Hamás, Dahlan y Barghuti: Las esperanzas palestinas se desvanecen tras la cancelación de las elecciones

Lubna Masarwa, Middle East Eye, 12 octubre 2026

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Lubna Masarwa es periodista y directora de la oficina de la delegación de Middle East Eye en Palestina e Israel, con sede en Jerusalén.

La semana pasada se cumplieron tres años desde el 7 de octubre de 2023.

A lo largo de los años que llevo cubriendo la ocupación por Israel de Palestina, he desarrollado una aversión hacia los aniversarios. Casi todos los días en Palestina se conmemora alguno: el Día de la Nakba, el Día de los Presos, la Primera Intifada, la Segunda Intifada. La lista es larga.

Con motivo de este aniversario, Israel anunció el cierre de Cisjordania, endureciendo aún más el asedio sobre los palestinos.

Me llamó un contacto de alto rango de Fatah, el partido gobernante. Quería hablarme de las próximas elecciones palestinas y de cómo Mohammed Dahlan, el asesor del presidente de los Emiratos Árabes Unidos, Mohammed bin Zayed, nacido en Gaza, estaba intentando volver a la política palestina. Dahlan vive exiliado en Abu Dabi.

«Tengo noticias para ti sobre la coalición electoral entre Mohammed Dahlan y Hamás. Es posible que se presenten a las próximas elecciones en una misma lista», dijo el contacto de Fatah.

Así que fui a verle a Belén. Éramos los únicos clientes en un restaurante con capacidad para 1.500 personas. La economía está paralizada en la ciudad de Jesús.

Mi contacto me explicó que 40 de los hoteles de Belén estaban cerrados y que un amigo suyo, propietario de uno de ellos, no conseguía encontrar un comprador, ni siquiera por la mitad de su valor.

Movilidad restringida

Como cualquiera que intente conducir por la Cisjordania ocupada, consulté diferentes aplicaciones para ver qué carreteras y puestos de control estaban abiertos o cerrados antes de dirigirme a la reunión. Estas aplicaciones se basan en la información facilitada voluntariamente por conductores palestinos, que actualizan la situación en las carreteras para ayudarse mutuamente a sortear la ocupación para poder llegar al trabajo o al colegio.

El mes pasado, durante las fiestas judías, Israel cerró todos los puestos de control y las entradas a las ciudades y pueblos.

Una periodista de Middle East Eye que viajaba desde Ramala a un pequeño pueblo cercano tuvo que pasar la noche en su coche con su marido y sus dos hijos, tras quedarse varada en la carretera.

Cientos de palestinos se enfrentaron a la misma odisea, ya que los cierres militares israelíes hicieron imposible el paso por cualquier ruta disponible. Mientras tanto, los israelíes disfrutaban celebrando las fiestas con sus familias.

Para llegar a Belén, pasé por el asentamiento de Har Gilo, con sus ordenadas hileras de casas, árboles verdes y calles asfaltadas, rodeado por un muro de seguridad y cámaras de videovigilancia para garantizar que ningún palestino pueda acercarse a la colonia judía.

Al acercarme a Belén, llegué a una barrera que cortaba la carretera, custodiada por una soldado israelí sentada en un búnker y apuntando con su arma a todo el que pasaba. A la izquierda había una base militar construida sobre una vivienda palestina confiscada a una familia local.

Belén está desierta. La pandemia de la COVID-19 paralizó su industria turística, y nunca tuvo la oportunidad de recuperarse, ya que la ocupación israelí se volvió cada vez más brutal y el genocidio en Gaza se desataba a poca distancia de allí.

Un reto formidable

Quería averiguar qué podían ofrecer los líderes palestinos en un momento en el que todo se derrumbaba a nuestro alrededor. Así que ahí estábamos: dos palestinos en un restaurante vacío, aferrándonos a un clavo ardiendo.

Mi contacto me dijo que las conversaciones entre los representantes de Dahlan y los responsables de Hamás en El Cairo eran serias e iban por buen camino. Si tenían éxito, la coalición podría reunir a Hamás, a Dahlan y a Marwan Barghuti, la figura de Fatah a la que a veces se apoda el «Nelson Mandela de Palestina».

Barghuti ha pasado los últimos 24 años en una prisión israelí, pero siempre encabeza las encuestas.

En otras palabras, se trata de tres de las fuerzas más populares de la política palestina. Una lista electoral conjunta que los reuniera supondría un reto formidable para el envejecido líder de Fatah, Mahmud Abás, y su Autoridad Palestina (AP), cada vez más moribunda.

Mi contacto estaba muy animado. Parecía entusiasmado ante la perspectiva de una lista electoral conjunta de Hamás y Dahlan, y dijo que incluso había asistido a algunas de las conversaciones en El Cairo.

Pero los palestinos no creen que las elecciones lleguen a celebrarse jamás. Abás siempre encuentra una excusa para posponerlas o cancelarlas. Por eso no ha habido elecciones en veinte años.

Y, desde que tengo memoria, se han celebrado rondas de negociaciones en El Cairo entre Hamás, Fatah y otras facciones palestinas.

¿Por qué —le pregunté a mi contacto— debería yo, como periodista palestina, tomarme en serio estas negociaciones o tratarlas de forma diferente a las anteriores?

Me miró y dijo: «Tienes razón».

Y la reunión terminó.

Un padre separado de su hijo

Al otro lado de la calle, frente al restaurante, conocí a Salim, un palestino con discapacidad. Hablamos del colapso de la economía palestina y de la pobreza en la que ha sumido a la población. Me contó que su hijo de nueve años, Akram, estaba solo en un hospital israelí.

El niño había sido atropellado por un coche y trasladado a un hospital infantil en Israel porque los hospitales de Cisjordania no podían proporcionarle el tratamiento que necesitaba desesperadamente. Pero, durante más de un mes, Israel se negó a conceder a los padres de Akram los permisos para visitar a su hijo, dejándolo solo y rodeado de desconocidos.

Le pregunté a Salim si las autoridades habían dado alguna explicación por negarse a dejar que el niño viera a su familia. Al principio, me dijo que los permisos se habían denegado porque Israel había cerrado Cisjordania durante las fiestas judías.

Más tarde, un trabajador social le dijo que, al responsable de expedir los permisos, sencillamente no le gustaban los palestinos.

Salí de Belén y fui a visitar a Akram al hospital, situado en el corazón de un barrio exclusivamente judío de Jerusalén, a solo 10 km de donde su padre y yo habíamos estado hablando.

Akram era el único chico palestino de la habitación. Había aprendido inglés y algo de hebreo por su cuenta para desenvolverse en este mundo israelí.

«Habla árabe conmigo», me pidió.

Akram echa de menos hablar su propia lengua. El accidente le ha dejado casi completamente discapacitado, conectado a tubos que le suministran oxígeno para mantenerlo con vida. Sonrió mientras me hablaba desde una máquina que le permite llamar a su padre utilizando solo los ojos.

En la pared, junto a su cama, hay fotografías de sus padres abrazándolo cuando era más pequeño, junto a fotos de él con su hermana pequeña.

Le había preguntado a Salim si podía contarles a mis amigos de Haaretz el caso de Akram, para ver si podían hablar con las autoridades y ayudar a conseguir un permiso de visita. Pero Salim temía que hacerlo solo provocara a los israelíes, lo que le acarrearía un castigo y le dejaría sin ninguna posibilidad de obtener permiso para visitar a su hijo, que tanto sufre.

«Quizá después del aniversario del 7 de octubre, consideren mi solicitud de permiso», dijo Salim.

De vuelta del hospital, pasaban autobuses públicos. En el costado de uno de ellos se leía: «Si alguien viene a matarte, levántate para matarlo primero».

Otro decía simplemente: «Ocupación. Expulsión. Asentamientos».

Dos días después de mi encuentro con mi optimista contacto de Fatah, la Autoridad Palestina anunció que se habían cancelado las elecciones.

N. de la T.: Dos días después, el 14 de octubre, la Sra. Masarwa ha ampliado la anterior crónica como sigue:

Tres meses después de que el presidente palestino, Mahmud Abás, anunciara las elecciones, la votación se ha pospuesto una vez más, lo que agrava las dudas sobre la legitimidad de la Autoridad Palestina (AP).

Anunciada mediante un decreto presidencial el 10 de octubre, la decisión alegaba las restricciones impuestas por Israel a la comisión electoral y el deterioro de las condiciones en Gaza y en la Cisjordania ocupada.

Sin embargo, los analistas y los expertos en política palestina afirman que los obstáculos logísticos solo explican una parte de la situación.

Una alianza improbable entre Hamás y la facción del exdirigente de Fatah Mohammed Dahlan, ambos rivales de Abbas, amenazaba con trastocar los cálculos electorales de Fatah y poner en tela de juicio su dominio.

La coalición propuesta pretendía unir a las principales fuerzas de la oposición y a figuras independientes bajo un mismo paraguas.

Su anuncio el mes pasado desencadenó una serie de reuniones en El Cairo entre Fatah, Hamás, la facción de Dahlan y otros grupos palestinos.

Las conversaciones contribuyeron a allanar el camino para aplazar las elecciones del 27 de noviembre de 2026 al 11 de septiembre de 2027.

Yibril Rayub, un alto cargo de Fatah, declaró a principios de este mes que las facciones se prepararían, en su lugar, para un «diálogo nacional integral» destinado a alcanzar un «terreno común» en cuestiones políticas antes de las elecciones del próximo año.

Pero tras el lenguaje del consenso se esconde una lucha más profunda sobre quién dará forma a la política palestina, mientras Abás se enfrenta a una presión cada vez mayor y la alianza emergente amenaza con redibujar el mapa político.

Cálculos

Las últimas elecciones parlamentarias palestinas se celebraron en 2006, cuando Hamás obtuvo una mayoría inesperada frente a Fatah, que había dominado durante mucho tiempo la política palestina.

Los enfrentamientos entre ambas facciones en 2007 dieron lugar a la aparición de dos gobiernos rivales: Hamás en Gaza y Fatah en Cisjordania.

Los repetidos intentos de reconciliación y de celebrar nuevas elecciones han ido fracasando a lo largo de 20 años, lo que ha dejado a Abás gobernando sin un mandato electoral renovado.

Una fuente de alto rango de Fatah, que habló con Middle East Eye bajo condición de anonimato, afirmó que Abás anunció las elecciones en julio, en gran medida como respuesta a la presión internacional para renovar la legitimidad de la Autoridad Palestina.

«La mayoría de nuestras elecciones palestinas se celebran bajo presión externa», afirmó la fuente, señalando la presión europea y los compromisos de reforma que, según se informa, Abás había asumido ante Francia.

El momento elegido, sin embargo, parecía desconectado de las condiciones sobre el terreno.

Gaza seguía devastada por el genocidio perpetrado por Israel en el enclave, con los palestinos luchando por conseguir comida y refugio. En la Cisjordania ocupada, los palestinos se enfrentan a una crisis económica cada vez más grave, a una escalada de la violencia de los colonos israelíes y a restricciones de movimiento más severas.

«El anuncio de las elecciones fue sorprendente e incomprensible para el pueblo palestino», afirmó la fuente.

«La gente de Gaza no encuentra comida ni un lugar donde vivir, y se habla de elecciones. No creo que fuera el momento adecuado para ello».

Hani al-Masri, analista político palestino, señaló que el momento elegido también reflejaba el cálculo de Ramala de que Hamás se había visto debilitado por el genocidio perpetrado por Israel en Gaza, lo que creaba una oportunidad para que Fatah recuperara terreno.

Pero esos cálculos se volvieron cada vez más inciertos.

Hamás acogió rápidamente con satisfacción el anuncio de las elecciones y declaró su intención de participar como parte de la coalición más amplia posible.

Un mes después, anunció una alianza en la que participaba la facción de Dahlan; un giro sorprendente, dada su historia como acérrimo rival del grupo y sus estrechos vínculos con los Emiratos Árabes Unidos (EAU).

«La coalición aún no había adquirido su forma definitiva, pero el mero hecho de que surgiera la idea tuvo el impacto de un rayo sobre la dirección de la Autoridad Palestina», afirmó Masri.

«Al principio, se hablaba de que la coalición reuniría a importantes fuerzas políticas y figuras destacadas, lo que le permitiría obtener la mayoría de los escaños y cambiar el panorama político».

Masri señaló que las encuestas de opinión seguían mostrando un descenso en el apoyo a Fatah y a Abás, impulsado por las divisiones internas, las acusaciones de corrupción, las dificultades económicas y el creciente descontento de la población.

En este contexto, la Autoridad Palestina aplazó las elecciones casi un año.

Sin embargo, Masri cree que es poco probable que la alianza entre Hamás y Dahlan desaparezca.

De enemigos a socios

Miembro de Fatah desde hace mucho tiempo, Dahlan dirigió la Fuerza de Seguridad Preventiva en Gaza tras la creación de la Autoridad Palestina en virtud de los Acuerdos de Oslo en la década de los noventa.

Como jefe de dicha fuerza, supervisó las medidas de represión, las detenciones y la persecución de los miembros de Hamás.

Tras la victoria de Hamás en las elecciones de 2006, la organización acusó a Dahlan de tramar un golpe de Estado. Las luchas internas que siguieron terminaron con la expulsión por la fuerza de Dahlan de Gaza.

Posteriormente, se distanció de Abás y se exilió voluntariamente en los Emiratos Árabes Unidos, donde mantiene estrechos vínculos con los gobernantes del país.

Por ello, su nueva alianza con Hamás ha sorprendido a muchos palestinos.

Pero, según Masri, la cooperación entre ambas partes no surgió de la noche a la mañana. Afirmó que los contactos sobre la ayuda financiera a Gaza ya se venían manteniendo desde 2017.

Su cooperación se intensificó tras el inicio de la guerra genocida de Israel contra Gaza en 2023, y Dahlan se convirtió en una figura clave a la hora de hacer llegar la ayuda, facilitar iniciativas sociales y establecer contactos políticos.

«El dinero procede de los Emiratos Árabes Unidos, pero es Dahlan quien lo facilita», afirmó la fuente de Fatah.

Sostuvo que el papel de Dahlan a la hora de canalizar la ayuda contribuyó a impulsar su popularidad e hizo que su regreso a la política palestina resultara cada vez más plausible.

Otro factor, según él, era el mal desempeño de los actuales dirigentes de la Autoridad Palestina.

«La gente piensa: ‘Bueno, si no es Mohammed Dahlan, ¿entonces quién?’», afirmó.

La fuente también destacó el papel de Dahlan en las conversaciones secretas con EE. UU. sobre un acuerdo de alto el fuego en Gaza.

Hamas, por su parte, ha salido de la guerra en una situación financiera y política difícil, lo que ayuda a explicar su disposición a colaborar con un antiguo adversario.

«Hamas necesitaba a alguien que le ayudara a descender del árbol», afirmó Masri.

Según él, la alianza podría marcar el inicio de un nuevo orden político. Sin embargo, advirtió de que se corría el riesgo de que se configurara sin un programa nacional coherente.

«Se está perfilando un nuevo mapa político, pero carece de un programa nacional», señaló.

Sostuvo que cualquier nuevo liderazgo debe abordar las necesidades inmediatas de los palestinos de Gaza y de la Cisjordania ocupada, al tiempo que preserva un proyecto político más amplio.

«Es como si, ahora, a cambio de una barra de pan y medicinas, estuviéramos dispuestos a renunciar a muchas cosas», afirmó.

Foto de portada: Un mural representa al dirigente de Fatah encarcelado Marwan Barghuti en la barrera de separación israelí en Belén, en la Cisjordania ocupada, el 24 de diciembre de 2024 (Ahmad Gharabli/AFP)

Voces del Mundo

Deja una respuesta