unidad técnica conserva los registros topográficos que vinculan los límites de las propiedades con puntos de referencia geográficos fijos, algunos de los cuales se remontan al Mandato francés. Dichos puntos están conectados, a través de una cadena de levantamientos topográficos históricos, a un sistema de coordenadas de referencia situado en Homs (Siria), que ha servido de punto de referencia para el mapa catastral nacional del Líbano desde la década de 1920.
Si esos marcadores físicos de levantamiento topográfico han sido destruidos, dijo Riyad Al-Asaad, un ingeniero civil del sur, la pregunta es: ¿Quién posee los datos GPS que definen los límites? ¿El Líbano o Israel?
El riesgo, dijo Al-Asaad, es que las propiedades puedan redibujarse utilizando mediciones israelíes, una nueva realidad geográfica impuesta sobre la antigua.
El general libanés retirado Yaarab Sajir ve esto como parte de un patrón deliberado, y señala la doctrina Dahiya, una estrategia militar israelí que recibe su nombre del suburbio de Beirut donde se aplicó por primera vez. La estrategia consiste en lanzar ataques desproporcionados y atacar infraestructuras civiles para infligir un alto coste a los enemigos de Israel, creando así un fuerte efecto disuasorio.
«Israel, cuando aplica la doctrina Dahiya, como hizo en Gaza, dividiéndola en una proporción de 55/45 entre un corredor israelí y una zona palestina, está haciendo lo mismo ahora al sur del Litani», afirmó. «En primer lugar, desplazamiento y despoblación. En segundo lugar, ataques repetidos. En tercer lugar, cuando las zonas caen militarmente —Bint Jbeil en primer lugar—, las minan, las demuelen, las arrasan y borran todo rastro para convertir estas zonas en inhabitables e impedir que sus habitantes puedan regresar.
Según Sajir, los edificios oficiales se convierten en objetivos específicos de Israel en el marco de este programa.
«Israel se centra en las oficinas del registro civil y en los serails gubernamentales», afirmó. «El archivo del serail de Bint Jbeil abarca no sólo la ciudad, sino todos los pueblos del distrito».
En su declaración a un periodista de The Intercept en Nueva York, el ejército israelí negó estar atacando infraestructuras civiles como tales.
«Las FDI», dijo el portavoz, «no actúan contra las instituciones del Estado del Líbano, las Fuerzas Armadas Libanesas ni los civiles libaneses, y rechaza las acusaciones de daño intencionado a los registros de población, los documentos civiles, los registros catastrales o las instituciones administrativas, así como cualquier intención de separar a los residentes de sus tierras o perjudicar sus derechos de propiedad».
Fantasmas en su propio país
Las cifras internas del Ministerio del Interior indican que hay 190.000 personas inscritas en el censo electoral de 2025 para el distrito de Bint Jbeil. Si a ello se suma la generación de jóvenes y niños que aún no figuran en dicho censo, la cifra se acerca al cuarto de millón; todos ellos, en mayor o menor medida, se ven afectados por la desaparición de los registros oficiales de su distrito.
Mohamed Sarhan, el mujtar, o líder local, de Kfarkela, una aldea al norte del distrito de Bint Jbeil, declaró a The Intercept que residentes y funcionarios de la zona informaron de que las fuerzas israelíes confiscaron los registros del catastro pertenecientes al distrito de Bint Jbeil. El destino de los registros del registro civil sigue sin estar claro. Nadie puede afirmar con certeza si fueron quemados en el bombardeo, sustraídos o simplemente se perdieron en el caos.
Dalia Boussi abandonó Bint Jbeil bajo el sonido de los bombardeos. Como todos los que huyeron el otoño pasado, cogió lo que pudo. Boussi, una productora de vídeo local, no está presa del pánico; se llevó sus documentos consigo. Sin embargo, le preocupan aquellos que se marcharon sin papeles y lo que el Estado deberá hacer cuando la gente regrese.
«El centro de la ciudad está completamente destruido, como podemos ver en las imágenes de satélite. Cuando regresemos, tendremos que volver a trazar los límites de las propiedades desde cero y determinar qué terrenos son públicos y cuáles privados antes de que pueda comenzar la reconstrucción», afirmó Boussi. «Es importante que el Estado y los ministerios competentes den muestras de flexibilidad para facilitar las cosas a los ciudadanos. En cada pueblo y ciudad debería crearse una célula de crisis dedicada específicamente a hacer un seguimiento de los expedientes de propiedad y los registros civiles, y a garantizar que todas las personas dispongan de sus documentos oficiales».
Hizo una pausa y añadió: «Pase lo que pase, nadie va a perder su identidad y nadie va a quitarse años de edad». Era una broma desenfadada que oculta una realidad subyacente: la gente de Bint Jbeil sigue existiendo. Puede que los registros hayan desaparecido, pero los residentes locales saben quiénes son y saben lo que era suyo.
Como dijo Abu Hasan, el residente de Aitarun cuya escritura de compraventa probablemente quedó destruida junto con su casa: «La batalla de mañana no será sólo la reconstrucción. Será una batalla para demostrar que existimos, con un archivo que ha sido saqueado o incendiado».
Foto de portada: Vista general de las casas y estructuras destruidas por el ejército de Israel en el pueblo de Beit Lif, distrito de Bint Jbeil, en el sur del Líbano, 22 de abril de 2026. (Kawnat Haju/AFP vía Getty Images)