De vuelta a los malos comienzos: El Memorando de Entendimiento entre Irán y EE. UU.

Binoy Kampmark, Middle East Eye, 16 junio 2026

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Binoy Kampmark fue becario de la Commonwealth en el Selwyn College de Cambridge. En la actualidad imparte clases en la Universidad RMIT de Melbourne. Correo electrónico: bkampmark@gmail.com

Demos, aunque sea brevemente, las gracias a los artífices de la paz, por muy escasas que sean sus cualificaciones y por mucha locura que los haya llevado a la guerra en primer lugar.  El 15 de junio, la secretaría del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán reveló que, en virtud del acuerdo alcanzado con Estados Unidos, «la guerra y las operaciones militares en todos los frentes, incluido el Líbano, terminarán de inmediato y a partir de esta noche; además, el bloqueo naval contra Irán terminará de forma inmediata y completa».  El Memorándum de Entendimiento entre ambos Estados se firmaría oficialmente el 19 de junio en Ginebra, y las negociaciones para una solución definitiva «se pospondrían hasta que la otra parte haya cumplido sus obligaciones» en virtud de dicho Memorándum. Teherán también agradeció los buenos oficios de Pakistán y Catar por haber contribuido a este cambio de suerte.

El presidente de EE. UU., Donald Trump, un pésimo autor del primer borrador de la historia, se ha dedicado a publicar diversas declaraciones en Truth Social. Confirmó que se había alcanzado un acuerdo con Irán, al tiempo que autorizó sin más «la apertura sin restricciones del estrecho de Ormuz» y «el levantamiento inmediato del bloqueo naval de Estados Unidos». «Barcos de todo el mundo, arranquen motores. ¡Que fluya el petróleo!».

En otra publicación, que delata delirios de grandeza, el presidente sugiere que «Este gran acuerdo traerá paz y seguridad a toda la región. Muchos presidentes han intentado hacer las paces con Irán, y todos han fracasado antes que yo. Los líderes de la región han encontrado, por primera vez, a un presidente que puede ayudarles a alcanzar una paz real».  Cuesta creer que se trate del mismo líder que, para empezar, se dedicó a amputar la paz al iniciar una guerra contra Irán el 28 de febrero en alianza con Israel.

Nada subraya mejor estos acuerdos que una peculiar sensación de volver al principio, o al menos a un instante anterior a él. Ese principio —el 28 de febrero de 2026— había previsto el fin de un orden:

Un esfuerzo conjunto de Estados Unidos e Israel para debilitar y derrocar al régimen clerical de Irán mediante una campaña aérea a la que nunca seguirían tropas terrestres; una expectación trepidante ante un levantamiento espontáneo en la República Islámica, por sangriento que fuera; el triunfo de la democracia y la eliminación de las ambiciones regionales y del programa nuclear de Teherán.  Por el camino, el debilitamiento de las milicias afines a Irán en toda la región, con especial atención a contener a Hizbolá en el Líbano.

En cambio, el Memorando de Entendimiento entre Teherán y Washington deja al régimen clerical mermado, pero más fuerte que nunca (tras la poda brotan nuevos brotes de vigor), a los guardianes de la revolución iraní más endurecidos y a una República Islámica capaz de dictar condiciones a una superpotencia sin escrúpulos y a su desesperado y mucho más pequeño cómplice.

Irán ha confirmado, sin lugar a duda, que puede, cuando lo desee, cerrar la más importante de las arterias del comercio internacional: el estrecho de Ormuz. Ha demostrado que los Estados árabes, y las bases militares estadounidenses allí estacionadas, son vulnerables a los ataques. 

El árido y simplista mundo del análisis político y la adivinación sigue a la orden del día para ofrecer asombrosas interpretaciones erróneas, engrosando el archivo de comentarios que llegaron incluso a justificar el ataque ilegal contra Irán, regodeándose en el asesinato de sus líderes. Consideremos esta oferta distorsionada del exfuncionario del Pentágono Matthew Koenig, director sénior del Atlantic Council’s Scowcroft Center for Strategy.  Las operaciones estadounidenses de los últimos doce meses, celebra con ignorancia de salón, «han logrado debilitar el programa nuclear de Irán, su ejército convencional, su liderazgo político y su capacidad industrial de defensa. Se trata de un logro significativo». Esta horrible distorsión queda al menos en parte corregida por otro miembro del Atlantic Council, versado en la filosofía de lo que es de una obviedad aplastante. «El acuerdo con Irán es probablemente el mejor resultado posible, pero quizá no sea mejor de lo que se habría podido lograr si Estados Unidos hubiera apostado por la diplomacia en lugar de la guerra desde el principio», sugiere Victoria J. Taylor, directora de la Iniciativa sobre Iraq del Consejo.  Una observación muy acertada.

El acuerdo también deja a EE. UU. en una situación vergonzosamente debilitada. Los medios militares más modestos de Irán, utilizados con un mínimo de alboroto y presión presupuestaria, han destruido la garantía de seguridad y comercial que Washington había dado a los Estados del Golfo.  «En privado», escribe el veterano periodista de la BBC Jeremy Bowen, «sus funcionarios ya hablan de diversificar sus alianzas y de la necesidad de encontrar formas de convivir con Irán». Cada anuncio del Pentágono o del ejército israelí sobre la degradación de esos modestos medios —la destrucción de la capacidad de misiles balísticos, por ejemplo— recibió una firme refutación en forma de ataques contra infraestructuras críticas en las monarquías árabes.

Si este memorándum recibe la aprobación firmada el 19 de junio, a los iraníes les resultará difícil no regodearse ante el desastre. Pero la siguiente fase de las negociaciones volverá al programa nuclear de Teherán y a cualquier material fisionable que puedan tener, por no mencionar el levantamiento de las sanciones.

Al fin y al cabo, este acuerdo no es un tratado de paz, sino simplemente un documento de dos páginas con 14 puntos. Y, lo que es más importante, no incluye a Israel, cuya imagen se ha deteriorado últimamente en la Casa Blanca, incluso mientras intenta hacerse con amplios territorios en el sur del Líbano.

(«¿Por qué [el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu] tuvo que lanzar un maldito ataque?», se preguntó Trump en declaraciones a Axios tras un ataque de última hora de las Fuerzas de Defensa de Israel contra un supuesto centro de mando de Hizbolá en Beirut).

Se producirá una nota de ironía angustiosa si la próxima ronda de negociaciones acaba dando lugar a un acuerdo de carácter similar al Plan de Acción Integral Conjunto de 2015, el mismo pacto del que Trump se retiró con tanta seguridad en 2018. Más que la astucia de la razón en la historia, por parafrasear esa frase hegeliana, se trata del titubeo irracional de la locura.

Voces del Mundo

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