David Corn, Mother Jones, 17 junio 2026
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

David Corn es jefe de la oficina de Mother Jones en Washington y analista en antena de MSNBC. Es coautor (junto con Michael Isikoff) de Russian Roulette: The Inside Story of Putin’s War on America and the Election of Donald Trump. Es autor de tres éxitos de ventas del New York Times: Showdown, Hubris (junto con Isikoff) y The Lies of George W. Bush, así como del libro electrónico 47 Percent: Uncovering the Romney Video that Rocked the 2012 Election.
¡Hurra! Elon Musk ya es billonario. ¿Se enteraron la semana pasada? Estuvo en todas las noticias, con titulares llamativos que proclamaban que «X-boy» es el primer ser humano en entrar en el club de los cuatro puntos. Por supuesto, gran parte de su riqueza es sólo sobre el papel y está ligada al valor inflado de SpaceX, que salió a bolsa el viernes. Lo más llamativo es que las principales noticias sobre el hito alcanzado por Musk pasaron por alto un hecho importante: este tipo es un racista que difunde teorías conspirativas.
Los reportajes sobre la recién adquirida condición de billonario de Musk en The New York Times, The Washington Post y The Wall Street Journal omitieron mencionar que el hombre más rico del mundo es un peligroso propagador de la paranoia y el odio.
Mientras muchos aclaman la entrada de Musk en esta liga en la que sólo hay un tipo, es un buen momento para repasar su historial como extremista de la extrema derecha que ha amplificado y promovido ideas nocivas, peligrosas y falsas. Así que hagamos un repaso no muy exhaustivo por el camino de los recuerdos, centrándonos únicamente en los últimos años.
En octubre de 2022, después de que Paul Pelosi, el marido de la diputada Nancy Pelosi (demócrata por California), fuera brutalmente agredido en su domicilio de San Francisco, Musk difundió un artículo de una página web poco conocida que afirmaba que el agresor era un prostituto y que el ataque se debió a una disputa bajo los efectos del alcohol entre Pelosi y este hombre. «Existe una mínima posibilidad de que haya más detrás de esta historia de lo que parece a simple vista», publicó Musk en Twitter, que acababa de adquirir. La web a la que Musk hacía referencia había informado durante las elecciones de 2016 de que Hillary Clinton había fallecido y había sido sustituida por una doble, y su publicación ponía de manifiesto su tendencia a repetir sin miramientos teorías conspirativas sin fundamento.
Unos meses más tarde, Musk publicó un mensaje en el que comparaba al multimillonario filántropo judío George Soros con Magneto, el supervillano de Marvel, y afirmaba que Soros odia a la humanidad y «quiere erosionar los cimientos mismos de la civilización». Sus mensajes contra Soros, difundidos entre sus aproximadamente 125 millones de seguidores, fueron ampliamente criticados por promover estereotipos antisemitas.
En agosto de 2023, tras cambiar el nombre de Twitter a X, Musk empezó a insistir en un tema falso: que los sudafricanos blancos eran víctimas de un genocidio. Seguiría promoviendo esta idea en los años siguientes. El año pasado, el chatbot Grok AI de X, sin que nadie se lo pidiera, decía a los usuarios que los «blancos» sudafricanos «son objeto de ataques por motivos raciales». Trump también defendió esta afirmación sin fundamento, destinada a sugerir que los blancos son las verdaderas víctimas del racismo. Como era de esperar, numerosas verificaciones de datos señalaron que esta afirmación era falsa.
Musk volvió a caer en el antisemitismo en noviembre de 2023, en respuesta a un usuario de X que había declarado que los judíos fomentan el odio hacia los blancos y que, al apoyar la inmigración, los judíos demuestran que no les gusta «demasiado» Estados Unidos. Este tuit parecía estar en línea con la teoría de la «gran sustitución» de la extrema derecha, según la cual los liberales, los demócratas y las élites están trayendo inmigrantes a Estados Unidos para sustituir a la población blanca. (La noche anterior a la infame manifestación «Unite the Right» en Charlottesville, Virginia, en 2017, nacionalistas blancos y neonazis marcharon por el campus de la Universidad de Virginia coreando: «Los judíos no nos sustituirán»).
Musk respondió a esta publicación diciendo: «Han dicho la verdad tal y como es». Su respuesta obtuvo más de 6 millones de visualizaciones —y una censura generalizada por su aparente respaldo al antisemitismo—. Días más tarde, Musk publicó un mensaje que parecía legitimar la teoría de la conspiración del «Pizzagate», desmentida hace tiempo, según la cual funcionarios demócratas y otras personas habían dirigido una red de tráfico sexual infantil desde el sótano de una pizzería de Washington D. C. que ni siquiera tenía sótano. Ha hecho suyas las mentiras de Trump sobre las elecciones de 2020, ha respaldado las sospechas conspirativas sobre las máquinas de votación y ha difundido repetidamente la falsa acusación de que las elecciones estadounidenses son en gran medida fraudulentas debido al voto generalizado de inmigrantes indocumentados —una maniobra que socava la democracia estadounidense—.
Musk ha sido una voz destacada en la cruzada contra la DEI que denigra a las personas negras. En enero de 2024, afirmó que los programas de diversidad de United Airlines y Boeing hacían que los viajes aéreos fueran menos seguros, impulsando así un tema favorito de los intolerantes de la extrema derecha. En respuesta a un usuario de X que sugirió que el coeficiente intelectual de los pilotos de United Airlines que habían estudiado en universidades históricamente negras era inferior al de los pilotos de la Fuerza Aérea, escribió: «Tendrá que estrellarse un avión y morir cientos de personas para que cambien esta política de locos de DIE» —una forma mal escrita del acrónimo DEI—. En otra publicación, comentó: «¿Quieres volar en un avión en el que han dado prioridad a la contratación basada en DEI por encima de tu seguridad? Eso está ocurriendo de verdad». En cuestión de horas, esa publicación recibió 14 millones de visitas.
Durante la campaña de 2024, cuando Trump inventó la ridícula y falsa acusación de que los inmigrantes haitianos de Springfield (Ohio) robaban y se comían a los gatos y perros de compañía de la gente, Musk promovió esta basura racista y amplificó varios memes que difundían esta calumnia. Como sin duda recordarán, durante un mitin de toma de posesión de Trump, este hizo un gesto con el brazo extendido que se comparó con un saludo nazi —y luego bromeó al respecto—. Días más tarde, apoyó al partido de extrema derecha y antiinmigración AfD en Alemania, al que algunos académicos han calificado de fascista. En un discurso a distancia en un mitin de la AfD, proclamó que «francamente, se presta demasiada atención a la culpa del pasado y tenemos que superar eso», un comentario que se interpretó como una sugerencia de que se prestaba demasiada atención al Holocausto, uno de los argumentos favoritos de los extremistas antisemitas de derecha.
La lista continúa. A principios de este mes, Musk utilizó su plataforma X y sus propias publicaciones para avivar la ira que ha dado lugar a horribles actos de violencia contra los inmigrantes en Irlanda del Norte. Esto no fue ninguna sorpresa, dado que Musk ha sido partidario de Tommy Robinson, el extremista británico antiinmigración que defiende la teoría del «reemplazo blanco» y que ha sido acusado de forma creíble de racismo, y que el año pasado financió la defensa legal de Robinson frente a los cargos de terrorismo. (La semana pasada, la policía británica detuvo a Robinson en el aeropuerto de Heathrow en virtud de la legislación antiterrorista, a su regreso de un viaje a Rusia, donde se reunió con el padre de Musk, Errol, y elogió a Rusia como una «sociedad civilizada»).
Musk ha incurrido en numerosas conductas censurables. Su destrucción indiscriminada de agencias gubernamentales estadounidenses al inicio del segundo mandato de Trump provocó grandes penurias y graves consecuencias para la nación. Quizá el peor de todos los pecados de su grupo DOGE fue la aniquilación de USAID. Musk, un detractor maníaco de esta agencia —que gastaba decenas de miles de millones de dólares al año para combatir el hambre y las enfermedades en los países pobres (además de financiar programas para detectar y contener enfermedades infecciosas mortales que pudieran propagarse a Estados Unidos)—, tachó absurdamente a USAID de «malvada» y de «organización criminal». Eso fue una locura. Pero su exitoso esfuerzo por destruir la USAID ha provocado, hasta la fecha, la muerte estimada de 263.000 adultos y 518.000 niños en el extranjero. El presupuesto anual de la USAID era de unos 28.000 millones de dólares. Un billón de dólares habría bastado para financiarlo durante 35 años y habría salvado decenas de millones de vidas.
Musk tiene mucha sangre en sus sucias manos: unos 3 millones de kilos (si la estimación anterior es correcta). Ha envenenado el discurso nacional. Varios estudios han constatado un aumento de los discursos racistas y antisemitas en X desde que se hizo con el control de la plataforma (y recortó drásticamente la moderación de contenidos). El hecho de que haya alcanzado el estatus de «Big-T» no debería distraernos de sus numerosas transgresiones. No merece ser celebrado, sino condenado. Sin embargo, cuando se es tan jodidamente rico, cuestiones tan insignificantes como poner fin a la atención médica que salva la vida de cientos de miles de personas no suponen ningún obstáculo. Tampoco lo es difundir el odio, la intolerancia y la violencia.
Musk es el único «billonario» que tenemos y, con diferencia, el peor. Quizás deberíamos reflexionar sobre cómo nuestro sistema capitalista ha dado lugar a un patán y un incitador al odio tan peligroso como su primer «billonario».
Foto de portada: Una gran figura hinchable que representa a Elon Musk en Times Square, Nueva York, el jueves. (Seth Wenig/AP)