Ahmed Dremly, The New Arab, 20 octubre 2026
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Ahmed Dremly es un periodista que sobrevive en Gaza. Sus trabajos suelen aparecen en We Are Not Numbers y Mondoweiss. Instagram: @ahmeddremly
A primera hora de la mañana, la profesora de inglés Dina Allouh desayuna en su casa, parcialmente destruida, en la calle Al Naser, en el oeste de la ciudad de Gaza. A continuación, emprende una caminata de una hora hasta el colegio privado Al Awael, donde imparte clase a unos 250 alumnos.
Durante los últimos cinco años, ha trabajado en diferentes centros educativos de Gaza, impulsada por el sueño de ayudar a una nueva generación a aprender inglés y a construir un futuro mejor.
Pero desde que comenzó la guerra genocida de Israel contra Gaza en octubre de 2023, su vida laboral y la educación de sus alumnos han dado un giro radical.
Dina, que se licenció con matrícula de honor en la enseñanza del inglés, afirmó que la guerra de Israel había trastornado drásticamente el sistema educativo de Gaza, dejando a los alumnos no solo con la escolarización interrumpida, sino también con las consecuencias psicológicas de vivir en medio de la guerra.
«Los alumnos de Gaza están perdiendo su capacidad para aprender tras haber perdido a familiares, haber sido desplazados en múltiples ocasiones de un lugar a otro, haber vivido el horror de los bombardeos y no encontrar colegios adecuados ni lugares donde estudiar», explicó Dina a The New Arab.
Incluso las familias desplazadas que intentan continuar con la educación de sus hijos suelen tener dificultades para encontrar libros y material escolar. Otros no pueden acceder a Internet para seguir las clases en línea, lo que deja a los niños con pocas oportunidades de mantenerse al día con sus estudios.
Para Dina, las consecuencias son cada vez más evidentes en el aula. Tres años de interrupción de la educación en Gaza han creado importantes lagunas en los conocimientos de los alumnos y en su capacidad para comprender las clases, especialmente entre los niños de primaria, cuyo aprendizaje temprano sienta las bases para todo lo que viene después.
«Se supone que deben aprender los conceptos básicos para poder desarrollar sobre ellos en los próximos años», explicó. «Muchos alumnos que han crecido durante la guerra no están familiarizados con el proceso educativo y no entienden qué significa la escuela, un profesor o una clase. Muchos alumnos son incapaces de leer las letras del alfabeto inglés, cuando hace tres años los niños de la misma edad eran capaces de construir frases».
Durante tres años, la asistencia regular ha dependido de la situación de seguridad a la que se enfrentaban cada profesor y cada alumno, incluyendo bombardeos cercanos, desplazamientos y la pérdida o lesión repentina de familiares.
Dina siguió enseñando durante la guerra, salvo cuando se producían incursiones terrestres israelíes en los alrededores de su casa o de su colegio.
El aula se ha convertido también en un espacio en el que los efectos psicológicos del genocidio en curso son difíciles de separar del proceso de aprendizaje. «La mayoría de mis alumnos han perdido a algunos de sus hermanos, padres, familiares o compañeros de clase. Reconozco los efectos de su trauma en su aislamiento social, su ansiedad, su dificultad para concentrarse y los cambios en su comportamiento y rendimiento académico», afirmó Dina.
Intenta respetar la intimidad de los alumnos al tiempo que los anima a interactuar con sus compañeros. También se fija en los pequeños detalles que siguen siendo importantes para los niños a pesar de todo lo que han sufrido, como su ropa de colores, su bonito pelo o su letra ordenada.
«Hago todo lo posible por apoyar a mis alumnos mientras superan su trauma, aunque mis compañeros docentes y yo también necesitamos apoyo, ya que estamos pasando por las mismas experiencias», afirmó.
Para Deena, el periodo más difícil se produjo durante la hambruna de Gaza en 2025, cuando las severas restricciones en el suministro de alimentos dejaron a las familias luchando por conseguir lo suficiente para comer.
Para los docentes, la lucha por mantener las clases continuó incluso cuando sus propios cuerpos se debilitaban por el hambre.
«Me costaba mucho trabajar ocho horas con apenas una galleta y agua. Mi cuerpo y mi mente no tenían energía para enseñar, pero seguí adelante», explicó.
«Muchas veces se me nublaba la vista, pero no lo demostraba ni se lo decía a nadie. A veces escribía algo mal en la pizarra y tenía que corregirlo más tarde. También cometía errores al corregir los trabajos de los alumnos porque no podía concentrarme. Espero que no volvamos a pasar hambre».

Los profesores afirman que el impacto psicológico de la guerra genocida de Israel está afectando a la concentración, la confianza y la capacidad de aprendizaje de los alumnos [Getty]
Esta experiencia ha puesto de manifiesto la difícil realidad a la que se enfrentan los profesores, de quienes se esperaba que mantuvieran una sensación de normalidad para los niños mientras luchaban por satisfacer sus propias necesidades básicas.
«¿Qué se puede esperar de un profesor hambriento que enseña a alumnos hambrientos, cuando lo único en lo que pueden pensar es en conseguir una barra de pan para comer?», preguntó.
A pesar de estas condiciones y de los continuos bombardeos en Gaza, Dina ha seguido intentando subsanar las carencias educativas que han acumulado sus alumnos.
Ahora agrupa a los alumnos por nivel de aprendizaje, repite las lecciones cuando es necesario y aprovecha las clases extra y su tiempo libre para repasar los contenidos que se han perdido u olvidado.
Sus esfuerzos reflejan una lucha más amplia entre los profesores de Gaza por mantener la educación a pesar de la destrucción de las escuelas, la pérdida de compañeros y los retos diarios a los que se enfrentan sus alumnos.
El coste de la educación
En el colegio privado Al Awael, la directora Sahar Hosni explicó que, en los últimos tres años, las responsabilidades de los docentes y los administradores escolares se han amplificado mucho más allá de la simple impartición de clases.
«Debemos encontrar un equilibrio entre las necesidades educativas de los alumnos, la pérdida de años de escolarización y la amenaza constante que se cierne sobre las vidas de los niños y del personal», declaró a The New Arab.
«La seguridad de los alumnos y los profesores es nuestra máxima prioridad, mientras perdemos generaciones de alumnos que crecen privados de su derecho a la educación».
A pesar del peligro, las familias siguieron buscando oportunidades para que sus hijos aprendieran, incluso cuando los tanques israelíes se encontraban a solo unos kilómetros de la escuela.
La escuela suspendió las clases durante varios meses antes de reabrir para impartir el plan de estudios palestino, utilizando planes a corto plazo adaptados a las condiciones sobre el terreno.
«La gente de Gaza está deseando que sus hijos sigan aprendiendo. Reabrimos la escuela y empezamos a impartir el plan de estudios palestino después de perder la esperanza de que cesara el genocidio israelí. Suspendemos las clases cuando las fuerzas israelíes intensifican sus ataques sobre el barrio. Elaboramos planes a corto plazo en función de la situación sobre el terreno», explicó.
El equipo administrativo celebra reuniones periódicas para analizar el bienestar psicológico y emocional de los alumnos, identificar posibles intervenciones y preparar planes alternativos para situaciones de emergencia.
Cuando se producen explosiones en las inmediaciones, el personal se asegura de que los alumnos permanezcan dentro del edificio y se pone en contacto con sus familias para tranquilizarles y confirmarles que los niños están a salvo.
La escuela también ha intentado hacer que el aprendizaje resulte más atractivo mediante métodos de aprendizaje activo, sesiones de primeros auxilios psicológicos para el profesorado y actividades que ofrecen a los alumnos momentos de respiro, utilizando los limitados materiales educativos disponibles.
Sin embargo, estos esfuerzos no pueden eliminar los riesgos constantes a los que se enfrentan profesores y alumnos.
«Organizamos sesiones de primeros auxilios psicológicos para los profesores. Intentamos ayudar a los alumnos a redescubrir la alegría de aprender, pero la falta de tecnología educativa básica —como ordenadores, acceso a Internet y electricidad— sigue siendo un gran reto tanto para los alumnos como para los profesores», explicó Sahar.
Los peligros a los que se enfrenta el personal van más allá del aula. Sahar describió cómo una profesora de árabe escapó por los pelos de un ataque aéreo israelí cuando se dirigía a casa.
«Hace dos semanas, una profesora de árabe del colegio sobrevivió a un ataque aéreo israelí que impactó a solo unos metros de ella cuando se dirigía a casa. Al día siguiente acudió al colegio pálida y apenas capaz de dar clase a sus alumnos».
Sahar señaló que el impacto de la guerra de Israel sobre el sitiado enclave también se reflejaba en la motivación de los alumnos, en su capacidad para prepararse para los exámenes y en su lucha diaria por satisfacer sus necesidades básicas.
«Muchos alumnos han perdido la esperanza en el aprendizaje después de que sus colegios y sus casas fueran bombardeados o de que sus profesores o familiares murieran. Algunos alumnos de secundaria han perdido la oportunidad de prepararse adecuadamente para el curso académico más importante de sus vidas y de perseguir sus sueños de estudiar en la facultad universitaria de su elección», afirmó.
«Otros llegan al colegio agotados tras pasar horas buscando agua o haciendo cola para recibir alimentos de organizaciones benéficas. Algunos no pueden estudiar ni descansar adecuadamente en las tiendas de campaña improvisadas y abarrotadas donde se alojan los desplazados».
Estas condiciones están dando lugar a una generación cuya educación se ha visto gravemente afectada por circunstancias ajenas a su voluntad, entre ellas la falta de seguridad, estabilidad y lugares adecuados para que los niños aprendan.
Sahar instó a la comunidad internacional y a las instituciones académicas a que ayuden a poner fin a la guerra y apoyen la reconstrucción del sector educativo de Gaza.
«Instamos a las personas de conciencia de todo el mundo y a las instituciones académicas internacionales a que pongan en marcha iniciativas para detener la guerra genocida contra Gaza, que está matando a estudiantes y profesores, y a que apoyen la reconstrucción del sector educativo de Gaza para salvaguardar el futuro de nuestros niños», explicó.
Un sistema educativo en ruinas
La destrucción descrita por los profesores y los responsables escolares se refleja en las cifras facilitadas por la Oficina de Medios de Comunicación del Gobierno de Gaza, que declaró a The New Arab que el 97% de las escuelas de la Franja habían sufrido daños materiales, mientras que el 80% de los edificios escolares habían sido bombardeados o atacados directamente.
Según la oficina, alrededor del 87% de los edificios escolares requieren reconstrucción o una rehabilitación importante antes de que puedan volver a utilizarse, mientras que el 40% se encuentra dentro de la zona conocida como la «Línea Amarilla».
La oficina señaló que las escuelas restantes estaban demasiado dañadas para ofrecer las condiciones básicas necesarias para la enseñanza o se habían convertido en refugios para palestinos desplazados que habían perdido sus hogares.

La destrucción de colegios y la interrupción reiterada de las clases han privado a cientos de miles de niños palestinos de una educación estable [Getty]
Según la oficina, la destrucción también ha tenido consecuencias devastadoras para el personal docente y los estudiantes de Gaza.
«Han perdido la vida más de 1.100 profesores y miembros del personal educativo, además de 194 científicos, académicos e investigadores. La pérdida de educadores y profesionales del ámbito académico ha agravado la crisis al privar a las generaciones futuras del conocimiento y la experiencia acumulados», afirmó.
«Más de 22.000 estudiantes han perdido la vida y otros miles han resultado heridos, incluidos algunos que han sufrido amputaciones. Alrededor de 650.000 estudiantes se han visto privados de educación escolar en los últimos tres años, lo que ha generado un déficit de aprendizaje que requerirá años de programas de recuperación intensivos para subsanarlo».
Además de documentar la destrucción, la Oficina de Prensa del Gobierno afirmó que estaba colaborando con el Ministerio de Educación de Gaza y otras autoridades pertinentes para registrar las violaciones, actualizar los datos y publicar informes en varios idiomas destinados a los medios de comunicación internacionales.
Asimismo, presentó informes jurídicos a organizaciones internacionales, organismos de las Naciones Unidas y organizaciones de derechos humanos dedicadas a la educación y los derechos de la infancia. La oficina instó a estas organizaciones a cumplir con sus responsabilidades legales y morales.
«La privación del derecho de los niños a la educación, los ataques contra escuelas y el asesinato de profesores y alumnos constituyen graves violaciones del derecho internacional humanitario y de los Convenios de Ginebra. Estos actos forman parte de lo que consideramos una política sistemática de genocidio contra los palestinos en Gaza», se lee en el comunicado.
El futuro en juego
Más allá de la destrucción física de las escuelas, la guerra ha tenido graves consecuencias para el aprendizaje y el desarrollo de los alumnos, según la Dra. Hanan Abu Sakran, antigua inspectora educativa de alto rango del Ministerio de Educación palestino en Gaza. Fue una de las primeras responsables educativas en contribuir a reanudar la enseñanza durante la guerra, a pesar de los peligros.
«La educación en Gaza ha pasado de ser un proceso estructurado que se desarrollaba en el interior de las escuelas a convertirse en una lucha diaria por preservar el derecho de los niños a aprender en condiciones extraordinarias y duras», afirmó.
Muchos alumnos han perdido sus escuelas, sus libros y sus aulas, y se han visto obligados a estudiar en centros de acogida, tiendas de campaña y espacios provisionales que carecen de los requisitos básicos para un entorno de aprendizaje seguro.

Para muchos niños de Gaza, las tiendas de campaña para desplazados se han convertido en lugares donde dormir, vivir e intentar estudiar [Getty]
La Dra. Hanan afirmó que la prolongada interrupción de la escolarización había ampliado las brechas en habilidades básicas, como la lectura, la escritura y las matemáticas.
«La educación es acumulativa. Los alumnos que no adquieran estas habilidades básicas pueden tener dificultades para comprender las lecciones más avanzadas en cursos posteriores».
Las consecuencias van más allá del rendimiento académico y afectan a la confianza, la motivación y la capacidad de concentración de los alumnos.
«Pueden incluir una disminución de la confianza en sí mismos y de la motivación, dificultades para concentrarse y una mayor dependencia de la memorización en lugar de la comprensión», explicó la Dra. Hanan a The New Arab.
El acceso a la educación también se ha vuelto más limitado para unos que para otros. Algunos alumnos pueden asistir a escuelas provisionales, utilizar tiendas de campaña destinadas a la enseñanza o seguir clases online, mientras que otros carecen de acceso a Internet o de un lugar adecuado para estudiar.
Esta disparidad significa que niños de la misma edad pueden tener oportunidades educativas muy diferentes, dependiendo de sus condiciones de vida y de su acceso a los recursos.
La Dra. Hanan advirtió de que la pérdida de profesores con experiencia supone otro reto a largo plazo.
Las escuelas no se limitan a transmitir conocimientos; también transmiten la cultura profesional, los valores, los métodos de enseñanza y las formas de pensar.
Los profesores con experiencia acumulan conocimientos sobre los planes de estudios, los alumnos y el entorno local a lo largo de años de práctica. Aprenden a gestionar situaciones complejas en el aula, a identificar dificultades de aprendizaje y a seleccionar estrategias adecuadas para cada alumno.
Estas habilidades no se pueden sustituir rápidamente.
«Muchos de los profesores que fueron asesinados eran una fuente de confianza, seguridad y esperanza para sus alumnos, no solo profesores», afirmó.
«Podemos formar a un nuevo profesor, pero no podemos devolver la vida a un profesor que hemos perdido, ni podemos sustituir fácilmente los años de experiencia o el impacto humano que han dejado tras de sí».
La pérdida de educadores con experiencia también debilita la transmisión de conocimientos profesionales a los profesores más jóvenes, lo que dificulta que los centros educativos mantengan los estándares de enseñanza y respondan a las necesidades de los alumnos.
De cara al futuro, la Dra. Hanan advirtió de que, sin un alto el fuego y sin medidas para hacer frente a la pérdida de aprendizaje, las consecuencias podrían extenderse a la educación superior y al sistema educativo en general.
«A menos que haya un alto el fuego real y seamos capaces de subsanar las lagunas de aprendizaje, Gaza podría enfrentarse a una futura disminución del número de estudiantes capaces de cumplir los requisitos de acceso a la universidad, así como a una creciente necesidad de programas de recuperación prolongados y costosos».
Para hacer frente a la crisis se necesitará algo más que reabrir los colegios.
Es necesario evaluar el nivel de aprendizaje de los alumnos, identificar sus necesidades e impartir clases de recuperación, además de ofrecer vías flexibles para que aquellos que hayan perdido largos periodos de escolarización puedan reanudar su educación.
También se requerirá una inversión sostenida en la formación del profesorado, en recursos educativos, en apoyo psicológico y en oportunidades para que los jóvenes puedan continuar su formación en la educación superior y profesional.
Para la Dra. Hanan, la reconstrucción del sistema educativo de Gaza debe comenzar por reconocer que las pérdidas van más allá de los edificios destruidos y los libros de texto que faltan.
«La reconstrucción de Gaza no empieza solo con ladrillos y edificios, sino con la rehabilitación de su población», declaró a The New Arab.
«La educación es el camino que permite a nuestros niños recuperar sus vidas, contribuir a la reconstrucción de su sociedad y forjar un futuro caracterizado por una mayor seguridad y dignidad», añadió.
Hizo un llamamiento a la comunidad internacional para que intensifique sus esfuerzos con el fin de poner fin a la guerra de Israel contra Gaza, proteja el derecho a la educación de los niños palestinos, restablezca un acceso seguro e igualitario al aprendizaje, financie la reconstrucción de colegios y recursos educativos, y desarrolle programas que ayuden a los niños a recuperar lo que se han perdido en su aprendizaje.
«No dejéis que los niños de Gaza paguen con su infancia, sus sueños y sus oportunidades por una guerra que no han elegido», concluyó.
Foto de portada de The New Arab.