Samia al-Botmeh, Basil Farraj, Fathi Nimer y Abdaljawad Omar, Al-Shabaka, 20 julio 2026
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Samia Al-Botmeh es profesora adjunta de Economía en la Facultad de Ciencias Empresariales y Económicas de la Universidad de Birzeit. Fue directora del Centro de Estudios del Desarrollo de la Universidad de Birzeit hasta 2014 y anteriormente trabajó como investigadora en el Instituto Palestino de Investigación sobre Política Económica (MAS) en Ramala. Se doctoró en economía laboral en la Escuela de Estudios Africanos y Orientales de la Universidad de Londres. Sus áreas de interés y publicaciones incluyen la economía de género, la economía laboral y la economía política del desarrollo. Samia ha investigado alternativas al desarrollo neoliberal en Cisjordania y Gaza, así como las diferencias de género en los resultados del mercado laboral.

Basil Farraj es el director del Instituto Ibrahim Abu Lughod de Estudios Internacionales y profesor adjunto del Departamento de Filosofía y Estudios Culturales de la Universidad de Birzeit. Es doctor en Antropología y Sociología por el Instituto de Altos Estudios Internacionales y del Desarrollo de Ginebra, y su investigación aborda las intersecciones entre memoria, resistencia y arte en la obra de personas privadas de libertad y otras víctimas de la violencia. Basil ha realizado investigaciones en varios países, entre ellos Chile, Colombia y Palestina.

Fathi Nimer es becario de políticas sobre Palestina en Al-Shabaka. Anteriormente trabajó como investigador asociado en la organización Mundo Árabe para la Investigación y el Desarrollo, profesor adjunto en la Universidad de Birzeit y responsable de programas en el Centro de Estudios de Derechos Humanos de Ramala. Fathi posee un máster en Ciencias Políticas por la Universidad de Heidelberg y es cofundador de DecolonizePalestine.com, un depósito de conocimiento sobre la cuestión palestina. Su investigación se centra en la economía política y la política contenciosa. Actualmente, trabaja en temas como la soberanía alimentaria, la agroecología y la economía de la resistencia en Palestina.

Abdaljawad Omar es un escritor palestino residente en Ramala. Es profesor adjunto en el Departamento de Filosofía y Estudios Culturales de la Universidad de Birzeit, donde su docencia e investigación se centran en la teoría política, el pensamiento decolonial y la historia intelectual de Palestina. Omar es doctor en ciencias sociales interdisciplinarias y su trabajo académico se centra en la resistencia palestina, el colonialismo de asentamiento y la política revolucionaria.
Desde que comenzó la ofensiva contra Gaza en octubre de 2023, decenas de miles de palestinos han perdido la vida, han resultado heridos o están desaparecidos, probablemente sepultados bajo los escombros de sus hogares o refugios. Casi dos millones de palestinos de Gaza han sido desplazados, y el frío, la sed y el hambre están asolando a toda la población. Mientras el mundo delibera sobre los aspectos técnicos del genocidio, la colonización israelí de Cisjordania y la perturbación de la vida de los palestinos en esa zona no han hecho más que acelerarse.
En esta mesa redonda, Fathi Nimer, Abdaljawad Omar, Basil Farraj y Samia Botmeh analizan la situación en Cisjordania desde el 7 de octubre de 2023. Paralelamente a la campaña de genocidio del régimen israelí en Gaza, los autores profundizan en la falsa dicotomía entre colonos y Estado, la pasividad de la Autoridad Palestina (AP), el encarcelamiento individual y colectivo de los palestinos y la grave situación de la economía de Cisjordania.
Los colonos y el Estado: las piezas del mismo rompecabezas
Fathi Nimer:
Al mismo tiempo que el ejército israelí lleva a cabo su genocidio en Gaza, los colonos israelíes han intensificado sus ataques en toda Cisjordania. Los llamamientos generalizados a la venganza y al castigo colectivo han avivado campañas de terror contra las comunidades palestinas, lo que ha provocado el desplazamiento forzoso de casi 1.000 residentes de 13 pueblos solo en las primeras cuatro semanas tras el 7 de octubre de 2023. Entre el 7 de octubre y el 14 de diciembre de 2023, los colonos de Cisjordania también asesinaron a 11 palestinos, entre ellos 3 niños, e hirieron a otros 83.
Cada vez que los colonos israelíes siembran el terror en Cisjordania, los medios de comunicación dominantes insisten en establecer una falsa distinción entre los grupos violentos y el ejército israelí, dando a entender que este último simplemente ha perdido el control o es incapaz de detener los ataques. Esta narrativa se difundió tras el pogromo de Huwara de febrero de 2023 y se está utilizando de forma similar en la actualidad. Este enfoque niega una verdad fundamental sobre la dinámica que se da en Cisjordania, y se deriva de la suposición errónea de que la misión del ejército israelí está en contradicción con la de los colonos israelíes. En realidad, desde 1967 se ha encomendado explícitamente al ejército israelí la tarea de llevar a cabo los objetivos del Estado de apoyar el proyecto de colonización y facilitar el traslado de la población palestina. En este sentido, los colonos israelíes de Cisjordania son soldados de a pie ideológicos: sus objetivos son los del régimen israelí, y viceversa.
No podemos hablar del movimiento de colonos como algo separado de los proyectos de colonización más amplios respaldados por el Estado, como el plan Allon, cuyas directrices siguen impulsando gran parte de la actividad de colonización del régimen israelí hasta el día de hoy. Por lo tanto, los asentamientos y las colonias no surgen espontáneamente del suelo, sino que son el resultado de decisiones políticas deliberadas. La mayoría de los asentamientos están designados como zonas de prioridad nacional, lo que da derecho a sus residentes a viviendas subvencionadas, educación y otras prestaciones para fomentar la apropiación de tierras. Además, cuando los colonos merodean por las barriadas palestinas y queman sus cosechas, están protegidos y escoltados por las Fuerzas de Ocupación israelíes. Si los palestinos se atreven a defenderse, el ejército entra en acción para golpearlos, detenerlos e incluso matarlos.
En un contexto así, resulta ridículo sugerir que existe una distinción entre la violencia de los colonos y la del Estado: ambas forman parte de la misma estructura colonialista y no solo se complementan, sino que dependen la una de la otra. En las contadas ocasiones en que se producen fricciones entre colonos y soldados, dicha dinámica surge de desacuerdos sobre las tácticas de colonización de Cisjordania, no sobre el objetivo en sí mismo. Los colonos suelen abogar por una toma rápida y directa del territorio, mientras que el ejército sigue la política estatal de adoptar un enfoque más metódico para mantener una negación plausible ante su audiencia internacional. Esto puede generar tensiones, ya que los colonos consideran que el Estado es indeciso, mientras que el Estado considera que las acciones de los colonos son imprudentes.
Aunque algunos afirman erróneamente que los colonos de Cisjordania representan un grupo radical «marginal», estos cuentan con el apoyo popular de amplios sectores de la población israelí. Pruebas de esto se han observado en múltiples elecciones, ya que los líderes de los colonos han alcanzado las más altas esferas de la clase política y ocupan cargos de generales y ministros. Los partidos que declaran que su razón de ser es servir y ampliar el movimiento de colonización de Cisjordania forman ahora parte integrante de la coalición de gobierno. Estos avances han otorgado a los colonos mayor impunidad y privilegios; de hecho, se les ha armado con más de 150.000 fusiles de asalto desde el inicio de la incursión genocida en Gaza el 7 de octubre.
Ante la falta de voluntad de la Administración Biden para ejercer presión sobre Israel con el fin de que cesara su sangriento asalto sobre Gaza —y la consiguiente caída en los índices de popularidad de Biden—, la Casa Blanca se apresuró a anunciar una prohibición de visados para los «colonos extremistas» de Cisjordania como forma de apaciguar a su base de cara a las elecciones presidenciales de 2024. Estas medidas se dirigen contra «docenas» de colonos y están diseñadas principalmente para dar la impresión de que EE. UU. está tomando medidas tangibles para proteger a los palestinos. El carácter meramente simbólico de esta acción queda especialmente claro si se tiene en cuenta que más de 160.000 colonos de Cisjordania son ciudadanos estadounidenses y no se verían afectados por dicha prohibición. Estos ocupantes ilegales estadounidenses y sus partidarios han sido ampliamente documentados como algunos de los grupos más beligerantes responsables de la apropiación de viviendas palestinas.
Por supuesto, la distinción que hace la comunidad internacional entre los asentamientos de Cisjordania y los del resto de la Palestina colonizada es, para empezar, inexacta. Todas las comunidades israelíes, desde el río Jordán hasta el mar Mediterráneo, están construidas sobre tierras palestinas robadas, y los intentos de legitimar las situadas dentro del territorio de 1948 niegan la naturaleza fundamentalmente colonialista del proyecto estatal israelí. Así pues, cuando recordamos que los israelíes son colonos por definición, la fachada de distinción entre colonos y Estado se desmorona y solo nos queda la cruda realidad de que ambos son lo mismo.
La apuesta por la inacción de la Autoridad Palestina
Abdaljawad Omar:
La Autoridad Palestina, gobernada por Fatah, ha mantenido una estrategia constante de indiferencia hacia el destino de los palestinos de Gaza, así como hacia el de aquellos a quienes gobierna en Cisjordania. En lugar de plantar cara con firmeza al genocidio en curso, los representantes de la Autoridad Palestina se han limitado a ofrecer una retórica vacía que les exime de su responsabilidad de responder con acciones concretas. Al hacerlo, queda clara la intención de la Autoridad Palestina de mantener su enfoque actual hacia el régimen israelí, es decir, que seguirá centrándose en la colaboración en materia de seguridad y en la contención de la acción política colectiva en Cisjordania como medio para garantizar que los intereses de la élite política no se vean afectados por el genocidio que se está produciendo a pocos kilómetros de distancia.
Para comprender plenamente las complejas dinámicas que determinan la respuesta —o la falta de ella— de la Autoridad Palestina ante la masacre en curso de palestinos en Gaza, hay que profundizar en la multitud de presiones a las que se enfrenta. La más destacada de ellas es el movimiento de colonos de Cisjordania, que ahora ejerce una influencia significativa sobre la formulación de políticas en el gobierno de coalición del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. El enfoque de este movimiento busca convertir en un ente obsoleto a la Autoridad Palestina, acabando con cualquier idea de que esta pueda proteger a los palestinos bajo su jurisdicción. De hecho, como se menciona en la sección anterior, los colonos siguen apropiándose de propiedades palestinas y matando a palestinos con total impunidad. Para asegurarse de poder movilizar a esta amplia base de colonos en apoyo de su continuidad al frente del Gobierno, Netanyahu sigue reteniendo los fondos destinados a la Autoridad Palestina e insiste en que esta quedará al margen de cualquier plan para el «día después» en Gaza tras la actual limpieza étnica.
Otra fuente de presión proviene del resurgimiento de la resistencia popular palestina al proyecto colonial israelí en Cisjordania. Las recientes insurrecciones armadas en las regiones del norte son indicativas de un cambio radical en la base social de Fatah. Esta política de desvinculación de la Autoridad Palestina ha demostrado poco a poco su eficacia a la hora de crear zonas de autodefensa y desafiar tanto a las fuerzas de ocupación israelíes como a la pasividad de la Autoridad Palestina. Una nueva generación de combatientes cuenta con el respaldo de organizaciones políticas consolidadas —el FPLP, Hamás y la Yihad Islámica— en el esfuerzo por crear un movimiento de resistencia armada más organizado y sostenible. Esta rebelión no habría sido posible sin la pérdida del control ideológico y social de la Autoridad Palestina sobre el pueblo palestino, especialmente entre las comunidades de clase trabajadora de los campos de refugiados y las zonas urbanas densamente pobladas del norte. La popularidad de estos grupos y el alcance de sus actividades de resistencia ponen de manifiesto el debilitamiento del dominio de la Autoridad Palestina, una tendencia que no ha pasado desapercibida para las fuerzas israelíes, que han respondido con repetidas incursiones militares en lugares como Yenín, Tulkarem y Nablus, así como con asesinatos selectivos de personas con supuesta afiliación a estos grupos.
Además de las presiones internas, en los últimos años, la Autoridad Palestina se ha visto cada vez más aislada tanto en el ámbito regional como en el mundial. Incluso Estados Unidos —un importante valedor de la Autoridad Palestina por su papel como garante local— la ha excluido de diversas maniobras diplomáticas. Un ejemplo de ello fueron los Acuerdos de Abraham, negociados por Estados Unidos, que dejaron completamente al margen a la Autoridad Palestina e ignoraron de hecho la existencia de Palestina. Se puede observar una prueba más de ello a medida que se desarrolla el genocidio en Gaza, cuando los responsables políticos estadounidenses manifiestan su deseo de una Autoridad Palestina «revitalizada», incluyendo su liderazgo, su composición y las alianzas que conforman la clase política de la Autoridad Palestina. Sin embargo, a pesar de su deseo de «sangre nueva» en la Autoridad Palestina, Estados Unidos y sus aliados en la región siguen sin duda tranquilos ante la inacción de la actual Autoridad Palestina y su firmeza en su política de coordinación en materia de seguridad con el régimen israelí.
No obstante, la operación «Inundación de Al-Aqsa» ha hecho añicos el statu quo, no solo en Gaza, sino también en Cisjordania. La Autoridad Palestina se ha amparado durante mucho tiempo en el pragmatismo, que promulga la idea de que las vías para el cambio son limitadas. Líderes como Abbas y sus asesores más cercanos se apoyan en gran medida en este discurso y a menudo critican la resistencia armada palestina por considerarla inútil. Este enfoque, sin embargo, es cada vez más impopular. En encuestas recientes realizadas en Cisjordania, un asombroso 60% de los encuestados se mostró a favor de la desintegración de la Autoridad Palestina y más del 90% exigió la dimisión de Abbas.
En medio de estas presiones, la Autoridad Palestina está esperando el momento oportuno; una victoria relativa de la resistencia palestina en Gaza o una solución regional más amplia podrían sacarla de su marginación. Hasta entonces, la Autoridad Palestina espera que su inmovilidad le permita cosechar los beneficios de la guerra sin verse envuelta en el conflicto.
El endurecimiento del sistema carcelario en Cisjordania
Basil Farraj:
Las cárceles siempre han sido un elemento central en las geografías de la violencia y la tortura del régimen israelí. En toda Cisjordania y Gaza, el encarcelamiento se ha convertido también en un estado más amplio bajo el cual se encuentra sometida toda la población palestina. Esto ha sido especialmente así desde el inicio del genocidio en Gaza, a medida que el ejército israelí intensifica sus campañas de detenciones contra los palestinos y mantiene a comunidades enteras bajo asedio, imponiendo severas restricciones a su libertad de movimiento y a su vida cotidiana.
El número de presos palestinos se ha más que duplicado en los últimos cuatro meses. Según cifras recientes, el número de palestinos de Cisjordania, incluida Jerusalén Este, detenidos por las fuerzas israelíes desde el 7 de octubre ha alcanzado los 6.500 detenidos. A esto hay que sumar las docenas de personas detenidas en los territorios de 1948. Los informes y testimonios indican que los palestinos de Gaza también se encuentran recluidos en condiciones extremadamente duras y sometidos a nuevos niveles de tortura. De hecho, los presos han descrito las condiciones en las cárceles israelíes como similares a las de los primeros años de la ocupación de Cisjordania y Gaza. Esto incluye numerosas medidas destinadas a aislar por completo a los reclusos, entre ellas la prohibición de las visitas familiares y la restricción de las visitas de los abogados. Otras medidas empleadas por el Servicio Penitenciario de Israel incluyen cortar el acceso al agua y la electricidad, proporcionar comida inadecuada e insuficiente, cerrar los comedores de las prisiones, confiscar las pertenencias de los presos y denegar la atención médica, lo que agrava aún más su política de negligencia médica sistemática. Esta brutal campaña de tortura y violencia contra los presos palestinos ha provocado hasta ahora la muerte de siete presos, además de un número desconocido —revelado recientemente— de palestinos asesinados en una base militar israelí en el sur de Palestina.
Los abusos contra los presos políticos palestinos no pueden separarse del trato general que recibe la población palestina a manos del régimen israelí. De hecho, los palestinos llevan mucho tiempo estableciendo paralelismos entre lo que comúnmente se denomina la «pequeña prisión» —es decir, las prisiones y centros de detención israelíes— y la «gran prisión», que es Palestina, bajo el colonialismo de asentamientos israelí. La violencia y la tortura practicadas en el interior de las prisiones israelíes son un reflejo de las medidas aplicadas para confinar y controlar a la población palestina en toda la Palestina colonizada.
Esta dinámica se ha dejado sentir con especial intensidad en Cisjordania, donde el ejército israelí ha restringido aún más la libertad de movimiento de los palestinos —ya de por sí controlada— desde el inicio de su genocidio en Gaza. Esto incluye el bloqueo de las entradas a la mayoría de los pueblos, localidades y ciudades palestinas mediante bloques de hormigón, puestos de control militares y verjas de hierro. Los palestinos de toda Cisjordania han denunciado que pasan horas en los puestos de control para llegar a sus lugares de trabajo y a los colegios, y que sufren agresiones y palizas por parte del ejército israelí en las entradas de las aldeas y pueblos palestinos. A esto se suma la prohibición impuesta por Israel de acceder a Jerusalén y a los territorios de 1948. Como resultado, Cisjordania ha quedado, en la práctica, aislada del resto de la Palestina colonizada.
Además, el ejército israelí sigue invadiendo a diario pueblos y aldeas palestinas, deteniendo, torturando y acosando a los palestinos y aplicando una política de «disparar a matar» en toda Cisjordania. Estas prácticas violentas, incluidas las perpetradas por colonos armados, han provocado la muerte de más de 350 palestinos desde el 7 de octubre. Del mismo modo, los palestinos han sido asesinados, torturados y maltratados durante y tras sus detenciones por parte del ejército israelí. Así pues, se están empleando métodos de violencia similares en toda Cisjordania, tanto dentro como fuera de los recintos penitenciarios israelíes.
Estas prácticas no son nuevas, sino que constituyen un elemento central del proyecto colonialista de Israel. Sin embargo, su intensificación en los últimos meses, sumada al aumento de la violencia de los colonos y a los robos de tierras, está transformando Cisjordania en un conjunto fragmentado de prisiones, donde los mecanismos israelíes de control y violencia campan a sus anchas. Las medidas adoptadas para modificar las condiciones de cautiverio en las prisiones israelíes tienen su reflejo en las prácticas violentas destinadas a convertir los territorios colonizados de Palestina en espacios localizados de confinamiento. Es importante destacar que la noción palestina de la «prisión pequeña» y la «prisión grande» no es meramente metafórica, sino una realidad que, a menos que se le oponga resistencia, se consolidará en una condición carcelaria permanente.
El genocidio de Gaza y la economía de Cisjordania
Samia Botmeh:
La economía palestina no es ajena a la devastación económica. La ocupación de Cisjordania y Gaza por parte del régimen israelí en 1967 puso en marcha una serie de políticas destinadas a garantizar una economía palestina dependiente. Los Acuerdos de Oslo de 1993 institucionalizaron aún más las estructuras coloniales de dependencia y desmantelaron la economía palestina para garantizar su continua opresión y su dependencia de fuentes no endógenas para su supervivencia económica. La devastación de la economía palestina por parte del régimen israelí durante la segunda Intifada y las repetidas guerras contra Gaza desde 2008 han erosionado aún más la base productiva de la economía y han confiscado los recursos necesarios para su desarrollo potencial.
Aunque Cisjordania se ha librado de los bombardeos en esta última ofensiva, el régimen israelí ha impuesto, no obstante, una serie de medidas opresivas con graves repercusiones económicas en el territorio. Entre dichas medidas se incluyen restricciones a la libre circulación, retrasos en la tramitación del comercio de bienes y servicios, redadas e incursiones que impiden a los palestinos de los territorios de 1948 acceder a los mercados de bienes de Cisjordania, así como la apropiación indebida de los ingresos palestinos procedentes de los derechos de aduana.
Además, el régimen israelí ha impedido a miles de trabajadores palestinos acceder a sus puestos de trabajo en el mercado laboral israelí, lo que ha provocado un aumento del desempleo y una mayor competencia por los puestos de trabajo en Cisjordania. Según la Oficina Central de Estadística Palestina (PCBS) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el desempleo en Cisjordania y Gaza se duplicó con creces en el cuarto trimestre de 2023, alcanzando un 29% estimado en Cisjordania desde que comenzó el ataque genocida contra Gaza. Al mismo tiempo, los salarios diarios en Cisjordania han disminuido debido a la abrumadora oferta de mano de obra, lo que ha creado un mercado plagado de explotación salarial. Las pérdidas diarias de ingresos ascienden a la asombrosa cifra de 12,8 millones de dólares para los trabajadores de Cisjordania. Unas pérdidas de ingresos de esta magnitud han provocado un aumento de las tasas de pobreza y de la desigualdad en toda Cisjordania y es probable que tengan consecuencias devastadoras más allá del corto plazo.
La pérdida de puestos de trabajo en el mercado laboral israelí no es la única causa del fuerte aumento de las tasas de desempleo. Las restricciones a la movilidad laboral derivadas de las barreras a la circulación en Cisjordania, tal y como se ha mencionado en el apartado anterior, también han afectado a los mercados laborales. El fuerte aumento de las barreras y los puestos de control en toda Cisjordania desde el 7 de octubre ha provocado un incremento significativo del tiempo y el coste de los desplazamientos. Como consecuencia de verse confinados en sus localidades y de no poder llegar a sus lugares de trabajo en otras comunidades, muchos trabajadores han perdido su empleo. El Palestinian Central Bureau of Statistics (PCBS) y la OIT estiman que, en los dos primeros meses tras el inicio de la ofensiva contra Gaza, se perdieron un cuarto de millón de puestos de trabajo en Cisjordania.
Dichas restricciones a la circulación y el cierre del mercado israelí también han afectado a las empresas del sector privado de Cisjordania, en parte al aumentar los costes de adquisición de materiales y equipos de producción, que proceden en su gran mayoría de fuera de las principales ciudades y, a menudo, de fuera de Cisjordania. Los costes de entrega y envío, tanto a nivel nacional como internacional, también han aumentado, lo que ha reducido aún más los márgenes de beneficio. Como resultado, las estimaciones preliminares del PCBS indican que, durante octubre y noviembre de 2023, la producción en Cisjordania se ha reducido en aproximadamente un 37%, con una pérdida estimada de 500 millones de dólares al mes.
No obstante, aunque la situación actual de la economía palestina pueda ser excepcionalmente grave, no debe confundirse con el resultado de circunstancias inevitables. Por el contrario, es consecuencia de vivir bajo una de las formas más crueles de colonización de asentamientos de la era moderna. Además, resulta evidente que los «modelos de recuperación» —impulsados por el Banco Mundial y otras instituciones internacionales— han fracasado sistemáticamente a la hora de abordar este contexto y, en su lugar, se han centrado en políticas neoliberales ineficaces, lo que ha agravado aún más la subyugación económica palestina.
Este terrible momento en la historia palestina exige replantearse la naturaleza política de la recuperación económica. Para ello, deben adoptarse medidas que pongan fin a la dependencia colonial y refuercen la base productiva de la economía palestina. Entre esas medidas se incluyen poner fin a lo que queda de la unión aduanera forzada con Israel, acabar con las políticas destinadas a empujar a la población a recurrir al crédito bancario para financiar su consumo cotidiano, invertir en la agricultura y la industria manufacturera locales y restablecer los principios de solidaridad económica entre los palestinos. Estas iniciativas podrían sentar las bases para una resistencia colectiva más firme contra el asedio colonial sionista de la economía palestina.