César Chelala, CounterPunch.org, 13 octubre 2026
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

El Dr. César Chelala fue uno de los ganadores del premio del Overseas Press Club of America de 1979 por el artículo «Desaparecidos en Argentina: la búsqueda desesperada de miles de víctimas secuestradas».
El presidente de Estados Unidos, Donald J. Trump, calificándolo de «mancha indeleble», criticó duramente al Comité Nobel por otorgar el Premio Nobel de la Paz a Navi Pillay, a quien tildó de «persona extraña». «Estados Unidos de América, representados por mí como vuestro presidente, debería haber recibido el Premio Nobel de la Paz, pero no ha sido así. Y esto es una mancha indeleble para Noruega y para aquellas personas que tomaron una decisión tan vergonzosa y embarazosa», declaró Trump el pasado viernes en Siracusa, Nueva York, en un mitin de candidatos republicanos.
«El Premio Nobel de la Paz ha quedado desacreditado para siempre por un grupo de ideólogos radicales que son antidemocráticos y, en realidad, enemigos de la civilización. No olvidaremos, Noruega, que no nos concedisteis este premio», añadió.
Trump recurrió a Truth Social para quejarse de que el Premio Nobel de la Paz de 2026 se hubiera concedido a Navi Pillay, una abogada sudafricana especializada en derechos humanos con una distinguida carrera como antigua jueza de la ONU. Continuó diciendo: «Esta es la mujer que recibió el Premio Nobel de la Paz por delante de los grandes Estados Unidos de América, cuyo representante —YO— resolvió ocho guerras y muchas otras cosas. ¡No sé nada de esta mujer, y tampoco lo sabe nadie más! De hecho, que yo sepa, nadie había oído hablar de ella salvo por el hecho de que, evidentemente, odia a Israel».
No es culpa de Navi Pillay que el presidente Trump ignore datos básicos sobre su trayectoria profesional. Obtuvo su doctorado en Ciencias Jurídicas en Harvard en 1988 y, en 1995, fue nombrada miembro del Tribunal Superior de Sudáfrica. En 1999, pasó a ser jueza y, posteriormente, presidenta del Tribunal Penal Internacional para Ruanda (TPIR), y más tarde fue nombrada miembro de la Corte Penal Internacional (CPI).
Entre 2008 y 2014 ocupó el cargo de Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, y de 2021 a 2025 presidió la Comisión Internacional Independiente de Investigación de las Naciones Unidas sobre el Territorio Palestino Ocupado. En 2019, pasó a ser jueza ad hoc de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) en el caso de genocidio contra Myanmar. El Comité Noruego del Nobel reconoció el papel de Navi Pillay como fuerza impulsora en el fortalecimiento del sistema internacional de derecho y rendición de cuentas.
A pesar de los logros de Pillay, Trump declaró con considerable descaro: «No sé qué ha hecho esa mujer. Yo he resuelto ocho guerras, con cartas enviadas por todos los presidentes y primeros ministros de los países a los que ayudé al Comité Noruego del Nobel, y estoy a punto de resolver, o ganar, dos más: Irán y Rusia/Ucrania. Ambos conflictos se están desarrollando a una velocidad vertiginosa, pero olvídate de ellos: son los ocho que ya he resuelto, cualquiera de los cuales —en particular Pakistán y la India— habría bastado con creces para ganar el Premio Nobel. De hecho, ¡debería haber ganado ocho Premios Nobel de la Paz, no solo uno!».
Añadió: «Además, impedí que Irán tuviera un arma nuclear y que volara por los aires todo Oriente Medio y, en última instancia, ¡mucho más allá! He salvado más vidas que nadie en la historia y, como afirmó ante los medios de comunicación María Corina Machado, una persona verdaderamente excelente, cuando me entregó su Premio Nobel el año pasado: “Donald Trump ha puesto fin a muchas guerras y se merece el Premio Nobel de la Paz más que cualquier otra persona que lo haya recibido jamás”. A la vista de mi historial en materia de paz —un historial que nadie más ha logrado jamás—, ¡estoy de acuerdo!».
Es muy posible que Donald Trump esté de acuerdo consigo mismo. Es mucho menos probable que millones de espectadores estuvieran de acuerdo al ver la expresión sombría de María Corina Machado mientras le entregaba el premio, casi seguramente bajo una presión considerable (?). Estos hechos apuntan a un mundo con su brújula moral invertida —y a la urgente necesidad de que los profesionales de la salud mental asuman un papel más activo a la hora de analizar las implicaciones de tales distorsiones.