Alistair Crooke, Consortium News, 13 de julio de 2026
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Alastair Crooke es director y fundador de Conflicts Forum, con sede en Beirut. Con anterioridad fue asesor en asuntos de Oriente Medio de Javier Solana, responsable de la política exterior de la UE.
Cuando la Armada de EE. UU., en coordinación con Catar y Omán, intentó hacer pasar de forma sigilosa un convoy de cuatro buques por el estrecho de Ormuz, a través de aguas omaníes, el martes por la noche —en lugar de seguir la ruta oficialmente autorizada por Irán—, es posible que el presidente de EE. UU., Donald Trump, imaginara (o le informaran) que, con el funeral multitudinario del difunto líder supremo Alí Jamenei en marcha, Irán no reaccionaría mientras la Marina de los EE. UU. intentaba abrir por la fuerza un corredor estadounidense.
Sin embargo, Trump malinterpretó la advertencia iraní: Ormuz es su «arma atómica». Irán no renunciará a ella.
Trump insiste —en clara contradicción con los términos establecidos en el párrafo quinto del memorando de entendimiento— en que Irán no tiene derecho a interferir con ningún buque que intente transitar por el estrecho de Ormuz. No obstante, Irán está actuando dentro de los términos del marco de desescalada acordado y ha advertido en repetidas ocasiones que atacaría a cualquier buque que eludiera el mecanismo de control iraní.
Irán respondió directamente al desafío de Trump al control iraní del estrecho atacando dos buques con misiles y un tercero con un dron armado. Un cuarto petrolero de propiedad catarí, cargado de gas natural licuado, fue incendiado, lo que obligó a su tripulación a abandonar el buque siniestrado.
Estas represalias iraníes provocaron que Trump ordenara ataques aéreos estadounidenses contra objetivos iraníes; que reimpusiera sanciones a las exportaciones de petróleo de la República Islámica; y que revocara el marco del memorando de entendimiento que había firmado con lo que él denominó la «escoria iraní», poniendo así fin al alto el fuego. «Anoche les dimos duro», afirmó Trump en la cumbre de la OTAN en Ankara. «Probablemente volveremos a golpearles con fuerza esta noche».

El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, y Trump en el complejo presidencial de Bestepe, en Ankara, el miércoles. (Casa Blanca/Daniel Torok)
Trump volvió a atacar a Irán el miércoles por la noche, a pesar de que Irán no había atacado a ningún otro buque que intentara eludir el corredor iraní. En respuesta, Irán lanzó misiles balísticos y drones contra bases estadounidenses en Kuwait, Baréin, los Emiratos Árabes Unidos y la base aérea de Muwaffaq Al-Salti, en Jordania.
El vicepresidente Vance le está diciendo a Irán: «Si intentáis cerrar el estrecho de Ormuz, el ejército estadounidense responderá. Así de sencillo»; es decir, o Irán mantiene el estrecho totalmente abierto a todos, o EE. UU. seguirá atacándolo, como hizo el martes por la noche.
Irán insiste en que es EE. UU. quien ha violado el memorando de entendimiento y (a través del portavoz de la Comisión de Seguridad Nacional del Parlamento iraní) advierte de que nuevos ataques de EE. UU. contra Irán se enfrentarán a una ofensiva sorpresa integral y sin cuartel por parte de Irán; y, potencialmente, también a otras opciones, como la retirada iraní del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), el cambio de la doctrina nuclear del país y el cierre del estrecho de Bab al-Mandab, además del estrecho de Ormuz.
Así pues, el vicepresidente Vance afirma que, si Irán restringe el acceso a Ormuz (es decir, si lo mantiene abierto a los buques de los Estados amigos), EE. UU. intensificará sus acciones. E Irán responde a esta amenaza advirtiendo de que intensificará su respuesta militar —dos ataques por cada ataque estadounidense— y de que también podría recurrir a nuevas doctrinas de guerra.

Vance, a la derecha, estrecha la mano del primer ministro pakistaní Shehbaz Sharif en Suiza el 20 de junio, mientras el mariscal de campo Asim Munir observa la escena durante las negociaciones sobre la aplicación del memorando de entendimiento entre EE. UU. e Irán para poner fin a las hostilidades. (Luke Schroeder / X /VPPressSec/Wikimedia Commons/ Dominio público)
En esencia, Trump ha caído en una trampa de escalada, aparentemente en parte por el resentimiento que le provoca el desplome de sus índices de popularidad en su país. Sin embargo, fue él mismo quien se metió directamente en esta situación al intentar «hacerse el listo» durante los «preparativos» del funeral de Jamenei con el fin de conseguir una «victoria rápida».
¿Cuánto durará este episodio de escalada? Sin duda, no conducirá a la apertura del estrecho, ni supondrá el retorno al statu quo anterior a la guerra. Mientras Irán mantenga su capacidad para ejercer control sobre Ormuz, no hay motivos para suponer que la situación vuelva a ser como antes.
Por el contrario, lo más probable, la crisis va a acelerar el inicio de una inminente crisis económica mundial que podría prolongarse hasta que el sufrimiento económico se agudice, a medida que continúe la reducción de las reservas de crudo de baja calidad y se hagan visibles los efectos sobre la economía real en Occidente.

Ayatolá Sayyid Mojtaba Jamenei, abril de 2026. (Khamenei.ir/Wikimedia Commons/ CC BY 4.0)
Dada la escasez de municiones y la retirada de los recursos aéreos de Oriente Medio, que ya ha comenzado, es probable que Trump carezca de los medios necesarios para lanzarse de lleno a una «Guerra de Irán 3.0».
Por lo tanto, es probable que el calendario de esta nueva ronda de represalias de baja intensidad venga dictado por las existencias de las refinerías estadounidenses, pero también por la magnitud del «daño» que está sufriendo Trump en su propio país, en el contexto de sus perspectivas políticas, que son cada vez más sombrías, así como por su aversión a cualquier tipo de humillación personal.
¿En qué momento se torció todo? Es posible que el quid de la cuestión se remonte al momento en que el nuevo líder supremo de Irán, Sayyed Mojtaba, emitiera su comunicado en el que afirmaba que había mantenido una opinión diferente a la del equipo negociador sobre el memorando de entendimiento, pero que había accedido a seguir adelante con él tras recibir la garantía del presidente iraní de que velaría por los principios fundamentales de Irán en lo que respecta a las relaciones con EE. UU. cuenta.
La declaración del líder supremo Mujtaba Jamenei dejó claro tanto a EE. UU. —como a los negociadores iraníes— que la aprobación del memorando de entendimiento por parte de Irán no era un mandato en blanco, sino que estaba estrechamente vinculada a los diez principios enunciados originalmente por el nuevo líder supremo.
En algún momento, los dirigentes iraníes parecieron llegar a la conclusión de que EE. UU. estaba engañando a Irán; que el memorando de entendimiento era un engaño «y que el conjunto de acontecimientos ocurridos desde el anuncio del memorando de entendimiento reflejaba una estrategia estadounidense basada en la idea de que, en la ronda anterior de la guerra contra Irán —en la que [Estados Unidos e Israel] no lograron alcanzar sus objetivos—, era necesario detener el enfrentamiento, aunque fuera temporalmente, con el fin de reorganizarse y prepararse ‘más a fondo’ para una nueva ronda cuando surgieran las condiciones adecuadas».
Esto llevó a Irán a reconsiderar que los frentes de Ormuz y el Líbano constituían la palanca fundamental para embarcarse en una nueva guerra, mientras Occidente intensifica la presión como estrategia de contención —y Estados Unidos e Israel se preparan para la próxima ronda de la guerra—.