Irán advirtió a Trump: Si no se pone fin a la guerra contra el Líbano, podríamos atacar a Israel sin previo aviso

Jeremy Scahill, Drop Site News, 19 junio 2026

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Jeremy Scahill es periodista de Drop Site News y fue cofundador de The Intercept. Es reportero de investigación, corresponsal de guerra y autor de Dirty Wars: The World Is a Battlefield y Blackwater: The Rise of the World’s Most Powerful Mercenary Army. Ha informado desde Afganistán, Iraq, Somalia, Yemen, Nigeria, la antigua Yugoslavia y otros lugares del mundo.

Si el presidente Donald Trump no obliga a Israel a detener sus ataques cada vez más intensos contra el Líbano, Irán ha comunicado a los mediadores que está dispuesto a suspender el acuerdo firmado esta semana y a lanzar ataques de represalia contra Israel, según ha declarado a Drop Site un alto cargo iraní.

«En lo que respecta al Líbano, hemos advertido tanto a los mediadores como a la parte estadounidense de que, si el régimen incumple el acuerdo vigente, Irán responderá con medidas militares de gran envergadura sin previo aviso público», afirmó el funcionario iraní, que no está autorizado a hablar públicamente. «En caso de que Estados Unidos intervenga, la situación, especialmente la relacionada con el estrecho de Ormuz, podría volver rápidamente a un entorno de guerra».

El viernes llegaron noticias de que se había alcanzado un acuerdo de alto el fuego entre Israel y Hizbolá, pero un funcionario israelí afirmó que, incluso con un alto el fuego, Israel no iba a retirar sus fuerzas del Líbano. Otro funcionario israelí declaró a Channel 12 que Israel se reserva el derecho a atacar contra lo que considere amenazas, un argumento habitual utilizado por Israel para violar sistemáticamente los acuerdos de alto el fuego en Gaza y el Líbano.

Durante la última semana, Israel ha seguido atacando sin tregua al Líbano, y sus fuerzas siguen profundamente atrincheradas en el sur. En una oleada de más de 20 ataques aéreos perpetrados el jueves por la noche, Israel mató al menos a 47 personas, según el Ministerio de Sanidad del Líbano. Desde marzo, cuando Hizbolá entró en la guerra junto a Irán, Israel ha matado a más de 3.900 personas en el Líbano y ha desplazado a más de 1,2 millones. Hizbolá ha seguido respondiendo con ferocidad a la campaña militar israelí y ha sorprendido a Israel con su capacidad para infligir bajas a sus fuerzas de ocupación. Se ha confirmado la muerte en combate de más de 30 soldados israelíes desde el 2 de marzo.

El 14 de junio, mientras Irán y EE. UU. ultimaban los términos del memorando de entendimiento, Israel bombardeó Dahiyeh, un barrio del sur de Beirut. Irán estuvo a pocas horas de atacar a Israel en respuesta, pero las autoridades afirmaron que Teherán acordó finalmente no responder tras conseguir concesiones de última hora por parte de Trump. Irán había calificado anteriormente los ataques contra Beirut como una escalada que no quedaría sin respuesta.

La guerra que continúa en el Líbano y la desconfianza generalizada de Irán hacia Trump han puesto en duda la viabilidad de un acuerdo duradero. Las conversaciones técnicas que estaban previstas para el viernes en Suiza se pospusieron, y los responsables iraníes alegaron los continuos ataques en el Líbano. Algunos responsables también han denunciado la posibilidad de que los líderes iraníes sean fotografiados reuniéndose con Trump u otros responsables estadounidenses implicados en el asesinato del líder supremo del país. Las autoridades estadounidenses han reconocido el retraso, pero no han confirmado el motivo. A última hora del jueves, la Casa Blanca comunicó que el vicepresidente JD Vance —quien ha sido designado como la cara visible de las negociaciones de EE. UU.— no viajaría a Suiza tal y como se había anunciado previamente, afirmando que «la logística de estas negociaciones nunca ha sido sencilla ni predecible». Un alto funcionario pakistaní afirmó que la reunión se canceló debido a las celebraciones religiosas relacionadas con el mes islámico de muharram, un período de luto para los musulmanes chiíes.

La cancelación de lo que inicialmente se presentó como una ceremonia formal de firma, en la que podría participar Trump, pone de manifiesto la fragilidad de todo el proceso. «Reconocemos plenamente que la aplicación de este memorándum supondrá un gran desafío debido al enfoque impredecible y volátil del presidente Trump», afirmó el funcionario iraní, que no está autorizado a hablar públicamente sobre las deliberaciones internas. «Es muy posible que el expediente de Irán, al igual que otras iniciativas políticas y económicas de Trump, quede abandonado antes de llegar a buen puerto».

Mientras los responsables israelíes siguen denunciando públicamente a Trump y al acuerdo, Vance ha respondido con dureza, lanzando una reprimenda sin precedentes contra Israel por parte de una administración que le ha dado carta blanca para extender sus guerras por toda la región.

«Trump es el único jefe de Estado de todo el mundo que simpatiza con la nación de Israel en este momento, y da la casualidad de que es el jefe de Estado de la superpotencia mundial. Si yo formara parte del gabinete del Gobierno israelí, quizá no estaría atacando al único aliado poderoso que me queda en todo el mundo», declaró Vance en una rueda de prensa el jueves, añadiendo que los líderes israelíes deberían «despertar y darse cuenta de la realidad».

En unas declaraciones dirigidas a Israel, Vance declaró a The New York Times: «Sois un país de nueve millones de personas. No podéis resolver todos y cada uno de vuestros problemas de seguridad nacional simplemente matando a la gente». En la inauguración de la cumbre del G7 en Francia el lunes, Trump criticó repetidamente a Israel, afirmando: «Israel lleva demasiado tiempo luchando contra Hizbolá y están muriendo demasiadas personas».

La Casa Blanca ha difundido con frecuencia a medios de comunicación afines noticias en las que funcionarios anónimos describían un conflicto entre Trump y Netanyahu, para luego dar un giro de 180 grados y respaldar ataques israelíes más agresivos tanto en Gaza como en el Líbano. El tono de estas críticas y el hecho de que sean expresadas públicamente y de forma directa por Trump y Vance constituyen una novedad.

El primer ministro Benjamin Netanyahu se enfrenta a intensas críticas dentro de Israel al iniciar su campaña para la reelección, y tanto miembros de su propio gabinete como políticos de la oposición denuncian el acuerdo con Irán y le advierten que no se retire del Líbano. Algunos líderes políticos destacados han pedido que se amplíe la guerra.

Netanyahu ha intentado adoptar un tono diplomático con Trump, a quien ha calificado de «el mejor amigo que Israel ha tenido jamás en la Casa Blanca», pero ha tratado de presentarse como alguien capaz de separar los intereses estadounidenses de los israelíes. Ha argumentado que el acuerdo de Trump con Irán no es vinculante para Israel. «Permaneceremos en la zona de seguridad del Líbano todo el tiempo que sea necesario», declaró Netanyahu el 15 de junio. «Muchas veces coincidimos», dijo Netanyahu sobre la relación entre EE. UU. e Israel, «y también hay casos en los que coincidimos menos. Soy responsable de los intereses de seguridad de Israel. Los defiendo». El ministro de Defensa, Israel Katz, proclamó el lunes: «Nos oponemos a la retirada del ejército israelí del Líbano, a pesar de todas las presiones actuales y futuras».

Los negociadores iraníes lucharon por que se incluyera en el memorándum de entendimiento una retirada israelí completa, mientras que EE. UU. presionó para que se utilizara un lenguaje ambiguo sobre el cese de las hostilidades. Al final, el texto declaraba «el cese inmediato y permanente de las operaciones militares en todos los frentes, incluido el Líbano» y «la garantía de la integridad territorial y la soberanía del Líbano». Aunque Irán sostiene que esta formulación implica que Israel debe retirar sus fuerzas de ocupación, altos cargos iraníes, entre ellos el ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, han sugerido que la cuestión podría no resolverse hasta que Estados Unidos e Irán firmen un acuerdo global. «Sin la retirada de las fuerzas israelíes de los territorios que ocuparon durante esta guerra, la guerra no ha llegado a su fin por completo», afirmó Araghchi el martes.

El presidente Donald Trump recibe una visita guiada por el Palacio de Versalles de la mano del presidente de Francia, Emmanuel Macron, antes de una cena celebrada el 17 de junio de 2026 en Versalles, Francia. Durante la cena, Trump firmó el memorándum de entendimiento con Irán. Foto de Anna Moneymaker/Getty Images.

Narrativas enfrentadas

En los días transcurridos desde que se hicieron públicos los términos del memorándum de entendimiento firmado por EE. UU. e Irán, el debate se ha extendido en ambos países. Trump se enfrenta a las críticas de algunos de sus seguidores más acérrimos, que esperaban que continuara intensificando la guerra y diera pie a que Israel ampliara sus ataques contra el Líbano. En Irán, existe un debate encarnizado dentro de la élite política y, aunque el líder supremo Mojtaba Jamenei afirmó que había dado su consentimiento para que los dirigentes políticos del país firmaran el memorándum de entendimiento, declaró el jueves que, personalmente, se oponía a algunos de sus términos.

Mientras las batallas narrativas continúan desarrollándose en ambos países, un alto funcionario iraní, que conoce de primera mano el proceso de toma de decisiones de Teherán, proporcionó a Drop Site un relato con un análisis detallado de cómo los negociadores iraníes valoraron el proceso que condujo al acuerdo y ofrecieron una evaluación de la viabilidad final del marco.

A lo largo de los dos meses posteriores a la firma de un alto el fuego inicial y a las reuniones celebradas en Islamabad entre funcionarios estadounidenses e iraníes, los negociadores han mantenido conversaciones indirectas con el objetivo de alcanzar un acuerdo para poner fin a la guerra. En público, Trump adoptó el tono beligerante de un conquistador, afirmando que los iraníes le estaban «suplicando» que llegara a un acuerdo y prometiendo que Teherán se rendiría, que las tropas estadounidenses entrarían en Irán para hacerse cargo de sus reservas de uranio altamente enriquecido y que Irán no recibiría dinero alguno como parte de un acuerdo con EE. UU.

A pesar de la bravuconería pública de Trump, la realidad es que eran los EE. UU. quienes buscaban repetidamente conversaciones para poner fin a la guerra. Tal y como informó Drop Site, el enviado especial de Trump, Steve Witkoff, comenzó a enviar mensajes a funcionarios iraníes días después de que comenzara la guerra, el 28 de febrero. Irán adoptó la postura de que necesitaba restablecer su capacidad disuasoria y no permitiría una desescalada hasta que considerara que lo había logrado.

Entre bastidores, una vez que comenzaron las conversaciones indirectas serias, los negociadores iraníes se mantuvieron firmes en una serie de líneas rojas, entre ellas: la guerra de Israel contra el Líbano debía llegar a su fin, Irán no aceptaría exportar su uranio enriquecido e Irán tiene derecho a recuperar miles de millones de dólares de sus activos congelados.

«La elaboración de este memorándum fue el resultado de las persistentes peticiones y la insistencia de la parte estadounidense y de diversos mediadores», afirmó el funcionario iraní. «No obstante, desde el principio nos opusimos a ambas guerras ilegales lanzadas contra nuestro país y acogimos con satisfacción la perspectiva de paz tras repetidas peticiones de distensión».

Al final, Trump aceptó la propuesta de Irán de dividir el acuerdo en dos fases principales. La primera abordaría el fin de la guerra, incluida la del Líbano, la reapertura del estrecho de Ormuz, el marco de la compensación financiera a Irán y la reafirmación de que Irán no intentaría fabricar ni adquirir un arma nuclear. La segunda fase implicaría un plazo inicial de 60 días para negociar un acuerdo global sobre el futuro del enriquecimiento nuclear de Irán, el destino de sus reservas actuales y, lo que es crucial para Irán, las condiciones que conducirían al levantamiento de todas las sanciones económicas.

El alto funcionario iraní afirmó que los términos del acuerdo que regulan el levantamiento del bloqueo militar estadounidense en el estrecho de Ormuz y respaldan la gestión iraní de la vía navegable, así como los compromisos financieros —el levantamiento de las sanciones, el desbloqueo de fondos, y la creación de un fondo de reconstrucción de 300.000 millones de dólares— incluidos en el memorando de entendimiento «constituyen .un registro oficial y una clara indicación del fracaso de la política del presidente Trump, que condujo al inicio de dos guerras contra Irán».

Las autoridades iraníes afirman que negociaron deliberadamente un acuerdo estructurado en un marco recíproco. Si Estados Unidos no cumple los términos, Irán tiene la capacidad de detener el proceso o responder militarmente.

«Este memorándum compromete explícitamente a Estados Unidos a abstenerse de proferir amenazas contra Irán», afirmó el funcionario iraní. «Si el presidente Trump volviera a lanzar amenazas públicas contra Irán, cada una de ellas acarrearía consecuencias para los intereses estadounidenses en la región, que se impondrían mediante medios nuevos y en constante evolución. También aplicaríamos las correspondientes suspensiones en el cumplimiento de determinados compromisos recogidos en el memorándum».

En su campaña para presentar este acuerdo como una victoria, Trump se ha centrado en el hecho de que Irán ha acordado formalmente no intentar fabricar ni adquirir un arma nuclear. Pero esta ha sido la postura de Irán desde hace mucho tiempo, desde la firma del Tratado de No Proliferación Nuclear en 1970, y también se estableció explícitamente en el acuerdo nuclear con Irán de 2015 que Trump denuncia a diario. «Tras dos guerras de Estados Unidos e Israel contra Irán, Washington sólo ha conseguido, una vez más, obtener el compromiso reiterado de Irán de no desarrollar armas nucleares», afirmó el funcionario iraní, añadiendo que «se le ofreció intencionadamente al presidente Trump como una concesión simbólica, un regalo de segunda mano sin valor».

Aunque Irán intentó excluir cualquier compromiso sobre sus reservas de uranio enriquecido, finalmente aceptó algunas condiciones. Trump insistió constantemente en que Irán no podía llevar a cabo ningún tipo de enriquecimiento nuclear y que EE. UU. se haría cargo de sus aproximadamente 1.000 libras de uranio enriquecido al 60%. En cambio, el memorando de entendimiento establece que EE. UU. e Irán acordaron «resolver la disposición del material enriquecido almacenado» mediante una «metodología mínima que consistirá en la dilución in situ bajo la supervisión» de la Agencia Internacional de Energía Atómica. Este enfoque refleja exactamente las condiciones que Irán había propuesto antes de que comenzara la guerra en febrero, cuando negociaba con funcionarios estadounidenses.

«La aceptación formal de todas las disposiciones por parte de Estados Unidos constituye tanto la consolidación como la declaración oficial de la política de guerra de la Administración Trump», afirmó el funcionario iraní, señalando que los términos del «acuerdo se redactaron en consonancia con nuestros intereses nacionales y los intereses de la región en general».

A lo largo de los últimos años, Irán ha tratado de estrechar sus lazos con China, Rusia y otras naciones de todo el hemisferio oriental. Desde el inicio de la guerra de los 12 días en junio de 2025, Teherán ha intensificado sus esfuerzos por ampliar sus alianzas políticas, militares y económicas. Dichos esfuerzos se han acelerado considerablemente en los últimos cuatro meses. «Esta guerra profundizará inevitablemente nuestra dependencia de los socios orientales en las circunstancias que se nos han impuesto. Como resultado, nos veremos obligados a impulsar una expansión mucho más rápida de nuestras relaciones de seguridad, económicas y políticas con China», afirmó el responsable iraní.

La guerra de febrero puso en duda la viabilidad del acercamiento entre Irán y varios de sus aliados árabes del Golfo Pérsico que la había precedido, ya que Estados Unidos utilizó ampliamente la infraestructura militar para librar su guerra contra Irán. La mayoría de los países del Golfo presentaron a Irán como el agresor en el conflicto, denunciando con frecuencia sus ataques con misiles balísticos y drones —dirigidos en su gran mayoría contra bases e instalaciones militares estadounidenses— como ataques injustificados contra su soberanía. Ahora, según afirman los responsables iraníes, muchas de estas relaciones se están reparando y se están manteniendo conversaciones sobre proyectos económicos conjuntos y el refuerzo de las relaciones diplomáticas.

Si este acuerdo conduce realmente al fin de la guerra militar activa —lo cual sigue siendo una cuestión muy abierta—, Irán se enfrentará a sus propias realidades internas. Los ataques de EE. UU. e Israel han tenido un innegable efecto unificador en la sociedad iraní, que ha sido testigo de concentraciones masivas nocturnas en las plazas públicas. Este movimiento de movilización en torno a la bandera también se vio favorecido por las amenazas de Trump de aniquilar la civilización iraní y por los ataques contra la población civil, incluido el bombardeo de la escuela de niñas de Minab en las primeras horas de la guerra. Las autoridades israelíes no han ocultado su intención de intensificar sus acciones encubiertas en Irán, con el objetivo de provocar un levantamiento. Si cesan los bombardeos de EE. UU. e Israel e Irán deja de luchar en solitario contra dos potencias nucleares, se verá obligado a hacer frente a los problemas económicos y políticos a los que se enfrentaba el país antes de la guerra. No quedará claro hasta dentro de algún tiempo hasta qué punto perdurará el sentimiento de unidad que se ha manifestado desde febrero.

«Las divisiones políticas y sociales requerirán un tiempo considerable para sanar», afirmó el funcionario iraní. «Los cambios generacionales e institucionales derivados de los numerosos asesinatos y bajas entre los dirigentes políticos, de seguridad y militares de Irán crearán, sin duda, obstáculos adicionales para el desarrollo del país».

No hay duda de que Irán y EE. UU. se encuentran en una encrucijada histórica en la era que comenzó con la revolución islámica de 1979. Debido al carácter impredecible de Trump y a la forma en que mezcla su ego, sus vínculos personales y sus esfuerzos por enriquecer a sus amigos y familiares, Irán debe abordar cualquier acuerdo con EE. UU. asumiendo que puede ser abandonado, violado o cancelado. El acuerdo nuclear de 2015 tardó años en alcanzarse, pero Trump lo rompió en un instante, lo que desencadenó una serie de acontecimientos que condujeron a las primeras guerras abiertas lanzadas por EE. UU. contra Irán desde 1979.

«Nuestra valoración es que, debido a las deficiencias en los conocimientos especializados y la preparación técnica del equipo negociador estadounidense, es poco probable que las negociaciones nucleares especializadas alcancen una conclusión satisfactoria para ambas partes dentro del plazo propuesto de sesenta días», afirmó el funcionario iraní. «Por lo tanto, nuestras instituciones militares permanecerán en alerta máxima. Además, en caso de que surgiera una evaluación definitiva que indicara una renovada probabilidad de una acción militar estadounidense contra Irán, se considerarían medidas preventivas contra una lista actualizada de objetivos».

Foto de portada: Un dron fotografiado frente a un cartel en el que aparecen los retratos del difunto y del nuevo Líder Supremo de Irán, el ayatolá Ruhollah Jomeini, el ayatolá Alí Jamenei y el ayatolá Mojtaba Jamenei, durante una manifestación nocturna a favor del Gobierno en la plaza Enghelab, en el centro de Teherán, el 5 de junio de 2026. (Morteza Nikoubazl/NurPhoto vía Getty Images)

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