¿Por qué el ejército estadounidense es «el mayor enemigo del planeta Tierra»? (con Abby Martin)

Chris Hedges, The Chris Hedges Report, 30 julio 2026

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Chris Hedges es un escritor y periodista independiente que trabajó durante casi dos décadas como corresponsal extranjero para The New York Times, la National Public Radio y otros medios en Latinoamérica, Oriente Medio y los Balcanes. Formó parte del equipo de reporteros de The New York Times que ganó un Premio Pulitzer por su cobertura del terrorismo global. Hedges es miembro del Nation Institute y autor de numerosos libros, entre ellos War is a Force That Gives Us Meaning.

(Esta entrevista está asimismo disponible en plataformas de podcast y Rumble)

Transcripción

Chris Hedges:

«Earth’s Greatest Enemy (El mayor enemigo de la Tierra)», el segundo largometraje de Abby Martin, documenta cómo el Pentágono —el mayor contaminador institucional del mundo— emite carbono, contamina el agua y esparce toxinas por vastos territorios, al tiempo que queda exento de los acuerdos climáticos. La película se centra en un aspecto de la industria bélica que a menudo pasa desapercibido, ya que esta no solo acaba con las vidas humanas mediante la violencia, sino también a través de la devastación ecológica. El ejército estadounidense es el mayor consumidor individual de combustibles fósiles del planeta, con 270.000 barriles de petróleo al día. Esto supone 55 millones de toneladas métricas de CO₂ al año, más que 150 países. Estados Unidos es el único país que cuenta con unas 1.000 instalaciones y bases repartidas por todo el mundo. Rusia tiene nueve y China, una.

Estos puestos militares están equipados con miles de vehículos y aeronaves. Solo la Fuerza Aérea de EE. UU. es mayor que las cinco potencias aéreas siguientes juntas. Un conductor estadounidense medio tardaría más de 40 años en consumir tanto combustible como un solo vuelo de un Boeing Pegasus. EE. UU. cuenta con más de 600 de estos aviones-cisterna, el triple que el resto del mundo en su conjunto. Las emisiones directas de los buques de guerra, vehículos, aviones de combate, tanques y bases militares no incluyen las emisiones indirectas generadas por los fabricantes de armas, los proveedores del ejército y la maquinaria que extrae materias primas en países como el Congo, que son vitales para la maquinaria militar. Si se tienen en cuenta estas emisiones indirectas en la huella de carbono, las emisiones de CO₂ del Pentágono son al menos tres veces superiores, superando los 165 millones de toneladas métricas al año.

Me acompaña Abby Martin para hablar de su película, «Earth’s Greatest Enemy». Es una película estupenda y tenemos que asegurarnos de indicar a los espectadores cómo acceder a ella, pero ¿qué fue lo que te impulsó a analizar al ejército desde este ángulo?

Abby Martin:

Creo que para muchos de nosotros, la naturaleza ecocida del imperialismo estadounidense y la destrucción que provoca en todo el mundo han sido muy obvias desde hace mucho tiempo. Si destruyes paisajes, si asesinas en masa a la población… todas esas toxinas, los carcinógenos que se liberan con los bombardeos constantes, la pulverización del hormigón —ese material rico en carbono que hemos visto en Gaza—, es algo tan evidente, Chris. Siempre he sido ecologista y, como periodista antiimperialista, esta conexión siempre me ha parecido muy evidente. Y siempre sentí mucha curiosidad por saber por qué nadie había sintetizado este material, y no solo las emisiones, sino la totalidad de este tema gigantesco, porque no se trata solo de emisiones. En realidad, lo abarca todo. Cada base es una historia no solo de contaminación heredada, sino de contaminación continua con las oleadas de militarización que vemos hoy en día. Me molestaba mucho que este no fuera un tema de interés general, que no se incorporara a los discursos del ecologismo dominante. Y, en cambio, veíamos a gente como Elizabeth Warren hablando de «ecologizar» un imperio militar global, que sabemos que es totalmente insostenible e incompatible con la viabilidad de un planeta capaz de sustentar la vida humana.

Chris Hedges:

Y no solo envenenan a los de fuera. Recuerdo los bombardeos en Bosnia cuando cubrí la guerra y, en esos cráteres, nunca crecía nada porque había uranio. Eran municiones de uranio empobrecido. Conduje por la «autopista de la muerte» de camino a Basora (donde finalmente fui capturado por la Guardia Republicana iraquí) y estaba cubierta de polvo blanco procedente de la munición empobrecida iraní que, por supuesto, enfermó y mató a muchos de los militares que tuvieron que ir a limpiarla. Pero hablas también de Camp Lejeune, de que estos venenos son, en ese sentido, indiscriminados por parte del ejército. También están encantados de envenenar a los suyos. Y ni siquiera hemos hablado de los vertederos de basura en lugares como Iraq.

Abby Martin:

Exacto, me refiero a algo tan cínicamente explotado como los equipos de primera intervención del 11-S. Quiero decir que fueron aclamados como los héroes del 11-S, utilizados en toda la propaganda para activar ese cerebro reptiliano tras el 11-S, ¿y qué se les hizo? Básicamente, se les dejó morir, se les negó la asistencia sanitaria en todo momento. Se trata de los equipos de primera intervención del 11-S que excavaban entre el polvo tóxico cargado de amianto. Por supuesto, los miembros de las Fuerzas Armadas son totalmente prescindibles a ojos de la clase dirigente y de los altos mandos militares.

Es decir, cada base es una historia de vertidos tóxicos en la que los soldados son las «ratas de laboratorio». Lo vimos durante las oleadas de radiación de la era nuclear, el extractivismo de la Guerra Fría, los soldados estadounidenses convertidos literalmente en «ratas de laboratorio» con los ensayos nucleares y, hoy en día, tenemos los fosos de incineración y, por supuesto, has mencionado Camp Lejeune. Este fue el peor caso de contaminación del agua de la historia de Estados Unidos y, durante años, el mando militar estuvo vertiendo intencionadamente sustancias químicas tóxicas y mintiendo al respecto. Claro que este es su modus operandi. Rechazan las reclamaciones. Niegan la existencia del vertido tóxico hasta que es innegable y, entonces, básicamente, van resolviendo estas reclamaciones con un retraso tan extremo que un juez ha dicho hoy que se tardará 100 años en examinar todas y cada una de ellas, porque están intentando rechazar la demanda colectiva por una indemnización a tanto alzado.

Es una locura. Quiero decir que se trata de una historia de hace más de 50 años y todavía hay gente que está enferma y muriendo a causa de este encubrimiento. Y nunca se les ha exigido responsabilidad alguna, ni han remediado adecuadamente ninguna de estas zonas. Chris, la mayoría de los emplazamientos del Superfund en EE. UU. han albergado instalaciones militares o se han utilizado con fines militares, y no limpian estos emplazamientos en absoluto. Se dejan pudrir y matan a las personas que viven allí, entre las que se incluyen ciudadanos estadounidenses y miembros de las Fuerzas Armadas.

Chris Hedges:

 Camp Lejeune, la base del Cuerpo de Marines, por supuesto que no solo enfermó y envenenó a los marines, sino también a sus familias. Como has dicho, se prolongó muchísimo porque los militares lo negaron. Lo analizas en la película, pero cuéntanos con más detalle hasta qué punto ese abuso fue despiadado.

Abby Martin:

 Sí, esto es algo que la gente puede ver y decir: «No sabían que sucediera así, ¿verdad? Fue hace mucho tiempo. Seguro que no conocían la toxicidad. No tenían alternativas seguras». Por supuesto que sí. Al igual que ocurre hoy con los PFAS, tienen alternativas seguras. No necesitan usar PFAS. Eligen hacerlo, Chris, eligen hacerlo. Siempre hay alternativas seguras. Siempre hay otras cosas que podrían estar haciendo en lugar de quemar al aire libre, detonar al aire libre en todas estas tierras indígenas y profanar estos lugares. Pero en lo que respecta a Camp Lejeune, esta fue una historia que se prolongó durante décadas. Es decir, vertían tantos residuos tóxicos porque, si nos fijamos solo en el mantenimiento del arsenal militar, es incalculable la cantidad de sustancias químicas tóxicas que se vierten al suelo y a la atmósfera solo para limpiar estas piezas de motor y dejar que los aviones estén listos para volar en patrullas sin sentido.

El ejército llevaba años y años vertiendo residuos tóxicos en los pozos de agua de esta base del Cuerpo de Marines. Y cuando se realizaron los análisis y se supo que los pozos estaban contaminados, en lugar de detener los vertidos, Chris, siguieron adelante. Continuaron durante años y lo encubrieron mientras los marines bebían esa agua y se bañaban en ella. Quiero decir, era igual que en Red Hill, donde, literalmente, se bañaban, cocinaban y limpiaban con agua tóxica. ¿Y quiénes murieron a causa de eso? Por supuesto, un sinfín de personas. Estamos hablando de un millón de personas que se vieron afectadas por esto. Pero quienes realmente se vieron afectados fueron los bebés. Los bebés que no tenían la capacidad de eliminar los carcinógenos de su organismo. No tenían esa capacidad. Así que vimos cómo murieron más de mil bebés. Mortinatos, recién nacidos, Chris.

Una de las mujeres que vuelve a visitar esas tumbas ve tres lápidas de niños que nacieron y murieron. Cada dos años, esta mujer tenía un bebé mortinato y probablemente pensaba que era culpa suya. No sabía que debía culpar a los altos mandos militares. No lo sabían. No hubo rendición de cuentas. No se facilitó información alguna. Aún hoy en día hay gente, activistas, que salen a la calle con carteles que dicen: «¿Sabías lo de Camp Lejeune? Oye, puede que esto te esté afectando». Es decir, es una auténtica locura pensar en las vidas perdidas, en la destrucción que se ha infligido a las familias de allí y, de hecho, la falta total de información sobre lo que ocurrió. Piensa en cuántas vidas se han arruinado creyendo que se trataba solo de ti, y en que no había respuestas para esas personas.

Chris Hedges:

Hablemos del nexo entre nuestra adicción a los combustibles fósiles y el imperialismo, que creo que también es un tema de la película.

Abby Martin:

Sí, quiero decir, si echamos la vista atrás a la existencia del ejército estadounidense como institución… Siempre ha tenido como objetivo la extracción; es decir, ha sido básicamente el brazo ejecutor del extractivismo. Si nos fijamos en las primeras bases extraterritoriales, siempre sirvieron para proteger el carbón, la infraestructura del carbón. Y luego pasó a ser el petróleo, ¿verdad? Cuando se descubrió el petróleo, este se consolidó como la prioridad de la seguridad nacional. Siempre ha estado ahí. Lo que pasa es que adoptamos la pretensión de que la seguridad nacional era sinónimo de derechos humanos, democracia y libertad. Siempre ha girado explícitamente en torno al petróleo. Pero el ejército siempre ha sido el brazo ejecutor del capital global.

En la película se señala que, hoy en día, el archienemigo es básicamente al ejército. Pero, en realidad, no es más que la consecuencia de un sistema imperialista que impone los dictados del capitalismo global en todo el mundo a punta de arma nuclear. Y las consecuencias son nefastas si no te sometes a los dictados del sistema, Chris. Por eso, siempre me fijo en los responsables a los que se ha señalado acertadamente como causantes de la contaminación global que sufrimos hoy en día: las grandes petroleras y empresas agrícolas. Pero ¿quién hace cumplir estos mecanismos? ¿Quién sustenta este sistema? ¿Quién lo hace? Es el ejército de EE. UU. Las empresas petroleras tienen un ejército, y ese es el ejército de EE. UU.

Ahora bien, has mencionado que, si nos fijamos únicamente en el nivel institucional de la contaminación en términos de consumo de petróleo, eso equivale a 150 países, ¿verdad? Pero eso ni siquiera araña la superficie de las emisiones, porque estamos hablando de las emisiones militares lideradas por EE. UU., lo que incluye a la OTAN. Incluye la competencia entre grandes potencias. Cuando EE. UU. sigue aumentando su armamento y se retira de todos estos tratados, pues, por supuesto, Rusia y China responderán con su propio aumento de armamento. Todo se remonta al impulso, al núcleo imperial y a la beligerancia y la arrogancia de EE. UU.

Y entonces se ve esta reacción, esta ola en todo el mundo que responde a la beligerancia de EE. UU. Pero hablas de la necesidad de mantener este arsenal y de una especie de profecía autocumplida, y creo que la clave aquí es, en realidad, la infraestructura misma del dominio de los combustibles fósiles y esa necesidad cíclica de obtener recursos naturales para saquear y expoliar, para extraer los últimos vestigios de gas natural y petróleo, con el fin de justificar el mantenimiento del arsenal. Para alimentar al dragón del petróleo, hay que seguir creciendo y expandiéndose.

Se trata realmente de una profecía autocumplida en el peor sentido posible. Es un suicidio colectivo porque el propio ejército es el principal motor de este sistema. Está impulsando este mundo insostenible dominado por los combustibles fósiles. Y luego utiliza esa expansión para justificar su propio crecimiento y expansión. Y luego están personas como Nancy Pelosi y esos políticos liberales que afirman que el ejército es la solución al problema que él mismo ha causado. Así pues, nos encontramos en la peor situación posible, en la que no hay imaginación ni ingenio fuera del propio sistema que ha provocado precisamente el problema al que nos enfrentamos. Y quieren que sea la solución al mismo…

Chris Hedges:

A medida que el clima se deteriora, a medida que aumenta el número de refugiados climáticos que huyen del Sur Global, a medida que las bases navales —y el ejército está planificando para ello— quedan, en esencia, sumergidas bajo el agua debido a la subida del nivel del mar, el mismo problema que ellos crean se convierte en la excusa no solo para su existencia, sino también para su expansión, en un contexto en el que Trump habla ahora de un presupuesto militar de un billón y medio de dólares. Quiero decir que es una especie de bucle de retroalimentación muy extraño.

Abby Martin:

Sí, así es. La gente habla de la noción del «bumerang imperial». Por supuesto, las personas marginadas de piel morena y negra siempre han sufrido de lleno las consecuencias del colonialismo y el imperialismo. Pero creo que las personas parecidas a mí en este país se están dando cuenta de que esto es inseparable del efecto bumerang de las consecuencias de tener un imperio militar global que actúa como una empresa con ánimo de lucro. Cuando tienes un excedente de armamento que necesitas para seguir justificando la próxima generación de estos vehículos inútiles, o bien se entrega a entidades como el ISIS o los talibanes, o bien a las fuerzas policiales locales aquí en EE. UU., que a su vez maltratan y someten a sus respectivas poblaciones, como en Minneapolis. Es un círculo vicioso en el peor sentido posible, en todos los sentidos imaginables, que te obliga a seguir creciendo en un planeta con recursos finitos. Hay que seguir justificando el crecimiento y la expansión. Y, por eso, algo fascinante sobre Trump que te he oído señalar muchas veces es el hecho de que se ha quitado por completo la máscara. Quiero decir, todo esto es muy explícito. Se trata del petróleo. Irán es el tercer mayor productor de petróleo del mundo y Venezuela es el primero. Es una locura. Es una mezcla de la ley de la selva y la anarquía total, que nos remite a los tiempos de Cristóbal Colón, donde todo es abiertamente colonial, como una «Operación Exterminio Total de América Latina».

Cualquier país que no se doblegue ante este sistema global será castigado, será destruido sin piedad por la clase dominante. Cuando hicimos esta película, lo sorprendente fue que hubo una especie de periodo de incubación que nos llevó a un punto como Trump. Es decir, esta era la doctrina neoliberal, este es el orden neoliberal. Esto es lo que se consideraba normal, ¿verdad? Este era el statu quo. Y esto es una espiral de muerte, Chris.

Por eso, la película es realmente instructiva, porque nos muestra cómo hemos llegado hasta aquí. Nos da respuestas sobre cómo las cosas han llegado a estar tan mal, cómo es posible que alguien como Trump pueda llegar al poder y llevar las cosas a este extremo, porque él no es un rey. No es una anomalía. Es, precisamente, la encarnación perfecta del sistema que tenemos hoy en día.

Chris Hedges:

Hablemos de la oposición. De aquellos que intentan plantar cara al imperialismo, ahora ya descarado, que respalda el genocidio en Gaza y que lleva a cabo ataques no provocados contra países como Irán. ¿De dónde surge? ¿Y cuáles son las estrategias eficaces para combatir a este monstruo que hemos creado?

Abby Martin:

Por muy incierta y distópica que sea la época que estamos viviendo, Chris, a mí me parece al mismo tiempo muy emocionante precisamente por esa incertidumbre, por el rumbo que podría tomar. Ambos sabemos que, hace diez años, hablar de socialismo se consideraba algo totalmente polémico en este país. Vivimos en un país cuya religión no oficial es el anticomunismo. Y, por eso, vivir en una época en la que todo esto queda al descubierto —la naturaleza vacía y en bancarrota de esta oposición incompetente que no ha hecho más que servir de felpudo al imperio y al genocidio—, es un momento crucial porque no hay término medio. No hay término medio. Realmente es socialismo o barbarie.

Tenemos que abandonar la idea de que este es el fin de la historia. Este es el fin de nuestro sistema económico. Porque es barbarie en su sentido más puro. Hasta aquí ha llegado. Se ha construido sobre las ruinas de todas esas instituciones que, en el fondo, no han sido más que fachadas del poder estadounidense durante todo este tiempo. Todo ha quedado al descubierto como un sacrificio, como si todos fuéramos corderos de sacrificio, todos los seres humanos de este planeta y también el medio ambiente; básicamente, a ojos de la clase dominante, todos somos prescindibles. Todo gira en torno al beneficio a corto plazo. Ni siquiera se trata de tácticas o estrategias.

Fíjate en el estrecho de Ormuz, fíjate incluso en la guerra de Iraq. ¿Cuándo ha ganado Estados Unidos siquiera una guerra? Quiero decir, le robamos la gloria a la Unión Soviética con la Segunda Guerra Mundial, pero ¿cuándo ha conseguido EE. UU., en términos de afirmar su dominio imperial y su hegemonía, una victoria real, una victoria militar? Todo gira en torno al beneficio y eso es lo que lo hace tan distópico. Están dispuestos a crear paisajes tan apocalípticos como el de la Luna por todo el planeta. Todavía existen zonas muertas causadas por las armas ligeras de la Primera Guerra Mundial. Este es el resultado. Este es el legado de estas guerras, pero no van a parar. De hecho, se ha visto cómo la situación empeoraba con Irán: los ataques intencionados contra infraestructuras petroleras, depósitos de petróleo y gasoductos de gas natural. La advertencia despreocupada de cometer crímenes de guerra: hoy es el «Día de los Puentes», mañana es el «Día de las Centrales Eléctricas», y los medios de comunicación de todo el mundo se limitan a decir: «¿Va a hacerlo? Vamos a averiguarlo. Tenemos un plazo de 48 horas».

Creo que hemos llegado a esta situación por la impunidad desenfrenada de los criminales de guerra, por no exigir responsabilidades por los crímenes de guerra perpetrados en Iraq. Así es como llegamos a Gaza. Así es como llegamos a esta nueva anarquía y a la ley de la selva. Y, por eso, la resistencia que estamos viendo ante todo esto es increíble: las acciones continuadas en todo el mundo, la comprensión de la gente de que Gaza es, en realidad, el tejido conectivo de nuestra liberación en todo el mundo. ¿Cómo encaja Gaza en todo esto? Porque hace cinco años nadie lo entendía y siempre se consideraba demasiado controvertido. Era un tema tabú y ahora se entiende como algo fundamental. Está intrínsecamente ligada a la liberación de la humanidad, y por eso comprenderlo y ver cómo esa base de comprensión se propaga por todo el mundo es algo que me resulta increíblemente motivador e inspirador. Y sí que siento un optimismo revolucionario ante el hecho de que la gente esté poniendo en juego sus carreras, sus cuerpos, sus vidas, solo por la posibilidad de cambiar las cosas, Chris, porque eso es a lo que nos enfrentamos. Nos enfrentamos a un sistema global completamente demencial integrado por un montón de gente estúpida. Y eso también es lo que me da esperanza. No es solo la banalidad del mal, es la estupidez del mal. Estas personas están tan encerradas en su instinto de supervivencia que ni siquiera pueden ver lo que tienen justo delante. Ni siquiera son capaces de darse cuenta de que están destruyendo el planeta también para los suyos. Así pues, esta es la oportunidad que se nos presenta. Tenemos la oportunidad de cambiar el mundo, de difundir la verdad, de recuperar nuestras narrativas y potenciarlas. Y esta película es una herramienta más en nuestro arsenal para impulsar ese cambio.

Chris Hedges:

Y, sin embargo, cuando los capitalistas se sienten amenazados, recurren al fascismo. Y estamos consolidando rápidamente un sistema fascista en Estados Unidos. Los fascistas no son especialmente inteligentes. A menudo son muy ridículos, pero resultan muy peligrosos.

Abby Martin:

Cierto. Y ver cómo Estados Unidos pierde poder en lo que respecta a la conciencia pública… Me refiero a que esta es la guerra menos popular de la historia. Trump tiene el índice de aprobación más bajo, pero, aun así, el hecho de que ni siquiera se molesten en disimular, creo que dice mucho, ¿no? El hecho de que ni siquiera hayan tenido que apaciguar a la opinión pública. Ni han necesitado lanzar una campaña de propaganda como tras el 11-S. ¿Qué nos dice eso? Que ni siquiera se molestan en intentarlo.

Y eso pone realmente al descubierto la situación en la que nos encontramos: el distanciamiento de la clase dirigente respecto a la población, el hecho de que no les importemos. Eso debería dejarnos todo claro: que no existe conexión alguna. No hay representación. Tenemos que hacer algo que esté fuera de esta arena electoral, porque nos ha fallado por completo. No hay ningún beneficio tangible tampoco por parte del Partido Demócrata. Básicamente, van a seguir impulsando este sistema mientras todos nos hundimos en el precipicio.

Chris Hedges:

Abby, siempre es así: el Pentágono no solo no rinde cuentas, sino que es intocable. A menudo presenta sus presupuestos y luego el Congreso le concede más de lo que incluso pide. En muchos sentidos, es un Estado dentro del Estado. Recuerdo que el historiador Arnold Toynbee señaló que el militarismo sin control ni regulación era el golpe de gracia del imperio. Tienes razón en que, por supuesto, esto es a la vez suicida en lo que respecta a las políticas imperialistas y, sin embargo, el poder de la industria bélica es tal que ni siquiera Bernie Sanders se atreve a ir contra ella. El poder de la industria bélica dentro del sistema político estadounidense es tal que se la considera prácticamente intocable.

Abby Martin:

Efectivamente, ese es el problema, ¿no? Incluso en el caso de que Bernie Sanders o Alejandra Ocasio-Cortez llegaran a ser presidentes, seguirían siendo imperialistas. Quiero decir que, al fin y al cabo, mantendrán el consenso bipartidista del imperio estadounidense. Nunca han cuestionado la noción, la existencia de una dictadura militar global que mantiene al mundo bajo su yugo y oprime a miles de millones de personas.

Esto es inaceptable. No puedes llamarte ecologista si no eres antiimperialista. Del mismo modo que el sionismo es incompatible con el progresismo. Estos conceptos son contradictorios. Así pues, el verdadero problema es que… uno de los pocos políticos de los que he oído hablar que proponía cerrar las bases militares repartidas por todo el mundo fue Ron Paul, ¿verdad? por eso era tan popular, pero hubo gente que intentó, básicamente, criticarlo duramente y tachar a todos sus seguidores de racistas. Y esa es una premisa realmente problemática, porque es necesario contar con una oposición que ponga en tela de juicio esta maquinaria imperial de muerte.

Y cuando tienes a Bernie Sanders, el ala más progresista del Partido Demócrata, que ni siquiera cuestiona eso, ni siquiera habla de reducir estas bases ni de desmantelar ningún aspecto del imperio militar… Y se trata del ala liberal del partido, ¿verdad? Me refiero a que defienden el uso de las sanciones como diplomacia. Las sanciones han matado a 1.800 bebés en Cuba desde 2019. Esto es un asesinato en masa mediante la política, ¿no? Y Alejandra O-C está defendiendo básicamente el intervencionismo liberal. Esto es un problema enorme, enorme.

Tenemos que ser militantes. Tenemos que estar orgullosos y seguros de nuestro antiimperialismo. No debemos sacrificar al Sur Global cuando las cosas se ponen difíciles y criticar a Cuba y a Venezuela. Tenemos que defender a voz en grito al Sur Global, su soberanía y su independencia. Y tenemos que cuestionar esa premisa de que tenemos el derecho innato a arbitrar cualquier asunto en el mundo. Ese es el problema, Chris. Eso es chovinismo. Es una locura. Tenemos que empezar a presionar a nuestros políticos para que, como mínimo, sean antiimperialistas. Y es inaceptable que haya gente que se haga pasar por progresista y que no sea antiimperialista en absoluto.

Chris Hedges:

Todos los grandes socialistas, Rosa Luxemburg y otros, nos recordaron que no se puede ser socialista a menos que también se sea antiimperialista. No se puede.

Abby Martin:

No, y por desgracia no se ve nada de eso. ¿Dónde hay alguien en el poder que hable de estas cosas? Hay intentos superficiales de limitarse a reprender a Trump, como en esas declaraciones evasivas de gente como Hakeem Jeffries: «Oh, el proceso… Bueno, Maduro tenía que irse, pero el proceso tenía que haber sido mejor. Deberíamos haber gestionado mejor el proceso cuando se trataba de una guerra de agresión y una ofensiva económica desatada contra Irán». Es decir, es repugnante. Es repugnante que Chuck Schumer esté ahí fuera hablando de su apoyo incondicional a Israel mientras intenta vender libros sobre el antisemitismo, cuando se está produciendo un maldito genocidio. ¿Este es el partido de la oposición? ¿Es este el partido de la oposición con el que queréis intimidar a la izquierda y que dice: «Votad a los azules»? Si no vais a plantarle cara al genocidio, ¿cómo demonios vais a luchar por la democracia? ¡Por Dios!

Chris Hedges:

Cuéntanos cómo se puede ver la película y, además, cómo se puede seguir tu trabajo.

Abby Martin:

Podéis ver la película. Ya está disponible en Vimeo. Se puede ver en streaming tanto para el público internacional como para el nacional. Echadle un vistazo en Vimeo. También podéis visitar EarthsGreatestEnemy.com, donde la encontraréis incrustada directamente en la página de inicio. También podéis organizarme sesiones de preguntas y respuestas, o proyectar la película por todo el mundo si queréis. Además, está disponible en exclusiva para los patrocinadores de nuestro Patreon y para los suscriptores de YouTube. Dentro de un par de semanas, la estrenaremos junto con Watermelon Pictures en Amazon y Apple, por lo que entonces estará ampliamente disponible en streaming.

Animo a todo el mundo a que comparta la película con todas las personas que conozcan a las que aún se pueda llegar. Es una herramienta increíble en nuestro arsenal para intentar movilizar y motivar a la gente, y animarla a convertirse en antiimperialista, dándonos así una oportunidad de luchar contra los parásitos que nos están robando a manos llenas, Chris.

Chris Hedges:

Abby, has hecho un trabajo maravilloso. Gracias. Y quiero dar también las gracias a Max y Diego, que han producido el programa. Podéis encontrarme en ChrisHedges.subtack.com.

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