Jared Hillel, +972.com Magazine, 30 septiembre 2026
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Jared Hillel es un periodista afincado en Jerusalén. Con anterioridad trabajó en Reuters en Londres, así como en CBC y Radio Canadá.
En plena noche, el 15 de febrero de 2025, Ahmed se despertó al oír un alboroto fuera de su casa, cerca de Ramala, en la Cisjordania ocupada. Aún aturdido, se acercó a la puerta principal, cuando unos 50 soldados israelíes comenzaron a forzarla para abrirla.
«Tuve que retroceder; la puerta casi me golpeó en la cara», contó Ahmed a +972 Magazine. Los soldados exigieron ver a su hijo de 15 años, Zaid. Pero cuando Ahmed los llevó hasta el chico, pensaron que les había engañado. «Un oficial dijo: “Ese es otro, este es demasiado pequeño y joven”», recordó Ahmed.
Zaid era el chico que buscaban. Cuando se resistió, los soldados le golpearon. Su madre, Layla, les suplicó que pararan, «pero eso les hizo ser aún más agresivos», contó a +972.
Los soldados arrastraron a Zaid hasta fuera y lo metieron en un jeep militar. El oficial al mando no quiso decirles a sus padres adónde lo llevaban ni por qué.
Mientras los jeeps desaparecían en la noche, Ahmed y Layla esperaban que lo liberaran pronto. Estas detenciones suelen ser breves, normalmente duran solo unos días, pero se producen con frecuencia como parte de las miles de redadas militares israelíes en Cisjordania: la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) documentó 7.500 solo en los primeros nueve meses de 2025.

Un soldado israelí apunta con su arma hacia una vivienda palestina, durante una redada en la aldea de At-Tuwani, en las colinas del sur de Hebrón, en la Cisjordania ocupada, el 3 de agosto de 2025. (Avishay Mohar/Activestills)
Zaid es solo uno de los cientos de niños palestinos que han pasado por el sistema penitenciario israelí en los últimos años. A finales de junio de 2026, según la organización israelí de derechos humanos B’tselem, el Servicio Penitenciario de Israel (SPI) tenía detenidos a 376 menores palestinos por «motivos de seguridad», así como a 94 por encontrarse en Israel de forma ilegal. Tres años antes, según un informe de la ONU, el número de menores palestinos recluidos en prisiones israelíes era un tercio de esa cifra, lo que sugiere un fuerte aumento desde los atentados del 7 de octubre.
Las entrevistas con Zaid y su familia, con otro adolescente detenido y con defensores de los derechos de los niños muestran cómo funciona ese sistema, desde la detención hasta el interrogatorio y el juicio: se lleva a los niños de sus hogares, se les presiona para que confiesen, se les mantiene en prisión preventiva en repetidas ocasiones, se les somete a condiciones carcelarias severas y se les aísla casi por completo de sus familias. Se han cambiado los nombres de los adolescentes entrevistados para este reportaje, así como los de los padres de Zaid, en bien de su seguridad.
Layla recuerda que, después de que se llevaran a Zaid de su casa, «nos quedamos despiertos hasta que salió el sol, y entonces mi hermano llamó a la Cruz Roja». Para cuando la familia consiguió representación legal, Zaid ya había confesado haber lanzado piedras. Ahora niega rotundamente la acusación y afirma que confesó tras horas de palizas.
Aun así, esa confesión permitió a los fiscales militares israelíes presentar cargos formales contra Zaid. Pasaría los siguientes nueve meses y medio entre rejas. Su estancia en prisión, según cuenta, estuvo marcada por palizas repetidas, privación de alimentos, enfermedades y una ausencia casi total de contacto con su familia.
«No hables, solo firma»
Desde 1967, aproximadamente un millón de palestinos han sido detenidos por Israel; algunas estimaciones calculan que hasta el 40% de los hombres palestinos han sido arrestados al menos una vez en su vida.
Los palestinos juzgados en los tribunales militares israelíes de Cisjordania pueden pasar largos períodos bajo custodia antes de que comience el juicio. Las vistas se aplazan con frecuencia, lo que prolonga la prisión preventiva durante meses o incluso más tiempo aún. Una medida independiente, la detención administrativa, permite a un comandante militar regional mantener a una persona detenida sin cargos ni juicio durante un máximo de seis meses. Las pruebas suelen clasificarse como «confidenciales por motivos de seguridad», y los jueces pueden renovar las órdenes repetidamente y de forma indefinida.

Una vista judicial en la prisión de Ofer, cerca de Jerusalén y Ramala, en la Cisjordania ocupada, el 27 de agosto de 2024. (Chaim Goldberg/Flash90)
El número de menores palestinos sometidos a detención administrativa ha aumentado drásticamente. Las cifras de la organización «Padres contra la Detención Infantil» (PCDI) revelaron que en marzo de 2026 había 191 menores detenidos, frente a los 103 del año anterior. Cincuenta llevaban detenidos más de un año, en comparación con los seis del año anterior.
Los defensores de los derechos humanos afirman que las condiciones se han deteriorado notablemente desde octubre de 2023. «La detención de niños palestinos y su enjuiciamiento sistemático en tribunales militares no es nada nuevo. Se trata de una crisis que se prolonga desde hace décadas», declaró a +972 Alexandra Saieh, directora de Influencia Estratégica Global y Políticas de Save the Children International. «Pero hemos observado un empeoramiento de la situación».
«Los niños [en detención administrativa] a menudo ni siquiera saben por qué están detenidos, y sus padres tampoco lo saben», añadió.
En el caso de Zaid, sin embargo, el violento interrogatorio permitió a las autoridades israelíes acusarle de lanzar piedras y encarcelarle durante un periodo prolongado. Saieh afirmó que Save the Children ha recibido múltiples denuncias de «niños obligados a firmar documentos que no están en un idioma que entiendan, y mucho menos en presencia de un abogado».
Ibrahim, de quince años, del campo de refugiados de Al-Arroub, describió un intento similar a +972. En enero, unos soldados irrumpieron en la casa de su familia, destrozaron los muebles y se lo llevaron a una base militar en un asentamiento cercano. En Beitar Illit, según contó, lo acusaron de lanzar un cóctel Molotov y lo golpearon durante el interrogatorio. Le obligaron a desnudarse hasta quedarse en ropa interior, le negaron el permiso para ir al baño y, en un momento dado, un soldado le ofreció un cigarrillo antes de apagarlo en su brazo.

Un preso palestino de 18 años liberado en un intercambio de rehenes entre Israel y Hamás muestra las heridas sufridas durante su detención en Israel, en el barrio de Isawiya, en Jerusalén Este, el 31 de enero de 2025. (Jamal Awad/Flash90)
Los interrogadores le dijeron a Ibrahim que sus amigos habían testificado en su contra. «Les dije que yo no tenía nada que ver con eso. Solo iba del colegio a casa y de casa al colegio», recordó.
Los agentes le presionaron para que firmara una confesión en hebreo. Ibrahim se negó, alegando que no hablaba ese idioma. Cuando le trajeron una en árabe, les dijo que no sabía leer. A la noche siguiente, su familia se enteró de que lo habían puesto en libertad, y su tío fue a recogerlo.
Pero mientras que a Ibrahim lo liberaron porque no firmó una confesión, a Zaid lo obligaron a firmar una que prolongó su detención. En la base militar de Beit El, un comandante le preguntó qué había hecho el día de su detención. Zaid respondió que había estado con unos amigos. «No creo lo que me cuentas», le contestó el comandante.
Entonces, según contó Zaid, comenzaron las palizas. Más tarde se enteró de que le habían roto dos costillas. «Me dolía tanto que no podía respirar, y fue entonces cuando les dije lo que querían oír», recordó. «Cuando dije que había lanzado piedras, dejó de pegarme, y así supe que era lo que quería oír».
Le entregaron un documento para que lo firmara. «Les pregunté qué ponía porque no hablo hebreo, y me dijeron que no hablara, que solo firmara».
En el interior de Megiddo
Desde que asumió el cargo de ministro de Seguridad Nacional de Israel en 2022, Itamar Ben Gvir ha hecho públicas en repetidas ocasiones sus visitas a las cárceles y ha alabado el endurecimiento de las condiciones de los detenidos palestinos. Esta postura no ha hecho más que intensificarse de cara a las elecciones de octubre de 2026.
En un vídeo reciente compartido con sus seguidores, el ministro de Seguridad Nacional se enfrentó a unas mujeres palestinas que se quejaban de las condiciones de detención y afirmó que estaba «orgulloso de que hayamos logrado reducir las condiciones carcelarias de los terroristas al mínimo imprescindible».
Para Zaid, las duras condiciones que Ben Gvir alababa formaban parte de la vida cotidiana en la prisión de Megiddo, en el norte de Israel, donde pasó la mayor parte de su detención.

Manifestación en solidaridad con los presos palestinos, frente a la prisión de Megiddo, en el norte de Israel, el 22 de agosto de 2021. (Oren Ziv/Activestills)
Contó que compartía celda con otros diez chicos bajo unas luces que permanecían encendidas las veinticuatro horas del día. Habló por primera vez con un abogado cuatro días después de su detención, en una vista judicial. Fue la primera de muchas vistas que terminaron con un aplazamiento y una prórroga de su detención.
Además de las frecuentes palizas, recordó haber pasado hambre durante largos periodos. «Solían traer un solo plato de arroz para diez presos», explicó. El Ramadán comenzó aproximadamente dos semanas después de su detención. Los guardias seguían repartiendo las comidas durante el día, cuando los chicos ayunaban; al atardecer, la escasa comida llevaba horas a la intemperie. «La comida estaba dura como una piedra y, además, podrida; todos desarrollamos problemas estomacales», dijo Zaid.
Al igual que los demás chicos de su celda, Zaid contrajo sarna, una infestación cutánea causada por ácaros. Uno de sus compañeros de celda, Walid Ahmed, de 17 años, estaba aún más enfermo. Llevaba semanas sufriendo diarrea intensa, mareos y vómitos, y se le negó repetidamente el tratamiento médico a pesar de sus súplicas.
El 22 de marzo, aproximadamente un mes después del inicio de la detención de Zaid, Walid se desmayó durante su paseo diario por el patio de la prisión. Se golpeó contra un poste y la sangre le brotaba de la cara mientras los chicos gritaban pidiendo ayuda. Los guardias metieron al adolescente, que yacía inmóvil, en una bolsa negra y se lo llevaron a rastras.
«Después de que Walid muriera, se preocuparon un poco y empezaron a darnos medicinas», recordó Zaid. «Pero fue inútil, ya que todos estábamos infectados por la sarna». Un médico israelí concluyó posteriormente que Walid había sufrido desnutrición extrema, con una grave pérdida de peso y atrofia muscular. Hasta la fecha, es el único menor palestino del que se tiene constancia que haya fallecido bajo custodia israelí.

Duelo en el entierro del exprisionero palestino Khaled Al-Saifi, fallecido una semana después de su puesta en libertad de la custodia israelí, durante su funeral en el campo de refugiados de Duhaisha, en la ciudad cisjordana de Belén, el 3 de febrero de 2026. (Wisam Hashlamoun/Flash90)
Sari Bashi, directora ejecutiva del Comité Público contra la Tortura en Israel (PCATI, por sus siglas en inglés), declaró a +972 que «la tortura y otras formas de trato cruel, inhumano y degradante se han convertido en algo sistemático para los detenidos palestinos, y lamento decir que eso incluye a los niños».
Los grupos de derechos humanos y los organismos internacionales llevan mucho tiempo instando a Israel a que cambie el trato que dispensa a los niños palestinos detenidos. En junio de 2026, la ONU concluyó que las detenciones y los encarcelamientos contribuían a crear «una sensación generalizada de desesperanza entre los niños […] que no requiere de bombardeos constantes para seguir siendo efectiva».
Khaled Quzmar, exdirector de Defensa Internacional de los Niños-Palestina, considera que esta práctica forma parte de un esfuerzo más amplio por hacer insostenible la vida de las familias palestinas en los territorios ocupados. «Forma parte de una política de traslado: complicar la vida de la familia separándola de sus hijos, quienes a su vez pierden su educación, su salud y, en algunos casos, la vida», declaró a +972.
Más allá de Cisjordania
En Jerusalén Este, los niños palestinos suelen ser juzgados con arreglo al derecho civil israelí, en lugar del derecho militar. Aquellos acusados de «delitos contra la seguridad» —un cargo que se imputa casi exclusivamente a palestinos—, definidos de forma muy amplia, pueden, no obstante, enfrentarse a pruebas «secretas», a un acceso restringido a los abogados y a menos garantías procesales que los acusados de delitos comunes.
Los niños de Gaza se enfrentan a un régimen jurídico totalmente diferente. Tras la retirada por parte de Israel de sus fuerzas terrestres permanentes y de los asentamientos de la Franja en 2005, se derogó la ley militar. Los habitantes de Gaza sospechosos de participar en hostilidades contra Israel, incluso de forma indirecta, podían ser detenidos en virtud de la «Ley de combatientes ilegales» de 2002, que permite la detención indefinida sin juicio.

Presos palestinos de Gaza en la prisión de Ketziot, en el sur de Israel, el 26 de febrero de 2025. (Chaim Goldberg/Flash90)
«Según los datos del Servicio Penitenciario de Israel [SPI] de los que disponemos, actualmente hay entre 5 y 7 niños de Gaza recluidos en centros del SPI en virtud de la Ley de Combatientes Ilegales», declaró a +972 la directora ejecutiva de la PACD, Titi Carmel. «Sin embargo, no tenemos forma de saber si hay más niños de Gaza recluidos en virtud de esta ley en centros de detención militares».
Desde octubre de 2023, Israel ha utilizado esta ley para tener detenidos a 4.000 habitantes de Gaza, entre ellos un número desconocido de menores, según las cifras publicadas por PCATI (siglas en inglés de Comité Público contra la Tortura en Israel). Durante una breve tregua en enero de 2025, 44 niños de Gaza fueron liberados como parte de un intercambio de rehenes entre Israel y Hamás. Tras el alto el fuego de octubre de 2025, fueron liberados casi 2.000 palestinos, entre ellos un número desconocido de niños.
Los relatos de los menores de Gaza liberados describen graves abusos. En un testimonio recabado por la ONU, un chico de 15 años detenido durante una redada masiva en diciembre de 2023 afirmó que lo ataron, le vendaron los ojos y lo llevaron a un lugar desconocido. Le negaron el agua y le obligaron a beber su propia orina. Afirmó que le desnudaron, le golpearon y le interrogaron sobre Hamás y los ataques del 7 de octubre. Según contó, durante los 54 días que pasó detenido fue torturado repetidamente, entre otras cosas con descargas eléctricas que le aplicaban mediante una aguja insertada en el hombro. Finalmente fue liberado a través del paso fronterizo de Kerem Shalom y una organización humanitaria le llevó a una escuela.
Algunos detenidos puestos en libertad afirman que se les advirtió que no hablaran sobre el trato recibido. La organización palestina de derechos humanos Addameer informó de que las mujeres y los niños liberados en un intercambio de rehenes en noviembre de 2023 declararon que los interrogadores israelíes les amenazaron con volver a detenerles si concedían entrevistas a los medios de comunicación sobre las condiciones de detención y los malos tratos.
Para Carmel, la separación de los niños encarcelados de sus familias puede ser la parte más perjudicial de la detención. «Desde el 7 de octubre no se permiten visitas, ni siquiera llamadas telefónicas», afirmó.

Niños palestinos sostienen fotografías de sus padres encarcelados en prisiones israelíes, durante una protesta en la ciudad cisjordana de Nablus el 18 de agosto de 2026. (Nasser Ishtayeh/Flash90)
Zaid dijo que, mientras estuvo encarcelado, le preocupaba más su familia que él mismo. «Quería intentar contarles lo que estaba pasando en la cárcel, pero no pude». Su única forma de enviar un mensaje era a través de chicos que habían sido puestos en libertad y podían ponerse en contacto con los padres de los que aún estaban dentro. Sus propios padres solo podían verlo en las vistas judiciales, sentados en una sala aparte y observando a través de un enlace de vídeo.
Cuando Layla vio a Zaid por primera vez, una semana después de su detención, se quedó horrorizada. «Tenía marcas de golpes en la cara y arañazos en el cuello», recordó. El estrés provocado por las repetidas vistas también pasó factura a su salud. A sus padres les dieron una fecha, pero no una hora concreta, por lo que llegaban a las 9 de la mañana y, a veces, esperaban todo el día en una sala fría. Tras una vista especialmente larga, Layla volvió a casa, se derrumbó en la cama y estuvo enferma durante dos semanas. «Durante casi todo el Ramadán no comimos bien», dijo Ahmed.
Hubo 12 vistas, cada una de las cuales terminaba con un nuevo aplazamiento. «Seguíamos las noticias que llegaban desde Megiddo, estábamos todos muy preocupados», dijo Ahmed. En la última vista, a Zaid le ofrecieron la oportunidad de declararse culpable. Aceptó, fue condenado a cumplir la pena ya cumplida y quedó en libertad al día siguiente.
Desde que regresaron a casa, Zaid y sus padres han intentado reconstruir una vida normal. Ahora, con 17 años, se ha matriculado en una escuela de formación profesional y está preparándose para convertirse en mecánico. Pero su puesta en libertad le ha aportado poca seguridad.
«Incluso al salir en libertad, no saben qué es lo que habían hecho ni cómo pueden evitar que los vuelvan a detener», explicó Carmel. «Esto genera un miedo tan profundo que sientes que tu vida puede detenerse en cualquier momento y que nadie te explicará siquiera por qué».
Los padres de Zaid ahora intentan mantenerlo alejado por completo de los soldados. No le permiten cruzar los puestos de control y le avisan para que vuelva a casa cada vez que el ejército realiza una redada en el pueblo.
Foto de portada: Preso palestino en la cárcel de Ketziot, en el sur de Israel, el 26 de febrero de 2025. (Chaim Goldberg/Flash90)