Eve Ottenberg, CounterPunch.org, 22 septiembre 2026
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Eve Ottenberg es novelista y periodista. Su última novela se titula «Death Calls It a Day». Puede contactarse con ella a través de su página web.
Los carceleros israelíes siguen atormentando al doctor Abu Safiya, de Gaza, poniendo en peligro su vida. Para bien o para mal, se ha convertido en el rostro palestino de las atrocidades israelíes contra médicos, enfermeros y personal sanitario. Amnistía Internacional, el 9 de septiembre, emitió el siguiente comunicado: «Estamos profundamente alarmados por los inquietantes informes de que Hussam Abu Safiya está siendo sometido a palizas continuas, privación deliberada del sueño y amenazas para que no revele las condiciones de su detención». Así pues, Israel quiere seguir cometiendo crímenes contra este médico y salirse con la suya. Pero eso no va a suceder.
Se sabía desde el 27 de diciembre de 2024, cuando las tropas israelíes capturaron por primera vez a Safiya, que harían exactamente lo que han hecho: comportarse como bárbaros. Safiya era un objetivo porque se negaba a abandonar el Hospital Kamal Adwan, en aquel momento el último gran hospital del norte de Gaza. Safiya inspiraba esperanza, como hacen los héroes. Por ello, Israel decidió aplastarlo, y su mandamás carcelario, el bufón deshumanizado Itamar Ben Gvir, no es, claramente, la persona a la que pedir ni de la que esperar un trato humano. Al fin y al cabo, Gvir es el matón que aplaudió la nueva ley que impone la pena de muerte con recursos legales limitados para los palestinos por delitos como el lanzamiento de piedras. Es evidente que cualquier esfuerzo por poner fin al maltrato que sufre el Dr. Safiya debe apuntar muy por encima de la cabeza vacía y asesina de Gvir.
En una semana en la que todas las miradas estaban puestas en las victorias sin precedentes de los hutíes en el Mar Rojo, Israel deportó a 154 palestinos desde su gulag a Egipto y otros lugares. Ojalá el Dr. Safiya tuviera tanta suerte. Los fanáticos del Likud parecen decididos a enemistarse con el mundo entero y consolidar la condición de paria internacional de Israel haciéndole la vida lo más miserable posible. Este tiro les saldrá por la culata; de hecho, ya lo ha hecho. El mundo sabe que los guardias israelíes han agredido al Dr. Safiya con martillos. El mundo sabe que los mandamases de las prisiones israelíes dieron luz verde a que se matara de hambre a un médico desinteresado. El mundo sabe que los guardias israelíes niegan al Dr. Safiya la atención médica. Y cuanto más sabe el mundo —y seguirá sabiendo—, más odia a Israel. Una estrategia genial, Ben Gvir y Benjamin Netanyahu. Crear héroes inmortales, cuyos nombres, como los de santos aniquilados bajo vuestra grotesca maquinaria, nunca serán olvidados. ¿Acaso Israel está gobernado por imbéciles o qué?
Sabemos que el doctor Safiya sigue siendo torturado, porque su abogado se lo dijo a Al Jazeera y ese medio informó de ello el 3 de septiembre. Entonces, por fin, el 10 de septiembre llegó una noticia estupenda, con este titular en ABC: «69 miembros del Congreso piden a Rubio que ayude a conseguir la liberación de un destacado médico palestino». El artículo informaba de que el doctor Safiya llevaba más de 500 días encarcelado sin cargos formales ni juicio. «La carta, encabezada por los diputados Maxine Dexter, demócrata por Oregón, y Raúl Ruiz, demócrata por California… expresaba una ‘preocupación urgente’ por el bienestar físico de Abu Safiya». Esta misiva insta a Rubio «a abogar por el fin de la detención, aparentemente indefinida, de Safiya durante cualquier reunión futura con el Gobierno israelí». Si hay alguna forma de que el secretario de Estado Marco Rubio pueda aprovechar esto para convertirlo en un eslogan de campaña presidencial, estoy seguro de que lo hará. (Y la hay).
¿Por qué Israel se fijó como objetivo a este médico? Porque durante los primeros 14 meses del genocidio israelí en Gaza, «Abu Safiya se convirtió en una de las voces más destacadas de Gaza, denunciando en las redes sociales el colapso del sistema sanitario de la Franja», informa ABC. «Documentó la lucha por mantener abierto su hospital a pesar de los múltiples asedios… Safiya continuó con su trabajo a pesar de que su hijo de 15 años muriera durante la guerra y de sufrir una lesión en el muslo y la espalda… Safiya ha estado recluido en cinco prisiones diferentes… ha perdido 20 kilos y se le ha negado el acceso a la medicación para la hipertensión durante al menos dos meses… y ahora padece sarna… El abogado personal de Safiya afirmó que, durante una visita reciente, el médico presentaba hematomas recientes y le costaba mantenerse consciente».
El estimable Ruiz declaró: «Hago un llamamiento al secretario Rubio para que consiga que el Gobierno israelí libere al doctor Abu Safiya, de modo que pueda recibir la atención médica urgente que necesita». Así pues, la pregunta del momento es: ¿qué gana Rubio con esto? Se lo diré: votos. Si Rubio consigue reforzar sus credenciales como el político que introdujo las «mandíbulas de la vida» en la prisión subterránea israelí de Rakefat, rescató y salvó al Dr. Abu Safiya, que se encontraba atrapado y a punto de morir, Rubio será la primera persona de todo el régimen de Trump —o, de hecho, también del de Biden— en mover un dedo por un palestino. Y no se trata de un preso cualquiera. Se trata de alguien cuyos maltratos a manos de los israelíes son legendarios. Existe un enorme interés por parte de la opinión pública estadounidense por este tipo de justicia.
Rubio no ha demostrado hasta ahora ser un político especialmente astuto: es más bien un ideólogo fanático que parece creer erróneamente que ganarse el voto reaccionario cubano-estadounidense del sur de Florida lo catapultará a la Casa Blanca. No será así. Pero si utiliza su influencia en Jerusalén para rescatar al doctor Safiya, no hay duda de que se ganará elogios de rincones inesperados del mundo político y del público en general.
Porque no nos engañemos: el hecho de que el doctor Safiya se pudra en la prisión de Rakefat, supone un enorme lastre para Israel y para el régimen de Trump; su muerte sería un lastre aún más titánico, mientras que cada día que pasa su maltrato se convierte en un lastre mayor, ya que no es ningún secreto la barbarie que Israel le está infligiendo. De hecho, cuando 69 miembros del Congreso de EE. UU. escriben una carta a Rubio denunciando la brutalidad israelí, uno sabe que la repulsa pública hacia Israel y hacia el régimen de Trump ha alcanzado un punto crítico. ¿Hay entre estos verdugos imbéciles alguien con la inteligencia suficiente para darse cuenta de ello? Esa sigue siendo una incógnita. Pero que Israel grite a los cuatro vientos la mentira tan obvia de que el Dr. Safiya es un coronel de Hamás no le servirá absolutamente de nada, porque todo el mundo sabe perfectamente que eso es una estupidez y una excusa mendaz para ocultar la tortura criminal a un médico inocente de Gaza.
Según fuentes oficiales palestinas, al menos tres médicos han fallecido bajo custodia israelí durante el genocidio. En la actualidad, 83 profesionales sanitarios de Gaza, entre ellos el Dr. Safiya, languidecen en los infiernos llamados prisiones israelíes. Se trata de lugares sin ley, al margen de la civilización. Lugares donde la tortura, la inanición y la degradación deliberada y repugnante de los cautivos indefensos son la norma. Todos estos profesionales sanitarios merecen ser puestos en libertad de inmediato, no solo el doctor Safiya. Todos ellos deben ser protegidos del destino que corrió el doctor Iyad Al-Rantisi, el antiguo director del Hospital Kamal Adwan, que murió tras recibir una brutal paliza durante un interrogatorio tras su detención por parte de las tropas israelíes en noviembre de 2023.
El doctor Safiya le dijo a su último visitante conocido: «Me han traído aquí para liquidarme», refiriéndose a su confinamiento en solitario en la fosa de Rakefat. Puede que tenga razón, si prevalece la monstruosa maldad y estupidez de los llamados líderes israelíes. Al fin y al cabo, los israelíes han asesinado a otros médicos y personal sanitario en sus prisiones y a muchos más a plena luz del día, en Gaza. El «medicidio» es una política de Estado.
Pero la creencia de que solo los israelíes, y no los palestinos, merecen tener médicos quedará desmentida por la historia, los acontecimientos y la repulsa mundial ante lo que ha hecho Israel. Esperemos que los gobernantes israelíes —unos imbéciles de mente estrecha, testarudos y con una mentalidad de asedio demencial— se den cuenta de esto antes de cometer aún más crímenes y mancharse las manos con aún más sangre, una y otra vez, de forma irrevocable.
Fuente de la foto de portada: WAFA (Q2915969) bajo contrato con empresa local (APAimages) – CC BY-SA 3.0