Robert Inlakesh, The Palestine Chronicle, 22 agosto 2026
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Robert Inlakesh es periodista, escritor y realizador de documentales. Centra sus trabajos en la región de Oriente Medio y se ha especializado en las cuestiones relativas a Palestina.
A principios de esta semana, Israel comenzó a bombardear posiciones militares sirias por primera vez en unos cuatro meses, apuntando específicamente a una base aérea en la que se sabe que hay personal militar turco presente; no se trata de violencia aleatoria, sino que forma parte de una campaña de presión concertada que está traspasando límites que ni siquiera Estados Unidos está dispuesto del todo a aceptar.
Los ataques aéreos israelíes tuvieron como objetivo y destruyeron pistas de aterrizaje y hangares en la base aérea de Abu al-Duhur, en la provincia siria de Idlib, causando daños significativos e intentando de forma intencionada frenar los esfuerzos de Turquía por reactivar los sistemas más importantes de la Fuerza Aérea y de defensa aérea sirios, que han quedado destruidos.
Si bien Teherán y Moscú eran los principales valedores del antiguo ejército sirio, el país depende ahora tanto de Washington como de Ankara. Por ello, Turquía, miembro de la OTAN, se ha propuesto intentar establecer una presencia militar en territorio sirio, con el objetivo de sacar el máximo partido posible de su relación con su vecino.
Al igual que Irán, Turquía tiene intereses distintos a los de su otro socio principal en el país, pero, a diferencia de los iraníes, el Estado turco no respalda la resistencia contra Israel y, en cambio, ha mantenido fuertes lazos económicos con el régimen ocupante. Sin embargo, al Gobierno israelí no le importa que Turquía no represente una amenaza militar para él, ni hay indicios de que vaya a hacerlo; solo está obsesionado con el dominio regional y considera a Siria como un rival.
Tanto Turquía como Israel son aliados de EE. UU., lo que significa que el Gobierno estadounidense no apoyará plenamente a ninguna de las partes y, en su lugar, jugará a mantener el equilibrio. Sin embargo, es evidente que los israelíes tienen mucha más influencia sobre Washington y buscan acabar con la influencia regional turca, mientras se esfuerzan por hacer realidad su sueño de un «Gran Israel».
Los bombardeos israelíes contra posiciones militares —con la excepción de algunos ataques ocasionales— cesaron en gran medida a partir de marzo, después de llevar a cabo una serie de ataques. El motivo detrás de la mayoría de los ataques perpetrados contra posiciones afiliadas a las fuerzas alineadas con Damasco ha sido enviar un mensaje. Precisamente por eso se voló por los aires el antiguo Ministerio de Defensa y por eso Israel lanzó ataques en las inmediaciones del palacio presidencial: están demostrando quién manda y advirtiendo a los dirigentes sirios de las consecuencias si se salen de la línea marcada.
Los dirigentes sirios, bajo el mando de Ahmed al-Shara’a, o Abu Mohammed al-Yolani, han capitulado en gran medida ante las exigencias israelíes, como intentar desarmar a los sirios del sur del país, trabajar para interceptar envíos de armas a Hizbolá e incluso firmar un «Mecanismo Conjunto de Fusión» con los israelíes. Como parte de este mecanismo, se estipuló claramente que Siria llevaría a cabo incluso proyectos económicos con el régimen sionista, que sigue ampliando su ocupación de los territorios del sur de Siria.
La relación actual entre Siria, Turquía e Israel es un auténtico tira y afloja. El Estado turco está intentando ayudar a Siria a reactivar su fuerza aérea y espera introducir en el país un sistema de defensa aérea operativo, pero los israelíes quieren que Siria se mantenga en estado de debilidad.
También está claro por qué Tel Aviv está tan paranoico. Saben que el futuro del Estado sirio es incierto y son conscientes de los sentimientos expresados por los combatientes que han formado el nuevo Ejército sirio. También saben que todo el mundo en Siria está armado y que, con un liderazgo diferente o una escalada que se salga de control, podrían encontrarse en serios apuros.
Durante la era del expresidente sirio Bashar al-Assad, el Ejército Árabe Sirio contaba con un amplio arsenal de armas estratégicas, gran parte del cual quedó destruido durante el derrocamiento del anterior régimen en una enorme campaña aérea israelí. Sin embargo, lo que Tel Aviv temía con igual intensidad era la solidez de la red de defensa aérea de Siria, considerada una de las más sofisticadas de la región.
Israel no solo destruyó las defensas aéreas de Siria durante la transición del cambio de régimen en diciembre de 2024, sino que lo que afectó aún más a la capacidad del país para defender su espacio aéreo fue la desaparición de los antiguos equipos de personas encargadas de la defensa aérea. Cuando se trata de estas armas sofisticadas, las personas que las manejan son tan importantes como los propios sistemas, y se necesita mucho tiempo para formar adecuadamente a nuevos operadores. En el nuevo ejército sirio no hay operadores experimentados disponibles, lo que significa que necesitarán la ayuda de sus aliados turcos si alguna vez quieren disponer de una opción de defensa aérea operativa.
Israel compite actualmente con Turquía, sin que la situación haya degenerado en una confrontación directa. Aunque estamos lejos de cualquier situación que pueda parecerse a una guerra entre ambos, los israelíes están dispuestos a matar a soldados turcos y podrían incluso explorar opciones que impliquen el uso de agentes de inteligencia dentro del territorio turco en el futuro.
Es evidente que Ankara no está dispuesta a responder a Tel Aviv con el uso de la fuerza, ni siquiera recurriendo a facciones armadas para llevar a cabo operaciones en el sur, a pesar de que en el pasado soldados turcos hayan perdido la vida a causa de ataques aéreos israelíes. Pero es probable que, en algún momento, Turquía se vea obligada a tomar una decisión para defender sus intereses que implique enfrentarse a Israel.
Hay que tener en cuenta que, a pesar de la retórica de su presidente, Recep Tayyip Erdogan, el Estado turco ni siquiera rompió relaciones ni interrumpió el suministro de gas barato de Azerbaiyán a Israel durante todo el genocidio de Gaza. Los israelíes han interpretado el comportamiento de los dirigentes turcos como una muestra de debilidad, lo que significa que van a llevar las cosas al límite, poniendo a prueba hasta dónde pueden llegar antes de que la potencia regional decida finalmente tomar medidas concretas en su contra.
Ankara aspira a convertirse en un centro de comercio internacional, situado en la encrucijada entre Asia y Europa, beneficiándose enormemente de la expansión del Corredor Central (ruta transcaspiana). Sin embargo, Tel Aviv se ha dedicado a forjar alianzas para asegurarse de ser una espina clavada para Turquía, incluida la ampliación de las relaciones tripartitas con Grecia y Chipre.
Lo que ha estado ocurriendo en Siria debería servir de llamada de atención para los dirigentes turcos: mientras Israel sea un actor clave en la región, no se puede competir con él sin entrar en un conflicto violento. Si Ankara pretende afirmar verdaderamente su poder, debe buscar la confrontación y hacer sufrir a los israelíes en Siria; si da marcha atrás y se niega a hacerlo, acabará sufriendo las consecuencias de su error estratégico.
Fotos de portada: vía Wikimedia.