Murtaza Hussain y Reza Sayah, Drop Site News, 19 junio 2026
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Murtaza Hussain es un periodista especializado en temas de seguridad nacional y política exterior. Sus trabajos se publican en CNN, BBC, MSNBC y otros medios de comunicación.

Reza Sayah es padre, periodista y cineasta. Está afincado en Teherán.
La noche anterior a la primera firma digital del acuerdo entre EE. UU. e Irán, el 15 de junio, cientos de manifestantes se reunieron en las calles de Teherán para denunciar el acuerdo. Los manifestantes, frente al Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, enarbolaban pancartas en las que exigían la reanudación de la guerra, llegando incluso a tildar personalmente a los principales negociadores del memorando de entendimiento —el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Aragchi, y el presidente del Parlamento, Mohammed Bagher Qalibaf— de «capituladores» ante los enemigos del país.
A pesar del consenso general a favor del acuerdo —que fue firmado por separado por el presidente Donald Trump en Versalles y por el presidente iraní Masud Pezeshkian en Teherán el miércoles—, un sector reducido, aunque se hace oir, del sistema político iraní ha reaccionado con consternación ante el acuerdo, calificándolo de error estratégico y de traición a los intereses nacionales iraníes.
«Parece que se han vuelto más radicales que antes», declaró a Drop Site Feresteh Sadeghi, periodista y analista política afincada en Teherán, refiriéndose a los manifestantes. «Sus acciones y su movimiento de protesta han acaparado demasiada atención y han hecho saltar las alarmas entre las autoridades del país, así como entre las fuerzas de seguridad».
En una declaración emitida el jueves, el líder supremo iraní, Mojtaba Jamenei, pareció distanciarse del acuerdo, afirmando que había autorizado a los líderes políticos de Irán a firmarlo, al tiempo que daba a entender que, personalmente, no estaba de acuerdo con el mismo. Al señalar que tenía una «opinión diferente», Jamenei afirmó que, no obstante, autorizó a Pezeshkian a seguir adelante después de que «este aceptara explícitamente la responsabilidad del mismo».
Las manifestaciones celebradas esta semana en Teherán contra el acuerdo estuvieron impulsadas en gran medida por los partidarios del Frente de Estabilidad de la Revolución Islámica, conocido popularmente por su nombre persa, Paydari, una facción ideológicamente radical. Paydari cuenta con numerosos partidarios en el Parlamento iraní y, en general, rechaza las negociaciones con Occidente, ya que cree que Irán sólo puede alcanzar la seguridad mediante una confrontación continua que agote la voluntad y la capacidad de Washington para seguir luchando.
Los representantes de esta corriente de la política iraní también se opusieron con vehemencia a la firma del acuerdo nuclear de 2015 con la Administración Obama, con diputados al frente de las protestas, amenazando a los negociadores e incluso rompiendo a llorar ante la firma de un acuerdo que, según advirtieron muchos en aquel momento, no se cumpliría y sólo serviría para sentar las bases de futuros ataques estadounidenses contra Irán.
La primera administración Trump confirmó estos temores en 2018 al incumplir el acuerdo nuclear a pesar de que Irán lo estaba respetando. Instigado por el Gobierno israelí, Trump optó en su lugar por una campaña de sanciones, asesinatos y ataques militares contra Irán denominada «presión máxima». Esa campaña no logró derrocar al Gobierno, pero sí transformó el sistema político iraní, desacreditando a los reformistas y galvanizando a los conservadores que ahora encabezan las manifestaciones callejeras en las que denuncian la posibilidad de un nuevo acuerdo con Washington.
Los términos del memorando de entendimiento incluyen un alto el fuego permanente en todos los frentes, incluido el Líbano, así como compromisos para poner fin a las sanciones contra la economía iraní y atraer inversión extranjera directa al país, a cambio de que Irán se comprometa a reabrir el estrecho de Ormuz y a no desarrollar armas nucleares. Las conversaciones detalladas sobre el programa nuclear iraní y la reintegración permanente de Teherán en la economía mundial tendrán lugar durante un período de 60 días que es «prorrogable por mutuo acuerdo».
A pesar de la percepción generalizada entre la opinión pública de que el acuerdo es favorable a Irán, e incluso representa una capitulación por parte de Trump, los opositores dentro de Irán han argumentado que el acuerdo, en realidad, impone graves cargas a Teherán y allana el terreno para futuros ataques estadounidenses.
Mahmud Nabavian, diputado por Teherán, ha concedido una serie de entrevistas televisivas en las que se opone al acuerdo y explica lo que él describe como una secuencia injusta de los compromisos iraníes. Nabavian calificó el acuerdo en las redes sociales como una «pura pérdida» para el país. «La victoria sólo puede lograrse mediante la resistencia», afirmó Nabavian en declaraciones públicas el día en que se firmó digitalmente el memorando de entendimiento. «Con el enfoque actual, no se ha conseguido ninguna victoria y la amenaza de guerra no desaparecerá del país».
A pesar de esta disidencia, los partidarios del acuerdo siguen teniendo el control absoluto de la formulación de políticas. En una serie de mensajes de audio, Mahdi Mohammadi, asesor de Ghalibaf, explicó las ventajas relativas del acuerdo, tratando de calmar las preocupaciones de los críticos y comparando favorablemente el memorando de entendimiento con el acuerdo nuclear de 2015, afirmando que la guerra había proporcionado a Irán una poderosa ventaja para garantizar que EE. UU. no incumpliera sus compromisos una vez más.
«El estrecho está en nuestras manos, podemos cerrarlo cuando queramos», afirmó Mohammadi, añadiendo que, a diferencia de lo ocurrido en 2015, los países árabes del Golfo se han visto ahora también obligados a llegar a un acuerdo con Irán, entre otras cosas mediante inversiones y la repatriación de fondos iraníes congelados, a fin de evitar la reanudación de una guerra que había devastado sus propias economías.
Estos argumentos parecen haber resultado ampliamente convincentes, a pesar de que la amenaza de guerra sigue cerniéndose sobre Irán tras dos ataques por sorpresa perpetrados por EE. UU. e Israel en los últimos dos años.
«Creo que los israelíes harán todo lo posible, quizá incluso con el apoyo de los neoconservadores de Washington, para reavivar la guerra de alguna manera», declaró Ali Kolahi, expresidente de la Comisión de Industria de la Cámara de Comercio de Irán, a Drop Site. «Pero también creo que los dirigentes del país piensan que, si Estados Unidos intenta volver a ir a por la yugular, podemos volver a cerrar el estrecho de Ormuz y optar por una escalada horizontal. Puede que tengamos otras cartas que aún no hayamos mostrado».
Mientras que el acuerdo nuclear original alcanzado con la administración Obama se vendió como el primer paso hacia una reconciliación más amplia con Occidente, el nuevo acuerdo se está presentando a los partidarios del Gobierno como un acuerdo puramente pragmático —firmado sin «ninguna confianza» en Washington y con una disposición constante a volver a la confrontación armada si fuera necesario—, evitando así los errores percibidos en el bando reformista prooccidental.
«El bando liberal ha perdido sin duda el control del discurso en Irán en comparación con 2015, cuando tenía cierta ventaja y fue capaz de llevar a cabo algunas de sus políticas, algunas de las más prooccidentales y conciliadoras. Ya vimos en qué acabó todo eso: Estados Unidos no respetó nada de ello y atacó a Irán», afirmó Navid Zarrinal, analista político e historiador afincado en Teherán. «La mayor preocupación es, en esencia, su ingenuidad respecto a la naturaleza de Occidente.
Hablamos con muchos de estos liberales. Dicen que, si los iraníes dejaran de decir «muerte a Estados Unidos y actuaran como un país normal, todo se resolvería. Pero no es así».
Zarrinal explicó: «Lo vimos con Siria: Siria básicamente cedió a las exigencias de EE. UU. e Israel, pero Israel siguió bombardeando sus infraestructuras defensivas. Si los moderados se salen con la suya, te puedo garantizar que Israel seguiría bombardeando las infraestructuras defensivas de Irán al día siguiente».
Presión económica
Un factor clave que empuja incluso a un Gobierno fuertemente influenciado por el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) a buscar una distensión con EE. UU. es la grave situación económica que se vive en Irán tras años de sanciones y la destrucción de la infraestructura civil iraní durante la reciente guerra. Se cree que varios millones de iraníes han perdido sus puestos de trabajo, directa o indirectamente, como consecuencia de los recientes combates, el bloqueo y los cortes de Internet. El Fondo Monetario Internacional prevé ahora que el PIB de Irán se contraerá un 6% en 2026, con un aumento de los precios al consumo de casi el 70% durante el mismo periodo.
La economía iraní está dominada por una red de instituciones semipúblicas vinculadas al aparato de seguridad. Estas empresas controlan en gran medida el flujo de importaciones, exportaciones y recursos energéticos, y también se encargan de sortear la compleja red de sanciones a las que se enfrenta el país a la hora de comerciar con el extranjero y repatriar fondos procedentes de la venta de petróleo y gas.
Para los escépticos conservadores del memorando de entendimiento, que dudan de que el acuerdo ponga fin de forma duradera a la guerra, estos poderosos conglomerados empresariales se consideran las fuerzas que más presionan al Gobierno para que siga adelante. Conocidas en persa como «jusulati» —una combinación de las palabras «privado» y «gobierno»—, estas empresas podrían recuperar el acceso a miles de millones de dólares en fondos congelados, así como nuevas oportunidades de negocio en la economía oligárquica de Irán.
«Es probable que estuvieran presionando entre bastidores para alcanzar un acuerdo porque sus intereses comerciales y empresariales se habían visto amenazados, especialmente en los Emiratos Árabes Unidos. Sabemos que, en las primeras semanas de la guerra, los Emiratos Árabes Unidos les habían confiscado su dinero y les habían bloqueado el acceso a sus cuentas bancarias. Son estas empresas las que querían este acuerdo para que sus negocios volvieran a la normalidad, y las autoridades les hacen caso porque tienen poder en la economía», afirmó Sadeghi, refiriéndose a las empresas «jusulati». «La gente corriente o incluso los políticos que se oponen a este acuerdo o al memorando de entendimiento son los que no tienen ningún interés financiero en este asunto».
Sadeghi añadió que cree que, a pesar de las promesas aparentemente atractivas de alivio económico que contiene el memorando de entendimiento, la experiencia pasada —incluidos los ataques contra Irán durante las negociaciones de 2025 y 2026— sugiere que ambos países no lograrán alcanzar una distensión definitiva que resuelva el conflicto o levante las sanciones de forma permanente.
«Personalmente, creo que Irán y Estados Unidos no llegarán a ningún acuerdo en absoluto», afirmó, y añadió que Estados Unidos era «adicto a las sanciones y a la intimidación».
Polarización o sedición
Si bien el Gobierno iraní ha llevado a cabo sucesivas oleadas de represión contra opositores liberales y monárquicos, separatistas étnicos e incluso figuras políticas conservadoras desilusionadas, las tensiones con el pequeño grupo de opositores acérrimos al actual acuerdo con Washington podrían dar lugar a un enfrentamiento poco habitual con un sector del sistema político situado a su derecha.
Miembros de la amplia clase política que apoyan el acuerdo han advertido contra una mayor disidencia pública, calificando las recientes manifestaciones como un intento de crear malestar en un país que aún se recupera de un levantamiento fallido que se cobró miles de vidas en enero. «El Mossad no duerme por las noches para fomentar la sedición», afirmó Hesamodin Ashna, asesor del expresidente Hassan Ruhani, en una declaración pública considerada una advertencia a los opositores al memorando de entendimiento. «No polaricéis a la sociedad, no acampéis en la calle».
Por el momento, parece probable que los defensores del acuerdo continúen las negociaciones de paz con Washington.
El acuerdo, que también exigirá a EE. UU. que presione a Israel para que ponga fin a su ofensiva contra el Líbano, depende ahora de si Irán ha logrado crear suficiente disuasión mediante sus ataques con misiles y el cierre del estrecho para impedir que Trump reanude la guerra más adelante en su mandato.
«Si Trump no sufre un daño real, no cejará en planear su próximo ataque», afirmó el Dr. Foad Izadi, profesor de la Universidad de Teherán, al explicar el punto de vista de los detractores iraníes del acuerdo. «Lo que esta facción quiere es que el dolor sea lo suficientemente grande como para que, la próxima vez que alguien en la Casa Blanca abogue por un ataque contra Irán, se le ignore».
Foto de portada: Los iraníes pasan junto a un retrato del líder supremo de Irán, el ayatolá Mojtaba Jamenei, mientras participan en una manifestación nocturna con motivo del mes sagrado musulmán de muharram en el centro de Teherán, Irán, el 15 de junio de 2026. (Morteza Nikoubazl/NurPhoto vía Getty Images)