Chris Hedges, The Chris Hedges Report, 4 noviembre 2026
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Chris Hedges es un escritor y periodista independiente que trabajó durante casi dos décadas como corresponsal extranjero para The New York Times, la National Public Radio y otros medios en Latinoamérica, Oriente Medio y los Balcanes. Formó parte del equipo de reporteros de The New York Times que ganó un Premio Pulitzer por su cobertura del terrorismo global. Hedges es miembro del Nation Institute y autor de numerosos libros, entre ellos War is a Force That Gives Us Meaning.
Puede que los demócratas hayan tomado el control de la Cámara de Representantes y del Senado, y que hayan humillado a Donald Trump y al Partido Republicano, pero la verdadera lucha no ha hecho más que empezar. No se trata simplemente de una batalla para hacer rendir cuentas al régimen corrupto de Trump, algo que solo podrá lograrse si los demócratas están dispuestos a superar su reticencia a iniciar un proceso de destitución contra el presidente. También es una batalla para barrer con la jerarquía del Partido Demócrata, sometida a los intereses corporativos, incluidos Chuck Schumer y Hakeem Jeffries.
El Partido Demócrata, desde la presidencia de Bill Clinton —quien nos trajo el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), la mayor traición a la clase trabajadora desde la Ley Taft-Hartley de 1947, y que desmanteló los programas de bienestar social de la era del New Deal, como la Ayuda a las Familias con Hijos a Cargo, es una versión más pulida del dominio corporativo y oligárquico, abyectamente subordinada a la maquinaria bélica, al lobby israelí y a sus patrocinadores de la clase multimillonaria.
El país está destrozado. La corrupción, en ambos partidos, es endémica. Las agencias federales han sido vaciadas de contenido y destruidas. Los tribunales, incluido el Tribunal Supremo, han caído en manos de ideólogos de derechas. La clase trabajadora está agobiada por la esclavitud de las deudas y unos salarios por debajo del mínimo. Las normas y protecciones constitucionales han sido eliminadas. Los multimillonarios, incluido Trump, pagan pocos o ningún impuesto sobre la renta. La sentencia del Tribunal Supremo de 2010 en el caso Citizens United, que permite a las grandes empresas financiar a los candidatos que ellas mismas eligen, sustenta un sistema de soborno legalizado.
Puede que la ciudadanía clame por un aumento del salario mínimo, un sistema sanitario universal, la regulación de los grandes bancos y las sociedades de capital riesgo, el fin de los envíos de armas a Israel y una reforma de la financiación de las campañas electorales, pero nadie en la cúpula del Partido Demócrata escucha ni se preocupa. Sirven a quienes les pagan.
¿Se permitirá que el capitalismo salvaje, que nos venden bajo el nombre edulcorado de «neoliberalismo», siga empobreciendo a la ciudadanía y canalizando la riqueza hacia arriba, en manos del 1%? ¿Se regularán y controlarán las empresas? ¿Se llevará a juicio a los delincuentes corporativos? ¿Se restablecerá nuestra democracia? ¿O se normalizará la grotesca imagen de un billonario, Elon Musk, desmantelando agencias federales e invirtiendo cientos de millones en las elecciones para intentar controlar el resultado?
El puñado de políticos que intentan hacer frente a la corrupción y a la devastación infligida a la clase trabajadora estadounidense a través de la desindustrialización y la desregulación, como Bernie Sanders, ven cómo sus campañas son saboteadas por la dirección del Partido Demócrata, incluido Barack Obama.
Debemos exigir que los candidatos progresistas, entre ellos el senador electo por Míchigan Abdul El-Sayed y Troy Jackson, de Maine, formen coaliciones para derrocar a la dirección del Partido Demócrata, aumentar el salario mínimo, implantar la sanidad universal, enjuiciar los delitos corporativos y someter a Trump a un proceso de destitución. Va a depender de nosotros.
La jerarquía del Partido Demócrata interpretará los resultados no como un rechazo a Trump, sino como un respaldo a la postura débil e ineficaz de un partido que defiende poco y lucha aún menos. Esto supondría una traición más de los demócratas a los votantes. Mantendría viva la posibilidad muy real de que otro fascista, mejor organizado y más inteligente, se haga con la Casa Blanca dentro de dos años.
Por supuesto, esta lucha significará no solo deshacerse de una dirección corrupta del Partido Demócrata, sino también enfrentarse a los megadonantes, los grupos de presión y las grandes empresas que financian y controlan el Partido Demócrata.
El esfuerzo por arrebatar el partido de las manos de las corporaciones y los oligarcas será encarnizado y difícil. Nos obligará a confiar en el poder de los movimientos de masas para romper estos lazos. Nada más va a funcionar.
Si fracasamos, nuestra anémica democracia no se salvará con estas elecciones de mitad de legislatura, sino que estará condenada.
Foto de portada: El expresidente Barack Obama junto al candidato demócrata al Senado, el Dr. Abdul El-Sayed, durante un mitin para animar a votar celebrado el 24 de octubre de 2026 en Detroit, Míchigan. (Foto de Spencer Platt/Getty Images)