Jeremy Scahill, Peiman Salehi y Ryan Grim, Drop Site News, 21 octubre 2026
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Jeremy Scahill es periodista de Drop Site News y fue cofundador de The Intercept. Es reportero de investigación, corresponsal de guerra y autor de Dirty Wars: The World Is a Battlefield y Blackwater: The Rise of the World’s Most Powerful Mercenary Army. Ha informado desde Afganistán, Iraq, Somalia, Yemen, Nigeria, la antigua Yugoslavia y otros lugares del mundo.

Peiman Salehi es un filósofo y político iraní, analista de asuntos internacionales. Escribe sobre la teoría del Estado civilizatorio, la multipolaridad y la crítica al liberalismo.

Ryan Grim es reportero de Drop Site, copresentador de Breaking Points, autor de We’ve Got People, The Squad y This Is Your Country On Drugs.
Según altos cargos iraníes y un funcionario estadounidense, EE. UU. e Israel se están preparando para reanudar los ataques contra Irán, y podrían incluso lanzar operaciones antes de las elecciones israelíes de la próxima semana. El primer ministro Benjamin Netanyahu se juega su supervivencia política, y la prensa israelí está plagada de informes que indican que está buscando la forma de aprovechar el enfrentamiento con Irán en su beneficio. En EE. UU., los índices de popularidad del presidente Donald Trump se encuentran en mínimos históricos, y faltan menos de dos semanas para las elecciones de mitad de legislatura.
El máximo responsable de la seguridad de Irán, el general Mohsen Rezaei, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán y representante personal del líder supremo, el ayatolá Mojtaba Jamenei, declaró a Drop Site que, en caso de ataque, Irán sigue teniendo capacidad para continuar lanzando misiles y drones contra diversos objetivos estadounidenses en toda la región como represalia, y que ampliaría su abanico de objetivos.
«Si la pregunta es si Irán sigue teniendo la capacidad de continuar con sus operaciones con misiles y drones, la respuesta es sí», afirmó Rezaei en una entrevista exclusiva por escrito. «Estados Unidos cuenta con activos valiosos en la región. En caso de guerra, los cables, los centros de datos y las instalaciones de inteligencia artificial también podrían quedar dentro del alcance de nuestros misiles. Si el conflicto se reanuda, contamos con un plan más amplio».
«Todo el mundo debe comprender que cualquier acción contra Irán tiene un coste», añadió. «Si la diplomacia puede lograr ese entendimiento, preferimos la diplomacia. Pero si la guerra continúa, Irán cuenta con las herramientas necesarias para seguir respondiendo».
Un alto funcionario iraní declaró a Drop Site que la actual evaluación de inteligencia interna de Teherán indica una alta probabilidad de que los bombardeos a gran escala puedan incluso comenzar antes de las elecciones israelíes del martes. «Trump ha dejado de lado el paquete propuesto por Irán para poner fin a la guerra, y las negociaciones se han estancado», afirmó el funcionario, que no está autorizado a hablar públicamente. «Contrariamente al espectáculo que está montando, Trump no tiene un plan claro ni viable para poner fin a la guerra con Irán. Esta ha sido la causa de un punto muerto diplomático». Advirtió de que no se debe subestimar a Irán, afirmando: «Si se iniciara otra guerra contra Irán, dado nuestro conocimiento de los patrones de despliegue de las fuerzas estadounidenses en los países de la región, sus cifras de bajas serían diez veces mayores».
La Casa Blanca negó que tuviera previsto atacar a Irán en las próximas dos semanas. «Estados Unidos no atacará a Irán en ningún momento antes de las elecciones de mitad de legislatura», afirmó Anna Kelly, subsecretaria principal de prensa de la Casa Blanca, en una declaración a Drop Site.
Teherán cree que a Israel se le encomendaría hacer los primeros disparos, según afirmó el alto cargo iraní, con el objetivo de «destruir los sistemas de defensa aérea recién desplegados por Irán, a fin de allanar el camino a los bombarderos estadounidenses». Según él, es probable que Estados Unidos se centre en atacar los sistemas de defensa del sur de Irán a lo largo del estrecho de Ormuz y que, tras un intenso bombardeo, intente apoderarse de una de las islas situadas frente a la costa continental iraní. Trump, afirmó, sigue buscando una acción destacada que pueda utilizar para proclamar la victoria, y añadió que Irán cree que podría intentar lanzar un ataque «simbólico» contra una de las instalaciones nucleares subterráneas de Irán, como la Pickaxe Mountain, y posteriormente presentarlo como un golpe definitivo. «Trump está mintiendo descaradamente sobre el programa nuclear de Irán», afirmó el funcionario.
Un funcionario estadounidense confirmó a Drop Site que se están desplazando rápidamente recursos militares a sus posiciones en preparación para la esperada luz verde de Trump. Entre los funcionarios estadounidenses que presionan para que se reanuden los ataques se encuentra el general Bradley Cooper, jefe del Mando Central de EE. UU., señaló el funcionario. «El CENTCOM está poniendo todas las piezas en su sitio para reanudar operaciones de combate a gran escala», añadió el funcionario, que no está autorizado a hablar de planes de guerra. Se mostró escéptico respecto a que la guerra se reanudara antes de las elecciones israelíes, pero admitió: «Empezamos a desarrollar Epic Fury sin tener todos los recursos preparados».
El portaaviones USS Theodore Roosevelt y la 13ª Unidad Expedicionaria de Marines se dirigen a Oriente Medio, lo que supone el envío de aproximadamente 10.000 marineros y marines adicionales a la región. El Roosevelt, que zarpó de Japón el lunes, podría llegar a la región a finales de la próxima semana, antes de su despliegue inicialmente previsto para finales de noviembre. Se unirá al USS George H. W. Bush y al USS George Washington, ambos actualmente en el mar Arábigo.
Aunque el funcionario estadounidense afirmó que la probabilidad de nuevos ataques conjuntos de EE. UU. e Israel era alta, reconoció que Trump ha estado a punto de emprender acciones militares y se ha echado atrás más veces de las que se sabe públicamente. «Trump ha desistido de llevar a cabo operaciones de combate a gran escala contra Irán o los hutíes en siete ocasiones desde julio», afirmó el funcionario estadounidense, refiriéndose a Ansarallah, que lanzó una gran ofensiva contra grupos respaldados por Arabia Saudí en Yemen. «En el último momento, lo cancela».
Netanyahu, que va por detrás en las encuestas, afirmó el miércoles, sin aportar pruebas, que Irán estaba trabajando activamente en el desarrollo de un arma nuclear y dijo que había ordenado al ejército israelí que se preparara para una acción preventiva. «El régimen iraní aún no ha aprendido la lección. Mojtaba Jamenei ha decidido seguir los pasos de su padre. Ha quitado el seguro e Irán está intentando de nuevo desarrollar sus armas mortíferas», afirmó Netanyahu. «Solo hay una forma de eliminar esta amenaza de una vez por todas: derrocar al régimen de Irán, y esa es mi directiva para las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), el Mossad y los organismos de seguridad».
Los analistas afirman que Trump sigue persiguiendo una narrativa de victoria rotunda que se le resiste, mientras que Netanyahu es consciente de que esta puede ser su última oportunidad para continuar la guerra que ha promovido a lo largo de toda su carrera política.
«Esta es la última oportunidad que tiene Netanyahu para hacerlo. Y no va a rendirse hasta que haya movido cielo y tierra para conseguirlo. Sobre todo, sabiendo que o bien su carrera va a terminar, o bien Estados Unidos va a tomar un rumbo en el que esto ya no será una opción», afirmó Trita Parsi, destacado experto en Irán y vicepresidente ejecutivo del Quincy Institute. «Sospecho que Trump ya ha tomado la decisión de ir a la guerra», añadió. «Los israelíes han sabido aprovechar muy bien su psicología, que consiste en que está dispuesto a asumir riesgos enormes siempre que crea que eso le puede llevar a la victoria, para así evitar aceptar la derrota, algo que es crucial para él. Pero se trata de un error de cálculo colosal que empeorará la situación cien veces más».
La coincidencia de los intereses políticos de Trump y Netanyahu aumenta las posibilidades de que se reanude la guerra, sostiene el exnegociador estadounidense de alto rango para Irán, Robert Malley. «Puede que Netanyahu quiera una campaña más larga con objetivos más amplios. Puede que Trump quiera algo más breve de lo que pueda salir rápidamente. El punto de encuentro entre ambos bien podría ser una campaña intensa que no dure demasiado», afirmó Malley, una figura clave en la negociación del acuerdo nuclear con Irán de 2015. «Puede que el presidente Trump quiera una vuelta de honor y una vía de salida. Pero, como se ha demostrado una y otra vez, la salida no la decide él solo», señaló Malley, quien actualmente dirige el Programa de Oriente Medio del International Crisis Group. «Hay motivos de sobra para creer que los iraníes están preparando todo tipo de medidas, ya sean propias o de sus socios regionales, tanto dentro como fuera del teatro de operaciones, para garantizar que, por mucho que él desee una ronda de victoria y una vía de salida, se vea privado de ambas».
«Estamos preparados para la siguiente fase»
El general Rezaei es una de las figuras militares más destacadas de la historia moderna de Irán. Antiguo comandante del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, fue designado en agosto para desempeñar el cargo de asesor militar principal de Jamenei. Sus comentarios suelen considerarse un reflejo del consenso existente en las altas esferas del poder iraní. Ha declarado a Drop Site que, a pesar de las afirmaciones de EE. UU. de haber «destruido» o «diezmado» la infraestructura militar de Irán, este país llevaba décadas preparándose para una guerra de mayor envergadura que la librada por EE. UU.

El general Mohsen Rezaei asiste a una ceremonia en el santuario del ayatolá Ruhollah Jomeini, en el sur de Teherán (Irán), el 4 de junio de 2026. Foto de Morteza Nikoubazl/NurPhoto vía Getty Images.
«Irán lleva años invirtiendo en dotar a estas capacidades de redundancias: producción dispersa, instalaciones subterráneas, diferentes sistemas de lanzamiento y la capacidad de reparar daños y reponer pérdidas», declaró Rezaei a Drop Site. «Y lo que es más importante, no se debe evaluar nuestra capacidad limitándose a preguntar cuántos misiles quedan almacenados. En una guerra prolongada, la cuestión fundamental es si un país puede mantener un ciclo continuo de producción, despliegue y respuesta. Hemos demostrado que, incluso meses después del inicio de la guerra, seguimos siendo capaces de infligir pérdidas al adversario».
Rezaei también indicó que Teherán desplegaría nuevas capacidades en su respuesta de represalia. «No desplegamos todas nuestras capacidades en las fases anteriores. Hemos puesto en funcionamiento más capacidades en proporción a la intensidad de la guerra, y también estamos preparados para la siguiente fase», afirmó Rezaei.
Durante la guerra, Irán llevó a cabo al menos 135 ataques con drones y misiles contra 84 instalaciones de infraestructura crítica en siete países —Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos, Iraq, Catar, Kuwait, Omán y Baréin—, según una investigación de Reuters. Aunque los gobiernos del Golfo atribuyeron repetidamente los daños a la caída de escombros procedentes de misiles y drones iraníes interceptados, la investigación encontró pruebas de ataques deliberados y de precisión dirigidos contra equipos críticos. Los ataques demostraron «precisión, pericia en la selección de objetivos y paciencia», declaró a Reuters Ryan Stevens, antiguo coordinador de ataques aéreos de operaciones especiales del Cuerpo de Marines de EE. UU.
Haciéndose eco de la advertencia de Rezaei sobre las infraestructuras de comunicaciones, el portavoz del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, Hossein Mohebi, también amenazó con atacar los cables de Internet que atraviesan el estrecho de Ormuz si Estados Unidos lanzaba nuevos ataques. Mohebi advirtió además el lunes que otra operación militar estadounidense desencadenaría una crisis energética mundial. «Si Estados Unidos emprende una nueva acción —aunque sea limitada—, el mundo se enfrentará a una grave crisis energética», declaró al Tehran Times.
Rezaei no descartó atacar la infraestructura energética de los Estados del Golfo como medida de represalia. «Si la estrategia de EE. UU. consiste en prolongar la guerra utilizando la infraestructura energética de los países vecinos para compensar la presión derivada de Ormuz y mantener el bloqueo de Irán, esos gobiernos no deben dar por sentado que pueden participar en la guerra económica contra Irán sin ponerse en peligro», afirmó. «El mensaje no es que Irán quiera destruir el sistema energético del golfo Pérsico. El mensaje es que no puede haber ningún acuerdo en el que las arterias vitales de la economía iraní sean objeto de ataques, mientras que la arquitectura económica que permite esos ataques se considere intocable e inmune».
El alto cargo iraní señaló que el enfoque de Trump respecto a Irán se ha centrado en objetivos a corto plazo que a menudo están desconectados de las realidades geopolíticas o de los intereses fundamentales de EE. UU., comparándolo con un operador bursátil a corto plazo. «El secretismo propio de tiempos de guerra que rodea a las operaciones militares le ha proporcionado a él y a su familia un acceso exclusivo y extraordinario a información sobre acciones futuras y la situación de los mercados; un acceso del que solo se benefician sus allegados», afirmó. «Perpetuar la situación actual acarreará consecuencias estratégicas, entre las que destaca que los mercados energéticos no encontrarán la calma durante los próximos tres años. La prolongación de esta guerra ha cambiado la dinámica de las relaciones a favor de Irán, ya que los Estados ribereños del golfo Pérsico están redefiniendo rápidamente su relación con Irán, tras haberse convencido de que el ejército estadounidense es incapaz de defender sus propias bases, y ello en un momento en el que esos mismos Estados esperaban que Estados Unidos defendiera a sus países».
Las autoridades iraníes han afirmado en repetidas ocasiones que Irán no cederá en sus líneas rojas en ninguna negociación, señalando constantemente la aceptación por parte de Teherán del Memorándum de Entendimiento del 17 de junio, que fue rápidamente incumplido por EE. UU., lo que provocó la ruptura del proceso diplomático a principios de julio.
El ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, afirmó que presentó un «Plan de siete días» a EE. UU. a través de mediadores en la Asamblea General de la ONU del mes pasado, en el que se esbozaban los pasos para poner fin a la guerra y reabrir el estrecho de Ormuz. «Según esta propuesta, no se esperaría que EE. UU. hiciera nada que no haya acordado ya», escribió Araghchi en un artículo de opinión publicado el miércoles en el Financial Times. Afirmó que los pasos y el resultado del marco eran claros: «El estrecho se reabriría el sexto día, y la reanudación de las negociaciones para alcanzar un acuerdo definitivo comenzaría el séptimo día». Araghchi afirmó en una entrevista con la televisión iraquí que Estados Unidos había aceptado la propuesta de siete días, pero solicitó que se añadieran «unas cuantas cláusulas más», y añadió que los contactos diplomáticos a través de mediadores siguen en marcha.
«Como ha declarado el presidente Trump, Irán se encuentra en muy mala situación, tanto económica como militarmente, y el bloqueo seguirá en pleno vigor y efecto, con un flujo de petróleo que alcanza cifras récord de barriles a través del estrecho de Ormuz», declaró Kelly a Drop Site en un comunicado.
Rezaei dijo a Drop Site que la estrategia negociadora de Irán ha evolucionado como consecuencia de la falta de fiabilidad de Trump. «No volveremos a nuestro enfoque diplomático anterior, pero tampoco abandonaremos la diplomacia. Hemos presentado siete nuevas condiciones a través de intermediarios. Hasta que se cumplan esas condiciones, Irán no reabrirá el estrecho ni volverá a las negociaciones», afirmó Rezaei. «El primer memorándum fracasó porque los compromisos se aplicaron en el orden equivocado. Abrimos el estrecho y se reanudó el tráfico marítimo, pero los compromisos políticos y económicos de la otra parte no se cumplieron de forma que pudieran sostener el acuerdo. Una vez que Estados Unidos obtuvo lo que necesitaba de forma inmediata, el equilibrio de poder se inclinó. Esa experiencia ha sido importante para nosotros».
«Si Washington cumple sus compromisos, existe una vía para reabrir el estrecho de Ormuz y continuar con la diplomacia», prosiguió. «Pero Irán no va a renunciar primero a la ventaja que llevó a la otra parte a la mesa de negociaciones para luego esperar a ver si se cumplen sus promesas».
Parsi afirmó que Irán no está dispuesto a reanudar la guerra, pero ha reconocido que Estados Unidos ha tratado la vía diplomática como una operación de ultimátum disfrazada de negociaciones. «Su conclusión —basada ya en una amplia experiencia con Trump— es que él simplemente no dará marcha atrás a menos que su política le suponga un coste intolerable. Y que no son las concesiones ni las salidas que le permitan salvar las apariencias lo que hará que Trump dé marcha atrás, sino simplemente que la política resulte demasiado costosa».
Los ataques a buques en el estrecho de Ormuz y sus alrededores han alcanzado un máximo histórico en las últimas semanas, con más de dos docenas de embarcaciones que han denunciado ataques en lo que va de octubre, según datos publicados el viernes por la agencia británica Maritime Trade Operations. La agencia señaló que la cifra real probablemente fuera mucho mayor, ya que «la mayoría de los buques atacados» se negaban a informar de los incidentes.
El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) informó de nuevos ataques durante el fin de semana y hasta el martes, entre ellos un superpetrolero que transportaba dos millones de barriles de petróleo y que fue alcanzado el sábado, otro petrolero alcanzado el domingo y dos petroleros que, según afirmó, se incendiaron el martes tras chocar contra minas navales al sur del estrecho. Irán afirma que sus ataques se dirigen contra buques que violan sus restricciones marítimas o que utilizan rutas de navegación no autorizadas.
«En los últimos dos o tres meses, hemos interceptado cada noche una media de cinco embarcaciones pertenecientes a estos contrabandistas», afirmó Rezaei. «El contrabando se lleva a cabo a lo largo del extremo sur del estrecho, con un coste enorme y un riesgo considerable. Y luego Trump dice que el estrecho de Ormuz está abierto».
A pesar de la escalada de ataques, las exportaciones de petróleo desde Oriente Medio parecen haberse recuperado hasta superar los niveles previos a la guerra, principalmente mediante trasvases de petrolero a petrolero en el golfo de Omán y el uso cada vez mayor de los oleoductos saudíes y emiratíes que evitan el estrecho de Ormuz. Sin embargo, los precios del petróleo siguen siendo elevados, situándose muy por encima de los 100 dólares por barril de crudo Brent, en medio de los temores por los continuos ataques y la disminución de las reservas de combustible de EE. UU. «El precio actual del petróleo refleja la realidad», afirmó Rezaei.
«La gestión de Ormuz es un activo nacional para nosotros, y no se trata simplemente de recaudar peajes. La cuestión principal es la seguridad», prosiguió. «También se pueden cobrar tasas por los costes de seguridad, seguros y medio ambiente, pero la importancia de gestionar el estrecho va mucho más allá de los ingresos que genera», señaló. «Seguiremos gestionándolo para mantener la paz y la seguridad en la región, y no daremos marcha atrás en esta postura».
El alto cargo iraní afirmó que el enfrentamiento por el estrecho de Ormuz «se ha convertido en el nuevo pretexto —la cuestión nuclear, anteriormente, fue una mentira sobre la que se desencadenó la guerra— para que Estados Unidos prolongue la guerra». Trump, denunció, «ha caído en la trampa de prolongar lo que se anunció como la guerra más corta». Una «guerra de desgaste», afirmó, «beneficiará a Irán y perjudicará a Estados Unidos».
La guerra ha tenido un impacto devastador en la economía iraní. Como parte de la escalada de tensiones durante el verano, Estados Unidos volvió a imponer un bloqueo sobre los puertos del sur de Irán y puso en marcha una nueva campaña de sanciones denominada «Operación Paria Económico». A raíz de ello, el rial iraní se desplomó, cayendo a mínimos históricos, lo que encareció drásticamente las importaciones y agravó aún más la escasez que sufre la población iraní.
«Irán sufrirá las consecuencias de un bloqueo prolongado; quien diga lo contrario no está siendo realista. Las familias asumirán los costes, la inversión se verá afectada y será más difícil mantener algunos sectores de la economía. Pero el sufrimiento económico y el colapso estratégico no son lo mismo», afirmó Rezaei. «Washington ha cometido repetidamente el error de dar por sentado que, si consigue dificultar lo suficiente la vida en Irán, el sistema político iraní acabará aceptando las exigencias estratégicas de Estados Unidos. Se trata de dos cálculos diferentes».
«Nuestro objetivo no es llegar hasta 2029. Nuestro objetivo es poner fin a la guerra en condiciones que reduzcan la probabilidad de que se produzca otra guerra».
(Sharif Abdel Kouddous ha contribuido a este reportaje. Este artículo se publica en colaboración con Egab.)
Foto de portada: Personas que pasan junto a una pancarta en la que aparecen los retratos del antiguo líder supremo de Irán, el ayatolá Ruhollah Jomeini (izquierda), del líder supremo actual, el ayatolá Mojtaba Jamenei (centro), y del líder supremo asesinado, el ayatolá Ali Jamenei (derecha), en Teherán, el 21 de octubre de 2026. (ATTA KENARE/AFP vía Getty Images)