Un marco para la paz en Ucrania

Jeffrey Sachs, Common Dreams, 20 octubre 2026

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Jeffrey D. Sachs es catedrático y director del Centro para el Desarrollo Sostenible de la Universidad de Columbia, donde dirigió el Instituto de la Tierra desde 2002 hasta 2016. También es presidente de la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas y miembro de la Comisión de las Naciones Unidas sobre la Banda Ancha para el Desarrollo. Ha sido asesor de tres secretarios generales de las Naciones Unidas y, en la actualidad, ejerce como defensor de los Defensores de los Objetivos para el Desarrollo Sostenible (ODS) bajo el mandato del secretario general Antonio Guterres. Sachs es autor, entre otras obras, de «A New Foreign Policy: Beyond American Exceptionalism» (2020). También de los libros: «Building the New American Economy: Smart, Fair, and Sustainable» (2017) y «The Age of Sustainable Development» (2015), escrito junto con Ban Ki-moon.

La guerra en Ucrania puede terminarse de forma definitiva en condiciones que protejan la soberanía de Ucrania, satisfagan las preocupaciones de Rusia en materia de seguridad y sienten las bases para un orden de seguridad europeo duradero. Ahora que se prepara una nueva ronda de negociaciones en Noruega, propongo un acuerdo que se concluya como un paquete único, firmado por Ucrania y Rusia, adoptado mediante votación del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en virtud del capítulo VII de la Carta y garantizado conjuntamente por los cinco miembros permanentes del Consejo junto con otros Estados que decidan sumarse. La propuesta se basa en el principio de seguridad indivisible establecido en el Acta Final de Helsinki y en la Carta de París.

El paquete incluiría cuatro compromisos fundamentales:

El primero es la neutralidad permanente de Ucrania, adoptada en una ley constitucional siguiendo el modelo de la ley austriaca de 1955, lo que supondría el retorno de Ucrania a la decisión fundacional de su Declaración de Soberanía Estatal de 1990. Ucrania no se adheriría a ninguna alianza militar ni acogería bases o fuerzas extranjeras, ya sean de la OTAN, de la Unión Europea, de sus Estados miembros o de Rusia. La neutralidad no significaría desarme, y Ucrania mantendría fuerzas armadas para su propia defensa.

El segundo es que Ucrania proseguiría con su candidatura a la adhesión a la Unión Europea como Estado permanentemente neutral, con un protocolo de neutralidad en su tratado de adhesión siguiendo el modelo de Irlanda, y Rusia afirmaría que la adhesión de Ucrania a la UE es compatible con la seguridad de Rusia.

El tercero es una línea de armisticio trazada a lo largo de la línea de contacto en la fecha de la firma. Cada parte ejercería jurisdicción de facto en su lado de la línea, ninguna reconocería las reivindicaciones territoriales de la otra, y ambas renunciarían al uso de la fuerza en cualquier ajuste futuro. Esta fórmula es compatible con las constituciones de ambos países, que prohíben o restringen severamente la cesión de territorio.

El cuarto es el fin de la ampliación de la OTAN hacia el este. En el momento de la firma, el Consejo del Atlántico Norte declararía que la OTAN no admitirá a Ucrania ni a otros nuevos miembros de Europa del Este o del Cáucaso Meridional, retirando así el compromiso de Bucarest de 2008.

El acuerdo entraría en vigor como un cese permanente de las hostilidades en el momento de la firma, y no como un cese temporal, y sus disposiciones se aplicarían por etapas bajo supervisión internacional. Ningún elemento se negociaría de forma aislada, y a ninguna de las partes se le pediría que hiciera concesiones antes de la firma.

Los acuerdos territoriales están diseñados para atender las preocupaciones y reivindicaciones de ambas partes. Las fuerzas ucranianas se retirarían de la parte de la región de Donetsk que Ucrania controla actualmente, la cual se convertiría en una zona especial desmilitarizada. Las fuerzas rusas no entrarían en ella, la administración civil local existente seguiría funcionando y su estatuto definitivo se dejaría abierto a negociación. Rusia se retiraría de las zonas que controla en la región de Dnipropetrovsk y del istmo de Kinburn. Se establecería una Zona de Seguridad del Norte desmilitarizada a ambos lados de la frontera ruso-ucraniana, y las fuerzas rusas abandonarían las zonas que controlan en las regiones de Járkov y Sumy a medida que las fuerzas ucranianas se retiraran de su lado. La central nuclear de Zaporizhzhia permanecería bajo control ruso con la supervisión de seguridad del OIEA y vendería a Ucrania una parte acordada de su electricidad a precio de coste.

Se establecería un cinturón desmilitarizado a ambos lados de la línea de armisticio, con la retirada de las armas pesadas y los sistemas de ataque de largo alcance a distancias acordadas, y se aplicarían límites máximos recíprocos a las fuerzas en las regiones fronterizas de ambos lados. En el mar Negro y el mar de Azov, la navegación comercial sería libre para todos los puertos ucranianos y rusos, y se prohibirían los ataques contra el transporte marítimo y los puertos.

El acuerdo en Ucrania también debería marcar el inicio de la recuperación de la seguridad europea en su conjunto. La OTAN y Rusia acordarían una moratoria sobre los misiles de alcance intermedio lanzados desde tierra en Europa, se abstendrían de desplegar armas nucleares en ningún otro Estado y restablecerían el Consejo OTAN-Rusia. Se restablecerían las relaciones diplomáticas normales entre ambas partes. Las partes convocarían la primera cumbre de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa desde 2010 para encomendar a la OSCE la supervisión del acuerdo, la verificación de los límites de armamento y la supervisión de las disposiciones en materia de derechos.

Las cuestiones relacionadas con la lengua, la educación, la cultura y la religión se resolverían de acuerdo con las normas europeas, tratándose la lengua rusa en las mismas condiciones que las demás lenguas minoritarias de Ucrania, y Rusia aceptaría las mismas obligaciones para con los hablantes de ucraniano y las comunidades religiosas situadas en su lado de la línea de demarcación. Todas las obligaciones relativas al extremismo y a la incitación serían recíprocas y estarían supervisadas por la OSCE. Los prisioneros de guerra se intercambiarían según el principio de «todos por todos», se liberaría a los civiles detenidos y se reunificaría a los niños separados con sus familias.

Las sanciones se levantarían a lo largo de 2027. También se desbloquearían los activos soberanos rusos inmovilizados y se restituiría la propiedad privada incautada o inmovilizada en ambos lados. Un fondo internacional de reconstrucción administrado por el Banco Europeo de Inversiones financiaría la reconstrucción a ambos lados de la línea, con contribuciones de todas las partes, incluida Rusia, en un esfuerzo común, más que como una forma de reparación. El tránsito de gas a través de Ucrania podría reanudarse siempre que hubiera compradores dispuestos a adquirirlo, sin que la Unión Europea asumiera ningún compromiso de compra de gas ruso.

Un informe sobre una violación grave por parte de una misión de observación de la OSCE, integrada por observadores desarmados de Estados no pertenecientes a la OTAN, daría lugar a consultas entre los garantes y a la remisión del asunto al Consejo de Seguridad. Ucrania levantaría la ley marcial y celebraría elecciones bajo la observación de la OSCE, y la Rada Suprema recién elegida ratificaría el acuerdo y aprobaría la ley constitucional sobre neutralidad, mientras que la Asamblea Federal de Rusia lo ratificaría en la misma fase.

Este acuerdo propuesto aborda las causas de la guerra, en lugar de limitarse únicamente a sus síntomas. Europa ha estado prácticamente ausente del diseño de la paz. Al proponer este marco, los gobiernos europeos pueden asumir el liderazgo en la construcción de la seguridad indivisible de Europa y contribuir a poner fin a una guerra que ha costado cientos de miles de vidas y que conlleva un riesgo continuo de confrontación entre potencias nucleares.

Foto de portada: Bomberos trabajando para extinguir un incendio en las ruinas de un edificio gravemente dañado tras los ataques rusos contra la capital ucraniana, Kiev, el 24 de mayo de 2026. (Foto de Vladyslav Musienko / AFP vía Getty Images)

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