El terrible destino que enfrenta el pueblo afgano

Vijay prashad, asia times, 14 febrero 2022
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Vijay Prashad es un historiador, editor y periodista hindú. Es miembro de la redacción y corresponsal-jefe de Globertrotter

Vijay Prashad es un historiador, editor y periodista hindú. Es miembro de la redacción y corresponsal-jefe de Globetrotter. Es editor-jefe de LeftWord Books y director del Tricontinental: Institute for Social Research. Es miembro no residente del Instituto Chongyang de Estudios Financieros de la Universidad Renmin de China. Ha escrito más de veinte libros, entre ellos The Darker Nations y The Poorer Nations. El libro más reciente de Vijay Prashad (con Noam Chomsky) es The Withdrawal: Iraq, Libya, Afghanistan and the Fragility of US Power (New Press, agosto 2022).

El 8 de febrero de 2022, UNICEF (el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia) Afganistán envió una serie de tuits desoladores. Uno de esos tuits, que incluía una fotografía de una niña tumbada en una cama de hospital con su madre sentada a su lado, decía: “Tras haberse recuperado recientemente de una diarrea acuosa aguda, Soria, de dos años de edad, está de nuevo en el hospital, esta vez con edema y emaciación. Su madre lleva dos semanas sentada junto a su cama esperando ansiosamente que Soria se recupere”. La serie de tuits de UNICEF-Afganistán muestra que Soria no está sola en su sufrimiento. “Una de cada tres adolescentes sufre de anemia” en Afganistán, y el país lucha contra “una de las tasas más altas del mundo de retraso en el crecimiento en niños menores de cinco años: 41%”, según UNICEF.

La historia de Soria es una entre millones; en la provincia de Uruzgan, en el sur de Afganistán, los casos de sarampión están aumentando debido a la carencia de vacunas.

El hilo del tuit sobre Soria de UNICEF-Afganistán fue un nuevo y sombrío recordatorio sobre la gravedad de la situación en el país y su impacto en la vida de los niños: “Sin una acción urgente, un millón de niños podrían morir de desnutrición aguda severa”. UNICEF está distribuyendo ahora “pasta de cacahuete de alto contenido energético” para evitar la catástrofe.

Mientras tanto, las Naciones Unidas han advertido de que aproximadamente 23 millones de afganos -alrededor de la mitad de la población total del país- “se enfrentan a un nivel de récord de hambre aguda”.

A principios de septiembre, apenas un mes después de que los talibanes llegaran al poder en Kabul, el Programa de Desarrollo de la ONU señalaba que “una reducción del 10-13% del PIB podría, en el peor de los casos, llevar a Afganistán a un precipicio casi universal en la pobreza: una tasa de pobreza del 97% a mediados de 2022”.

El Banco Mundial no ha proporcionado un cálculo firme de cuánto ha disminuido el PIB de Afganistán, pero otros indicadores muestran que es posible que el umbral del “peor escenario” se haya sobrepasado ya.

Cuando los occidentales abandonaron el país a finales de agosto de 2021, una gran parte de la financiación extranjera, de la que depende el PIB de Afganistán, también desapareció con las tropas: El 43% del PIB de Afganistán y el 75% de su financiación pública, que provenía de las agencias de ayuda, se secaron de la noche a la mañana.

Ahmad Raza Khan, jefe de recaudación (aduanas) de Khyber Pakhtunkhwa, en Pakistán, declara que las exportaciones de su país a Afganistán han descendido un 25%.

El Banco Estatal de Pakistán, señala Raza Khan, “introdujo una nueva política de exportaciones a Afganistán el 13 de diciembre” que exige a los comerciantes afganos que demuestren que llevan dólares estadounidenses para comprar productos en Pakistán antes de entrar en el país, lo cual es casi imposible de demostrar para muchos de los comerciantes, ya que los talibanes han prohibido el “uso de moneda extranjera” en el país.

Es probable que Afganistán no esté muy lejos de la miseria casi universal con la situación actual.

El 26 de enero de 2022, el secretario general de la ONU, António Guterres, dijo que “Afganistán pende de un hilo”, al tiempo que señalaba la “contracción” del 30% de su PIB.

Sanciones y dólares

El 7 de febrero de 2022, el portavoz de los talibanes, Suhail Shahin, declaró a Sky News que esta peligrosa situación, que está provocando hambre y enfermedades entre los niños de Afganistán, “no es el resultado de nuestras actividades [de los talibanes]. Es la consecuencia de las sanciones impuestas a Afganistán”.

En este punto, Shahin tiene razón. En agosto de 2021, el gobierno estadounidense congeló los 9.500 millones de dólares que el Banco Central de Afganistán (Da Afghanistan Bank) tenía en la Reserva Federal de Nueva York.

Mientras tanto, los familiares de las víctimas que murieron en los atentados del 11-S habían presentado una demanda por sus pérdidas contra “una lista de objetivos”, entre los que se encontraban los talibanes, y un tribunal estadounidense dictaminó posteriormente que se pagara a los demandantes una “indemnización” que asciende ya a 7.000 millones de dólares.

Ahora que los talibanes están en el poder en Afganistán, el gobierno de Biden parece estar avanzando “para despejar el camino legal” en la reclamación de 3.500 millones de dólares del dinero afgano depositado en la Reserva Federal para las familias de las víctimas del 11 de septiembre.

La Unión Europea ha seguido su ejemplo eliminando 1.400 millones de dólares en asistencia gubernamental y ayuda al desarrollo a Afganistán que se suponía que debían haberse pagado entre 2021 y 2025. Debido a la pérdida de esta financiación por parte de Europa, Afganistán tuvo que cerrar “al menos 2.000 instalaciones sanitarias que atienden a unos 30 millones de afganos”.

Cabe señalar aquí que la población total de Afganistán es de aproximadamente 40 millones, lo que significa que la mayoría de los afganos han perdido el acceso a la atención sanitaria a causa de tal decisión.

Durante todo el período de veinte años de ocupación estadounidense en Afganistán, el Ministerio de Salud Pública había llegado a depender de una combinación de fondos de donantes y de la ayuda de organizaciones no gubernamentales (ONG). Gracias a estos fondos, Afganistán experimentó un descenso en las tasas de mortalidad infantil y materna en la Encuesta de Mortalidad de Afganistán de 2010.

No obstante, todo el sistema sanitario público, especialmente fuera de Kabul, tuvo dificultades durante la ocupación estadounidense.

 “Muchos centros de atención primaria no funcionaban debido a la inseguridad, la falta de infraestructuras, la escasez de personal, las inclemencias del tiempo, las migraciones y el escaso flujo de pacientes”, expusieron profesionales sanitarios de Afganistán y Pakistán, basándose en su análisis de cómo el conflicto en Afganistán afectaba a la “prestación de servicios de salud materno-infantil”.

Paseo por la carretera de Shahid Mazari

El 8 de febrero de 2022, un amigo afgano que trabaja en la calle Shahid Mazari de Kabul me llevó a dar un paseo virtual -utilizando la opción de vídeo de su teléfono- por esta concurrida zona de la ciudad. Quería mostrarme que al menos en la capital las tiendas disponían de productos, pero que, sencillamente, la gente no tenía dinero con el que comprar.

Habíamos estado hablando de cómo la Organización Internacional del Trabajo calcula ahora que casi un millón de personas se quedarán sin trabajo a mediados de año, muchas de ellas mujeres que sufren las restricciones de los talibanes al trabajo femenino. Afganistán, me dice, está siendo destruido por la combinación de la falta de empleo y la falta de efectivo en el país a causa de las sanciones impuestas por Occidente.

Hablamos del personal talibán encargado de las finanzas, gente como el ministro de finanzas Mullah Hidayatullah Badri y el gobernador del banco central de Afganistán Shakir Jalali. Badri (o Gul Agha) es el hombre del dinero para los talibanes, mientras que Jalali es un experto en banca islámica.

No hay duda de que Badri es una persona con recursos, que desarrolló la infraestructura financiera de los talibanes y aprendió sobre finanzas internacionales en los mercados ilícitos. “Incluso la persona más inteligente y con más conocimientos no podría hacer nada si se mantienen las sanciones”, dijo mi amigo.

Sabía lo que decía. Solía trabajar en el Da Afghanistan Bank.

“¿Por qué no se puede utilizar el Fondo Fiduciario para la Reconstrucción de Afganistán (ARTF, por sus siglas en inglés) del Banco Mundial para apurar el dinero de los bancos?”, preguntó.

Este fondo, una asociación entre el Banco Mundial y otros donantes, que se creó en 2002, cuenta con 1.500 millones de dólares en fondos. Si se visita el sitio web del ARTF, puede percibirse una sombría actualización: “El Banco Mundial ha interrumpido los desembolsos en nuestras operaciones en Afganistán”.

Le digo a mi amigo que no creo que el Banco Mundial vaya a descongelar estos activos pronto. “Bueno, entonces nos moriremos de hambre”, dice, mientras pasa junto a unos niños sentados a un lado de la calle.

(Este artículo fue producido por Globetrotter, quien lo hizo llegar al Asia Times.)


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