El bloqueo israelí de Gaza está provocando retraso en el crecimiento de los niños

Nada Nabil, Middle East Eye, 19 agosto 2026

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Nada Nabil es una periodista palestina independiente y defensora de los derechos humanos que sobrevive en Gaza.

En una pequeña habitación del barrio de Sabra, en la ciudad de Gaza, Amira Rashid, de seis años, yace tumbada sobre un colchón, demasiado débil para moverse.

Tiene las manos magulladas y azuladas por los sueros intravenosos que le han estado administrando.

En circunstancias normales, esta niña palestina estaría preparándose para empezar su primer curso escolar a finales de este mes.

En cambio, los meses de hambruna impuestos por Israel durante el genocidio en Gaza la han dejado gravemente desnutrida y con retraso en el crecimiento, lo que tendrá efectos duraderos en su desarrollo físico y cognitivo.

«Tenía la esperanza de matricular a Amira en el colegio, comprarle un uniforme, una mochila y material escolar como a los demás niños», explicó su madre, Aya Rashid, a Middle East Eye.

«Pero su estado de salud le impide salir de casa o relacionarse con sus compañeros».

Amira fue una de las decenas de miles de niños que sufrieron desnutrición durante el asedio israelí a Gaza, que comenzó en octubre de 2023.

Su familia también se encontraba entre los cientos de miles de personas que permanecieron en el norte de Gaza durante toda la guerra.

En agosto de 2025, la Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria (IPC, por sus siglas en inglés), respaldada por la ONU, declaró la hambruna en la ciudad de Gaza, donde vivía la familia Rashid.

«Sufrimos enormemente por el hambre y la grave escasez de alimentos», dijo Aya.

«Nos quedamos sin harina y no había ninguna en los mercados. Al no disponer de ayuda alimentaria, solo pude hornear pan de cebada».

Retraso en el crecimiento

Pero el estado de Amira había empezado a empeorar meses antes.

En enero de 2025, después de que Amira se quejara de dolor en el pecho, Aya la llevó al Hospital Infantil Abdel Aziz al-Rantisi.

Los médicos se quedaron sorprendidos por su altura y su peso, que estaban muy por debajo de lo que cabría esperar para su edad.

«Cuando un médico la vio, se quedó atónito», recuerda Aya.

«Dijo que necesitaba unas pruebas exhaustivas de inmediato; se encontraba en un estado terrible».

Las pruebas confirmaron que Amira padecía desnutrición aguda grave, lo que le había provocado un retraso grave en el crecimiento.

A pesar de ver cómo su hija se debilitaba cada vez más, Aya no pudo conseguirle el tratamiento que necesitaba durante la guerra.

Incluso después de que Amira fuera ingresada en el al-Rantisi, su estado no mejoró. Su peso se estancó y dejó de crecer.

«Es desolador. He pasado mucho tiempo en hospitales y con médicos, pero dicen que la desnutrición que sufrió ha dañado su cuerpo de forma grave y permanente».

Hoy en día, Amira pesa solo 12,5 kg y mide un metro de altura. Aunque tiene seis años, los médicos dicen que su edad ósea es la de una niña de dos años.

Tras la firma del alto el fuego en octubre de 2025, Aya esperaba que el estado de su hija mejorara por fin. Pero poco ha cambiado.

«Pensé que su estado mejoraría una vez que comenzara la tregua y llegaran alimentos. Nunca imaginé que hubiera llegado al punto de convertirse en una enfermedad clínica».

Los médicos le han dicho a Aya que el cuerpo de Amira ya no responde al tratamiento, a pesar de que no padece alergias subyacentes ni problemas para absorber los nutrientes.

«He perdido toda esperanza de que se recupere en Gaza después de haber agotado todos los tratamientos disponibles. Incluso los médicos dicen ahora que su estado requiere que viaje al extranjero».

Aya lamenta no solo el deterioro físico de su hija, sino también lo que ella describe como un retroceso en su desarrollo cognitivo. Amira ahora interactúa principalmente con niños pequeños de dos o tres años.

«Amira no sabe leer ni escribir, y todas las personas con las que interactúa en su entorno son niños pequeños».

«¿Sabes cuál es mi deseo ahora?», preguntó Aya. «Encontrar unos pantalones que le queden bien a mi pequeña, dejar de ver cómo le sobresalen las costillas y verla junto a sus compañeros en un aula».

Desnutrida en el útero

En su informe de agosto de 2025, el IPC preveía que al menos 132.000 niños menores de cinco años sufrirían desnutrición aguda hasta junio de 2026. También estimaba que cerca de 55.500 mujeres embarazadas y lactantes desnutridas necesitarían apoyo nutricional urgente.

La crisis ha dejado secuelas duraderas no solo en niños como Amira, sino también en bebés que aún estaban en el útero cuando sus madres pasaban hambre.

Entre ellos se encuentra Amna Abu al-Hasani, de 10 meses, cuya madre sufrió desnutrición durante el embarazo.

Amna nació prematuramente mediante una cesárea de urgencia en su octavo mes de gestación, con un peso de tan solo 1,2 kg. Dos meses después, los médicos le diagnosticaron un agrandamiento del corazón causado por el debilitamiento del músculo cardíaco, así como un retraso grave del crecimiento.

«La desnutrición de mi hija comenzó en el útero», explicó a MEE el padre de Amna, Yusef Abu al-Hasani.

A sus 10 meses, Amna apenas pesa 5,5 kg y recientemente le han diagnosticado desnutrición aguda grave.

«Mi hija padece ahora complicaciones graves en el corazón, los riñones y los pulmones», explicó Abu al-Hasani, de 29 años.

«Los médicos nos han dicho que todos estos problemas se deben fundamentalmente a que nació desnutrida y con bajo peso».

A pesar de utilizar ayudas económicas esporádicas para comprar fruta y suplementos nutricionales, Abu al-Hasani afirma que se siente impotente para evitar que la salud de su hija siga deteriorándose.

«La realidad es que los centros médicos de Gaza no pueden tratar a mi hija, ni por su desnutrición ni por sus otras afecciones de salud. Aunque tiene una derivación médica urgente para viajar al extranjero, aún no le ha llegado el turno».

Abu al-Hasani teme por el futuro de su hija. Los médicos no pueden confirmar si padece enfermedades subyacentes sin pruebas especializadas de las que no se dispone en Gaza.

«Lo único que espero es que a mi pequeña se le dé una oportunidad de vivir, que se le reconozca su derecho a recibir tratamiento en el extranjero y que vuelva a nuestros brazos con buena salud».

Crisis humanitaria

A pesar de la capacidad extremadamente limitada de los hospitales, centros médicos y clínicas que quedan en Gaza, las familias de los niños desnutridos no tienen a quién más recurrir.

El bloqueo de Israel ha devastado el sistema sanitario del territorio, al tiempo que ha impuesto estrictas restricciones a los viajes médicos al extranjero.

El doctor Mohammed Abu Rai, jefe de la clínica de nutrición del Hospital al-Rantisi, declaró a MEE que el centro atiende cada día a decenas de niños desnutridos, lo que obliga al personal a abrir salas adicionales para hacer frente a la afluencia.

Aunque un nuevo informe del IPC publicado este mes registraba un descenso de la desnutrición aguda tras el alto el fuego, advertía de que más de 74.000 niños seguirían necesitando tratamiento por desnutrición aguda hasta abril de 2027.

También se estimaba que unas 24.600 mujeres embarazadas y en periodo de lactancia sufrirían desnutrición aguda durante el mismo periodo.

A pesar del alto el fuego, Israel no ha cumplido con su obligación de aumentar el flujo de ayuda hacia Gaza, lo que perpetúa la crisis humanitaria que él mismo ha provocado.

«La entrada de alimentos y carne en la Franja no es suficiente para tratar la desnutrición infantil ni siquiera para resolver la crisis alimentaria de la población tras el alto el fuego», afirmó Abu Rai.

«Las verduras y frutas que entran en Gaza se venden a precios exorbitantes que la mayoría de la gente sencillamente no puede permitirse».

Abu Rai también señaló la mala calidad de la carne disponible en Gaza. Tras la destrucción de las granjas avícolas y ganaderas, el territorio depende ahora casi por completo de la carne congelada.

«La carne congelada tiene la mitad del valor nutricional de la carne fresca, y los graves cortes de electricidad y las malas condiciones de almacenamiento en Gaza reducen aún más sus beneficios», afirmó.

Mientras tanto, la falta de financiación está obligando a las agencias de ayuda a recortar las raciones de alimentos en Gaza, lo que supone un riesgo de que la seguridad alimentaria se deteriore aún más, según el Programa Mundial de Alimentos (PMA).

Abu Rai señaló que los suministros de ayuda también pueden permanecer durante semanas bajo el sol abrasador en los pasos fronterizos, lo que degrada aún más los alimentos y productos nutricionales esenciales.

«Incluso alimentos básicos como el arroz y las lentejas pierden su valor nutricional, mientras que los suplementos para niños llegan en cantidades demasiado escasas incluso para una sola familia», señaló.

A medida que aumenta el número de niños que sufren malnutrición, también crece el número de los que padecen retraso en el crecimiento.

«La malnutrición provoca trastornos graves, como el retraso en el crecimiento, debido a la falta de nutrientes vitales», explicó Abu Rai, añadiendo que, en la actualidad, aproximadamente el 18% de sus pacientes se ven afectados por este problema.

Mientras Abu Rai recorre las camas del hospital, supervisando a sus jóvenes pacientes, las familias Rashid y Abu al-Hasani consultan con ansiedad sus teléfonos, a la espera de un mensaje o una llamada que confirme la fecha en que sus hijos podrán viajar al extranjero para recibir tratamiento.

«Hemos sobrevivido milagrosamente a una muerte segura en múltiples ocasiones durante la guerra», afirmó Aya Rashid.

«Pero lo que temo ahora es perder a mi pequeña por desnutrición, si es que logramos escapar de nuevos bombardeos».

Foto de portada: Mohammed Ahmed Massoud al-Sousi, de diez años, que sufre desnutrición debido a las restricciones israelíes a la entrada de ayuda humanitaria en Gaza, en el interior de una tienda de campaña en la ciudad de Gaza el 6 de mayo de 2026. (Bilal Osama/IMAGO/APAimages vía Reuters)

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