Los palestinos que viven en Israel votan para garantizar su propia supervivencia

Lubna Masarwa, Middle East Eye, 27 octubre 2026

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Lubna Masarwa es periodista y directora de la oficina de la delegación de Middle East Eye en Palestina e Israel, con sede en Jerusalén.

Ibrahim Said ha venido boicoteando las elecciones israelíes desde la última vez que votó, en 1980.

Han pasado diversos partidos políticos, prometiéndole defender sus intereses si resultaban elegidos; incluso llegaron a prometerle ayuda para recuperar sus tierras en al-Birwa, la localidad de la que su familia fue desplazada durante la Nakba de 1948.

Sin embargo, la situación de los ciudadanos palestinos de Israel nunca mejoró. A sus 70 años, Said sentía que la democracia israelí no tenía nada que ofrecerle a él ni a su comunidad.

Este año, la situación es completamente distinta.

«Sin lugar a duda, esta vez debemos votar. Vivimos con miedo», comenta Said a Middle East Eye desde su garaje en la región de Galilea.

La jornada electoral tendrá lugar este martes, cuatro años después de los últimos comicios, que devolvieron a Benjamin Netanyahu al poder y otorgaron una enorme influencia a sus aliados —partidarios de la supremacía judía—, Bezalel Smotrich e Itamar Ben Gvir.

Durante este tiempo, Israel ha llevado a cabo un genocidio en Gaza, mientras que, en la Cisjordania ocupada, la vida se ha visto asfixiada por cierres, estrangulamiento económico y ataques cada vez más frecuentes por parte de los colonos.

Mientras tanto, en lo que respecta a las comunidades palestinas en Israel, las autoridades israelíes han permitido que el crimen organizado campe a sus anchas, al tiempo que se ha disparado el nivel de discriminación violenta.

El simple hecho de mostrar un mínimo de preocupación por los palestinos en Gaza y Cisjordania puede acarrear a los ciudadanos palestinos de Israel detenciones, despidos o verse sometidos a aterradoras campañas de odio en internet y en los medios de comunicación.

Existen tres partidos políticos que, incluso, han convertido la deportación y el desplazamiento de los palestinos en un eje central de su campaña electoral.

El partido Sionismo Religioso, de Smotrich, por ejemplo, promete «judaizar» Galilea y el Negev, dos zonas de Israel donde residen cientos de miles de palestinos.

Lo que está en juego para los ciudadanos palestinos de Israel nunca ha sido tan importante.

«No nos sentimos seguros. La sensación de seguridad ha desaparecido por completo; y me refiero a la seguridad en todos los niveles», afirma Said. «No solo me siento como un ciudadano de segunda categoría, sino como uno de vigésima categoría».

Falta de confianza en el sistema

En las elecciones de 2022, solo el 54% de los ciudadanos palestinos de Israel acudió a votar. Este martes, algunas encuestas y analistas sugieren que esa cifra podría aumentar hasta el 68% o más.

Esto otorgaría a la Lista Conjunta y a Raam —los partidos que tradicionalmente representan a la comunidad palestina— cerca de 15 de los 120 escaños del Parlamento israelí, la Knéset, igualando así el máximo histórico alcanzado en 2020.

«Creo que la participación podría llegar al 72% o 73%. Si Dios quiere, tal vez incluso más. La jornada electoral podría deparar muchas sorpresas», comenta a MEE Amir Fajoury, analista del centro de estudios Van Leer, con sede en Israel.

Los palestinos no acuden a las urnas simplemente para intentar derogar la Ley del Estado-nación de 2018 —que consagró la supremacía judía sobre los ciudadanos palestinos—, ni para conseguir mayores presupuestos o más derechos.

«Votamos para evitar el desplazamiento y proteger las condiciones más básicas de nuestra existencia», señala Fajoury.

Fajoury apunta que, por lo general, la participación de las minorías en los procesos electorales refleja confianza en el sistema democrático. Aquí, sostiene, ocurre lo contrario: «una falta de confianza en las instituciones estatales y un intento de aferrarse a las fuerzas políticas o a los acuerdos gubernamentales que puedan ofrecer cierta protección».

«Hoy en día, la supervivencia se ha convertido en la motivación predominante», afirma Fajoury.

«Cuando los palestinos que viven dentro de Israel dicen que votan para evitar que les ocurra a ellos lo que sucedió en Gaza o en Cisjordania, hay que reflexionar sobre lo que eso significa realmente», añade.

«Están diciendo que quieren evitar una limpieza étnica o un genocidio. ¿Y por parte de quién? De su propio Estado. Del Estado del que, supuestamente, son ciudadanos».

«Sigo sintiendo una profunda inquietud»

Jowan Safadi ha pasado las semanas previas a la jornada electoral indeciso sobre qué camino tomar.

Este reconocido músico, popular en todo el mundo árabe, siempre ha mantenido una postura de boicot hacia las elecciones israelíes. Según explica a MEE, esto se basa en «un principio muy sencillo: se supone que las elecciones son un proceso democrático, y este Estado no es democrático».

Señala que, entre el río Jordán y el mar Mediterráneo, vive un número casi igual de judíos y palestinos bajo control israelí.

Sin embargo, solo los 2,1 millones de ciudadanos palestinos de Israel —que representan el 20% de la población oficial del país— pueden participar en las elecciones legislativas; ni siquiera la esposa de Safadi se encuentra entre ellos.

«Todo el sistema es injusto desde el principio. Te ofrecen un espacio muy reducido para ejercer influencia política, pero nunca puedes llegar realmente a una posición desde la que poder influir de manera significativa en la política israelí», afirma.

«El proceso electoral no es más que una fachada democrática que permite a Israel afirmar que es una democracia. Esa ha sido siempre la razón principal de mi negativa a participar».

No obstante, Safadi ha empezado a replantearse su postura. El extremismo que se ha apoderado del gobierno y la sociedad israelíes exige algún tipo de acción, y votar podría ser una de las pocas opciones al alcance de ciudadanos palestinos como él.

«Mi única esperanza es que, al cambiar a quienes están en el poder, llegue alguien un poco menos bárbaro y sádico. En el fondo, se trata de pasar de algo terrible a algo marginalmente menos terrible», comenta.

«Aun así, sigo sintiendo una profunda inquietud, porque sé que las alternativas podrían ser peores».

El debate sobre el voto entre palestinos como Safadi —quienes tradicionalmente han boicoteado las elecciones— ha sido muy intenso y ha generado controversia dentro de la comunidad.

Safadi cuenta que no pudo dormir después de escribir en sus redes sociales que tal vez vote este año.

«No dejaba de darle vueltas. ¿Cómo podría hacer esto? ¿A quién votaría? ¿Cómo voy a elegir entre esta gente?», se pregunta. Bien podría ser que boicotear las elecciones produzca, a largo plazo, mejores resultados que participar en esta elección en particular.

Espoleados ​​por la extrema derecha

Safadi afirma que, si llega a votar, será a pesar de las campañas de la Lista Conjunta y de Raam, y no gracias a ellas.

Considera que algo se ha «desmoronado» en la política árabe; le resulta indignante ver a los partidos palestinos hacer campaña con total normalidad después de todo lo ocurrido en Gaza, Cisjordania e Israel.

«Nos enfrentamos a una crisis existencial, a una amenaza para nuestra propia existencia, y, sin embargo, estos políticos siguen actuando como si nada fundamental hubiera cambiado. Incluso tras un genocidio, su lenguaje político no ha variado en proporción a la magnitud de lo sucedido».

Al igual que muchas otras personas con las que ha hablado MEE, Safadi atribuye a Smotrich y a Ben Gvir el mérito de haber movilizado el voto palestino.

«La derecha israelí ha hecho más por convencerme de votar que los propios partidos árabes», señala Safadi. «Ben Gvir y Smotrich han hecho, en la práctica, la campaña electoral por las listas árabes».

Esto ha tenido repercusiones tangibles para los partidos árabes en otros aspectos.

Según una fuente de la Lista Conjunta, estas formaciones están gastando mucho menos dinero en sus campañas que en años anteriores, ya que los votantes se sienten impulsados ​​a actuar ante la aterradora retórica empleada por el Sionismo Religioso de Smotrich, Poder Judío de Ben Gvir y Amcha Yisrael, un nuevo partido de extrema derecha fundado por un exgeneral de línea dura.

Como explica el analista Fajoury: «Tenemos ministros en el gobierno cuya actividad política se centra en humillarnos, degradar nuestra ciudadanía y atacar nuestra propia existencia».

La hostilidad hacia los ciudadanos palestinos de Israel no es, ni mucho menos, exclusiva de la extrema derecha.

Adham, un mecánico del norte de Israel que prefiere ser identificado únicamente por su nombre de pila, asistió recientemente a un acto de campaña de Naftali Bennett, líder de «Juntos», uno de los principales partidos de la oposición.

Varios asistentes preguntaron en repetidas ocasiones si Bennett formaría gobierno con partidos árabes.

Un antiguo funcionario del Mossad, presente en el acto para animar a los asistentes a votar por el ex primer ministro, les aseguró reiteradamente que no formarían ninguna coalición con partidos árabes. «No fue agradable», dice Adham, «pero creo que es simplemente parte de la campaña electoral. Puede que cambien de postura una vez que se conozcan los resultados de las elecciones».

Esta hostilidad por parte de los israelíes judíos se ha vuelto algo habitual. Adham cuenta que su esposa ha sido marginada en la escuela donde trabaja desde el ataque del 7 de octubre y el genocidio en Gaza.

Sin embargo, su prioridad, como padre de tres hijos, es garantizar que estos puedan vivir seguros, en un contexto donde la delincuencia violenta campa a sus anchas en las comunidades palestinas.

«El crimen organizado y la cantidad de personas que mueren asesinadas en las comunidades árabes no me dejan dormir. Tengo dos hijos adultos y no me acuesto hasta que están en casa. No les permito quedarse fuera después de las diez de la noche», afirma.

«Me preocupo por mis hijos constantemente, y este gobierno no ha hecho nada para protegernos de la delincuencia».

Por ello, Adham votará por el partido Raam, liderado por Mansour Abbas; una formación socialmente conservadora que ha intentado atraer votantes prometiendo beneficios concretos para la comunidad palestina mediante alianzas con fuerzas políticas sionistas israelíes hostiles.

Cabe destacar que, este año, Yoav Segalovich —un judío sionista y exgeneral de división de la policía, conocido por su labor en el combate contra la delincuencia en comunidades árabes— figura en la lista electoral de Raam.

El candidato palestino Mansour Abbas, líder del partido Raam, sostiene a su hija mientras deposita su voto en un colegio electoral en Maghar, Israel, el 27 de octubre de 2026 (Reuters/Rami Shlush).

Para muchos ciudadanos palestinos de Israel, el derecho fundamental a estar seguros en sus propios hogares es lo que está en juego en estas elecciones.

El año pasado se registraron 252 homicidios en comunidades palestinas de Israel, y en el primer semestre de 2026 se produjeron otros 147. La policía solo logró esclarecer el 12 por ciento de estos asesinatos en lo que va de año.

Sin embargo, la sensación de inseguridad es mucho más profunda.

«Incluso cuando quiero visitar una ciudad judía, o una ciudad mixta árabe-judía, siento miedo», comenta Maha Mohammed, una maestra que reside en Um al-Fahm, una localidad del norte de mayoría palestina.

«Eso incluye Yafa, mi ciudad natal, donde nací y donde permanecen mi corazón y mi sentido de pertenencia. Incluso allí, una camina con miedo. Te preocupa subirte a un autobús o transitar por una zona donde conviven árabes y judíos», añade.

«Como mujer que lleva hiyab —cuya vestimenta refleja visiblemente su identidad religiosa—, una siente ansiedad y no puede ser plenamente ella misma. También percibes que quienes te rodean pueden sentir miedo o incomodidad ante tu presencia. Empiezas a preguntarte si la persona que pasa a tu lado te tiene miedo».

Mohammed señala que, para las mujeres de Um al-Fahm, la delincuencia y la falta de seguridad en las calles figuran entre sus mayores preocupaciones. «Quieren seguridad para sí mismos, para sus hijos, sus familias, sus vecinos, las personas que los rodean y toda su comunidad. Es lo más básico que piden», afirma ella.

«Votamos para reafirmar que existimos, que estamos aquí y que nuestra presencia en este país importa».

Foto de portada: Una mujer espera para votar en un colegio electoral durante las elecciones nacionales en la ciudad palestina de Um al-Fahm, en el norte de Israel, el 27 de octubre de 2026 (Reuters/Ammar Awad).

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