¿Qué supone para Oriente Medio el pacto de defensa de Pakistán con Arabia Saudí y Turquía?

Zia Ur Rehman, Middle East Eye, 8 agosto 2026

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Zia Ur Rehman es un periodista e investigador paquistaní que analiza la evolución de la democracia y los conflictos en Pakistán para diversos institutos de análisis político.

Un nuevo pacto de seguridad entre Pakistán, Arabia Saudí y Turquía va a  redefinir el mapa estratégico de Oriente Medio, al reunir a tres de las potencias más influyentes del mundo musulmán bajo un marco de defensa colectiva.

El Acuerdo de Defensa Conjunta de La Meca, que recibe su nombre de la ciudad santa donde se firmó el viernes, estipula que un ataque contra uno de los miembros se considera un ataque contra los tres.

En consonancia con el artículo 5 de la OTAN, esta cláusula confiere al pacto una importancia geopolítica inmediata, aunque la declaración conjunta deja en el aire los compromisos militares específicos.

Para Pakistán, el único Estado de mayoría musulmana con armas nucleares del mundo, el acuerdo supone un cambio notable respecto a su postura tradicionalmente cautelosa como mediador regional.

Al alinearse con el príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman y el presidente turco Recep Tayyip Erdogan, Islamabad está posicionando a sus fuerzas armadas como un posible garante de la seguridad en el corazón de un eje emergente que abarca el sur de Asia y el Golfo.

El pacto señala un cambio potencialmente significativo. A medida que el orden regional de larga data, anclado en Washington, se ve sometido a una presión cada vez mayor en medio de la guerra y las alianzas cambiantes, las potencias de Oriente Medio buscan asumir un mayor control de su propia seguridad, y las capacidades militares nucleares y convencionales de Pakistán podrían constituir un nuevo punto de referencia.

El acuerdo se produce además en un momento en que el orden de seguridad tradicional de Oriente Medio se enfrenta a una presión sin precedentes.

La guerra de EE. UU. e Israel contra Irán ha transformado el panorama estratégico regional, con ataques directos que han alcanzado territorio saudí y graves perturbaciones en el tráfico marítimo comercial tanto en el estrecho de Ormuz como en el mar Rojo.

«Los tres países comparten un interés económico y de seguridad en evitar una mayor escalada, lo que, en última instancia, les ha llevado a firmar el pacto», declaró a Middle East Eye un responsable de seguridad paquistaní que sigue de cerca la región, bajo condición de anonimato.

Las interrupciones en el tráfico marítimo a través del estrecho de Ormuz han afectado al suministro de energía y fertilizantes saudíes, lo que ha provocado una onda expansiva en la economía mundial. Países dependientes de las importaciones, como Pakistán y Turquía, se han visto especialmente afectados por estas perturbaciones.

Pero el cálculo de seguridad tiene aún más repercusiones.

Tanto Arabia Saudí como Turquía han sufrido atentados vinculados al conflicto regional más amplio, mientras que Islamabad y Ankara siguen profundamente preocupadas por la inestabilidad transfronteriza que se extiende desde sus extensas fronteras con Irán.

Ankara se enfrenta a un dilema de seguridad adicional: la posibilidad de que el armamento de las milicias kurdas iraníes por parte de potencias externas pueda desbaratar su frágil proceso de paz, logrado con tanto esfuerzo, con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK).

El extendido conflicto ha envalentonado también a Irán y a sus aliados hutíes en Yemen, que han intensificado los ataques directos contra territorio saudí.

Para los líderes del Golfo, el fracaso de las garantías de seguridad tradicionales de EE. UU. a la hora de disuadir este tipo de ataques ha puesto en duda la fiabilidad de Washington como socio en materia de seguridad.

El resultado es un impulso decisivo por parte de los pesos pesados de la región para establecer acuerdos de defensa que dependan menos de garantías externas.

El exembajador pakistaní Asif Durrani describió el pacto como «el primer pilar concreto de una arquitectura de seguridad regional emergente», argumentando que supone un paso hacia una mayor apropiación regional de la seguridad.

«Si este impulso continúa, podría abrir la puerta a abordar conflictos que se remontan a décadas atrás, incluida la persistente cuestión palestina, mediante un enfoque con un mayor impulso a nivel regional», escribió Durrani en X.

Los analistas subrayan que el pacto no es un hecho aislado, sino más bien la culminación de una cooperación trilateral cada vez más estrecha.

Michael Kugelman, investigador principal para el sur de Asia en el Atlantic Council, describió el pacto como «una consecuencia lógica del estrechamiento de los lazos de seguridad» entre los tres países en los últimos meses.

Se basa en cimientos ya existentes. Riad e Islamabad firmaron un acuerdo bilateral de defensa mutua a finales de 2025, en virtud del cual se desplegaron en el reino unos 8.000 soldados paquistaníes, aviones de combate y sistemas de defensa aérea, mientras que Turquía sigue siendo un importante proveedor de material de defensa para ambas naciones.

Para Washington, el pacto podría resultar especialmente bienvenido.

Al centrarse principalmente en la disuasión colectiva regional, con la mirada puesta en Irán, «será bien recibido en Washington, que desea que sus principales aliados compartan más la carga», afirmó Kugelman el día X.

Un salvavidas económico con uniforme militar

Para Pakistán, sin embargo, el pacto va más allá de la geopolítica. También está profundamente relacionado con las vulnerabilidades económicas del país, según los analistas.

El pacto supone un cambio notable para Islamabad, que ha pasado los últimos meses posicionándose como puente diplomático entre Washington y Teherán.

Aunque Pakistán ayudó a negociar el Memorándum de Entendimiento de Islamabad en junio para detener temporalmente las hostilidades regionales, las posteriores escaladas redujeron su postura neutral. Para un Gobierno que lucha contra una inflación persistente y dificultades fiscales, la política de defensa estratégica es ahora cada vez más inseparable de la necesidad financiera.

Históricamente, Pakistán ha aprovechado su poderío militar para asegurarse el respaldo económico, especialmente de Estados Unidos y Arabia Saudí.

Este marco de defensa colectiva institucionaliza ese modelo, lo que permite a Islamabad sacar provecho económico de sus capacidades operativas —que van desde el entrenamiento conjunto y el despliegue de tropas hasta la exportación de armas— a cambio de inversiones vitales del Golfo, concesiones energéticas y apoyo diplomático.

Para Riad, Pakistán ofrece acceso a un ejército numeroso y experimentado, con décadas de experiencia en combate y contrainsurgencia. Para Islamabad, una cooperación más estrecha en materia de seguridad con Arabia Saudí ofrece la perspectiva de inversiones, ayuda financiera y una relación económica más sólida con uno de los Estados más poderosos de la región.

«En este sentido, la fuerza militar de Pakistán se está convirtiendo en un activo económico, además de estratégico», declaró a MEE el responsable de seguridad.

Dinero saudí, tecnología turca, poderío militar pakistaní

Esta asociación emergente aúna además tres formas distintas de poder estratégico.

Sheharyar Khan, analista político y asesor principal del Ministerio de Derecho y Justicia de Pakistán, describió esta combinación emergente como una en la que Arabia Saudí aporta el poder financiero, Turquía contribuye con la innovación tecnológica y Pakistán proporciona la capacidad militar fundamental.

«Juntos, los tres países podrían formar una alianza de seguridad cuyas capacidades vayan mucho más allá de los despliegues tradicionales de tropas», declaró Khan a MEE.

Cada Estado aporta un activo complementario. Arabia Saudí, donde se encuentran los lugares más sagrados del islam, aporta un enorme capital, su dominio del mercado energético y su peso diplomático en la región.

Turquía, que cuenta con el segundo ejército más grande de la OTAN, dispone de una industria de defensa avanzada y cada vez más autosuficiente, que incluye experiencia en sistemas aéreos no tripulados, guerra electrónica y munición guiada de precisión, lo que reduce su dependencia de proveedores extranjeros.

Pakistán aporta un ejército enorme y curtido en combate, así como la única fuerza de disuasión nuclear del mundo musulmán.

El riesgo de quedar atrapado

Sin embargo, según los expertos, el acuerdo también conlleva riesgos significativos para Pakistán.

La respuesta de Irán al pacto ha sido rápida y crítica.

«Los saudíes deberían saber que un acuerdo sobre el papel con Turquía y Pakistán no les aporta seguridad, al igual que años de explotación unilateral por parte de los estadounidenses tampoco les aportaron seguridad», escribió Ebrahim Rezaei, miembro de la Comisión de Seguridad Nacional y Política Exterior del Parlamento iraní, en X, desestimando el acuerdo.

La respuesta pone de relieve el dilema fundamental de Islamabad: una implicación cada vez mayor en la arquitectura de defensa del Golfo corre el riesgo de fracturar su delicada relación con Teherán, tradicionalmente cautelosa.

Los analistas advierten de un posible «atrapamiento», es decir, del peligro de que Pakistán se vea arrastrado a enfrentamientos extranjeros que no redundan en beneficio de sus propios intereses nacionales.

Históricamente, Pakistán ha evitado involucrarse directamente en las luchas de poder de Oriente Medio. Es bien conocida la decisión de su Parlamento de negarse a unirse a la coalición liderada por Arabia Saudí en Yemen en 2015 debido a preocupaciones políticas y sectarias internas.

Al albergar a una numerosa minoría chií, algunos de cuyos miembros consideran al clero iraní como guía política y religiosa, Pakistán también debe asegurarse de que una alineación más estrecha con Arabia Saudí y Turquía no se perciba en el país como una postura antiiraní que pudiera avivar las divisiones sectarias internas.

«Bloque de seguridad musulmán»

El acuerdo ha suscitado un intenso debate sobre si podría evolucionar hacia un bloque de seguridad más amplio y multinacional en todo el mundo musulmán.

Muhammad Saeed, alto mando militar pakistaní retirado, sugirió que otros países musulmanes de la región, y posiblemente de fuera de ella, podrían acabar sumándose a este marco.

No obstante, advirtió de que el poder militar por sí solo no determinaría el éxito de tal acuerdo.

«Para los Estados musulmanes, la fuerza real y colectiva no provendrá únicamente de la capacidad militar, sino principalmente de inversiones a largo plazo y de la colaboración en materia de conocimiento, innovación, disciplina, carácter y una interpretación tolerante del sentimiento sectario», escribió en X.

La perspectiva de una alianza de seguridad más cohesionada ya ha llamado la atención en Israel.

En febrero, el ex primer ministro israelí Naftali Bennett advirtió explícitamente contra el intento de Turquía de crear un «eje hostil» con las capacidades nucleares de Pakistán, «para rodear a Israel».

Los analistas, sin embargo, sostienen que la condición nuclear de Pakistán cambia inevitablemente los cálculos estratégicos en torno al pacto.

Para Arabia Saudí, unos lazos de defensa más estrechos con Islamabad podrían proporcionar una capa adicional de disuasión en un momento en que el reino se enfrenta a amenazas por parte de Irán, al tiempo que gestiona su relación con Israel.

El factor India

El pacto también tiene implicaciones que van mucho más allá de Oriente Medio.

Para Pakistán, estrechar los lazos con Arabia Saudí y Turquía podría suponer un contrapeso estratégico frente a la India.

Si bien Arabia Saudí mantiene amplios vínculos económicos y comerciales con Nueva Delhi, el marco de defensa colectiva refuerza aún más el papel de Pakistán como socio en materia de seguridad para las principales potencias del Golfo.

Aunque el Ministerio de Asuntos Exteriores de la India respondió con cautela, afirmando que Nueva Delhi «seguía de cerca los acontecimientos», los analistas de seguridad nacional indios están observando la situación con creciente preocupación.

«Aunque la mayoría ve esto, obviamente, desde la perspectiva de Oriente Medio, también repercute en otros escenarios. La relación conflictiva de Pakistán con la India ocupa el primer lugar de esa lista», escribió en X Kabir Taneja, director ejecutivo del programa de Oriente Medio de la Observer Research Foundation, un centro de estudios con sede en Nueva Delhi.

El exsecretario de Asuntos Exteriores Kanwal Sibal, en una publicación en X, calificó el pacto como «un acontecimiento muy negativo para los intereses indios» y sugirió que la India ampliara sus opciones estratégicas con los Emiratos Árabes Unidos, Israel, Grecia, Chipre y Afganistán.

Foto de portada: El primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif (derecha), el príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohammed bin Salman (centro), y el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan (izquierda), se reúnen en La Meca, Arabia Saudí, el 7 de agosto de 2026 para firmar un acuerdo de defensa conjunta (Imagen cedida/Oficina de Prensa de la Presidencia turca/AFP).

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