Mat Nashed, The New Arab, 15 octubre 2026
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Mat Nashed es un periodista nominado a varios premios que lleva cubriendo la región de Oriente Medio y Norte de África (MENA) desde la Primavera Árabe
El 8 de octubre, Mohamed Azraq al-Fangari desertó de las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR y se unió a las Fuerzas Armadas de Sudán (FAS), el ejército nacional.
El comandante de las fuerzas especiales estuvo acompañado por unos 300 combatientes de Kordofán, una región del centro de Sudán donde el ejército ha logrado avances en las últimas semanas.
Las fuerzas de Al-Fangari desempeñaron un papel clave en el asedio de El-Fasher, capital de Darfur del Norte, en abril de 2024.
El asedio se prolongó durante 18 meses y culminó con la matanza masiva de civiles «no árabes» dedicados a la agricultura sedentaria. Una investigación de la ONU concluyó que las atrocidades presentaban los «rasgos característicos de un genocidio».
Para entonces, al-Fangari llevaba ya mucho tiempo viviendo en el vecino Chad, donde presionaba a los dirigentes de las FAR para conseguir mejor equipamiento, salarios más altos y atención médica para sus combatientes, según Ahmed Gouja, un periodista local que procede de la misma tribu nómada «árabe» hawzama que al-Fangari.
«Al-Fangari tenía muchos combatientes heridos en sus fuerzas especiales, pero los líderes de las FAR los trataban como una cuestión secundaria», declaró Gouja a The New Arab. «Por esas razones, desertó».
Decenas de oficiales descontentos de las FAR han desertado para unirse a las Fuerzas Armadas Sudanesas (FAS) en los últimos meses, una tendencia que podría fragmentar las FAR a lo largo de las líneas tribales, según periodistas locales y analistas de Darfur.
Al igual que al-Fangari, la mayoría de los combatientes desertores proceden de tribus árabes nómadas a las que los altos mandos de las FAR excluyen de los puestos de poder. La cúpula de las FAR está compuesta casi en su totalidad por la familia Dagalo, originaria de la tribu nómada «árabe» Mahariya.
El control del poder por parte de esta familia ha exacerbado las tensiones entre su propia tribu y otras comunidades árabes, en las que se apoyan las FAR para luchar contra las FAS.
La cálida acogida que las FAS han brindado a los desertores de las FAR también está avivando las tensiones dentro de su propio bando, que incluye a docenas de milicias de diversos orígenes étnicos y tendencias ideológicas.
A los desertores se les ha concedido impunidad, armas y vehículos como forma de tentar a otros comandantes de las FAR a cambiar de bando.
Esto ha inquietado a algunas milicias alineadas con las FAS que temen perder poder y recursos a manos de los desertores de las FAR, según los analistas.

El control del poder por parte de la familia Dagalo ha agravado las tensiones entre su propia tribu y otras comunidades árabes en las que se apoyan las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR) para luchar contra el ejército sudanés. [Getty]
Favoritismo y desatención
A lo largo de la guerra, los líderes de las FAR han marginado a los comandantes sobre el terreno a pesar de su papel a la hora de liderar importantes victorias en el campo de batalla, que lograron cometiendo sistemáticas atrocidades.
El excomandante de las FAR, Al-Nour «al-Gubba» Ahmed Adam, esperaba ser nombrado gobernador de Darfur del Norte por haber desempeñado un papel fundamental en la campaña genocida de las FAR para tomar El-Fasher en octubre de 2025.
Sin embargo, al ser miembro de la tribu nómada «árabe» de los Mahamid —una comunidad dividida en su apoyo entre las FAR y las FAS)—, fue descartado en favor de un combatiente de la tribu mahariya.
En abril de 2026, al-Gubba desertó a las FAS, en parte porque se le negó ese poderoso cargo. Muchos otros han seguido su ejemplo por razones similares.
«Muchos líderes comunitarios [árabes] han salido a la luz pública y han afirmado que estas deserciones no representan la postura de sus tribus, sino simplemente el interés personal de los oficiales que desertaron», afirmó Gouja.
A pesar de estas declaraciones, Gouja añadió que las FAR han estigmatizado a estas comunidades, deteniendo a menudo a jóvenes basándose en acusaciones infundadas de que colaboran con las FAS al ayudar a los comandantes a desertar.
Esto ha agravado el descontento entre muchas comunidades árabes nómadas, que consideran que están soportando una carga injusta en la guerra contra las Fuerzas Armadas Sudanesas.
Muchos han enviado a sus hijos y a sus padres al frente, donde o bien mueren o bien sufren lesiones que les cambian la vida, según Abdel Nasser Suluk Hamid, un analista de Darfur que está en contacto con numerosos líderes tribales árabes y civiles de toda la región.
«A los combatientes pertenecientes a la mahariya se les envía al extranjero para recibir tratamiento hospitalario que les salve la vida, mientras que al resto de los combatientes se les abandona en Nyala, la capital de Darfur del Sur, o en Kordofán», declaró Suluk Hamid a The New Arab.

La cálida acogida que el ejército sudanés brinda a los desertores de las RSF también está avivando las tensiones dentro de su propio bando, que incluye a docenas de milicias de diversos orígenes étnicos y tendencias ideológicas. [Getty]
A pesar del trato discriminatorio, Suluk Hamid cree que las tribus árabes nómadas no se volverán contra la FAR a corto plazo. La mayoría sigue temiendo que el ejército les imponga un castigo colectivo si reconquista Darfur, un temor que las FAR avivan para mantenerlos alineados y atraer a nuevos reclutas.
«A las comunidades árabes de Darfur se les dice que las FAS violarán a sus madres y saquearán sus tierras», declaró Suluk Hamid a The New Arab.
La ironía es que, aunque ambas partes han cometido atrocidades como torturas y ejecuciones sumarias, las FAR son responsables de manera desproporcionada de la violencia sexual sistemática y los saqueos masivos, según grupos de derechos humanos e informes de los medios de comunicación.
Tensiones latentes
La oleada de deserciones de las FAR también podría dar lugar a luchas internas dentro de la delicada alianza de grupos armados que luchan bajo la bandera de las Fuerzas Armadas Sudanesas (FAS).
El 8 de octubre, Minni Arko Minnawi, líder de las Fuerzas Conjuntas —alineadas con las FAS y compuestas por milicias no árabes que se rebelaron contra el Estado en 2003—, advirtió de que volvería a rebelarse si el ejército apoyaba la creación de nuevas milicias.
«Nos oponemos a cualquier milicia que cuente con el apoyo del Estado con nuestro dinero y nuestros impuestos», afirmó durante una declaración a la prensa desde su residencia en Jartum.
Noon al-Baramkee, una periodista de Darfur, señaló que muchos de los desertores de las FAR se encuentran repartidos por la capital de Sudán, Jartum, y en el este del país. Afirmó que el discurso de Minnawi probablemente se debió al temor a que estos grupos se fortalecieran a expensas de las Fuerzas Conjuntas.
Además, cree que a Minnawi le inquieta la retórica racista de los partidarios más activos de las Fuerzas Armadas de Sudán (FAS), que están pidiendo que sustituyan a los grupos armados no árabes por una nueva fuerza.
No obstante, al-Baramkee señaló que el discurso de Minnawi había exacerbado las tensiones étnicas.
«Su discurso fue muy peligroso e inoportuno. Ahora mucha gente cree que Minnawi podría estar planeando de nuevo otra rebelión contra el ejército», declaró a The New Arab.
Un día después de su discurso, Minnawi se retractó de su amenaza de rebelarse contra el Estado, afirmando que apoya la idea de un único Estado y ejército. Sin embargo, Gouja cree que Minnawi logró advertir a las Fuerzas Armadas de Sudán de que no diluyeran su poder e influencia.
Señaló que las Fuerzas Conjuntas siguen siendo una fuerza clave, liderando las batallas terrestres contra las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR) en la amplia región de Kordofán, y que las FAS no pueden permitirse traicionarlas.
«Hay miembros de las FAS y del Estado profundo de Sudán que no consideran a Minnawi un socio de confianza», declaró Gouja a The New Arab.
«Pero los mandos de las FAS saben que sin él serían más débiles».