Exclusiva: Documentos internos revelan que la «Junta de Paz» de Trump está actuando para acabar con la autodeterminación palestina

Jeremy Scahill y Jawa Ahmad, Drop Site News, 23 junio 2026

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Jeremy Scahill es periodista de Drop Site News y fue cofundador de The Intercept. Es reportero de investigación, corresponsal de guerra y autor de Dirty Wars: The World Is a Battlefield y Blackwater: The Rise of the World’s Most Powerful Mercenary Army. Ha informado desde Afganistán, Iraq, Somalia, Yemen, Nigeria, la antigua Yugoslavia y otros lugares del mundo.

Jawa Ahmad es investigador de temas de Oriente Próximo en Drop Site News.

Poco después de la autocomplaciente gira del presidente Donald Trump por haber «puesto fin» a la guerra de Gaza el pasado mes de octubre —repleta de ceremonias en las que diversos reyes, emires y presidentes lo elogiaron—, Israel dejó claro que no tenía intención alguna de respetar los términos del acuerdo. Continuó matando a los palestinos casi a diario y comenzó a limitar la entrada a la Franja de los productos de primera necesidad acordados y estipulados en el acuerdo de alto el fuego.

No obstante, Trump dio un golpe maestro al mes siguiente al conseguir que el Consejo de Seguridad de la ONU respaldara su plan para Gaza. En una medida sin precedentes, el Consejo respaldó el despliegue de una fuerza internacional que no operaría bajo la bandera de la ONU, sino que estaría comandada y controlada por Trump y su «Consejo de Paz» privado —al que los Estados podrían adherirse por mil millones de dólares y obtener la condición de miembro permanente—. En términos generales, Trump podría revestir los futuros edictos de su junta con la apariencia de legitimidad de la ONU.

Mientras Israel ampliaba constantemente sus ataques militares contra Gaza y hacía avanzar a sus fuerzas de ocupación más profundamente en el enclave, en lugar de retirarlas y reposicionarlas según lo acordado, los responsables de Hamás declararon a Drop Site que no tuvieron noticias de la Junta de Paz hasta marzo.

Desde entonces, las negociaciones sobre el futuro de Gaza se han quedado estancadas en un limbo diplomático. A pesar de la pompa y la solemnidad orquestadas por la Casa Blanca tras la firma del acuerdo y de la promesa de Trump de garantizarlo, Estados Unidos se ha negado a exigir a Israel que cumpla con ninguna de sus obligaciones. Aunque Hamás cumplió con su parte del acuerdo y entregó a Israel a todos sus cautivos, tanto vivos como muertos, Israel ha violado repetidamente casi todas las cláusulas del acuerdo y ha matado a más de 1.000 palestinos desde la firma del acuerdo en Sharm El-Sheikh, Egipto.

Las conversaciones que han tenido lugar se han centrado de forma abrumadora en los intentos de la Junta de imponer cambios que los palestinos nunca aceptaron, transformando de hecho un acuerdo de alto el fuego limitado en un acuerdo político más amplio basado en el desarme de la resistencia palestina y el abandono de su lucha de liberación nacional. En un informe presentado al Consejo de Seguridad de la ONU en mayo, la Junta calificó el desarme de la resistencia palestina como «el único factor que desbloquea todos los demás elementos del plan». La propuesta de la Junta, de aplicarse, dejaría a Gaza únicamente con una fuerza policial local encargada de hacer cumplir la ley a nivel interno y sin fuerzas de resistencia capaces de defender Gaza frente a la ocupación israelí o los continuos ataques.

Ahora, con la cobertura mediática occidental y regional firmemente centrada en Irán y en el ataque israelí al Líbano, las actuales negociaciones entre los palestinos y la Junta de Paz han sido ignoradas casi por completo.

Sin embargo, la Junta sigue intentando socavar cualquier posibilidad de creación de un Estado palestino mediante una «hoja de ruta» de 15 puntos que presentó por primera vez a Hamás y a otras facciones de la resistencia palestina en abril. Drop Site News ha obtenido dos documentos de la última ronda de negociaciones entre los palestinos y la Junta de Trump. El primero es el texto completo de las enmiendas propuestas por los negociadores palestinos a la hoja de ruta de la Junta para abordar una serie de cuestiones, incluida la exigencia de que Hamás, la Yihad Islámica Palestina y sus aliados se sometan a un desarme total. El documento revisado se entregó a la Junta el 13 de junio. El segundo documento es la respuesta entregada a la parte palestina la semana pasada por Nickolay Mladenov, el «Alto Representante» de la Junta de Paz.

En conjunto, las dos versiones de la hoja de ruta ofrecen una visión detallada del grado en que el equipo de Trump está intentando socavar la insistencia palestina en que cualquier acuerdo a largo plazo debe incluir una vía clara hacia la creación de un Estado, que Gaza y la Cisjordania ocupada sean tratadas como un único territorio palestino, y que se preserven los derechos del pueblo palestino a resistir la ocupación y la anexión israelíes.

«Lo que estamos viendo es un intento, a la sombra de un genocidio, de desmantelar la resistencia palestina mediante todo este tipo de condiciones previas», afirmó Abdullah Al-Arian, profesor asociado de Historia en la Universidad de Georgetown en Catar. «La interpretación de este acuerdo está en manos de actores que, en su mayoría, se sienten obligados a priorizar la seguridad de Israel».

Mladenov, exministro de Defensa y de Asuntos Exteriores de Bulgaria, ocupó el cargo de coordinador especial de la ONU para el proceso de paz en Oriente Medio entre 2015 y 2020. Actualmente es director general de una academia de investigación que forma a diplomáticos de los Emiratos Árabes Unidos, el aliado árabe más cercano de Israel. Hasta su nombramiento en el consejo de Trump, Mladenov también fue investigador visitante en el Washington Institute for Near East Policy, un centro de estudios proisraelí fundado por veteranos del AIPAC.

En algunas negociaciones recientes con Hamás, Mladenov ha contado con la colaboración de un asesor de alto rango de Trump, el rabino Aryeh Lightstone, un firme defensor de Israel que desempeñó un papel clave en los Acuerdos de Abraham de 2020.

En su borrador, los negociadores palestinos insisten en que la resolución de la cuestión de las armas sólo puede abordarse como parte de un «proceso que garantice el derecho del pueblo palestino a establecer un Estado palestino y a ejercer su derecho a la autodeterminación». El borrador de la Junta se limita a afirmar que el desarme palestino «creará las condiciones para una vía creíble».

Los documentos revelan también cómo la Junta de Trump ha adoptado una táctica israelí que se remonta a décadas: exigir compromisos detallados a los palestinos en cuestiones de seguridad y armamento, mientras que sólo ofrece vagas sugerencias sobre posibles compromisos israelíes y no proporciona a la parte palestina ningún recurso sustantivo en caso de que Israel incumpla los términos.

«La última respuesta de Mladenov refleja la falta de voluntad de la ocupación para alcanzar un acuerdo, a pesar de que el movimiento ha cumplido con todas las exigencias que se le han planteado y de la considerable flexibilidad que ha demostrado en diversos asuntos, incluida la cuestión de las armas», declaró a Drop Site un alto cargo de Hamás. Solicitó mantener el anonimato, ya que las facciones palestinas aún no han remitido su respuesta oficial a Mladenov. «En su forma actual, este documento es inaceptable y no puede servir de base para un acuerdo».

En una declaración facilitada a Drop Site tras la publicación de este artículo, un portavoz de la Junta de Paz afirmó que la organización «rechaza la afirmación de que sus esfuerzos estén diseñados para favorecer los intereses de una de las partes frente a la otra». Añadió: «La hoja de ruta está diseñada para transformar un frágil alto el fuego en una realidad duradera que permita a los palestinos de Gaza vivir con seguridad, dignidad y estabilidad. Esto requiere avances en materia de gobernanza, ayuda humanitaria, reconstrucción, recuperación económica y medidas de seguridad capaces de impedir que se reanude el conflicto».

Los responsables de Hamás afirman que las facciones palestinas están revisando actualmente la respuesta de Mladenov a las condiciones que propusieron. Hazem Qassem, portavoz de Hamás en Gaza, señaló que las enmiendas propuestas en el borrador palestino y en una serie de reuniones recientes celebradas en El Cairo fueron bien acogidas por los mediadores regionales de Catar, Egipto y Turquía. «Los mediadores expresaron una clara satisfacción con las respuestas de las facciones palestinas y las consideraron posiciones positivas que podrían servir de base para alcanzar un acuerdo global», afirmó Qassem en un comunicado: «Mladenov sigue abordando el asunto desde una perspectiva cercana a la postura israelí, una visión que quedó reflejada en las propuestas que presentó durante su reciente reunión», argumentó, y añadió que los intentos de Mladenov de modificar los términos acordados previamente con los mediadores han «obstaculizado los esfuerzos por alcanzar un acuerdo definitivo». 

El presidente Donald Trump sostiene un mazo durante una ceremonia de firma en la reunión inaugural de la «Junta de Paz» en el Instituto Estadounidense de la Paz, en Washington D. C., el 19 de febrero de 2026. (Foto de SAUL LOEB/AFP vía Getty Images)

Un marco para la rendición

Los negociadores palestinos han sostenido que, desde la firma del acuerdo de octubre, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y los responsables de la Junta, en particular Mladenov, han introducido nuevas condiciones que nunca formaron parte de los términos originales, incluidas las exigencias de que las facciones de la resistencia palestina entreguen sus armas como condición para que prosiga la reconstrucción y antes de que las fuerzas israelíes completen su retirada de la Franja de Gaza. En mayo, Mladenov y Lightstone amenazaron en una carta dirigida a los responsables palestinos con que, si Hamás se negaba a acatar el edicto de desarme, los términos del alto el fuego se considerarían «nulos y sin efecto», lo que allanaría el camino para que Israel reanudara sus operaciones militares a gran escala y suspendiera el envío de ayuda a Gaza.

«Está claro que Mladenov está transmitiendo la visión israelí del acuerdo e intentando imponérnosla —bajo la amenaza de una nueva guerra—, la continuación de la actual catástrofe humanitaria y los continuos asesinatos», afirmó el alto cargo de Hamás. «Este documento no es un marco para un acuerdo; más bien, es un intento de imponer la rendición que Netanyahu no logró conseguir mediante la guerra».

Israel ha cometido al menos 3.338 violaciones del alto el fuego desde el acuerdo de octubre de 2025, según informes palestinos compartidos con los mediadores y obtenidos por Drop Site —una media de aproximadamente 13 violaciones al día—. Más de 1.000 palestinos han perdido la vida y más de 3.200 han resultado heridos en los ataques israelíes contra Gaza desde que el acuerdo entró en vigor. Israel también ha seguido atacando y asesinando a miembros de la resistencia palestina, entre ellos al comandante del ala militar de Hamás y a su sucesor, con diez días de diferencia entre uno y otro. Ha restringido severamente la circulación de los palestinos y la entrada de suministros humanitarios en Gaza, permitiendo que sólo el 36% de la cantidad acordada de ayuda entre en la Franja. Las fuerzas israelíes también han seguido ampliando hacia el oeste la «línea amarilla» que separa las zonas que ocupan en Gaza. Netanyahu se comprometió recientemente a ampliar la ocupación israelí hasta el 70% de Gaza y afirmó que el objetivo final es conquistar todo el territorio.

«Se podrían haber hecho tantas cosas desde octubre de 2025 para detener a Israel. En octubre de 2025, éramos el único pueblo del mundo que tenía que negociar el fin de un genocidio. Y aquí estamos ahora, en junio de 2026, todavía negociando el fin del genocidio», declaró a Drop Site Diana Buttu, una abogada palestina especializada en derechos humanos que ejerció como asesora de la Organización para la Liberación de Palestina durante las negociaciones de Oslo entre 2000 y 2005. «Lo sorprendente esta vez es que ni siquiera estamos negociando el fin del genocidio con el país que lo está perpetrando. Es que ahora estamos negociando el fin del genocidio con un subcontratista».

En público —y en sus reuniones con Mladenov y otros responsables de la Junta— Hamás y otras facciones palestinas señalan constantemente el hecho de que el acuerdo de octubre de 2025 se centró exclusivamente en un alto el fuego, el intercambio de rehenes, la entrada de suministros humanitarios y productos de primera necesidad y los repliegues israelíes por fases. Desde el pasado mes de octubre, los negociadores de Hamás han sostenido que no tienen el mandato exclusivo para negociar cuestiones que afectan al núcleo de la lucha de liberación palestina. Argumentaron que las discusiones sobre el destino de las armas en poder de los grupos de resistencia y el futuro político a largo plazo de Gaza deben negociarse con todas las facciones políticas palestinas a través de un proceso democrático.

Aunque no era un requisito del texto original del acuerdo de alto el fuego, Hamás aceptó formalmente renunciar a la autoridad de gobierno en Gaza ante el Comité Nacional para la Administración de Gaza (CNAG), un comité tecnocrático compuesto por expertos palestinos no partidistas. Hamás y la Yihad Islámica Palestina formaron grupos de trabajo en Gaza para facilitar el traspaso de competencias al CNAG. Israel, sin embargo, ha impedido que el comité entre en Gaza y ha afirmado falsamente que el acuerdo exige que Hamás se desarme por completo como condición para que se apliquen los términos del acuerdo original.

«Queremos que este comité administrativo esté presente en Gaza y lleve a cabo su labor allí. Ya se ha hecho todo lo necesario para que este comité pueda funcionar», declaró Osama Hamdan, un destacado líder de Hamás, a Drop Site en mayo. Añadió que Hamás había creado un mecanismo para el traspaso de poderes que garantizaba la seguridad de los miembros del comité y les facilitaba la asunción del control de la policía. «A pesar de que se ha constituido y aprobado, Israel sigue negándose a permitir su entrada, y Mladenov no ha logrado convencer a los israelíes ni obligarlos a ello».

En el documento revisado, Mladenov condiciona la entrada del CNAG en Gaza y el inicio de sus funciones a la aceptación por parte de los palestinos de la «hoja de ruta» y a la finalización, en un plazo de 14 días tras el acuerdo, del calendario y los mecanismos de aplicación de la segunda fase, en particular en lo que respecta al desarme palestino.

Israel insiste en que conserva la autoridad para asesinar a líderes y combatientes palestinos por el mero hecho de ser altos cargos de Hamás o de haber participado en los ataques del 7 de octubre. «Prometí que todos y cada uno de los artífices de la masacre y de la toma de rehenes serían eliminados hasta el último, y estamos muy cerca de completar esta misión», proclamó Netanyahu dos días después de que Israel asesinara a Izz Al-Din Al-Haddad, comandante de las Brigadas Qassam, el brazo armado de Hamás, el 15 de mayo.

Ni Mladenov ni ningún otro miembro de la junta han condenado los continuos asesinatos que Israel está llevando a cabo contra dirigentes del mismo partido con el que firmó un alto el fuego. A pesar de la campaña abierta de asesinatos de Israel contra los líderes de Hamás en Gaza, las facciones de la resistencia palestina han seguido respetando los términos del alto el fuego.

Aunque tanto Hamás como Israel firmaron el documento de octubre de 2025 que obligaba a ambas partes a detener «todas las operaciones militares, incluidos los bombardeos aéreos y de artillería y las operaciones de ataque selectivo», Mladenov señaló específicamente a la parte palestina en su documento revisado, afirmando que «Hamás y las facciones palestinas cesarán inmediatamente todas las actividades militares».

En lugar de exigir responsabilidades a Israel, las referencias públicas de Mladenov a las violaciones del alto el fuego suelen evitar cualquier mención al autor. El alto el fuego «se está manteniendo, aunque no de forma perfecta. Hay violaciones. Algunas de ellas son graves. Significan que se sigue matando a civiles», declaró Mladenov ante el Consejo de Seguridad de la ONU en un informe del 26 de mayo, sin mencionar a Israel, antes de establecer una equivalencia entre los ataques del 7 de octubre y el posterior genocidio en Gaza que, según estimaciones conservadoras, se ha cobrado la vida de más de 80.000 palestinos.

«En este momento, el principal obstáculo para la plena aplicación sigue siendo la negativa de Hamás a aceptar el desarme verificado, a renunciar al control coercitivo y a permitir una auténtica transición civil en Gaza», añadió Mladenov.

«El Alto Representante ha expresado en repetidas ocasiones su preocupación por las violaciones del alto el fuego y las consecuencias humanitarias de la continuación de las hostilidades», afirmó el responsable de la Junta de Paz. «El papel de la Junta no es atribuir culpas, sino ayudar a garantizar que los compromisos asumidos por todas las partes se traduzcan en hechos sobre el terreno».

El 19 de abril, Mladenov presentó a Hamás una «hoja de ruta» de 15 puntos que, según él, tenía por objeto regir la siguiente fase de la aplicación de un acuerdo más amplio. Aunque él ha descrito públicamente la propuesta como un mecanismo de estabilización, verificación y creación de instituciones, los responsables palestinos sostienen que, en la práctica, reescribe los términos del acuerdo original al condicionar la reconstrucción, el autogobierno y la retirada israelí al desarme palestino, al tiempo que no obliga a Israel a cumplir sus obligaciones de la primera fase, entre las que se incluyen el cese de los ataques, permitir la entrada en Gaza de las cantidades acordadas de ayuda, reabrir por completo el paso fronterizo de Rafah y permitir los primeros esfuerzos de reconstrucción.

«De hecho, han conseguido que la vida de los palestinos gire únicamente en torno a la seguridad de Israel, y eso es todo, nada más. Y esta situación va a seguir por este camino sin fin», afirmó Buttu. «Incluso si las facciones palestinas firmaran un papel en blanco y dijeran: ‘Decidnos lo que vosotros queréis’, los israelíes seguirían negociando sobre ese papel en blanco».

La cuestión de mayor trascendencia abordada en los documentos intercambiados obtenidos por Drop Site se refiere al futuro de las armas palestinas. Trump y Netanyahu han afirmado falsamente que Hamás está violando el acuerdo al no entregar inmediatamente sus armas e Israel ha esgrimido esto, en ocasiones, como justificación para continuar sus ataques contra Gaza.

En su respuesta del 13 de junio a Mladenov, Hamás y las facciones palestinas propusieron un proceso gradual para el registro y almacenamiento de armas pesadas, en paralelo a la retirada israelí de Gaza y supeditado a la finalización de la primera fase del acuerdo, la entrada del Comité Nacional para la Administración de Gaza (CNAG), el despliegue de la Fuerza Internacional de Estabilización (FIE) y el desmantelamiento de las milicias armadas respaldadas por Israel en la Franja. Sin embargo, el texto revisado de Mladenov modificó sustancialmente tanto el alcance como la secuencia del proceso.

La propuesta palestina se limita a las «armas pesadas» y se centra en su registro y almacenamiento según un calendario acordado, bajo la supervisión conjunta del CNAG y las facciones y organizaciones palestinas. Los líderes de la resistencia han declarado a Drop Site que Israel es consciente de que no poseen armas potentes y acusan a Israel de utilizar la cuestión del desarme como pretexto para exigir un ritual público de rendición. Según las evaluaciones tanto israelíes como estadounidenses, las reservas de cohetes y misiles de Hamás y la Yihad Islámica Palestina quedaron agotadoa o destruidos en gran medida durante la guerra.

«Prácticamente no hay armas pesadas en Gaza», reconoció Netanyahu en febrero. «No hay artillería. No hay tanques. No hay nada». Como parte de su campaña para despojar por completo a los palestinos de cualquier arma que pudiera utilizarse para defender Gaza de los ataques israelíes, Netanyahu presentó los fusiles de asalto como la mayor amenaza. «El arma pesada, la que causa más daño, se llama AK-47», declaró. «Cometieron la peor masacre contra el pueblo judío desde el Holocausto con AK-47».

Altos responsables de la resistencia han expresado en repetidas ocasiones su disposición a «congelar» y almacenar las armas como parte de una tregua a largo plazo que, en última instancia, conduciría al establecimiento de un Estado palestino con su propio ejército.

En su respuesta oficial a la iniciativa de Trump que condujo al acuerdo de alto el fuego de octubre de 2025, Hamás argumentó que ni ellos ni ninguna facción por sí sola posee la autoridad para negociar la entrega de las armas del pueblo palestino, sosteniendo que la resistencia es un derecho garantizado por el derecho internacional y que cualquier acuerdo futuro relativo a las armas debe alcanzarse mediante un consenso nacional palestino. «Las armas presentes en Gaza son, ante todo, armas de voluntad», declaró en aquel momento Mohammed Al-Hindi, cofundador de la Yihad Islámica Palestina, a Drop Site.

Sin embargo, en su respuesta a Hamás la semana pasada, Mladenov amplió la disposición sobre el desarme para convertirla en un proceso de «almacenamiento y desmantelamiento» de las armas. Su texto también amplió el alcance más allá de las armas pesadas para incluir los depósitos de armas, los túneles, las instalaciones de producción militar y las armas almacenadas en ellos. Y lo que es más significativo, añadió una condición final que estipula que, una vez completado el proceso, Hamás y otras facciones palestinas ya no «poseerán, almacenarán, controlarán ni tendrán acceso a ningún tipo de armas». Las revisiones transforman la disposición de un mecanismo que regula categorías específicas de armas en el contexto de una tregua a largo plazo en una hoja de ruta para el desmantelamiento integral de la resistencia armada palestina.

«La seguridad no es una exigencia israelí en la hoja de ruta; es una necesidad palestina», afirmó el responsable de la Junta de Paz. «Ningún esfuerzo de reconstrucción, autoridad de gobierno, programa de recuperación humanitaria o inversión internacional podrá tener éxito si Gaza sigue siendo vulnerable a un nuevo conflicto».

Los cambios introducidos por Mladenov en las cláusulas de desarme cobran aún más relevancia cuando se leen junto con sus revisiones de las disposiciones que regulan la Fuerza Internacional de Estabilización (FIE) —las tropas multinacionales que estarían bajo el mando y la supervisión de la Junta de Paz de Trump— y la retirada de las fuerzas israelíes.

El borrador de Hamás concebía a la FIE principalmente como una fuerza de separación que apartara a las tropas israelíes de las zonas administradas por el CNAG, supervisara el cumplimiento del alto el fuego y protegiera el suministro de productos de primera necesidad. Mladenov mantuvo esas funciones, pero amplió considerablemente el mandato de la fuerza. Aunque la propuesta establece que la FIE no llevaría a cabo operaciones policiales ni intervendría en asuntos relacionados con la sociedad palestina, al mismo tiempo le asigna a la fuerza la función de formar a la policía palestina, así como de «apoyar el proceso de desarme». El borrador de Mladenov no explica en qué consistiría ese apoyo, pero varios países a los que Trump y la Junta han intentado reclutar como participantes en la FIE han declarado explícitamente que no participarían en una misión destinada a desarmar o enfrentarse a las fuerzas de resistencia palestinas.

Hamás propuso que las fuerzas israelíes se retiraran por fases «hasta situarse fuera de las fronteras de la Franja de Gaza», y que la FIE ocupara posiciones en las zonas desocupadas por las fuerzas israelíes. Hamás afirmó que, en paralelo a las fases verificadas de la retirada israelí, cumpliría con los términos acordados en relación con su armamento. La respuesta de Mladenov, sin embargo, limita la retirada israelí únicamente al «perímetro de Gaza» y afirma que sólo tendría lugar si se produjeran «avances verificados» en el proceso de desmantelamiento del armamento.

A medida que avanzaban estas negociaciones, Israel ha ampliado su ocupación de Gaza y ha arrasado por completo con excavadoras la zona situada al este de la «línea amarilla» que controla. Tal y como informó Drop Site en mayo, Israel ha construido y fortificado 38 bases militares en el este de Gaza, ha pavimentado las carreteras que conducen a ellas y ha erigido 25 kilómetros de enormes terraplenes de tierra para dividir físicamente Gaza. Desde la perspectiva de los negociadores palestinos, estas no son las acciones de una parte que tenga previsto retirarse, sino el restablecimiento de una ocupación a largo plazo.

«Los mediadores y el garante estadounidense deben asegurar que la ocupación respete el acuerdo que ya ha firmado», afirmó el alto cargo de Hamás. «Mladenov, por su parte, debería salir de la esfera de influencia israelí, adoptar un enfoque más objetivo y demostrar un mayor respeto por el derecho internacional».

Al-Arian señaló que la administración Trump ha abandonado en gran medida el proceso de negociación sobre Gaza y que los funcionarios estadounidenses casi nunca lo mencionan públicamente. Esto ha permitido a Israel marcar la agenda, no sólo a través de sus representantes en la mesa de negociaciones, sino también rechazando las condiciones que los palestinos y los mediadores defienden. «Estamos hablando de un proceso que, en esencia, va en piloto automático; no hay muchas cosas que se impulsen principalmente desde las altas esferas de la política o la toma de decisiones estadounidenses», afirmó Al-Arian. «Gran parte de esto se delega en elementos del lobby israelí, en el propio Gobierno israelí y en sus más acérrimos defensores dentro del Gobierno de EE. UU.».

A pesar de la grave realidad humanitaria, de las declaraciones públicas de Israel sobre su intención de ocupar Gaza y de las violaciones generalizadas del acuerdo de alto el fuego original, el eje central de las negociaciones sigue siendo el desarme de la resistencia palestina. «Esto es muy revelador del enfoque que han adoptado los estadounidenses, los israelíes y, en la práctica, el mundo entero, que consiste en dar prioridad absoluta a la seguridad israelí. ¿Y al final a quién le importan los palestinos?», afirmó Buttu. «Han ignorado por completo el genocidio, han ignorado por completo el panorama general de lo que les está sucediendo a los dos millones de personas que se encuentran en Gaza. Y si no nos ponemos de acuerdo en cada palabra y en cada detalle, los palestinos simplemente seguirán muriéndose de hambre».

 

Esta fotografía, tomada desde una posición en el sur de Israel, en la frontera con la Franja de Gaza, muestra edificios destruidos en el interior del territorio sitiado el 10 de junio de 2026. (Foto de Jack GUEZ / AFP vía Getty Images)

El veto eterno de Israel

Mientras que tanto los negociadores palestinos como Mladenov señalan el «Plan de Paz Integral para Gaza» de 20 puntos del presidente Trump y la Resolución 2803 del Consejo de Seguridad de la ONU como el marco que guía la aplicación, la versión de Hamás hace mayor hincapié en los objetivos nacionales palestinos y en la participación política.

El borrador de Hamás establece que el proceso debe conducir a la autodeterminación y a la creación de un Estado palestino «de conformidad con el derecho internacional y las resoluciones pertinentes de las Naciones Unidas». La versión de Mladenov elimina ambas referencias y, en su lugar, describe el resultado como «la creación de las condiciones para una vía creíble» hacia la autodeterminación y la creación de un Estado.

También surgen diferencias en las disposiciones que regulan la administración de posguerra. El borrador de Hamás establece que la gobernanza en Gaza se llevará a cabo de acuerdo con el principio de «una autoridad, una ley palestina y un arma». La CNAG, según escribieron los negociadores palestinos, «garantizará los derechos fundamentales y las libertades públicas —tanto individuales como colectivas— consagrados en las convenciones internacionales y los principios de derechos humanos, incluida la igualdad y la no discriminación por motivos de género, religión, color, raza o afiliación política».

La respuesta de Mladenov mantiene la formulación sobre la autoridad unificada y el control de las armas, pero elimina la referencia a la ley «palestina», sustituyéndola por el compromiso de actuar de conformidad con «las leyes palestinas pertinentes, las normas internacionales pertinentes y los principios de buena gobernanza». Además, eliminó las referencias de los negociadores palestinos al respeto de los derechos humanos y a la no discriminación, y afirmó sin rodeos: «Sólo el personal autorizado por el CNAG podrá poseer armas».

El texto revisado por Mladenov transforma el acuerdo, que antes era una hoja de ruta hacia los objetivos políticos palestinos, en un marco centrado en la administración, la supervisión y las medidas de seguridad. Mientras que la propuesta de Hamás vincula repetidamente la aplicación del acuerdo con la autodeterminación palestina, la creación de un Estado y una gobernanza dirigida a nivel nacional, la versión de Mladenov enmarca en gran medida esos resultados como posibilidades condicionales que dependen del cumplimiento por parte de los palestinos de una serie de criterios de seguridad y gobernanza.

Los negociadores palestinos dejaron claro que quieren que el comité tecnocrático palestino del CNAG sea reconocido como una autoridad de gobierno de transición que permanecerá en el poder hasta que se celebren elecciones en todos los territorios palestinos. «Hamás y las facciones palestinas acuerdan ceder y transferir el gobierno de Gaza al Comité Nacional para la Administración de Gaza. El Comité gozará de plena independencia en el desempeño de sus funciones, y no habrá injerencia en sus asuntos durante el período de transición», escribieron.

En su borrador, los negociadores palestinos sugirieron que se facultara al CNAG para «cumplir todas las obligaciones y compromisos legales derivados de la actual administración de la Franja de Gaza». El borrador de Mladenov omite esta frase y establece, en su lugar, que el CNAG será «responsable únicamente de las obligaciones financieras contraídas a partir de la fecha en que asuma el control».

El borrador modificado de Mladenov relega al comité palestino a un papel de administrador que actúa en nombre de la Junta, y establece que el CNAG «deberá, al asumir sus responsabilidades y siempre que sea posible, preservar la continuidad de las funciones civiles y administrativas esenciales, así como de los registros civiles». Según el plan de 20 puntos de Trump, el CNAG no será un órgano de gobierno independiente, sino que operará bajo la «supervisión y control» de Trump y su junta. La Junta de Paz «recurrirá a las mejores normas internacionales para crear una gobernanza moderna y eficiente que sirva a la población de Gaza y favorezca la atracción de inversiones», afirma el plan.

Los negociadores palestinos presentaron una propuesta clara para reunificar la gobernanza de Gaza y Cisjordania, señalando que la Junta de Paz se encargaría de «supervisar la transferencia ordenada de la gobernanza» a la CNAG, que, en última instancia, devolvería el poder a la Autoridad Palestina como parte de un proceso «que conduzca al establecimiento de un Estado palestino y a la consecución de la autodeterminación». Incluyeron un texto en el que se instaba a la Junta a cooperar con las Naciones Unidas para garantizar la retirada israelí de Gaza y se reiteraba que el mandato de la Junta expira a finales de 2027.

El borrador de Mladenov ignora por completo todos estos puntos, limitándose a afirmar que Hamás y otras facciones palestinas acuerdan ceder el poder a la CNAG y que «no intervendrán en sus asuntos».

El borrador de Mladenov no menciona en absoluto a la Autoridad Palestina. «Incluso la única entidad, el único órgano político palestino que ha alcanzado legitimidad internacional y que ha colaborado directamente con Israel, está siendo ignorada en este acuerdo como parte de esa estrategia para garantizar que no haya continuidad con ningún tipo de órgano palestino», afirmó Al-Arian. «Lo que tenemos es un proceso que, en esencia, intenta garantizar los intereses de Israel y asegurar una especie de proceso frustrado sin un final a la vista, similar a lo que vimos durante tres décadas con Oslo», añadió. «Esto se reduce en gran medida a algo que hemos visto históricamente, y es que Israel ha mantenido un importante poder de veto sobre cualquier proceso de negociación».

El plan de 20 puntos de Trump establecía que su Junta privada gobernaría Gaza de forma indefinida hasta que una Autoridad Palestina reformada «pudiera recuperar de forma segura y efectiva el control de Gaza».

Los dos textos difieren también en cuanto a quién supervisará la reconstrucción de Gaza. La propuesta de Hamás sitúa la reconstrucción bajo la supervisión del CNAG y la vincula explícitamente a los planes adoptados por la Liga Árabe y la Organización de Cooperación Islámica, integrando el proceso en marcos políticos árabes e islámicos más amplios. La revisión de Mladenov sustituye esas referencias por un plan de reconstrucción elaborado conjuntamente por la Junta de Paz y el CNAG, que depende de ella, lo que reduce el papel de las instituciones regionales palestinas y respaldadas por el mundo árabe, al tiempo que amplía la influencia de los mecanismos de reciente creación vinculados a Trump y a su Junta.

Paralelamente a su continuo bombardeo y expansión territorial, Israel ha recurrido cada vez más a una red de milicias palestinas que operan en zonas bajo control israelí en Gaza. Al menos cinco de estos grupos, creados entre abril y septiembre de 2025, han surgido en todo el enclave, sumando en total unos pocos cientos de combatientes. Estas milicias, que operan en su mayor parte detrás de la «línea amarilla», han recibido armas, información de inteligencia, apoyo logístico y, en algunos casos, tratamiento médico en Israel.

El apoyo de Israel a las milicias fue reconocido públicamente por el primer ministro Benjamin Netanyahu el pasado mes de junio, cuando afirmó que el Gobierno había «activado» a poderosos clanes locales en Gaza, siguiendo el consejo de «funcionarios de seguridad», para que colaboraran en la lucha contra Hamás.

Entre los grupos más destacados se encuentran las Fuerzas Populares, lideradas originalmente por Yasser Abu Shabab antes de su muerte en diciembre y ahora dirigidas por Ghassan al-Dahini en el este de Rafah; la Fuerza de Ataque contra el Terror, liderada por el exoficial de seguridad de la Autoridad Palestina Hussam al-Astal en Jan Yunis; y las Fuerzas de la Patria Libre, bajo el mando de Shawqi Abu Nuseira, en el centro de Gaza. Varios de los líderes y miembros de estas milicias tienen antecedentes de actividades delictivas, saqueos y contrabando de ayuda humanitaria —incluso durante el genocidio—, colaboración con Israel, así como vínculos con grupos extremistas, entre ellos el ISIS.

Las milicias han intensificado sus incursiones, asesinatos y secuestros, al tiempo que han establecido controles armados en coordinación con las fuerzas israelíes. Los palestinos que han atravesado Rafah desde el alto el fuego han denunciado haber sido detenidos por hombres armados afiliados a las Fuerzas Populares y haber sido objeto de acoso, palizas y robos. En los últimos meses, las milicias han lanzado repetidas operaciones en zonas cercanas a la «línea amarilla», incluyendo asesinatos selectivos de agentes de policía y ataques llevados a cabo bajo cobertura aérea israelí. En abril, combatientes vinculados a las Fuerzas de la Patria Libre de Abu Nuseira llevaron a cabo un asalto al campo de refugiados de Al-Maghazi en el que murieron al menos diez palestinos. Otra incursión en el mismo campo, en mayo, se saldó con la muerte de cinco palestinos.

Algunas de las milicias han afirmado que su objetivo es establecer enclaves donde los civiles vivan bajo su dominio, en zonas bajo control israelí al este de la Franja de Gaza. En la práctica, sin embargo, la gran mayoría de los aproximadamente dos millones de residentes de Gaza siguen concentrados en alrededor del 30% de la Franja que linda con el mar. Un líder de una milicia declaró anteriormente al Times of Israel que las milicias se ven a sí mismas como parte de una «nueva Gaza» que surgiría tras el fin del régimen de Hamás.

La propuesta de Hamás exige el desmantelamiento inmediato de las milicias y la confiscación de sus armas tras la aplicación del acuerdo, con un Comité Internacional de Verificación encargado de confirmar la finalización del proceso. El borrador de Hamás incluye además disposiciones destinadas a regularizar la situación de los miembros de las milicias que deseen reintegrarse en la sociedad palestina. Mladenov, sin embargo, propuso abordar el desarme de estas fuerzas respaldadas por Israel —que muchos palestinos consideran criminales escuadrones de la muerte— de manera similar a como se hace con los movimientos de resistencia palestinos. Su propuesta permitiría a las milicias respaldadas por Israel desmantelar y almacenar gradualmente sus armas según un calendario acordado, bajo la autoridad del CNAG.

Los responsables de Hamás afirman que desconocen cuándo entregarán las facciones palestinas su respuesta a Mladenov, pero Qassem declaró que están «formulando una respuesta unificada y responsable que dé prioridad a los intereses del pueblo palestino y respalde los esfuerzos para poner fin a la guerra genocida que se está librando en la Franja de Gaza».

Buttu señaló que la historia demuestra que, independientemente de cómo respondan los negociadores palestinos —e incluso si llegan a un acuerdo con Mladenov y Trump—, Israel seguirá imponiendo sus propias reglas y lanzando ataques cuando le plazca. Al obligar a los palestinos a someterse a un laberíntico proceso burocrático sujeto al veto permanente de Israel, las condiciones de vida en Gaza seguirán deteriorándose.

«Israel puede seguir así durante meses y meses, seguirá llevando las riendas y no le importa nada. De hecho, en cierto modo les conviene que esto se prolongue durante meses y meses, porque así podrán simplemente continuar con sus ataques con la excusa de que las conversaciones siguen en curso», afirmó Buttu. «Es como si no hubiera pasado nada en los últimos dos años y medio. Siguen utilizando la comida como arma. Siguen utilizando la asistencia sanitaria como arma. Todo sigue igual. Así que el statu quo no es precisamente dinámico. De hecho, está empeorando con el tiempo. ¿A quién beneficia eso, si no es a Israel?».

Mientras continúan las negociaciones, Israel ha seguido adelante con la construcción de infraestructuras militares en el este de Gaza. Al-Arian cree que el objetivo principal de Israel sigue siendo la eliminación total de la Franja como territorio palestino, por lo que la postura de Israel de prolongar las negociaciones tiene como fin garantizar que esa agenda avance.

«Todo esto beneficia a los intereses israelíes, que a largo plazo consisten en encontrar una forma de llevar a cabo una limpieza étnica de la población, volver a ocupar el territorio y, posiblemente, repoblarlo», afirmó Al-Arian. «Por desgracia, el panorama es bastante sombrío si no hay ningún tipo de intervención externa».

Foto de portada: Niños palestinos en el campo de refugiados de Al-Shati, en la ciudad de Gaza (Palestina), el 14 de mayo de 2026. (Anas Zeyad Fteha/Anadolu vía Getty Images)

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