Una Nakba constante: La tarea interminable del colonialismo israelí

Joseph Massad, Middle East Eye, 16 mayo 2023

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Joseph Massad es profesor de política árabe moderna e historia intelectual en la Universidad de Columbia, Nueva York. Es autor de numerosos libros y artículos académicos y periodísticos. Entre sus libros destacan Colonial Effects: The Making of National Identity in Jordan; Desiring Arabs; The Persistence of the Palestinian Question: Essays on Zionism and the Palestinians, y más recientemente Islam in Liberalism. Sus libros y artículos se han traducido a una docena de idiomas.

El colonialismo de asentamientos es un trabajo duro. Robar la tierra a los nativos requiere esfuerzos y estratagemas incesantes, por no mencionar el placer sádico que experimentan los colonos al reprimir la resistencia indígena con la máxima violencia.

Desde su creación, el movimiento sionista y el Estado de Israel se han comprometido con esta estrategia a largo plazo, que siguen con fanática determinación. En eso, Israel no es excepcional en los anales de las colonias de colonos blancos, sino más bien ejemplar.

Coincidiendo con el 75 aniversario del colonialismo con colonos judíos, éstos se afanaron la semana pasada en establecer su nueva colonia en tierras palestinas robadas, cerca de la aldea palestina de Mukhmas, en las afueras de la colonizada Jerusalén Este. Mientras tanto, las autoridades israelíes demolían una escuela primaria palestina como parte del continuo robo israelí de tierras palestinas destinadas a la colonización judía.

Para frenar la persistente resistencia palestina a la colonización judía, el ejército israelí lanzó en las últimas semanas numerosos ataques en Cisjordania y Gaza, matando a decenas de palestinos, entre ellos mujeres y niños.

Como es obvio, la colonización judía en Palestina nunca termina, siempre es una obra en curso. Comenzó en 1882 con la llegada de los primeros colonos rusos y ucranianos procedentes de Odesa y continúa hoy sin descanso.

Intisar Muhana, de 97 años, que se vio obligada a huir de la aldea de al-Masmiyya, despoblada durante la «Nakba«, aparece sentada frente a los escombros de su casa, recientemente destruida por los ataques aéreos israelíes sobre Gaza del 14 de mayo de 2023 (Reuters).

Reclamaciones de los colonos

El robo de tierras palestinas, sin embargo, no se logró sin la oposición de los nativos. Cuando los colonos judíos empezaron en 1884 a cultivar las tierras robadas de una de sus primeras colonias, a la que llamaron Petah Tikva, la resistencia campesina palestina les hizo frente. Esto se intensificó aún más en 1886, cuando los colonos ampliaron sus cultivos a más tierras robadas. Los campesinos atacaron la colonia e hirieron a varios colonos judíos, uno de los cuales murió más tarde.

Bajo la presión de los cónsules europeos, que apoyaban la colonización cristiana y judía de tierras palestinas, las autoridades otomanas detuvieron a 31 campesinos palestinos. Esto no frenó la resistencia palestina, ya que a partir de 1884 y hasta la década de 1890, la resistencia campesina palestina tuvo como objetivo las colonias judías, incluidas Gedera, Rehovot, Nes Ziyyona y Hadera: «Apenas había una colonia judía que no entrara en conflicto en algún momento» con los campesinos palestinos nativos.

La primera década del siglo XX fue testigo de otro aumento de la colonización judía y de la resistencia palestina. En abril de 1909, los campesinos que habían perdido más tierras a manos de las colonias judías europeas cerca de Tiberíades atacaron a los colonos. Uno de los colonos judíos europeos, Chaim Dubner, mató a tiros a Radi Saffuri, un campesino cristiano palestino del pueblo de Kafr Kanna.

Esta foto, fechada el 15 de septiembre de 1948, muestra a una refugiada palestina y a su hijo separados de su hogar por la «línea verde» tras la Nakba, o catástrofe, de 1948 (AFP).

Los campesinos musulmanes y cristianos de Kafr Kanna tomaron represalias y mataron a dos de los colonos. Saffuri fue quizá una de las primeras víctimas palestinas del terror asesino de los colonos. Las docenas de palestinos que Israel ha matado sin piedad en los últimos días son sólo las últimas.

Para justificar su necesidad de robar tierras palestinas y asesinar a los palestinos que se resisten a su robo colonial, los sionistas han adoptado varios argumentos tradicionales de los colonos coloniales europeos durante el último siglo y medio, que siguen teniendo tanto éxito entre los periódicos parroquiales y racistas dominantes en el Occidente imperial, como lo tuvieron cuando se exhibieron por primera vez.

De hecho, la propaganda israelí es esgrimida con tanto vigor por las autoridades imperiales de EE. UU. y la UE como por los expertos de la corriente dominante, en su mayoría estrechos de miras e insensibles, cuyo apoyo a las empresas coloniales nunca ha disminuido.

La falta de excepcionalismo de Israel, por no hablar de la ausencia de originalidad en sus argumentos, es digna de mención. Siguiendo los pasos del colonialismo francés (y más tarde italiano) del norte de África -que afirmaba que los franceses (y los italianos) estaban «regresando» a su propio territorio imperial romano y que los nativos árabes del norte de África eran los verdaderos colonos de estas tierras romanas europeas-, los colonos judíos también reivindicaron su carácter de indígenas en Palestina.

Tomando prestada el invento cristiano antisemita del mito judío de los orígenes, los sionistas presentaron a los judíos europeos como los «descendientes» de los antiguos hebreos palestinos que simplemente «regresaban» a su antiguo hogar. Los nativos palestinos, afirmaban, eran en realidad los colonos de esta antigua tierra «judía». La trágica ironía, sin embargo, es que los líderes sionistas, incluido David Ben Gurion, habían insistido en un momento de sobriedad en que eran los palestinos indígenas los descendientes de los antiguos hebreos.

Justificaciones coloniales

La persecución antijudía europea, exacerbada por los pogromos rusos a partir de 1881 y el caso Dreyfus francés a mediados de la década de 1890, se movilizó como justificación moral para la colonización sionista de Palestina y otras regiones del mundo. La infame masacre de Kishinev de 1903, en la que murieron 49 judíos, provocó el horror y las condenas occidentales, y precipitó la oferta británica a los sionistas de las tierras altas de Kenia (conocidas como el «Plan Uganda») para la colonización judía.

Los argumentos coloniales sionistas son parecidos a los de los colonos peregrinos europeos que justificaron su conquista de Norteamérica en el siglo XVII alegando que, debido a la religión, habían sido «perseguidos y cazados por todas partes» en Inglaterra. Los protestantes ingleses gobernantes de la época habían «ejecutado a algunos separatistas por sedición, quemado a media docena de antitrinitarios por herejía y ahorcado a entre 120 y 130 sacerdotes católicos por traición».

Aunque los peregrinos no huyeron, de hecho, de la persecución, ya que se trasladaron a la República Holandesa, donde encontraron tolerancia religiosa, tampoco lo hicieron los judíos europeos. Para cuando el antisemita ministro de Asuntos Exteriores evangélico británico emitió la Declaración Balfour en 1917, Dreyfus había sido oficialmente exonerado en 1906 y el antisemitismo oficial francés había terminado para regocijo de los judíos franceses antisionistas (de lo que los sionistas se resintieron). Y para cuando se estableció el Mandato Británico sobre Palestina en 1922, los soviéticos, que se habían comprometido a acabar con todos los residuos del antisemitismo, habían derrotado a las fuerzas zaristas y puesto fin a sus desmanes y asesinatos masivos de judíos durante la Guerra Civil.

De hecho, el triunfo de la Revolución Rusa «resolvió» el «problema judío» en la recién creada Unión Soviética, como se vio obligada a reconocer incluso la activista intelectual judía germano-estadounidense antisoviética Hannah Arendt, para horror de los sionistas: «La Revolución Rusa ha asestado un golpe a la primera afirmación [sionista] de que la cuestión judía sólo puede resolverse en Palestina y que el antisemitismo sólo puede erradicarse mediante la construcción en Palestina, en otras palabras, mediante el éxodo de los judíos de sus antiguas patrias».

Invocar la persecución para justificar la colonización europea y el despojo de los nativos también sería utilizado por los colonos protestantes franceses y holandeses-afrikáners de Sudáfrica, para quienes los británicos inventaron la institución de los campos de concentración a principios de siglo, y que creían que el Dios cristiano les había prometido Sudáfrica.

En 1930, el jefe de la Organización Sionista, Chaim Weizmann, repitió otra invención común de los colonos europeos de que los nativos africanos querían «arrojar» a los colonos europeos «al mar». Weizmann insistía en que la exigencia palestina de que los británicos concedieran a los palestinos igualdad y democracia equivalía nada menos que al «deseo» palestino de «arrojarnos al Mediterráneo».

Mientras los colonos judíos seguían desposeyendo a los palestinos y expulsándolos de sus tierras, afirmaban que eran los palestinos quienes querían «arrojar a los judíos al mar».

Terror racista

El ascenso de los nazis en la década de 1930 reintrodujo las fuerzas del antisemitismo patrocinado por el Estado a gran escala. La persecución, y más tarde el terror genocida, que los nazis infligieron a los judíos europeos intensificó los argumentos sionistas que justificaban la necesidad de la colonización de Palestina como único destino para los judíos que huían de la persecución. Sin embargo, la simpatía occidental por los judíos perseguidos y, con el tiempo, por los supervivientes del Holocausto, no se manifestó en la apertura de las puertas de los países occidentales a los supervivientes durante o después de la Segunda Guerra Mundial.

En efecto, los mismos países occidentales que votaron en contra de un proyecto de resolución de la ONU que pedía la admisión de refugiados judíos en 1947, votaron a favor de la partición de Palestina y la creación de una colonia de colonos judíos a la que se enviaría a los supervivientes, librando a la genocida Europa de ellos de una vez por todas.

Pero si los supervivientes del Holocausto fueron las últimas víctimas de la crueldad genocida cristiana europea, cuando abandonaron las costas de Europa llegaron a las costas de Palestina como colonos armados y merodeadores, sometiendo a los palestinos indígenas a las formas más extremas de crueldad colonial sionista.

Durante la guerra de 1948, los supervivientes constituyeron un tercio del ejército sionista (que contaba con 22.000 soldados) y la mitad de su fuerza de combate. Participarían en la matanza de 13.000 palestinos de la forma más cruel mientras avanzaban por el país, robando y matando todo lo que encontraban a su paso.

A la luz de esto, Israel y sus partidarios occidentales no sólo piden a los palestinos que no se resistan a sus opresores judíos, sino que Israel también insiste en que los palestinos deben mostrar solidaridad con sus perseguidores judíos, sin lo cual Israel condenaría su resistencia a la colonización judía y a la limpieza étnica como antisemitismo.

La guerra de conquista sionista, que comenzó el 30 de noviembre de 1947 y no terminó hasta enero de 1949, se sigue presentando en Occidente como la lucha de un David judío contra un Goliat árabe. El hecho de que el ejército sionista superara en número a los ejércitos árabes vecinos, que intervinieron para detener la matanza sionista y la limpieza étnica de los palestinos, y que estuviera superlativamente mejor equipado, armado y entrenado es irrelevante para las simpatías coloniales racistas que los europeos blancos y los estadounidenses muestran por los colonos judíos de los que Europa se había desprendido.

La supuesta, y célebre, «democracia» que la colonia de colonos judíos estableció en mayo de 1948 ha infligido terror racista a todos los palestinos desde entonces. Los defensores de los derechos humanos occidentales e israelíes tardaron siete décadas en reconocer finalmente que Israel había sido un Estado de apartheid racista desde su misma creación, en lugar de un Estado que se había convertido posteriormente o podía convertirse en un Estado de apartheid, como fingen preocuparse muchos de sus partidarios liberales occidentales.

Ninguna excepción

Gobernado desde 1948 por la ley religiosa judía, o Halacha, en muchos aspectos de su vida cotidiana, Israel es retratado en el Occidente imperial como un país «secular». Tras haber matado a más de 100.000 palestinos y otros árabes desde 1948, se le presenta como víctima de aquellos a quienes robó su país, sus tierras y sus hogares.

El hecho de que el colonialismo israelí no resulte ser en absoluto excepcional no disuade a los partidarios occidentales de Israel, que insisten en su excepcionalismo.

El hecho de que Israel introdujera el terrorismo en Oriente Próximo, incluidos los coches bomba y la voladura de hoteles y mercados abiertos desde la década de 1930, los secuestros de aviones desde la década de 1950, y que sea el único país de la región que ha derribado deliberadamente un avión civil, como hizo con un avión de pasajeros libio en 1973, no tiene nada que ver con estas descripciones.

El hecho de que haya invadido a sus cuatro vecinos árabes en múltiples ocasiones sin excepción y haya amenazado repetidamente con lanzar sus bombas nucleares sobre ellos, tampoco disuade a sus propagandistas de presentarlo en Occidente como una víctima «amante de la paz» de la violencia árabe y palestina. En este caso, Israel se presenta precisamente de la misma manera que Estados Unidos, el principal agresor en todo el mundo desde la Segunda Guerra Mundial, como una nación amante de la paz.

El hecho de que el sionismo y el colonialismo de colonos israelí resulten no ser excepcionales en absoluto, sino típicos de todos los demás colonialismos de colonos europeos en sus prácticas y justificaciones, no disuade a los partidarios occidentales de Israel que insisten en su excepcionalismo.

Algunos defensores de los derechos de los palestinos creen que es sorprendente que, a pesar de que los historiadores judíos israelíes han desacreditado desde finales de la década de 1980 todos los mitos y la propaganda fundacional de Israel, que los palestinos, por supuesto, ya habían desacreditado (pero como los palestinos no son blancos, los occidentales se negaron a escucharlos), la Europa imperial y Estados Unidos han aumentado su apoyo y celebración del colonialismo de colonos israelí como encarnación de los valores que los tres comparten.

Pero esto no es en absoluto sorprendente, ya que la historia de los genocidios y la crueldad europeos hacia los africanos y los asiáticos, por no hablar de los nativos americanos y los oceánicos, nunca ha hecho mella en la creencia europea y blanca estadounidense de que ellos representan la civilización y que todas sus víctimas no blancas son los bárbaros. Por lo tanto, Estados Unidos y la UE tienen razón al afirmar sus «valores compartidos» con un Israel judío-supremacista depredador.

En consonancia con esta tradición colonial europea, que ningún hecho histórico puede desbaratar, la presidenta alemana no electa de la Comisión Europea, Ursula Von de Leyen (en consonancia con el amor sin límites de su Alemania natal por Israel y el odio a los palestinos) felicitó a Israel en su 75 cumpleaños por hacer «florecer» el desierto palestino.

Del mismo modo, el presidente de Estados Unidos Joe Biden “no-tienes-que-ser-judío-para-ser-sionista”, celebró que la destrucción del pueblo palestino en la Nakba dio lugar al nacimiento de un Israel «basado en la libertad, la justicia y la paz», y que él y Estados Unidos reconocen «la resistencia de la democracia israelí» en la actualidad.

A sus 75 años, Israel y sus colonos siguen trabajando duro, robando tierras palestinas y matando al pueblo palestino. Pero la historia de la destrucción de Palestina, de la Nakba y del nacimiento de Israel no son más que otro ejemplo de la horrible historia de Europa y sus colonias de colonos blancos. No hay grandes excepciones que señalar aquí, ni circunstancias atenuantes que justifiquen los crímenes coloniales de Israel, y no debería permitirse ninguno.

Ilustración de portada: La Nakba (término árabe para catástrofe) se refiere a la limpieza étnica de palestinos llevada a cabo en 1948 por las milicias sionistas a fin de crear el Estado de Israel, y su evolución a lo largo de las décadas.

Voces del Mundo

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